lunes, 25 de abril de 2022

Asclepio ● Hipócrates ● Medicina en la Antigua Grecia

 

Estatua de Asclepio, Glypotek, Copenhague y Pintura mural que representa a Galeno e Hipócrates. Siglo XII, Anagni, Italia.

Asclepio - Ἀσκληπιός-Asklipios, es el dios de la Medicina y la curación. Se le dedicaron numerosos santuarios, en Grecia y en otros lugares, incluyendo la costa oriental de la península Ibérica, de los cuales, quizá el más importante, fuera el de Epidauro, en el Peloponeso, que, se convirtió en un centro de aprendizaje y práctica de la medicina.

Asclepio, en el Louvre, y Trípode de ofrenda con su Vara y la Serpiente, en Éfeso.

La Vara era el símbolo de la profesión médica, y la serpiente, que muda periódicamente de piel, simbolizaba el continuo rejuvenecimiento.

El símbolo de la OMS

El atributo de Asclepio, era, pues, una serpiente enrollada en un bastón, y su gracia, la curación, especialmente, por el conocimiento y empleo de las propiedades benéficas de las plantas.

Lo cierto es que, casi todos los olímpicos; dioses, semidioses, o héroes, tenían algún poder sobre la salud; Hera, la diosa del hogar, era protectora de las parturientas, y Atenea, diosa de la sabiduría, cuidaba de la vista. Pero el sanador por excelencia, no era otro que el Délfico Apolo.

Asclepio era hijo de Apolo y, aunque hay dudas sobre si su madre fue Coronis o Arsinoe, el hecho no resulta demasiado trascendente, puesto que su crianza y formación, fueron encomendadas al Centauro Quirón, que también se ocupó de la educación de Aquiles; de modo que fue él quien enseñó a Asclepio a reconocer las posibilidades curativas de ciertas plantas.

La educación de Aquiles, por Delacroix. De un fresco del Palacio Borbón, en París.

En la lista de discípulos de Quirón aparecen otros grandes nombres, a lo largo de lo que ya dimos en llamar “Mitohistoria”; Μυθιστόρημα,” Mizistórima”, emulando, en cierto modo, al poeta Yorgos Seferis -otro de cuyos poemarios, da título a este blog-. Al efecto, podemos citar como alumnos de Quirón -además de Asclepio y Aquiles-, los nombres de Jasón, Aristeo o Acteón, y, de acuerdo con Jenofonte, también Céfalo, Melanión, Néstor, Anfiarao, Peleo, Telamón, Meleagro, Teseo, Hipólito, Palamedes, Cástor, Pólux, Macaón, Podaliro, Antíloco, Apuleyo, e incluso, el gran Eneas, con algunos héroes más, lo que supondría una demostración de las cualidades del Centauro para la docencia, tal como ésta se entendía en la época, naturalmente.

Apolo, Quirón y Asclepio. Arqueológico de Nápoles

Asclepio podía devolver la vida a los muertos, algo que no gustaba a Zeus, pensando que, con tal potestad, dejaría tan desiertas las estancias Olímpicas, como las del Hades, en el inframundo, hecho que podía, acabar incluso con su poder, de modo que, sin dudarlo, valoró a Asclepio como un enemigo y -según algunas versiones, animado por Hades-, lanzó al médico uno de sus mortíferos rayos, que, efectivamente, alcanzó el blanco. 

Ahora bien, las cosas no salieron como él dios esperaba, porque, apenas exhaló su último suspiro, el médico alcanzó la divinidad y ascendió al Olimpo por sus propios méritos, sin pasar por el Hades. La divinidad de los ojos tapados, en esta ocasión, actuó acorde con el fiel de su balanza, sin que ninguna potencia superior pudiera inclinarla a su capricho.

Andando el tiempo, la familia de Asclepio continuó su elogiable tarea, ya fuera en la prevención, o, en su caso en la curación de las enfermedades. Su esposa, Epíone, sabía calmar el dolor; su hija, la celebrada Higea, aplicaba los medios más recomendables para la prevención de los males físicos; su nombre pasaría a ser origen y base de los tratados de “Higiene”. 

