domingo, 12 de diciembre de 2021

GRAMÁTICAS Y GRAMÁTICOS

 GRAMÁTICAS Y GRAMÁTICOS

Castellano de Nebrija – Kastellano de Korreas – Qastellano de Baliente

Cuando nos referimos a un autor del “Siglo de Oro”, c. 1500-1650, ya sea Fernando de Rojas (1465-1541), Cervantes (1547-1616), Góngora (1561-1627), Lope (1562-1535), Quevedo (1580-1645), o Calderón (1600-1681), inmediatamente, todo parece claro y definido, respecto al asunto del que se trate. Sin embargo, no es así. En primer lugar, necesitamos una definición precisa de lo que es el “Siglo de Oro”; durante cuánto tiempo se supone que se extendió, o cuándo empieza y cuando termina exactamente, puesto que las corrientes literarias, generalmente, no se atienen a fechas concretas. Pero es una tarea de delimitación casi imposible, aun cuando, en esta ocasión, queramos restringirnos al terreno literario y, más concretamente, al gramatical. ¿Cuándo estuvo la lengua castellana preparada para sobrevivir brillantemente durante siglos como vehículo de comunicación? 

De hecho, deberíamos hablar de más de un siglo, lo que ya requiere el uso del plural, como lo han hecho algunos autores, entre los cuales se cita frecuentemente, como creador del uso del plural en este contexto, a Gregorio Mayans y Ciscar, el primer traductor del Quijote al inglés, en su dedicatoria, escrita en 1738. Pero Mayans dice exactamente, refiriéndose a Cervantes, que fue persona dignísima de mejor siglo; porque, aunque dicen que la edad en que vivió era de oro, yo sé que para él y algunos otros beneméritos fue de hierro. ¿En qué quedamos, pues? Y no perdamos de vista que el concienzudo señor Mayans, habla de “mejor siglo” y de Cervantes y “algunos otros”; ¿a qué tiempo y a que autores se refería? Todos ellos tienen, sin duda, una deuda de agradecimiento hacia aquellos que, de un modo u otro, con éxito o sin él, emplearon buena parte de su existencia en el estudio y depuración del diverso legado lingüístico recibido.

Para restringir un poco más este casi ilimitado concepto, pensamos, no ya en literatura, sino en la literatura española, o, más precisamente, en la castellana, ya que la lengua mayoritaria en la que se expresan los componentes de este gran siglo literario, entonces se llamaba así, y así se seguía llamando en 1726, aunque, hacía más de siete décadas que se había dado por terminado -como hoy lo entendemos-, el “oro” y su siglo.

Diccionario de la Lengua Castellana... Compuesto por la RAE, Tomo I. Ed. 1726

Si hay algún dato preciso con respecto a la presente cuestión, en el que casi todos los estudiosos concuerdan, es en señalar el año 1492 como hito de su comienzo, y no por el viaje de Cristóbal Colón, ni por la Expulsión, ni tampoco por la conquista de Granada, sino por la publicación de la obra que conocemos como Gramática de Nebrija, la primera Gramática Castellana, y primera de otras lenguas románicas, para las que, en opinión de Lázaro Carreter, serviría de modelo. El final del denominado Siglo de Oro, coincidiría con el de su último escritor, Calderón de la Barca, que murió en 1681.

Por último, y a fuerza de delimitar al máximo nuestro objetivo, hemos de intentar comprender, ya centrados en la lengua, a través de diccionarios y gramáticas, cómo se produjo su evolución en estos territorios hispanos; de qué raíz partió; que términos conservó de sus distintos pobladores y cómo y por qué se impuso la que finalmente se asentó mayoritariamente; la Castellana.

De hecho, y fundamentalmente, se trataba de “escribir como hablamos”, aunque, de ser así. nos vemos ante la necesidad de preguntarnos también: cómo hablamos; ¿dónde? No se pronuncia igual la “J” en Badajoz y en Toledo, ni el grupo “Ce, Ci”, se pronuncia igual en Cádiz que en Teruel, por ejemplo. ¿Existe acaso algún tratado de pronunciación, con normativa y ejemplos comunes?

Lo cierto es que el asunto de la Gramática es mucho más complejo de lo que parece, a causa, precisamente, de la diversidad de orígenes a la que se referirá Valdés, entre otros, y las propuestas de unificación al respecto, son también variadas, como vemos en los siguientes ejemplos.

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Una mención previa para el reconocimiento y el recuerdo: Francisca de Nebrija, inestimable ayuda de su padre en la Universidad de Alcalá, quien, al igual que Luisa de Medrano, en la de Salamanca, fueron de las primeras mujeres que impartieron clase en una Universidad, no sólo en España, sino en el mundo.

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Elio Antonio de Cala y Jarana, al que conocemos como Antonio de Nebrija, nació en Lebrija –la romana Nebrissa Veneria-, alrededor de 1444, y falleció en Alcalá de Henares en 1522.

Se propuso fijar la ortografía, de forma acorde con la pronunciación; algo que no es tarea menor: «assi tenemos de escribir como pronunciamos i pronunciar como escribimos», pero su valioso esfuerzo no fue bien comprendido por todos; al parecer, tampoco por la reina Católica.

Cuando Nebrija presentó a doña Isabel, su Gramática, en Salamanca, la reina no dedujo el valor de lo expuesto; ni el esfuerzo llevado a cabo por nuestro estudioso, ni tampoco el mérito de haberlo hecho de forma tan concienzuda, pues puso en duda, incluso, la necesidad del mismo. Pero allí estaba Fray Hernando de Talavera, obispo de Ávila, el confesor real, que apoyó al autor y a su obra en forma realmente digna de alabanza, pues Nebrija andaba entonces en el punto de mira de la Inquisición, a causa de su empeño en leer la Biblia en hebreo, que, como veremos, consideraba la primera de todas las lenguas.

“…cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real Majestad e me preguntó que para qué podía aprovechar, el mui reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta; e respondiendo por mí dixo que después que vuestra Alteça metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros e naciones de peregrinas lenguas, e con el vencimiento aquéllos tenían necesidad de reçebir las leies quel vencedor pone al vencido, e con ellas nuestra lengua, entonces por esta mi Arte podrían venir en el conocimiento della, como agora nosotros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín”.

Los hechos hicieron realidad el planteamiento de Nebrija y Talavera; como el gramático escribió: “Una cosa hallo y saco por conclusión muy cierta: que siempre fue la lengua compañera inseparable del Imperio” .

Prólogo de la Gramática de la lengua castellana que su autor, Antonio de Nebrija, dedicó a la reina Isabel la Católica

A la muy alta y esclarecida princesa Doña Isabel la tercera de este nombre Reina y Señora natural de España y las islas de nuestro mar. Comienza la gramática que nuevamente hizo el maestro Antonio de Lebrija sobre la lengua castellana, y pone primero el prólogo.

Léelo en buen hora.

[...] una cosa hallo y doy por muy cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio, y de tal manera lo siguió que juntamente comenzaron, crecieron y florecieron y después junta fue la caída de entrambos.

Y vistas ahora las cosas más antiguas, de las que apenas tenemos una imagen y sombra de la verdad, cuales son las de los asirios, indos, fenicios y egipcios, en los cuales se podría probar lo que digo, vengo a las más frescas: a aquellas especialmente de que tenemos mayor certidumbre y primero a las de los judíos.

El caso es que muy ligeramente se puede averiguar que la lengua hebraica tuvo su niñez, en la cual apenas pudo hablar. Y llamo yo ahora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto. 

Tuvo así mismo la lengua griega su niñez, y comenzó a mostrar su fuerza poco antes de la guerra de Troya, al tiempo que florecieron en la música y poesía con Orfeo y Anfión, y poco después de la destrucción de Troya aparecieron Homero y Hesíodo. 

Mas después que comenzaran a desvincularse los Reinos y repúblicas de Grecia y los romanos se adueñaron de ella, entonces comenzó a desvanecerse la lengua griega y a emerger la latina. Sobre la que podemos decir otro tanto, que fue su niñez con el nacimiento y población de Roma y comenzó a florecer casi quinientos años más tarde de ese inicio, al tiempo que Livio Andrónico publicó su primera obra en versos latinos. 

Entonces fue aquella multitud de poetas y oradores que enviaron a los siglos el legado y los deleites de la lengua latina: Tulio, Lucrecio, Horacio, Virgilio, Ovidio, y todos los que les siguieron hasta la época de Antonino Pío. Allí comenzó a declinar el imperio de los romanos y, a la vez, a caducar la lengua latina, hasta lo que hemos recibido de nuestros padres. Cierto que cotejaba con la de aquellos tiempos pero poco más tenemos que hacer con ella como con la arábiga.

Lo que hemos explicado de las lenguas hebraica, griega y latina podemos claramente mostrar en la castellana, que tuvo su niñez en el tiempo de los jueces y Reyes de Castilla y de León, y comenzó a mostrar su fuerza en tiempo del muy esclarecido y digno por toda la eternidad Rey Don Alfonso el Sabio. 