Una “panacea” es hoy sinónimo de un remedio para todos los males, y la palabra proviene, precisamente, del nombre de otra de las hijas de Asclepio; Panacea, que también sabía aplicar ciertos tratamientos. Su hijo Telesforo, se ocupaba de la convalecencia, mientras que los dos últimos, Macaón y Podalirio, se empleaban en proteger personalmente a cirujanos y médicos. Ambos aparecen en la Ilíada de Homero.

Asclepio y Epíone, fragmento. Nuevo Museo de la Acrópolis, Atenas.

Higía. Copia romana de un original griego del siglo III aC. / ¿Panacea?

-Asklepios, Hygía y Telesphoros. Mármol del siglo XVIII, Holanda. -Macaón asiste a Menelao. Wellcome's Medical Diary. -Podalirio. Siglo II dC. Museo Arqueológico de Dión, Macedonia.

Desde el momento de su nacimiento, la existencia e Asclepio no fue un regalo de los dioses, sino que estuvo sometido a sus frecuentes e irracionales vaivenes y caprichos.

De acuerdo con la historia relatada por el poeta griego Píndaro, en el siglo VI aC., Apolo se enamoró de Corónide, hija de Flegias, rey de Tesalia. Si Apolo se encapricha, ya no hay nada más que hablar, de modo que, tras dejarla embarazada, en su modo cisne, volvió a Delfos, dejando a la dama al cuidado de un cuervo blanco. Más tarde, Corónide se enamoraría de un simple mortal, llamado Isquis, que era hijo de Élato, el gobernador de la región del monte Cilene, que había conquistado Fócida, en el centro de Grecia. El cuervo, que lo vio todo, voló a contárselo a Apolo, cuyo primer instinto, con tal de vengarse, fue matarlo a él mismo, pero después reflexionó y se conformó con lanzarle una maldición, según la cual, sería negro para siempre, pero aquella momentánea benevolencia, no alcanzó a Corónide, a quien ejecutó, apenas nació su hijo de ambos, el cual no sería otro que nuestro protagonista, Asclepio

Nacimiento de Asclepio (mediante cesárea), de Francesco Urbini, del taller de G. Andreoli, hacia 1534. Museo Boijmans Van Beuningen. Rotterdam

Apolo, como hemos dicho, confió el niño al cuidado del centauro Quirón, en el monte Pelión, donde vivía, con otros centauros, en una zona que rodea el gran golfo de Volos, al sureste de Tesalia. El centauro lo instruyó en las artes de la medicina y de la caza, aunque también Intervinieron en su formación, el propio Apolo y Atenea, que le dio dos redomas llenas de sangre de la Gorgona –la que convertía en piedra a todo el que osara mirar a sus ojos-. Una de las redomas contenía un veneno mortal, pero la otra, podía resucitar a los muertos. Asclepio, evidentemente un gran aprendiz, llegó a dominar el arte de la resurrección, con el que pudo favorecer a conocidos personajes míticos, como Hipólito, hijo de Teseo, el héroe del Ática, por sus hazañas en el Peloponeso. 

Como solía acertar con sus decisiones, Asclepio se granjeó gran fama, y la admiración hacia su persona se materializó en la construcción de diversos santuarios, por parte de los humanos agradecidos.

Como hemos dicho, tras sufrir la acción del rayo, Asclepio ascendió a las alturas olímpicas, pero, conviene recordar, que lo hizo transformado en un cúmulo de estrellas, formando la constelación que, en su memoria, recibió el nombre de Serpentario u Ofiuco, es decir, Portador de la serpiente.


Constelación de “Ofiuco”. Y, Celestial Atlas, de Alexander Jamieson (1822).

Santuario y sanatorio de Pritaneion, dedicado a Asclepio. Albania.

Los santuarios más importantes a él dedicados, fueron, el de Epidauro, y los de Tricca Lebén y Cos. 

Siempre de acuerdo con la historia mítica, la medicina que se practicaba en los templos de Asclepio, seguía la tradición sanadora de los divinos, según la cual, también sabemos, por ejemplo, que Orfeo utilizaba la música y la poesía para curar el alma, y no sólo eso, solo que también encantaba a los animales.

Orfeo encantando a los animales. Mosaico, Museo Arqueológico Regional de Palermo.