La cual se extendió después hasta Aragón y Navarra y de allí a Italia siguiendo la compañía de los Infantes que enviamos a imperar en aquellos Reinos. Y desde entonces ha crecido hasta la monarquía y paz [...], después de la justicia y ejecución de las leyes que nos unen y hacen vivir en igualdad en esta gran compañía que llamamos Reino o república de Castilla, no queda sino que florezcan las artes y la paz. Entre las primeras esté aquella que nos enseña la lengua, la cual nos aparta de todos los otros animales y es propia del hombre, y en orden la primera después de la contemplación, que es oficio propio del entendimiento.

Yo quiero poner la primera piedra y hacer en nuestra lengua lo que hicieron Zenódoto en la griega y Crates en la latina. Pues aunque ellos fueron vencidos por los que después de ellos escribieron, fue aquella su gloria y será la nuestra la de ser los primeros inventores de obra tan necesaria, lo que procede en tiempo oportuno como el presente. Por estar nuestra lengua tan en la cumbre que más se puede temer su declive que esperar su ascenso. 

El tercer provecho de este mi trabajo pude ser el de que cuando en Salamanca di la muestra de esta obra a vuestra real majestad y me pregunto que para que podía aprovechar, el muy reverendo padre obispo de Ávila me arrebató la respuesta, y respondiendo por mí dijo que una vez vuestra alteza metiese bajo su yugo a muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y dada su derrota la necesidad que tendrían de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, con ellas se pondrá nuestra lengua. Entonces, por esta mi arte, podrían venir en el conocimiento de ella como ahora nosotros aprendemos el arte de la gramática latina para aprender el latín. 

Y así, después que yo haya deliberado sobre el riesgo de la opinión que muchos de mí tienen, sale la novedad de esta mi obra de la sombra y tinieblas escolásticas a la luz de vuestra corte. A nadie más justamente pude consagrar mi trabajo que a aquella en cuyas manos y poder también está el momento de la lengua y el arbitrio de todas nuestras cosas.

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Pues bien, siguiendo la regla de oro: "assi tenemos de escribir como pronunciamos i pronunciar como escribimos", no había pasado un siglo de la publicación del latinófilo Nebrija, (1550) cuando Gonzalo Correas, o, tal vez, Korreas, lanzó una nueva propuesta, con el objetivo de ahorrar algunas letras, aliviando así un poco el alfabeto/abecedario, a través de su libro titulado “Ortografía Kastellana” (1630), en la que: 

Ante todo, será necesario empezar por “Partir la Gramática en partes...”

Baltasar Karlos a kaballo y el Konde Duke (de Olivares), a la derecha; los destinatarios de la Ortografía de Korreas. Velázquez. (¿Belázkez?) Col. Duque Westminster.

La Ortografía del Katedrátiko Korreas no prosperó; quizás porque Olivares cayó en desgracia y fue desterrado en 1643 y el príncipe Baltasar Carlos, el entonces heredero del Katóliko rei Don Felipe IV, falleció de forma prematura, en 1646.




...de las vulgares usadas antes kon muchas inperfeziones. Fazil es á V.M. mandar poner estas letras en la kartilla, é imprimir el Rromanze con ellas, i sin agravio de nadie: se introduzirá de una vez komo es el kaso de las balonas, ke tan bien estuvo, sin esperar á diskurso de tiempo para introduzirlas. Porke aunque todos tienen por buena esta ortografía, i konfiesan ke tengo razón en ella, su viexa kostunbre tiene á muchos entumidos, i perezosos para moverse á lo bueno, i no saben dexar la otra, no mas de porque la supieron primero; i eso no ostante, desean la korreta. I porque kada uno de los ke se tienen por advertidos y reskatados, no kiere ser primero, i espera ke lo sea el otro: komo si en el saber i usarlo sin miedo, fuera lo mesmo ke en el traxe y uso del adorno exterior de las personas. I asi se están sin mover, komo los ke sueñan. Estense i pasen ellos norabuena, si kisieren, kon lo tal kual se saben, i del lugar á los niños pata comenzar i aprender... y haga kon su mano poderosa ésta nerzed á la tierna edad, i a toda España, i a su lengua natural, para que salga de la esklaviud en ke la tienen, los ke estudiaron Latin.

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En 1731 apareció una nueva propuesta de reforma, basada en las deducciones de José Hipólito Valiente: Alfabeto, o nueva qoloqazión de las letras qonocida en nuestro idioma Qastellano... tanto Gregorio Mayans, como el P. Feijóo, calificaron su esfuerzo muy negativamente. Pero es muy interesante resaltar que cuando Mayans comunicó su opinión al autor, escribió: “Matheo Alemán fue el primero que propuso un ingeniosissimo sistema orthografico cuyas reglas son sumamente coherentes; tanto que entre ellas no se hallará una inconsecuencia. Una interesante opinión que nos llevará a repasar también la “Ortografía” del susodicho.

José Hipólito Valiente o José Ipólito Baliente (¿?-1731-¿?) fue profesor de Artes en Plasencia (Cáceres) y de Leyes en la Universidad de Salamanca, pero es conocido por su controvertida propuesta ortográfica, en la línea de la reforma de Gonzalo Correas (1571-1631), criticada, como hemos visto, por Gregorio Mayans (1699-1781) y Feijoo (1676-1764), pero también por la Academia. 

Las innovaciones, consistentes, sobre todo en el empleo de la letra “Q”, ante “a”, “o” “u”, como, Qoloqazión; qonozidas, qastellano, qonsegir, qorrespondenzia o esqritura, en su manual de ortografía para las escuelas, en el que propone una reforma del sistema ortográfico español basada, seguramente, en la Ortografía kastellana nueva i perfeta (1630) de Gonzalo Correas (1571-1631), tampoco fue acogido favorablemente. 

Biblioteca Virtual Filología Española, BVFE.



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MATEO ALEMÁN, El contemporáneo DE CERVANTES

Retrato de Mateo Alemán, de Pedro Perret. Grabado en cobre, aparecido en la edición príncipe del Guzmán de Alfarache, Madrid, Várez de Castro, 1599.

Apoya la mano izquierda sobre un libro cerrado, en cuyo corte dice: "Cor. Ta." (Cornelius Tácitus) y con la derecha señala el emblema de la araña sobre el áspid, y la letra: "Ab insidiis non est prudentia" [Frente a la insidia (o el engaño) no hay prudencia]. 

Mateo Alemán y de Enero o de Nero, nació en Sevilla, en septiembre de 1547 y falleció en Ciudad de México, en 1614. Forma parte de los autores que se encuadran en la orla del Siglo de Oro, fundamentalmente, debido a su obra, Guzmán de Alfarache, publicada en dos partes, en 1599 y en 1604.

Nació, pues, el mismo año que Miguel de Cervantes, pero es evidente que su percepción de la humanidad es muy distinta de la que representa el creador del Quijote.

Es el hombre animal ferocísimo y dañoso, el más indómito y cruel de todos, pues los irracionales cada uno se conserva con los de su especie, y solo él, siendo enemigo aun de sí mismo, lo es también de su prójimo persiguiendo, cautelando, infamando, haciéndose robos y quitando las vidas los unos a los otros no teniendo seguridad ni guardándose fe los amigos, los conocidos, los deudos, hermanos ni el hijo al padre [...] En todas partes [hay] lágrimas, quejas, agravios, tiranías; todos gustan hieles, ninguno está contento, rendidos con el peso de su duro yugo desde que nacen del vientre de su madre hasta que vuelven al de la tierra. ¡Qué de varios pensamientos nos afligen, qué de temores nos acobardan, qué de cautelas nos acechan, qué de traiciones nos asaltan...! [De su obra: San Antonio de Padua].

Podría haber cursado Humanidades en Sevilla hacia 1560, con Juan de Mal Lara, en cuya Academia, dice: "Comenzábamos niños y salíamos casi barbados a la gramática, pasándose lo mejor de la vida entre las coplas del marqués de Mantua y fecha la plana", [Ortografía; en cita de F. Rico], asistiendo posteriormente a la Universidad de Sevilla, como todo parece indicar.

De acuerdo con la biografía publicada por la Real Academia de la Historia (RAH), que reproducimos fragmentada, pero con carácter literal, se trata de un “Polémico intelectual preburgués cuya obra cumbre es pieza clave en la historia de la novela realista moderna y riguroso coetáneo de Cervantes." 

Su padre, el médico Hernando Alemán, era médico y de ascendencia judeoconversa, oriundo de Jerez de los Caballeros -antaño, Jerez de Badajoz-, que, hacia 1540 se instaló en Sevilla, donde se casó, ya en segundas nupcias, con Juana del Nero, de una familia de mercaderes florentinos, allí afincados. Mateo fue el tercer hijo, tras sus hermanas, Leonor y Violante, y tuvo un hermano menor, llamado Juan Agustín. En Sevilla, el joven Mateo tenía numerosos parientes: además de una hermanastra nacida del primer matrimonio de sui padre.