Aquellos templos, que hoy podríamos definir como Facultad y Sanatorio, es decir, centros de aprendizaje y práctica, aparecieron alrededor del s. VI aC. y con ellos, se extendió rápidamente el culto a Asclepio, quien, en Egipto, fue identificado con Imhotep y Serapis, es decir, los dioses de la medicina, con los que ya contaba aquella nación.

En el año 295 aC. se construyó en Roma el primer templo dedicado a Asclepio -allí llamado Esculapio. Su fama fue tan duradera, que, al principio, el culto a Cristo, fue compartido con el de Asclepio, puesto que ambos eran considerados sanadores, de cuerpo y de alma.

Los templos solían tener, además de las salas en las que dormían o descansaban los que esperaban ser curados, un estanque o un manantial, teatro, estadio, gimnasio y posadas, para acoger a los acompañantes o familiares. Su gran cualidad, es el hecho probado de que eran accesibles, tanto a los ricos, como a los pobres.

En la península Ibérica hay restos de un templo de Asclepio en Ampurias / Ἐμπόριον-Empórion, en Gerona, desde el siglo IV a.C.

A pesar de la significativa importancia de todos ellos. No cabe duda de que, los restos arqueológicos más importantes, en este sentido son los de Epidauro, que se encuentran en un pequeño valle, cerca de las ruinas de un teatro del siglo II a. C. Fue el centro terapéutico más grande de la antigüedad y desarrolló una escuela de medicina donde se formaban los asclepíades, entre los cuales, el más famoso. es, evidentemente, Hipócrates, al que también se consideraba descendiente directo del dios.

Se desconoce su datación con exactitud, pero las instalaciones más antiguas del recinto, son del siglo VI aC., aunque se sabe que en el siglo V aC. la fama del santuario ya sobrepasaba los límites de la región de Epidauro, sobre todo, cuando la peste que azotó Atenas, dio lugar a la fundación, en el 419 aC. del Asclepeion al pie de la colina de la Acrópolis.

Restos del santuario de Asclepio en Atenas. 2008

El culto se mantuvo fundamentalmente entre los años 370 y 250 aC., período durante el cual, Epidauro, destino de numerosas peregrinaciones, quedó rodeado de suntuosas construcciones.

Durante el siglo II dC. se produjo una nueva expansión arquitectónica, por designio del senador romano Antonino. El culto y la celebridad siguieron hasta el año 426, cuando el emperador Teodosio II mandó clausurarlo, igual que hizo con todos los santuarios griegos, aunque en ellos se habían producido numerosas curaciones, especialmente, de enfermos psicosomáticos. A partir de entonces, se hizo imprescindible pagar el tratamiento, si bien, cada paciente, debía hacerlo de acuerdo con sus posibilidades. Terminaba la curación como un don, para convertirse en un objeto con valor de mercado.

La fiesta llamada Asclepieia, se celebraba en Epidauro cada cuatro años, desde el siglo V aC., y consistía en representaciones teatrales, juegos atléticos y música. Existía, sorprendentemente, una prohibición que todo el mundo conocía; allí estaba tajantemente prohibido nacer o morir.

Ya a finales del siglo XIX empezaron los trabajos de excavación del yacimiento de este santuario, cuyas obras, varias veces abandonadas, pudieron reanudarse, en 1948 y en 1974.

Teatro de Epidauro

Asclepio, en el Museo Arqueológico de Epidauro.

Esculapio descubre la betónica. Siglo IX. “Pseudo-Hippocrates Latinus, Epistola ad maecenatem”, 3v-5v. Biblioteca Nacional de Francia.

Betónica o Stachys officinalis, planta con diversas propiedades curativas.

Asclepio se convirtió en un ejemplo durante siglos, para la ciencia y en un modelo para el arte, razón por la que se reprodujo en numerosas pinturas y esculturas.

John William Waterhouse: Un niño enfermo en el templo de Esculapio. 1977

Pierre-Narcisse Guérin (1774-1833). Ofrenda a Asclepius, 1803. Beaux-Arts, Arras

Ruinas con una estatua de Esculapio. Obra de Jean Barbault (1718–1762)

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Higía, la hija de Asclepio: 

Como hemos referido anteriormente, en la Ilíada figuran dos hijos de Asclepio: Podalirio y Macaón, ambos médicos, y ambos pretendientes de Helena, motivo por el que participan y son citados en el relato de la Guerra de Troya. Posteriormente empezaron a aparecer referencias a su esposa Epione y a sus hijas, consideradas todas como sanadoras.

Iasó o Yaso, representa la curación, pero sin introducir las manos en el cuerpo del paciente. Se aparecía en los sueños de los enfermos que buscaban ayuda y les inspiraba el deseo, o la actitud positiva hacia la curación. La identifican con la diosa romana Meditrina, de la que procedería el nombre de la medicina. Tenía una estatua en el santuario, en Oropos, entre Ática y Beocia, donde compartía el templo de Asclepio, con sus hermanas Higia y Panacea.

Higía, la salud, que siempre figura junto a su padre.

Akeso o Aceso, también sanadora. Tiene el don de curar introduciendo sus manos en el cuerpo del paciente. Inspira a los médicos temerarios que se atrevían a realizar cirugías. Se encarga además de supervisar la cicatrización de las heridas.

Egleé o Egle, la Brillante; una luz sanadora, que ajusta el orden de los elementos que conforman nuestro cuerpo, y mantiene el equilibrio entre los humores. Más que la recuperación de la salud, sería su mantenimiento, lo que ella inspiraba o infundía.

Panacea, que lo cura todo mediante el uso de plantas. Es la hija menor y se encarga de ayudar a su padre y a sus hermanas en el proceso de curación de los enfermos en los santuarios.


Higya, Asclepio, Podaliro y Macaón. Una familia de siete miembros, les pide ayuda.

El mismo paciente; tras una primera cura y limpieza, pasa a ser tratado con la química de la serpiente.

Hygeia; La Salud. S. V a IV aC. Mármol. Arch. Museo del Antiguo Feneos, Peloponeso, Grecia.

Higya y Asclepio. Copia de la época de Adriano. Museos Vaticanos. Fragmento en bajorrelieve. Esculapio sentado en un trono con los pies en un taburete; a su lado, la inseparable Hygeia. Copia en yeso del original.

Fragmento de un relieve votivo: Asclepio, ya divino y sentado, sostiene un cetro. Hygeia pone la mano en su hombro. Mármol de fines del siglo 4 aC. NG Praga, Palacio Kinský.

Hygeia fue así tallada, con su padre Asclepios, del que solo se conserva la mano sobre su hombro. Mármol. Copia romana de la primera mitad del siglo I dC, de un original helenístico. Excavaciones de Giuseppe Petrini en Ostia, 1802-1804.

En realidad, Hygía adquirió sus propias características personales, hacia el siglo V aC., pues, hasta entonces, había sido considerada como una especie de “faceta” de Atenea. 

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Hipócrates / Ἱπποκράτης

Hipócrates. Museo Pushkin, San Petersburgo.

Hipócrates de Cos, Ἱπποκράτης / Hipókrátis. Nacido en la isla griega de Cos, del archipiélago llamado Dodecaneso, en el mar Egeo, hacia el 460 aC., murió en Tesalia, en tierra firme, al Oeste del mismo mar, hacia el 370 aC.

Fue médico durante el gran período que conocemos como Siglo de Pericles, y es una de las figuras históricas más importantes en la medicina, hasta el punto que ha sido llamado, "padre de la medicina", en reconocimiento a sus importantes contribuciones, mantenidas secularmente. De hecho, revolucionó la práctica de su época, sentando sus bases, como una disciplina separada y distinta de otras, con las que era asociada tradicionalmente; como la teúrgia, de carácter mágico-religioso, o la filosofía, más especulativa, para, finalmente, convertir su conocimiento y práctica, en una auténtica profesión bien definida.

Desgraciadamente, a lo largo de la historia, se han mezclado los hallazgos médicos de los autores del Corpus Hippocraticum; practicantes de la medicina hipocrática, con los de Hipócrates, por lo que, al final, se sabe muy poco sobre lo que él mismo pensó, escribió e hizo, a pesar de lo cual, Hipócrates es el paradigma del médico antiguo, al que se atribuye un gran progreso en el estudio sistemático de la medicina clínica, además de que reunió el conocimiento médico de las escuelas anteriores y prescribió prácticas que han gozado de gran importancia histórica; en este sentido, solo hay que recordar la persistencia del, juramento hipocrático, aunque non solum...