No cita la RAH a Mal Lara, pero sí dice que, el 28 de junio de 1564, Alemán se graduó de bachiller en Artes y Filosofía por la universidad sevillana de maese Rodrigo, matriculándose entonces en Medicina, pero que, después del primer año, continuó “en las escuelas de Salamanca y Alcalá de Henares”, aunque sólo se documenta su presencia en Alcalá, y se sabe que antes de titularse, abandonó los estudios a causa del fallecimiento de su padre, lo que le obligó a volver a Sevilla. Allí heredó y contrajo deudas, entre las cuales una, cuyo incumplimiento conllevaba la condición de casarse con Catalina de Espinosa, hermana del prestamista, capitán Alonso Hernández de Ayala. Obligado a cumplir el acuerdo, nuestro autor se casó, pero el matrimonio resultó poco afortunado.

Además de obtener algunos encargos de la corte, precisamente, para efectuar cobros en Sevilla, entre 1571 y 1580, apenas se sabe nada de él, excepto que en 1579 —consigna él mismo en una de sus obras— presenció “la translación de los cuerpos del santo Rey don Fernando, Rey don Alfonso El Sabio y más personas reales” a la Capilla Nueva de los Reyes, una de “las mayores grandezas de la Cristiandad” celebrada a la sazón en la capital andaluza.

En enero de 1580, ya con más de treinta años, volvió a las aulas para estudiar Leyes, pero, en octubre, ingresó en la Cárcel Real por deudas: Catalina de Espinosa y, más tarde, su tío Alonso Alemán hubieron de fiarlo con su persona y bienes. 

Una vez libre, se las agenció para reunir el capital necesario para solicitar, el 31 de enero de 1582, “pasar al Pirú como mercader y para este efecto —reza su petición— tiene cargadas mercaderías de más valor de 300 p., que requiere conforme a las ordenanzas de la Casa de la Contratación”.

Aunque esta dedicación mercantil tampoco llegó a cuajar; interesa mucho destacar, que el Consejo de Indias, pese a la supuesta raza de conversos de su familia, le dio de inmediato la licencia —para embarcarse “con su mujer, dos mujeres de servicio y un criado”. 

Sin embargo, cuando zarpó la flota, Mateo se quedó en tierra. Bien pudo ser, precisamente, por aquello de la limpieza de sangre, como sabemos, imprescindible para pasar a las Indias pero también es posible que le surgiera algo mejor, pues el caso es, que en abril de 1583 formaba ya parte de la Administración de Felipe II, nada menos que, como juez de comisión real y ostentaba el título de “ilustre señor” al servicio del Consejo de Hacienda, con el cual se presentó en la villa extremeña de Llerena, donde debía investigar las cuentas de las alcabalas. El caso es, que Alemán investiga, pero también resulta investigado, pues pronto se sospecharon irregularidades, que él achacó a la “malicia” de sus oponentes. 

Al parecer actuaba con prepotencia, excarcelando a unos y encarcelando a otros, como podían ser, el alguacil y el alcalde, acaso de forma “quijotesca”, pues varios testigos declararon que Alemán “era muy buen juez”, si bien ello no le libró de ser arrestado en Mérida el 3 de octubre, y conducido a la Cárcel Real de Madrid, donde permaneció hasta mediados de 1584.

A ese período sucedería otro de “prosperidades”, que hubo de prolongarse hasta 1594, al que se refiere, sin duda con nostalgia, en una carta fechada en 1597, como “el tiempo de las abundancias”.

El año 1593 marcó un hito importante en su ajetreada vida. El 18 de enero recibió instrucciones del Consejo de las Órdenes para inspeccionar, en tierras de Calatrava, las minas de mercurio arrendadas por la Corona a los poderosos Fugger/Fucar, quienes, desde 1566, tenían derecho a utilizar galeotes en la explotación de los yacimientos de Almadén.

Ya en 1591, sospechando la Administración Real los daños que, en aras del rendimiento sufrían allí los forzados, un primer conato de “visita” se había visto aplazado por la oposición de los Fúcar. La misión de nuestro “juez visitador”, cuyos antecedentes en Usagre —donde también existía una mina de azogue— acreditaban la intransigencia, era a todas luces comprometida: “compeliendo si fuere menester con todo rigor a cualesquier personas, porque así conviene al servicio de Su Majestad”, debía él investigar todos los documentos relativos a las condiciones de trabajo impuestas a los galeotes en “la fábrica y pozo del azogue”, e indagar en especial “si reciben un trato propio de seres humanos”. 

El 24 de enero, Mateo Alemán, acompañado de su escribano, se presentó en Almagro y, acto seguido, procedió contra el agente de los banqueros de Augsburgo. Ante la negativa de éste a facilitarle los documentos exigidos, registró su domicilio y descubrió “los expedientes de galeotes” en cuestión. 

El 4 de febrero, se desplazó a Almadén, donde, tras dirigir escritos conminatorios al administrador de la mina, obtuvo la relación de forzados empleados en los pozos, resultando que, de los cuarenta, o más, que habían de estar, sólo quedaban trece. Alemán pasó a interrogarles, uno por uno, enterándose así de cómo, dos años antes, habían muerto veinticuatro o veinticinco de ellos por malos tratos y “porque [en los buitrones] se azogan los hombres y quedan tontos y fuera de juicio y vienen a enfermar gravemente”. Si bien esas atroces condiciones de existencia cambiaron, los supervivientes coincidían en que más les valiera cumplir su condena en galeras que no en la mina del azogue. De aquellos interrogatorios dejó Alemán constancia en una detallada Información Secreta destinada al Consejo de las Órdenes.

El 4 de marzo, cuando volvió a Almagro, le esperaba una carta del Consejo notificándole, con fecha de 13 de febrero, que “sin detenimiento deje el negocio en que está entendiendo tocante a Almadén [...], sin hacer ni proveer en él novedad alguna”. Con toda evidencia, los influyentes Fúcar habían logrado desviar de nuevo la atención de sus actividades en el Campo de Calatrava [...]. Pero quedaban los testimonios de los forzados, transcritos por el escribano, que cuatro años después, publicaría la inconformista y mordaz autobiografía del “galeote” Guzmán de Alfarache. “Líbrenos Dios, cuando se juntan poder y mala voluntad”, advierte el pícaro moralista al poco de pasar por Almagro.

Recordemos que Carlos V había cedido, entre otras cosas, la explotación de las minas a los banqueros Fugger, ante la imposibilidad material de devolverles la deuda contraída a causa de los dos votos que le faltaban para obtener la elección imperial.

Fue, probablemente, una de las últimas, si no la última misión de Mateo Alemán al servicio de la Contaduría Mayor; de hecho, a los pocos meses de la frustrada pesquisa en Almadén, empezó para él un “tiempo estéril” marcado por el “oprobio” y una “conocida pobreza”, a que se refiere en una de sus cartas —octubre de 1597— a Cristóbal Pérez de Herrera, ex protomédico de galeras, residente en Madrid, desde junio de 1592, como médico de Casa y Corte de Felipe II. 

Todo parece indicar que tuvo que dimitir y renunciar a su sueldo de “contador”, aunque en 1598, Alonso de Barros, apologista de la primera entrega del Guzmán, ofreció, evidentemente, otra explicación: el autor, que “se hallaba violentado” en el “honroso entretenimiento de los papeles de Su Majestad”, se había retirado por su voluntad para dedicarse a la redacción de su obra.

La realidad es, que, a partir de 1594, Mateo Alemán vivió en Madrid alternando un fecundo retraimiento literario con apuros económicos, sinónimos de “menos ostentación”. Así, en junio de 1594, vendió por 100 ducados una porcelana y varias piezas de una vajilla de plata. En julio, unas escrituras algo embrolladas indican que vendió su casa de la calle de Preciados, “junto al Postigo de San Martín”, y empezó a vivir de alquiler. 

Por otra parte, El licenciado Vallés, hijo del divino médico de Felipe II, y el doctor Herrera —promotor entonces de una ambiciosa reforma de la mendicidad— eran íntimos amigos, como lo eran Alemán y Barros, aposentador real y conocido poeta, y los cuatro se trataban con amistad y compartían activas preocupaciones sociales abogando por “el amparo de los legítimos pobres y reducción de los fingidos” en la parroquia de San Martín donde residían tres de ellos.

En octubre de 1597, la Primera parte del Guzmán de Alfarache estaba terminada, aunque tardaría casi dos años en ser publicado, con una sintomática dedicatoria a Francisco de Rojas, presidente del Consejo de Hacienda, y con un retrato del autor, que, entretanto, había traducido dos Odas de Horacio (II, X y XIV) y prologado los Proverbios morales (1598) de su “otro yo” Alonso de Barros

Mateo Alemán, de Manuel Cabral y Aguado Bejarano, inspirado en un grabado aparecido en la obra San Antonio de Padua, de 1605. S. XIX. Galería de Sevillanos Ilustres de la Universidad de Sevilla.