Sorano de Éfeso, 98-138 dC., también griego y médico, en Alejandría y Roma, fue, entre otras cosas, el autor de la primera biografía conocida de Hipócrates, en la que afirma que su padre se llamaba Heráclides, que también era médico, y que su madre, se llamaba Praxítela.

Hipócrates tuvo dos hijos, Tésalo y Draco, y al menos una hija, puesto que se le conoce un yerno, llamado Polibo; los tres fueron alumnos suyos, así como los tres tuvieron un hijo, al que llamaron Hipócrates. Según Galeno, también médico, en Roma, Polibo fue el verdadero sucesor de Hipócrates.

También asegura Galeno, que Hipócrates aprendió medicina, no solo de su padre, sino también, de su abuelo, y que, además, estudió filosofía y otras materias con Demócrito -el famoso filósofo que consideraba la risa y el buen humor, como la mejor medicina-, y con el filósofo Sofista, Gorgias. Parece asimismo muy probable, que continuara su formación en el Asclepeion de Cos y que hubiera sido discípulo del médico tracio Heródico de Selimbria, nacido en Mégara, del siglo V aC.

La única mención contemporánea que se conserva de Hipócrates proviene del diálogo de Platón Protágoras, en el que el filósofo lo describe como "Hipócrates de Cos, el de los Asclepíades".

Hipócrates enseñó y practicó la medicina durante toda su vida, viajando al menos a Tesalia, Tracia y el mar de Mármara. Probablemente muriera en Larisa -Tesalia-, a la edad de 83 o 90 años, aunque algunas fuentes aseguran que pasó de 100 años. En todo caso, se conservan diferentes relatos sobre su muerte.

Las escuelas de medicina de la Grecia Clásica estaban divididas en dos tendencias fundamentales respecto al modo en que se debían tratar las enfermedades. La Escuela de Cnido se centraba en el diagnóstico, mientras que la de Cos lo hacía en el pronóstico y el cuidado del paciente. 

Es un hecho que la medicina de la época de Hipócrates desconocía muchos aspectos de la anatomía y la fisiología humanas, porque estaba prohibida la disección de cadáveres. Así, la enseñanza, que mostraba un gran conocimiento del tratamiento de enfermedades comunes, no podía determinar qué provocaba aquellas enfermedades. 

La medicina hipocrática es hoy considerada pasiva. El enfoque terapéutico se basaba en el poder curativo de la naturaleza (vis medicatrix naturae). Según esta doctrina, el cuerpo contiene de forma natural el poder intrínseco de curarse (physis) y cuidarse. La terapia hipocrática se concentraba simplemente en facilitar este proceso natural. Para hacerlo, Hipócrates creía que "el reposo y la inmovilidad [eran] de gran importancia". En general, la medicina hipocrática era muy cuidadosa con el paciente: lo trataba con suavidad y destacaba la importancia de mantenerlo limpio y estéril, utilizando, por ejemplo. solo agua limpia o vino para las heridas, aunque prefería  los tratamientos «secos» y en ocasiones, usaba linimentos balsámicos.

Hipócrates era muy reacio a administrar drogas, aunque en ocasiones empleaba algunas muy potentes. Su enfoque pasivo tuvo mucho éxito ante trastornos relativamente simples y evidentes, como huesos rotos, que requerían tracción para estirar el sistema esquelético y aliviar la presión en la zona lesionada, a cuyo efecto, utilizaba el "banco hipocrático" y otros ingenios similares.

Uno de los puntos fuertes de la medicina hipocrática es la importancia que daba al pronóstico. En tiempo de Hipócrates, la terapia medicinal estaba poco desarrollada y a menudo lo mejor que podía hacer el médico era evaluar una enfermedad y deducir el curso más probable, basándose en las informaciones recogidas en historiales de casos similares. 

La escuela hipocrática sostenía que la enfermedad era el resultado de un desequilibrio en el cuerpo de cuatro humores, unos fluidos, que en las personas sanas se encontraban naturalmente en una proporción semejante (pepsos). Cuando los cuatro humores (sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema) se desequilibraban (dyscrasia, mala mezcla), el individuo enfermaba y permanecía enfermo hasta que se recuperaba el equilibrio. La terapia hipocrática se concentraba en restaurar este equilibrio. Por ejemplo, se creía que tomar cítricos era beneficioso cuando había un exceso de flema.

Otro concepto importante en la medicina hipocrática es el de "crisis", un momento en el curso de la enfermedad en que, o bien, se hacía paulatinamente más grave y el paciente sucumbía, o bien pasaba todo lo contrario y los procesos naturales permitían la recuperación. 

La medicina hipocrática destacaba por su estricto profesionalismo, caracterizado por una disciplina y práctica rigurosas. La obra hipocrática sobre el médico recomienda que los médicos siempre fueran bien aseados, honestos, tranquilos, comprensivos y serios. El médico hipocrático prestaba especial atención a todos los aspectos de su práctica: debía seguir especificaciones detalladas para "la iluminación, el personal, los instrumentos, el posicionamiento del paciente y las técnicas de vendaje y entablillado" en el antiguo quirófano. Debía, incluso, mantener sus uñas con una longitud precisa.

Daba gran importancia a las doctrinas clínicas de observación y documentación; en su opinión, los médicos tenían que anotar sus observaciones, métodos y descubrimientos, de forma que pudieran servir como precedentes a otros médicos, y así lo hacía él mismo con gran precisión, anotando síntomas, complexión del paciente, dolores, pulso, etc., cuya observación aplicaba igualmente a familiares, e incluso al medio ambiente en el que todos ellos se desenvolvían habitualmente.

Del mismo modo, daba gran importancia a la alimentación, que consideraba en su adecuación al clima y a las estaciones, pues aseguraba que ejercía una enorme influencia en los humores. Consideraba, por ejemplo, que, durante el otoño, era conveniente tomar alimentos con cierto grado de acidez, indicados para eliminar la melancolía, a la vez que aconsejaba reducir el consumo de vino y frutas.

Hipócrates fue el primero que describió la denominada "cara hipocrática" en su obra Prognosis -El libro de los pronósticos-, siendo sobradamente conocida la alusión de Shakespeare a su descripción cuando narra la muerte de Falstaff en el Acto II, Escena III de la obra Enrique V: (...) "for his nose was as sharp as a pen" (...), "pues su nariz estaba tan afilada como una pluma" -de escribir, se entiende, ya que, para ellos, las plumas han de tener la punta muy bien afilada-.

También empezó a sistematizar las enfermedades, en agudas, crónicas, endémicas o epidémicas, así como implantó el uso de los términos graduales de la enfermedad, como "exacerbación", "recaída", "resolución", "crisis», "paroxismo", "pico" y "convalecencia", que todavía están en uso, del mismo modo que inició el proceso de observación, graduación, asociación, e interpretación de los diversos síntomas.

Juramento hipocrático en forma de cruz en un manuscrito bizantino del siglo XII

El Juramento Hipocrático se iniciaba con la invocación: "Juro por Apolo Médico y Esculapio y por Higía-Ὑγίειᾰ; la Salud, hija de Asclepio-, y por Panacea - Πανάκεια-Panakia; “que todo lo cura”, también hija de Asclepio-, y por todos los dioses ...”

El corpus hipocrático / Corpus Hippocraticum, es una colección de unas setenta obras médicas de la antigua Grecia escritas en griego jónico, de las que no se sabe si proceden de la mano de Hipócrates, o de sus alumnos, de los que, de acuerdo con diferencias expresivas, parecen haber contribuido hasta diecinueve autores diferentes, lo que da más peso a la segunda hipótesis.

Entre sus tratados destacan El juramento hipocrático, El libro de los pronósticos, Sobre el régimen en las enfermedades agudas, Aforismos, Sobre los aires, las aguas y los lugares, Instrumentos de reducción, Sobre la enfermedad sagrada, etcétera.

Después de Hipócrates, el siguiente médico de relevancia fue Galeno, un griego ya romanizado que vivió entre los años 129 y 200 dC. Galeno perpetuó la medicina hipocrática, desarrollándola en varias direcciones.