El clamoroso éxito —veintidós ediciones, españolas y europeas, hasta 1605— del Guzmán de Alfarache (Madrid, 1599), “poética historia” de “un hijo del ocio” pronto denominado el Pícaro por antonomasia, no significó, sin embargo, pingües beneficios para el escritor. Obligado a continuar paliando sus escaseces, recurre en febrero de 1601 a un oneroso préstamo disfrazado de mohatra, y, en mayo, vende mil quinientos ejemplares del Guzmán apresuradamente reimpreso por él mismo para pagar, se supone, la antedicha deuda.

Hacia finales de 1601 —ya con la Corte en Valladolid— decide volver a Sevilla, donde, en 1602, habita (separado de su mujer) en la collación de San Vicente. Traba entonces relaciones amorosas con Francisca Calderón, y estrecha su amistad con Lope de Vega que ha acudido allí en pos de la comedianta Micaela Luján. En agosto del mismo 1602, prepara una nueva edición del Guzmán costeada por su primo el mercader Juan Bautista del Rosso, quien le presta además 400 ducados para hacer frente a unas deudas que, no obstante, le llevan a la cárcel en diciembre.

Unas semanas antes había tenido la amarga sorpresa de descubrir una apócrifa continuación de su Guzmán publicada en Valencia a nombre de “Mateo Luján de Sayavedra”. Comprobamos así, que Alemán, tampoco pudo librarse de su “Avellaneda”.

A principios de 1603, gracias una vez más a Del Rosso, recobra su libertad y ultima la composición del San Antonio, prometida hagiografía (“por voto que hice” en Cartagena) que, previa cesión de los derechos a su primo, aparece en Sevilla, en 1604, con un prólogo de Juan López del Valle y una Canción de Lope. El de 1604 es año de intensa labor literaria: adelantándose al Quijote cervantino, da asimismo a la estampa su esperada Segunda Parte del Guzmán, subtitulada, atalaya de la vida humana con miras a desmarcarse del reductor marbete de “picaresca”.

La obra sale a fines de diciembre en Lisboa, a donde “su verdadero autor” ha viajado en abril de 1604, y donde va a quedarse hasta el verano de 1605; estancia ciertamente grata, ya que algo después dirá de los portugueses: “verdaderamente les tengo afición y deuda, por las muchas amistades que dellos tengo recibidas [...], cual si yo fuera de su propia nación”.

Apenas hay datos sobre su estancia sevillana en 1605 y 1606: se ocupa en algunos tratos de compraventa (octubre de 1605) e interviene en comisiones ajenas (agosto de 1606), al tiempo que Juan Bautista del Rosso se encarga de comercializar sus libros, mandando en particular “a las Indias” importantes remesas del San Antonio (abril de 1605) y de la Segunda Parte del Guzmán (julio de 1605).

En pasar al Nuevo Mundo, viejo proyecto abortado en 1582, estaría justamente soñando Alemán por esos años, puesto que, a comienzos de 1607, solicita la licencia del Rey para emigrar, esta vez, a México, alegando que tras haber “gastado la mayor parte de su vida en estudio y lectura de letras humanas y escrito algunos libros, se halla al presente desacomodado y con deseo de proseguir su servicio [de contador] en las Indias, donde los virreyes y personas que gobiernan tienen necesidad de personas de suficiencia”. A estas consideraciones que traducían su voluntad de abandonar definitivamente España, se sumaba —especifica la solicitud— el hecho de “tener primo hermano muy rico en las minas de San Luis de Nueva España, que le ha enviado llamar”. Este hacendado pariente debía de ser Alonso Alemán, doctor en Leyes y afamado profesor en la Universidad de México, cuya muerte en 1605 desconocía tal vez Mateo a no ser que acariciase la idea de heredarle. El caso es que, entre abril y junio de 1607, el Consejo de Indias le concede —como ya en 1582— el ansiado permiso de salida; pero previamente el solicitante ha donado su casa madrileña de la calle del Reloj, y cedido los derechos para volver a imprimir sus obras, al propio secretario de dicho Consejo “por las muchas y buenas obras que [de él] he recibido”.

El soborno parece obvio, dice su biógrafo, pero ¿se trataba de incitar al funcionario a hacer la vista gorda ante un posible linaje converso, o bien, se debía al hecho de que Mateo viajaba con su amante —Francisca Calderón, de veinticuatro años, a quien hacía pasar por hija suya— y con hijos notoriamente ilegítimos? No hay que olvidar que Alonso Alemán, su “primo hermano” (hijo del doctor Juan Alemán), no tuvo en 1571 problemas de raza para marcharse a Nueva España.

Sea lo que fuere, en junio de 1607, el novelista y sus acompañantes están a punto de embarcarse cuando la amenaza de unas naves holandesas en las costas gaditanas retrasa la salida de la flota hasta el año siguiente.

En el ínterin, Alemán, que esperaba en Trigueros, “un lugar en el Condado de Niebla”, donde vivían unos familiares suyos, concluyó su Ortografía castellana —una “nueva y verdadera manera de bien escribir”— empezada veinte años antes. 

Finalmenete, la flota zarpó de Cádiz en junio de 1608 llevando, además de nuestro escritor, al dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón y a fray García Guerra, recién designado arzobispo de México. El 19 de agosto, los viajeros llegaban al puerto de San Juan de Ulúa, Veracruz, y, el 29 de septiembre, García Guerra —de cuya protección ya gozaría Mateo que formaba parte de la comitiva— entra triunfalmente en la ciudad de México. 

Apenas instalado en la capital mexicana, Alemán publica la Ortografía en la imprenta de Jerónimo Balli (1609) como homenaje a “la ilustre ciudad generosa” de un “fatigado” pero “alegre y venturoso peregrino”. Preñado de inquietudes reformistas, el libro refleja las renovadas esperanzas de quien —lejos ya de su “patria (¡si dijera mejor madrastra!) Sevilla”— no vacila en proclamar: “el que quisiere sígame, que pocos venceremos a muchos, con las armas de la razón”. También, por las mismas fechas, escribe un sustancioso prólogo para la Vida de San Ignacio de su paisano y amigo Luis de Belmonte Bermúdez.

Entre 1609 y 1613, Mateo ejerce de “contador en la Universidad” de México y vive en una casa que le alquila el rector del Colegio carmelita de San Ángel, mientras asiste (angustiado ante su próximo desvalimiento) a la pavorosa enfermedad que, en febrero de 1612, se cobraría la vida de su admirado protector, fray García, que había sido nombrado virrey de Nueva España en marzo de 1611. Con motivo de esa muerte, precedida por funestos presagios, Alemán redacta (y termina en abril de 1612) su última obra, los Sucesos de D. Fray García Guerra, Arzobispo de Méjico, emotiva relación de las virtudes y dolencia del prelado, seguida de una Oración fúnebre, que sale a la luz a principios de 1613. A partir de entonces, todo es un enigma: aunque en 1615 está documentada su residencia en el pueblo de Chalco (a treinta y cinco kilómetros de México).

Se ignora el año de su fallecimiento, que bien pudo acaecer en 1616 —¿otra analogía más con Cervantes?—. El genial creador del Guzmán de Alfarache se lamentaba ya en 1609 de la “larga enfermedad”.

El Pícaro Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, se convirtió en el primer libro más vendido de la historia; traducido al inglés, al italiano, al latín, al alemán y al francés, e Influyó en la literatura de toda Europa, y, aunque siempre se cita El Quijote como la primera novela moderna, no falta quien cree que tal mérito corresponde a Guzmán de Alfarache, que, además, ejercería una notable influencia sobre la creación de Cervantes.

Obras:

-Información secreta hecha sobre la visita del pozo y mina de los azogues de la villa de Almadén que se hizo por el contador [...], juez visitador de Su Majestad, 1593 (ed. de G. Bleiberg, y

-El ‘Informe secreto’ de [...] sobre el trabajo forzoso en las minas de Almadén, Londres, Tamesis Books, 1985); 

-Odas de Horacio, traduzidas por [...], s. f. (ed. de R. Foulché-Delbosc, Revue Hispanique, 42 (1918), págs. 482-485);

-Dos cartas de [...] a un amigo. En la primera trata de lo hecho cerca de la reducción y amparo de los pobres del reino, y en la segunda cuál debe ser la verdadera amistad, 2 y 16 de octubre de 1597 (ed. de E. Cros, en Protée et le Gueux, París, Didier, 1967, págs. 433- 444); “

-Prólogo a A. de Barros, Proverbios morales, Madrid, Luis Sánchez, 1598; 

-Primera parte de Guzmán de Alfarache, Madrid, Várez de Castro, 1599;

-San Antonio de Padua, Sevilla, Juan de León, 1604; 

-Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache, atalaya de la vida humana, Lisboa, Pedro Craasbeck, 1604; 

-Ortografía castellana, México, en la imprenta de Jerónimo Balli, por Cornelio Adriano César, 1609 (ed. de J. Rojas Garcidueñas, con est. prelim. de T. Navarro, México, El Colegio de México, 1950);

-Elogio” a L. de Belmonte Bermúdez, Vida del Padre Maestro Ignacio de Loyola, México, 1609;

-Sucesos de D. Frai García Gera, arçobispo de Méjico, a cuyo cargo estuvo el govierno de la Nueva España, y Oración fúnebre, México, 1613.