En la Edad Media, los árabes adoptaron los métodos de Hipócrates y contribuyeron de manera fundamental a la conservación de sus enseñanzas. Después del Renacimiento, los métodos hipocráticos ganaron fama de nuevo en Europa y fueron profusamente utilizados y ampliados hasta el siglo XIX. Entre los que utilizaron las rigurosas técnicas clínicas de Hipócrates destacan Sydenham, Heberden, Charcot y Osler. Henri Huchard, un médico francés, afirmó que la recuperación de Hipócrates "conforma la historia entera de la medicina interna".

El primero de sus Aforismos, reseñado frecuentemente en latín como Ars longa vita brevis, es, quizás, el más conocido, o uno de ellos.

«Ὁ βίος βραχὺς, ἡ δὲ τέχνη μακρὴ, ὁ δὲ καιρὸς ὀξὺς, ἡ δὲ πεῖρα σφαλερὴ, ἡ δὲ κρίσις χαλεπή».

«La vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil.»

Hipócrates, Aforismos, I, 1

En la isla griega de Cos, en la que se conserva el Museo Hipocrático, sobrevive el árbol de Hipócrates, un ejemplar de Platanus, bajo el cual se dice que enseñaba a sus alumnos.

La mayoría de relatos conocidos sobre la vida de Hipócrates no se ajustan a los datos históricos, por lo que sugieren un origen legendario. Incluso ya durante su vida, pues obtuvo un gran renombre y en torno a su figura, surgieron ya relatos de curaciones milagrosas. 

Se dice que ayudó a curar a los atenienses, durante la plaga de Atenas, encendiendo grandes fuegos a modo de "desinfectantes", y aplicando otros tratamientos, pero no ha podido ser corroborado por la investigación.

Una tradición dice que el filósofo Demócrito era considerado un loco -por algunos-, porque se reía de todo, así que fue enviado a Hipócrates para que lo curara. Hipócrates diagnosticó sencillamente, que, tenía una personalidad alegre, y, desde entonces, Demócrito ha sido conocido como "el filósofo de la risa". De hecho, él mismo, aseguraba que el buen ánimo es el objeto de la vida. Su imagen fue modelo muy empleado en la pintura española.

Demócrito, de Velázquez. Bellas Artes de Rouen. Fr.- Demócrito, de José de Ribera. Museo del Prado, Madrid.- Demócrito: Jusepe Ribera, Lo Spagnoletto, literalmente, El Españolito, h. 1615 h. 

Otras leyendas hablan de la resurrección del sobrino de Augusto, conseguida supuestamente gracias a la colocación de una estatua de Hipócrates y la creación de una cátedra en su honor, en Roma. Se creía que incluso la miel de una colmena que estaba cerca de su tumba, tenía poderes curativos. Las leyendas en torno a Hipócrates afectan, incluso su genealogía; como ya vimos anteriormente, se dijo que descendía directamente de Asclepio y de Heracles.

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Aquiles venda una herida a Patroclo. Kylix de figuras rojas. Obra del pintor Sosias, 500 aC. Altes Museum. Berlín.

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Comadrona asistiendo a un nacimiento. Terracota griega de Chipre. Siglo V aC, principios.

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Constantino El Africano. *Cartago o Sicilia, c. 1020 + Monasterio de Montecasino, 1087. Médico y monje cristiano árabe. Tradujo textos médicos griegos e islámicos, que reunió en la Schola Medica Salernitana. “Análisis de orina”. C. 1200 Cartago. Bodleian Library. Oxford.

Contribuyó notablemente a recuperar las nociones de la medicina griega clásica en Europa con sus traducciones de Hipócrates y Galeno. También adaptó manuales árabes para los viajeros en su obra, Viaticum.

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Nota 1: Algunos nombres griegos aparecen con distintas variantes, tal como se muestran transcritos en las diversas fuentes.

Nota 2: Galeno, medico también, natural de Pérgamo (129-c. 200), debería entrar con pleno derecho en este relato; algo que solo impide la extensión del mismo. Probablemente formará parte de un pequeño estudio sobre la evolución de la Medicina, más o menos, hasta el siglo XVI, con Vesalio y otros, incluyendo, por supuesto, la Edad Media.

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