La interesante biografía de Mateo Alemán no estaría completa sin una revisión, por breve que esta sea, de su Ortografía, que, además, era nuestro objetivo.

Ortografía castellana, obra de Mateo Alemán editada en México, en la imprenta de Jerónimo Balli, 1609. Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España).

Ortografía Castellana, por Mateo Alemán. Bibl. Virtual Miguel de Cervantes

-Es Música la ortografía, y de sus efectos.

…me atemoriza el excesivo trabajo, si dijera mejor un imposible, intentar desarraigar del entendimiento lo que ya parece carácter indeleble. Muchos, y no se si diga todos, culparán este atrevimiento, trazas de innovar lo que un viejo abuso tiene tan canonizado, tan ejecutoriado y notorio, que lo contrario a ello parece muy fino disparate.

-Parécele que consiste la ciencia en el revolear de la pluma con donaire, gallardez con rasgos, poner Felipe con Ph, duplicando las letras, no siendo necesario, antes impropio, aún impertinente. 

-Planta el artillería con veintidós culebrinas, digo letras del abc, que aunque señales veintitrés, la una es falsa y déjanse siete letras durmientes, como si no fueses treinta. Verdad es, que yo querría (si pudieses) meter una de cuña, o como dicen, de gorra, y acrecentarla sobre las veintinueve que tenemos. Tendrán por muy cierto que no lo hago con ánimo de inmortalizarme por este camino, como el emperador Claudio lo intentaba con añadir tres a la lengua latina.

-Quien con mayor propiedad escribiese, dará más bien a entender lo que quisiere, y hablará muy mejor.

La lengua Castellana carece de caudal propio, por haberlo perdido con la destrucción de las Españas, fuele forzoso, como a bizarro pirata, salir en corso a buscar la vida, ganando por la guerra lo que perdió en ella, desvalijó el Hebreo, Griego y Latino, sin perdonar el Árabe, no los más que se le pusieron por delante, y puede hoy decir ser mucho su tesoro, habiendo quedado una de las más elegantes, galana, graciosa y grave de cuantas conocemos.

-Nosotros podemos, con propiedad, escribir cuanto hablamos, y hablar cuanto escribimos, y sólo esto es lo que pretendo introducir con este trabajo.

-Tenemos abundancia de vocablos, fuerza de ellos, para no ser necesario romper los dientes, ni buscar misturas o flautados: aprovechémonos de ellas, trabajen y suden sirviendo sus oficios, para que dondequiera que lleguen, vayan tan bien disciplinadas, que las estimen y respeten como a Españolas, y en especial, Castellanas.

-No soy tan vano que presuma con Hércules decir, no hay plus ultra; sí hay, bien lo sé, claro entendimiento tengo.

-[...] y habiendo trabajado en llegar, de una en otra mayor perfección, digamos con verdad (entre las más naciones libremente) haber llegado a igualar las letras con las armas.

Biblioteca Virtual de Andalucía


De la ignorancia de los maestros pasados, y cuánto importa la enmienda en los presentes, facilitando el escribir ortográficamente. Y se persuadan que tiene Castilla de las mejores letras y sutiles ingenios de que hay noticia, y bueno a malo, tal a tal, ninguno se les aventaja. También hay mediano y malo, como en todas partes, que allá ni acá, puede salir el grano todo puro, y en el mejor vino hay heces como en el oro escorias.

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miércoles, 1 de diciembre de 2021

ESOPO Y MENIPO ● Del mundo clásico, al moderno, a través de la Literatura.

Crónicas de Núremberg. 1493

Esopo-Αἴσωπος, el fabulista, nació en Mesembria, de Tracia, -Bulgaria-, hacia el año 600 aC., y murió en Delfos, Grecia, en el 564, a la edad de 36 años.

En la antigüedad ya fue muy popular, pero su figura aparece hoy tan envuelta en la leyenda, que resulta casi imposible discernir lo que hay de cierto en la misma, o, al menos, creíble, hasta el punto que algunos críticos consideran que se trata de una figura completamente inventada, a pesar de lo cual, se conserva una cílica o copa muy plana, de figuras rojas, datada hacia el año 470 a. C.; en la que se identifica al fabulista, conversando con una zorra, lo que otorga credibilidad a su existencia real. 


En todo caso, era frecuentemente citado por algunos de los grandes pensadores de la Grecia Clásica, como son, Heródoto, Aristófanes, Aristóteles, o Platón, quien asegura que Sócrates se sabía de memoria los apólogos de Esopo y que los versificaba. 

Hubo, al parecer, una biografía novelada y anónima del siglo I, que ya no se conserva, pero ya de la Edad Media, disponemos de una edición de sus Fábulas, llevada a cabo por el monje griego Máximo Planudis, -Μάξιμος Πλανούδης, 1260-1330, nacido en Nicomedia, Anatolia y fallecido en Constantinopla, que fue gramático, teólogo y traductor bizantino muy reconocido-, y Avianus, Alfonsi Petrus, que vivió entre 1062 y 1110; se publicó en 1489, y la Real Academia Española posee un facsímil fechado en 1929. Además de hacerse eco de su obra, Planudis también escribió una biografía de Esopo, al parecer con exceso de imaginación, o quizás, excesivamente fiado en la leyenda.

Del mismo modo, las fechas correspondientes a su existencia, varían mucho, de acuerdo con diversas fuentes, que podrían resumirse en el amplio margen comprendido entre los siglos VII y VI aC., si bien la Suda, nombre con el que se conoce la gran “enciclopedia” bizantina, escrita en griego, en el siglo X, sitúa al fabulista entre los años 620 y 564 aC. y asegura que podía proceder, no sólo de Tracia, sino de Sardes, Samos o Frigia.

Parece más seguro el hecho de que nació en la esclavitud, período durante el cual, conocería a Rodopis -a la que conoceremos enseguida-, antes de convertirse en liberto, con Yadmon, momento a partir del cual, entró al servicio del rey Creso, en Lidia, quien lo enviaría a Delfos, como una especie de embajador, con ofrendas para Apolo y riqueza para repartir entre la gente. Al parecer no se entendió bien con los mandatorios y, tras hacer la ofrenda a Apolo, devolvió el resto del oro a Creso, acción que hizo que, tras ser acusado de sacrilegio, fuera arrojado por las rocas de los montes Fedríades que borden el santuario de Apolo en Delfos.

Delfos.

Al comprobarse que había sido condenado y ejecutado bajo acusaciones falsas, los delfios, temiendo la cólera de Apolo, en cuyo templo había quedado la ofrenda de Creso, ofrecieron una recompensa a quien mostrara una relación próxima con el fabulista, y, al parecer, fue Yadmon, su liberador quien la percibió.

Sobre su aspecto físico, se cree que hubo una estatua tallada por Lisipo, de la que se copiaría el busto de época romana, que se mostró durante años en Villa Albani.

Busto de Villa Albani que podría representar a Esopo. Museo Pushkin

Jardines de Villa Albani (antes de 1870) de Hercule Louis Catenacci en: Rome, Churches, Monuments, Art, and Antiquities, de Francis Wey – 1903.

Jardines de Villa Albani, en 2018

Ya en el siglo IV aC., el peripatético Demetrio de Falero - Δημήτριος ὁ Φαληρεύς, (Falero o Faliro, hoy forma parte de Atenas) hizo una recopilación d la Fábulas de Esopo, que se ha perdido, por lo que la mayor parte de las que se han seguido editando, se basan en la anónima edición Augustana, del siglo I o II, que suele complementarse con textos procedentes de otras dos colecciones, también anónimas, conocidas como la Vindobonense, del siglo VI, y la Accursiana, más o menos del siglo IX. Más recientemente, son célebres las adaptaciones del francés Jean de La Fontaine, del siglo XVII; y muy populares, las de los españoles Iriarte y Félix María Samaniego, en el XVIII, sin olvidar que, durante el período que conocemos como Renacimiento, tanto las fábulas orinales de Esopo como las versificadas por Fedro, eran de lectura obligada en las universidades.

Johann Michael Wittmer, 1879 – Esopo recitando sus Fábulas. Col. Priv.

RODOPE

Como dijimos arriba, Esopo conoció a Rodope o Rodopis- Ῥοδῶπις en su etapa de esclavitud, un personaje que significaría mucho en su vida y en su obra.

La Bella Rodope, el amor de Esopo. Grabado de Francesco Bartolozzi, de una pintura original de Angelica Kauffman, 1782. S. Petersburgo. Col. Priv.

Como dato curioso complementario, adelantemos que la citada Rodopis, que compartiría esclavitud y amor con Esopo, constituyó la fuente inspiradora del personaje de “Cenicienta”, la conocidísima historia infantil de Perrault. Veamos el recorrido de su historia.

El historiador y Geógrafo Estrabón (c. 64-19 dC.), que habla de Ródope; "mejillas rosadas", en su obra Geographica, (libro 17, 33), dice que era una griega que vivía en la colonia egipcia de Náucratis; que un águila cogió su sandalia y la llevó hasta Menfis, y que allí, en el momento en que el rey administraba justicia, acto que solía llevar a cabo al aire libre, el águila, dejó caer la sandalia en su regazo. El monarca, que era de los que creían que todo accidente, por extraño o natural que fuera, debía tener una explicación y, quizá encerraba un mensaje, mandó buscar por todo el reino, a la dueña de la sandalia. Naturalmente, encontraron a Rodopis en Náucratis y, por supuesto, la llevaron a Menfis, donde se convirtió en la esposa del monarca.

Siglos antes, Heródoto (484-425 aC), también Historiador y Geógrafo, decía que Ródope procedía de Tracia y que era esclava de Yadmo / Ἰάδμον de Samos, en cuya casa convivió con Esopo, siendo liberada de la esclavitud por Caraxo, un hermano de Safo, previo pago de su valoración por el anterior amo, que, al parecer, fue muy alta. Heródoto sostiene que se enriqueció vendiendo su cuerpo, pero, sin embargo, añade que es muy posible que una de las pirámides de Giza fue construida por su decisión, o alguien la mandó construir para ella para ella.

Por último, la historia de Ródope sería retomada por el orador romano Claudio Eliano, c. 175 – c. 235, en su obra, Historias, escrita en griego, en la que nos informa del nombre del faraón, que sería Psamético, añadiendo que la historia de Ródope siguió siendo muy popular durante toda la época antigua.

Así pues, para concluir con el curioso asunto de la creación y pervivencia literaria del mito de Cenicienta, completamos la breve versión de Claudio Eliano, y -aun a riesgo de alejarnos un poco de nuestro objetivo, recordaremos también la creada por Marie de France.

El personaje de Claudio Eliano podría ser la Aspasia de Focea, que aparece en su Varia Historia. Huérfana desde muy niña, sería criada por su padre en la pobreza. En cierta ocasión, y en sueños, una paloma le enseñó cómo convertirse en la mujer más bella, de modo que, cuando, poco después, asistió a una fiesta organizada por Ciro el Joven, este quedó completamente prendado de ella.

Maríe de France. Pocos son los detalles que se conocen de su biografía; nació en Isla de Francia, vivió en Inglaterra a finales del siglo XII, y escribió en anglo-normando, una variante de la langue d’oïl hablada entre las élites de Inglaterra. Incluso su nombre procede de una de sus obras: “Marie ai nun, si sui de France...”, “Mi nombre es María, y soy de Francia...”. Se considera que fue la primera poeta del amor cortés en lengua francesa. En ocasiones ha sido identificada con María, la abadesa de Shaftesbury, medio hermana de Enrique II Plantagenet; con la también abadesa de Reading, y, finalmente, con la de BarkingMaría de Boulogne.

Tradujo obras del latín, y se le atribuyen dos obras originales: Doce Lais, basados en relatos populares bretones o ingleses, y, la obra que aquí no interesa, el Ysopet, que es una adaptación de las fábulas de Esopo, la primera que se hizo en francés.

Debió componerlo entre 1170 y 1205, una datación que se deduce de su referencia a Enrique II de Inglaterra, Plantagenet, en apoyo del dominio normando, razón por la cual, también ha sido considerada como autora de los Lais , Leonor de Aquitania, la esposa de Enrique II, conocida por su apoyo a los trovadores de la época.

Marie de France. BNF

El relato Le Fresne/El fresno, uno de sus Lais, es una variante novedosa de la historia de Rodope/Cenicienta, y es, en cierto sentido, algo más rocambolesca. 

Una rica mujer de la nobleza tiene gemelas, lo que le hace temer la acusación de infidelidad -en la época, se creía que tal fenómeno evidenciaba dos padres diferentes-, abandona a una de ellas al pie de un fresno, junto a un convento de monjas, no sin antes colocarle un anillo y un brocado, que mostrarían su verdadera identidad.

Jacob Gerritsz Cuyp: Las gemelas, hijas del artista. Hacia 1630-40. Bayerische Staatsgemälde Sammlung, Alte Pinakothek, Múnich.

Una vez descubierta, la niña recibe el nombre de Fresne y es criada por las monjas, alcanzando la madurez, momento en que un joven noble la ve y se enamora de ella. Pero en contra de sus deseos, es obligado a casarse con una mujer de su clase. Fresne, acepta los hechos, si bien antes de que se celebre la obligada boda, se produce el azar; su madre visita el convento y reconoce el brocado con el que se cubre, que no es sino el mismo con el que ella la había abrigado antaño. Una vez reconocida su nobleza de origen, se permite que celebre la boda con su pretendiente.

Cenicienta/Cendrillon. Ilustración de Otto Kubel. 1930

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Crónicas de Núremberg. 1493

Menipo de Gadara / Μένιππος. Situado entre los siglos IV y III a. C. fue un escritor y filósofo de la Escuela Cínica. Fue muy popular, pero su historia también aparece envuelta en la leyenda, por lo que resulta muy imprecisa, hasta el punto que algunos críticos llegaron a creer que nunca existió en realidad.

En todo caso, el muy posible creador literario al que conocemos con su nombre, sería el que impuso el estilo que, por él conocemos como Sátira Menipea, en la que alterna verso y prosa. A pesar de que fue encuadrado en la Escuela Cínica, sus planteamientos se acercan más al Hedonismo

Pudo nacer en Gadara; fue esclavo, y después de convertirse en liberto, se naturalizó en Tebas; se enriqueció con la usura, y, finalmente, lo perdió todo, razón por la cual, Diógenes Laercio, dice que se suicidó. 

Con respecto a su obra, el mismo Diógenes Laercio cita como suyas –aunque con dudas-, las obras que conocemos con los títulos de: Funerarias, Testamentos, Cartas elegantes, En persona de los dioses, A los físicos, matemáticos y gramáticos, La generación de Epicuro, y La supersticiosa celebración epicúrea del día vigésimo del mes, de todas las cuales no se han conservado ni fragmentos, pero servirían de inspiración para las Sátiras Menipeas del romano Marco Terencio Varrón (116-27 aC.), del mismo modo que constituyó la base  empleada por Luciano de Samosata (121-181) en sus Diálogos de los muertos, y el Icaromenipo entre otras obras.

Erasmo de Róterdam (1466-1536) lo presentó como un personaje literario, al igual que lo hizo el español Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) en su diálogo Menipo litigante, en el que hace una crítica de los abogados.

Aunque la obra de Menipo se perdió, disponemos de múltiples descripciones, muy precisas, acerca de su privilegiada personalidad y brillante ingenio crítico, al contrario de los numerosos autores que en general, alaban sin restricciones, la fuerza, la belleza, la riqueza y el poder, distanciándose de todos ellos y obligando al lector a reflexionar acerca de los mitos que, no obstante, siguen imperando en buena parte de la humanidad. 

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MENIPO EN DIÓGENES LAERCIO

Diógenes Laercio

Dionysiou Monastery Codex. Diogenes Laertius. Ministerio Griego de Cultura

Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres/Βίοι καὶ γνῶμαι τῶν ἐν φιλοσοφίᾳ εὐδοκιμησάντων


BVMC

MENIPO EN LOS DIÁLOGOS DE LUCIANO DE SAMOSATA

Luciano el Satírico. Grabado de William Faithorne (1616/1691). Washington D.C., The Library of Congress

Luciano de Samósata / Λουκιανὸς ὁ Σαμοσατεύς. (Siria,125- c.181) que escribió en griego, fue uno de los primeros humoristas de la corriente conocida como Segunda Sofística.

Con una biografía tan insegura como sus antecesores, en su obra titulada El sueño o La vida de Luciano, dice que fue aprendiz de escultor en el taller de un tío suyo, pero con resultados nulos, debido, como él mismo confiesa, a su propia incapacidad. Sin embargo, a pesar de ser de Siria, cuyo idioma era un dialecto arameo, aprendió pronto y muy bien el griego ático, hasta el punto de que podía imitar a Platón y al mismísimo Homero.

Trabajó en Antioquía como abogado, motivo por el cual conocía bien la profesión, pero su alma inquieta le llevó a recorrer el Mediterráneo en la época Marco Aurelio (121-180), dando conferencias por Grecia, Italia y la Galia, y llegando, incluso a ejercer, dadas sus facultades, como maestro de Retórica.

Finalmente, abandonó Roma, y el año 165, decidió instalarse en Atenas, donde compró una casa en la que vivió junto a sus padres diez años, durante los cuales se cree que compuso la mayor parte de su obra, que posteriormente leyó en público en diversas ciudades griegas, como Éfeso o Corinto.

Es posible que se casara, pues en alguna ocasión se refiere a la existencia de un hijo.

Odio a los impostores –escribió sobre su propia personalidad, en “El Pescador”-, pícaros, embusteros y soberbios y a toda la raza de los malvados, que son innumerables, como sabes... Pero conozco también a la perfección el arte contrario a éste, o sea, el que tiene por móvil el amor: amo la belleza, la verdad, la sencillez y cuanto merece ser amado. Sin embargo, hacia muy pocos debo poner en práctica tal arte, mientras que debo ejercer para con muchos el opuesto. Corro así el riesgo de ir olvidando uno por falta de ejercicio y de ir conociendo demasiado bien el otro.

Hacia el año 175 volvió de nuevo a dar conferencias, pero pronto decidió asentarse en un trabajo fijo, a cuyo efecto, se convirtió en funcionario de la administración romana de Egipto. Es posible que muriera en Alejandría.

Aunque profundamente humanista, el hecho de que no recurriera a los principios religiosos establecidos, pues sólo se regía por principios que consideraba moralmente justos, sin esperar premios ni castigos, provocó que la “Suda” Bizantina, de la que ya hemos hablado, lo definiera como “blasfemo o maledicente, o por mejor decir ateo”. De hecho, odiaba a los supuestos y, a veces muy admirados “adivinos”, y es uno de los pocos que hacen mención del rechazo que provocaban los primeros cristianos.

Practicó, fundamentalmente, una especie de autocrítica, reivindicando que mentía, igual que todos, pero que así lo declaraba abiertamente, a diferencia de los demás:

Me he dedicado a la ficción de un modo mucho más descarado que los demás. –escribió en su “Historia Verdadera”-, y en una sola cosa seré veraz: en decir que miento. Me parece que así escaparé a la acusación de los demás, al reconocer yo mismo que no cuento nada verdadero. Escribo, por tanto, acerca de lo que ni vi, ni comprobé, ni supe por otros y, es más, acerca de lo que no existe en absoluto ni tiene fundamento para existir. Por lo tanto, los que me lean no deben creerme en absoluto.

Menipo de Gadara, es un objetivo habitual de sus sátiras, pero, sobre todo, admiró a Epicuro (341-270 aC.), una de cuyas obras alabó abiertamente:

Qué bendiciones crea ese libro para sus lectores y qué paz, tranquilidad y libertad engendra en ellos, liberándolos como lo hace de los terrores, apariciones y portentos, de vanas esperanzas y ansias extravagantes, desarrollando en ellos inteligencia y verdad, y verdaderamente purificando su comprensión, no con antorchas, cebollas albarranas y demás tonterías, sino con pensamiento directo, veracidad y franqueza.

En todo caso, es considerado como uno de los principales genios satíricos de la literatura universal, y su ironía ha sido imitada durante siglos. En su celebérrima Historia verdadera, parodia y satiriza, por ejemplo, al historiador Heródoto, al que acusa de escribir lo maravilloso en perjuicio de lo verdadero. Pero quizá, entre su obra habría que destacar sus divertidos diálogos satíricos y morales, como los de los Dioses, los Muertos, o de las Cortesanas, considerando que numerosos embaucadores triunfan sólo porque sus seguidores se prestan demasiado fácilmente a ser engañados por ellos. 

A pesar de su negatividad, ya en su época fue imitado, pero su mayor valoración llegó con el Renacimiento, con autores como León Battista Alberti, Erasmo de Róterdam, François Rabelais, Maquiavelo, el griego Roïdis, con autores castellanos, como los hermanos Valdés, Cristóbal de Villalón, y, ya en el siglo  XVII, se advierte su influencia en Mateo Alemán, e incluso, Cervantes, que sigue su modelo en el Coloquio de los perros; Quevedo, en cuyas actitudes podemos discernir un singular parecido con las de Luciano, pues  adopta su línea en los Sueños; como lo hace Diego Saavedra Fajardo. También sería imitado por Jonathan Swift, el creador de Gulliver; por Giacomo Leopardi y, por Voltaire, otro espíritu muy parecido al suyo.

En definitiva, tanto ESOPO como MENIPO; este, a través de Luciano, han gozado de fervientes y célebres seguidores en la historia de la Literatura, entre los que aún podemos añadir a Fedro, nacido poco antes del inicio de la era cristiana; al francés del siglo XVII, Lafontaine y a los célebres Ilustrados españoles del XVIII, Iriarte y Samaniego.

Alberti, Uffizi.- Erasmo, de Holbein, Nat. Gal. – Rabelais, Versalles

E. Roydis, 1866 – Machiavelli, Di Tito. Palazzo Vecchio- Alfonso de Valdés, c. 1531, Taller de Jan Cornelisz. Vermeyen.

Mateo Alemán, de Perret, 1599.- ¿Cervantes?, de Jáuregui. RAH.- Quevedo, van der Hammen copia de Velázquez. Itto. Valencia don Juan

Saavedra Fajardo, F. Selma, 1791. “Españoles Ilustres”.- Jonathan Swift, de Jerbas, NPG.- C. de Bergerac, de Heinze, Gallica.-

 

B.B. de Fontenelle, de Largillière, BBAA Chartres.- G. Leopardi, de Ferrazzi, Casa Racanardi.- Voltaire, Atelier Largillière, Carnavalet, París.

Lafontaine, de Rigaud, Carnavalet.- Iriarte, de Inza y Ainsa. MNP.- Samaniego, enmarcado con temas de sus fábulas.

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Los Diálogos de los muertos-Νεκρικοί Διάλογοι, son conversaciones entre dioses o figuras de la mitología griega y algunos personajes y héroes reales o ficticios de la Grecia Clásica y Helenística, incluso algún romano, compuestos en el siglo II d. C., entre los años 166 y 167, por Luciano de Samosata. Estos diálogos, treinta en total, transcurren en el inframundo griego, el Hades, por lo que la mayoría de los personajes ya han muerto. La colección forma parte de un grupo formado por otros tres diálogos suyos: Diálogos de los dioses, Diálogos marinos y Diálogos de las cortesanas. 

A pesar de haber muerto, Menipo de Gadara nunca deja de fustigar las debilidades humanas, aunque se encuentre en el mismísimo Hades. Así se burla de la terrible desgracia de las almas que no han podido llevar consigo sus riquezas y a los que han sido demasiado orgullosos. 

Entre ellos, aparece, naturalmente el rey Midas, quien, a petición propia, convertía en oro todo lo que tocaba, por lo que no podía, por ejemplo, ni comer, ni acariciar a un ser humano. También aparecen Sardanápalo y Creso -Diálogo II-; con las mujeres del primero y la codicia del segundo. 

Como Menipo no se callaba, las almas convocan un consejo con Hades, el hermano de Zeus, y gobernante del inframundo. Por una vez, el mismo Plutón se muestra compasivo, y ordena a Menipo que deje a las almas en paz, pero este se mantiene inflexible alegando que era consciente de que él mismo tenía que morir, aunque era muy rico. En cambio, las otras almas, que sólo pensaron en pasar sus últimos momentos en la codicia y la lujuria desenfrenada, ahora encuentran dolor y desolación en la cueva oscura.

A los ricos dales de mi parte el siguiente recado: "¿Por qué guardáis, necios, el oro? ¿A cuenta de qué os torturáis calculando los intereses y apilando talentos si al cabo de poco tiempo tendréis que venir aquí con el óbolo mondo y lirondo?" Ah, diles también a los guapos y a los macizos, a Megilo el corintio y Damoxeno el luchador que entre nosotros no hay rubia cabellera ni ojos claros u oscuros, ni tez sonrosada del rostro, ni músculos tensos ni espaldas fornidas, sino que aquí tanto es para nosotros, como dice el proverbio, polvo y solo polvo, calaveras despojadas de belleza [...] Y a los pobres, laconio (que son numerosos y están agobiados con su situación lamentando su pobreza) diles que no lloren ni se aflijan luego de explicarles la igualdad que hay aquí. Y diles que van a ver que los ricos de allí no son mejores que ellos. (Trad. J.L. Navarro).


Diálogo II: Plutón, Menipo, Midas, Sardanápalo y Creso

Tras su muerte, Menipo de Gadara sigue fustigando las debilidades de los que ya residen en el Hades. Se burla, sobre todo, de aquellas almas que no han podido llevarse sus riquezas consigo. Entre estos están el emblemático rey Midas: el soberano que le pidió al sátiro Sileno el poder de convertir en oro todo lo que tocara. Como ya sabemos, gracias a ese don, no podía ni comer una vez que tocaba cualquier alimento. Después la emprende con Sardanápalo y sus mujeres, y con la desmedida codicia de Creso. Las almas de los aludidos convocan un consejo, al que asiste el propio Hades, hermano de Zeus y gobernante del inframundo. En esta ocasión, incluso Plutón, llegando a sentir por primera vez un atisbo de compasión, ordena a Menipo que los deje tranquilos con sus penas, pero él alega que, aunque también fue muy rico, era consciente de que debía morir y así lo aceptó, mientras que los otros no pensaron sino en su codicia y su lujuria, por cuya pérdida, ahora sólo sienten dolor y desolación.

Midas convierte a su hija en oro

Diálogo XVIII: Menipo y Hermes

Menipo y el dios mensajero Hermes ven varias almas horrorosas en las cuevas del inframundo: son las mujeres que causaron desgracias a sus maridos. Menipo, cansado de héroes y hombres, se propone conocer el espíritu de alguna mujer hermosa, como, por ejemplo, Helena de Troya, considerada la causante de la Guerra de Troya. Ella aparece entonces, como un cráneo demacrado y podrido, tan espantoso, que Menipo casi se desmaya a pesar de que él también ya estaba muerto. Mercurio le asegura que los responsables de tan grandes desastres en la Tierra, se han convertido, por sus méritos, en todo lo contrario a la belleza.

Diálogo XX: Menipo, Éaco y algunos filósofos

Menipo y Éaco están cerca del Infierno y mientras caminan ven las almas de muchos que eran verdaderos gigantes en el mundo de los vivos. Entre los héroes, aparecen, Aquiles, Agamenón, Menelao, Ulises y Diomedes, con ataques alternativos de ira y lágrimas, al verse indefensos, cuando habían sido tan valientes guerreros. Más adelante, se encuentran con los capitanes más celebrados entre griegos y persas, así, Alejandro Magno y Jerjes I. 

Menipo lanza una invectiva contra el gobernante persa que, durante la campaña militar contra Grecia, hizo construir un enorme puente entre la ciudad de Abidos y el Monte Athos. Como al principio una tormenta impidió la construcción, el soberano persa para hacer comprender a todos su poder, ordenó azotar al río Helesponto, con látigos y antorchas por desobedecer sus planes frente a Jerjes.

Entre los filósofos, aparecen, Pitágoras, Tales de Mileto, Empédocles, Solón y Sócrates. Pitágoras reclama unas habas porque se muere de hambre. Empédocles está deprimido por su presunto suicidio, y Sócrates, por último, parece el más pacífico de todos y pide noticias de Atenas, la ciudad donde residió y enseñó. Le dicen que sus estudiantes predican sus teorías, pero su comportamiento no obedece a los cánones establecidos por Sócrates. El filósofo contesta que lo había predicho así, y como sabio, se muestra humilde al reconocer que no se pueden conocer en una vida todos los secretos de las cosas materiales y espirituales. De hecho, él anduvo por las calles de Atenas tratando de que la gente recordara este principio, ya que había muchos ciudadanos que creían saberlo todo, cuando, en realidad, no sabían nada. 

Sócrates instruye a un joven- Óleo del pintor José Aparicio

La huella de este diálogo estará muy presente en las conversaciones de Dante Alighieri y Virgilio con las almas del Infierno.

Diálogo XXI: Menipo y Cerbero

Menipo, habla con el perro, o Can Cerbero, guardián de una de las puertas del Inframundo, para contarle cómo Sócrates había sido condenado por sus propios conciudadanos a beber cicuta, acusado de corromper a los jóvenes con ideas falsas y de no creer en los dioses. Aunque Sócrates se había defendido en la plaza en el 399 a.C. desmantelando brillantemente todas las acusaciones y haciéndolas parecer tontas y hechas contra él por gente envidiosa e ignorante, no había nada que hacer, salvo que él mismo como un gran estoico afrontó su destino sin intentar escapar de Atenas ni permitirse formas patéticas de arrepentimiento rogando al jurado.

Sin embargo, Cerbero afirma que una vez que Sócrates murió, realmente se dio cuenta de lo que iba a encontrar y que, especialmente una vez que se acercó al borde del abismo del inframundo, comenzó a llorar como un niño cuando el guardián canino lo mordió en el pie para arrastrarlo al interior en medio de las almas. Pero añadió que, aunque al principio se mostró asustado, Sócrates finalmente se acostumbró al clima sombrío del infierno, o al menos lo fingió, mostrando gran fuerza de espíritu. En cambio, Menipo, admite que en vida solo pensó en las ganancias y ahora, aunque acepta estar muerto, se burla de los que se sienten más intimidados.

Diálogo XXV: Nireo, Tersites y Menipo

Pentesilea se distinguió por sus numerosas hazañas ante la ciudad de Troya antes de ser abatida por Aquiles, que atravesó su pecho con la lanza. Al verla morir, Aquiles quedó sobrecogido por su belleza y cuando Tersites, uno de los soldados griegos, se burló de él por esta pasión, Aquiles lo mató. 

Aquiles lleva a Pentesilea moribunda. Relieve de época romana. Museo Arqueológico de Afrodisias.

Tersites y Nireo ya llevan mucho tiempo en el infierno y conocen el alma alborotadora del imparable Menipo. Ambos se encontraban entre los combatientes de la Guerra de Troya, Nireo, de los que deseaban casarse con Helena, que, sin embargo, fue asignada a Menelao por sorteo. Cuando Helena es secuestrada por Paris, este se une a la flota aquea con la ayuda de solo tres barcos. Nireo fue asesinado la noche de la caída de Troya por Eurípilo, hijo de Télefo, que había acudido en ayuda de Príamo. Los griegos lo enterraron con honores. 

Tersites es todo lo contrario a Nireo, no guapo, sino muy feo y deforme, además usaba la astucia en lugar de la audacia y la honestidad, pero, sobre todo, no gustaba porque disfrutaba denunciando las acciones más viles y escandalosas cometidas por los héroes griegos a los que todos glorificaban de antemano como dioses, como el propio Aquiles. 

Supuesta máscara de Agamenón, descubierta por Schliemann en Micenas, 1876

Recuerda, por ejemplo, que Agamenón, después de nueve años desde el comienzo del asedio de Troya, aún no había logrado conquistarla y entonces planeó volver a Grecia fingiendo que no había pasado nada. Tersites aprovecha la oportunidad para acusar a los supuestos héroes de todas las penurias, que soportaron los soldados mientras el rey estaba en su tienda disfrutando de las riquezas del botín de guerra y sobre todo, por haber ofendido a Aquiles. Tersites será golpeado por Ulises para hacerlo callar, pero Aquiles lo matará después de recibir otro insulto.

En el diálogo, Tersites y Nireo aparecen como dos esqueletos horrendos, pero uno más feo que el otro, y preguntan a Menipo cuál de los dos es más guapo; Tersites incluso afirma que el poeta Homero, que cantó la Guerra de Troya, como era ciego, se equivocó al describirlo como un ser repugnante. Menipo asegura que nadie en el infierno es feo o hermoso de cara, ya que allí, las almas sí son fieles al principio de igualdad.

Diálogo XXVI: Menipo y Quirón

Menipo se encuentra con Quirón, el sabio centauro inmortal, maestro de héroes. Menipo se muestra sorprendido por el hecho de que un divino haya elegido morir, pero Quirón le dice que estaba cansado de vivir tantos cientos de años, viendo morir a sus seres más queridos y amigos más cercanos. Menipo le responde que, incluso en el infierno, una vez que supiera todo, se aburriría, igual que en el mundo, y concluye aseverando que es preciso aceptar la propia suerte, cualquiera que sea.

Diálogo XXVIII: Menipo y Tiresias

Menipo reconoce de inmediato el alma del Adivino ciego Tiresias y le pregunta cómo se sintió cuando fue transformado en mujer, ya que, siendo muy joven, Tiresias había sufrido una curiosa metamorfosis a causa de la ira de los dioses. Cuando era pastor en el monte Cillene, vio dos serpientes copulando y disgustado por la escena, Tiresias mató a la hembra. 

Grabado de Johann Ulrich Krauß (1655-1719): Tiresias golpeando a las serpientes, en Las metamorfosis de Ovidio. 1660. Yale Manuscripts.

Su castigo consistió en ser transformado en mujer, para que comprendiera su arbitrariedad y, como tal, vivió, hasta que, cuando volvió a encontrar dos serpientes copulando, mató al macho, por lo que recuperó su antiguo sexo. 

Posteriormente, Juno y Júpiter discutirían en el Olimpo; Júpiter decía que la mujer disfrutaba más en las relaciones sexuales, y Juno que el varón simulaba los orgasmos. Preguntado Tiresias, dijo que Júpiter tenía razón, y Juno, enfadada, le privó de la vista, aunque le compensó dotándole de siete vidas. Al final, Tiresias admitía que no fue tan deshonrosa su metamorfosis, porque, al ser conocida su esterilidad, no había sufrido vergüenza.

Henry Singleton (1766-1839). Manto y Tiresias, su padre. National Gallery

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