domingo, 7 de febrero de 2016

EIFFEL. La Utopía del Hierro (I)


Gustave Eiffel. Ingeniero, Arquitecto y Empresario. 
Dijon 15.12.1832-Paris, 27.12.1923. (Fotogr. Nadar)

En 1884, cuando el proyecto de una torre de 300 metros fue expuesto por primera vez, la reputación de Gustave Eiffel estaba ya bien establecida nacional e internacionalmente. A los 52 años, tras haber dudado momentáneamente, asumió el proyecto con ánimo renovado y lo defendió contra toda eventualidad. Aun cuando no había sido concebido por él, le dio su nombre y lo patrocinó el resto de su vida; incluso hallándose ya retirado de los negocios, desde 1893. Eiffel intuyó que tenía entre manos la obra de su vida y que iba a construir algo memorable.


A mediados del siglo XIX, el parámetro altura no concernía a las construcciones civiles, sino que seguía siendo una característica de los edificios religiosos. Por ejemplo, la Catedral de Notre Dame de Rouen, fue rematada por una veleta de hierro fundido de 40 metros de altura, terminada en 1876, que le permitió reivindicar el título de ser el edificio más alto del mundo, entre 1876 y 1880, con sus 151 metros.


Rápidos progresos industriales permitieron, sin embargo, a los ingenieros imaginar la transgresión de lo que en la época era todavía un privilegio del dominio eclesiástico. 


Según Eugenio–Melchior de Vogüe –diplomático, orientalista, escritor de viajes, arqueólogo, filántropo y crítico literario–, edificar una torre de gran altura era un sueño y un desafío que desde hacía ya algunos años, agitaba el cerebro de los ingenieros. Ahora, la maestría en la técnica del hierro, permitiría afrontar seriamente la posibilidad de levantar una torre de gran altura y así fue como la Torre Eiffel, pasaría del estado de utopía al de realidad.

Richard Trevithick. De John Linnell (1816)

El inglés Richard Trevithick –Tregajorran, 1771-Dartford, 1833, inventor e ingeniero constructor -que desarrolló la primera locomotora de vapor capaz de funcionar–, ya había afrontado tal proyecto desde 1833, proponiéndose construir una columna de hierro fundido, de 1000 pies, es decir, 304,80 metros, con 30 metros en la base y 3,60 en la cúspide.

Con este objetivo, trataría de lanzar una suscripción, pero murió dos meses antes de la presentación de su proyecto, que, por otra parte, nunca vio la luz. Aunque es difícil saber si aquel proyecto era técnicamente viable y realizable, Trevithick fue el primero en imaginar que se pudieran emplear las posibilidades del metal para construir una torre tan elevada, por lo que resulta un precursor indirecto de la Torre Eiffel, que verá la luz 56 años después.

James Bogardus, Catskill (town), New York, 1800 - New York City, 1874 (aged 74). Conocido como Cast-iron – Hierro Fundido.

En 1853, James Bogardus, especialista americano en edificios de hierro fundido, imaginó cubrir de plomo el Palacio de la Exposición que se presentaba aquel año en Nueva York -Exhibition of the Industry of All Nations–.

Pero el proyecto más realista y próximo a su realización fue el de los ingenieros americanos Clarke y Reeves, que imaginaron, para la Exposición Universal de Filadelfia, en 1876, una torre de 300 metros.

Presentaron su ambicioso proyecto en estos términos: La más antigua de las viejas naciones formó ladrillos e hizo mortero, construyendo una torre conmemorativa de su existencia. Nosotros, la más joven de las naciones modernas, vamos a levantar una torre para celebrar la madurez del primer siglo de nuestra vida nacional… Junto a su prototipo, Babel… nuestra graciosa columna de metal, que alcanzará la altura de 1000 pies, formará un contraste sorprendente y pondrá de relieve los progresos de la ciencia y del arte a través de los tiempos.

En realidad se trataba de una torre cilíndrica de 9 metros de diámetro sostenida por armazones metálicas, ancladas sobre una base circular de 45 metros de diámetro. El proyecto no se realizó por falta de financiación, pero al ser técnicamente realizable, o, cuando menos, realista, se publicó en Francia en la revista La Nature en 1874.

La idea sustituye a la utopía.

En 1884, la idea de una torre de gran altura ya estaba en la mente de los ingenieros desde hacía años, Maurice Koechlin, jefe de la oficina de estudios de Eiffel & Cie, y Émile Noguier, jefe de la oficina de métodos, imaginaron una torre muy alta que podría ser la clave de la Exposición Universal de 1889, que se estaba perfilando.

Maurice Koechlin (1856-1946), chef du bureau d'études d'Eiffel & Cie.
Émile Nouguier(1840-1898), chef du bureau des méthodes d'Eiffel & Cie.

En este sentido, el 6 de junio de 1884, Maurice Koechlin dibujó un primer croquis de lo que iba a ser la Torre Eiffel. Para entonces, el proyecto se parecía a una gran columna montada sobre cuatro pilares curvados que se encontraban en el extremo superior.

El pilar de hierro de 300 metros, diseñado por Maurice Koechlin, el 6 de junio de 1884, que prefigura lo que iba a ser la Torre Eiffel, 5 años después.

Cada 50 metros estaba previsto que se asentaran planchas metálicas horizontales, es decir, 5 plantas en total. La forma, un poco rústica, era obligada por motivos técnicos, más que estéticos. La torre debía soportar, según Koechlin, la presión del viento, estimada en 300 kilos por metro cuadrado, máximo. Esta voluntad de tener en cuenta la resistencia de los materiales, fue la mayor preocupación de Gustave Eiffel y de sus ingenieros, como explicaría él mismo.

El boceto de Koechlin estaba inspirado en técnicas ya experimentadas con éxito tras la construcción de varios viaductos entre los que destacan, el de Garabit y el construido sobre el río Duero en Portugal.

El Viaducto ferroviario Garabit. 565 m. de largo y 122 por encima del curso del río.

Cuando Koechlin y Nouguier presentaron el proyecto a Eiffel, al principio dudó, porque además tenía otros proyectos en marcha; al principio no dijo nada sobre la construcción, pero dio luz verde a los ingenieros para que prosiguieran sus investigaciones. Los dos se pusieron entonces al servicio del arquitecto jefe Stephen Sauvestre, para que abordara el asunto. 

Sauvestre rediseñó por completo los planos; añadió los plintos de albañilería del edificio; el primer piso quedó decorado con un arco monumental, no con fines estructurales, sino estéticos, semejando una especie de puerta de entrada a la Exposición. Ideó la salas acristaladas abiertas al público y pensó en coronar la construcción con una esfera de vidrio. 

El conjunto aparecía muy al estilo Art Nouveau, que aún no existía. Incluso a pesar de que el proyecto final resultó menos decorativo y ostentoso, esta segunda versión firmada por Stephen Sauvestre, fue la que se presentó a Eiffel, que entonces, sí dio su aprobación. En realidad, quedó tan entusiasmado, que expuso el proyecto en el Salón de Otoño, acompañado de una patente fechada el 18 de septiembre de 1884, a nombre de Eiffel, Nouguier y Koechlin, en la que se hablaba de una nueva disposición que permitía construir soportes metálicos, de una altura que podía superar los 300 metros.

Entre tanto, el proyecto de Exposición Universal, concebido en Francia a principios de la década de los 80, progresaba, y el día 8 de noviembre de 1884, el Presidente de la República, Jules Grévy, firmaba los decretos para su presentación en París, desde el 5 de mayo hasta el 31 d octubre, aunque no se especificaba todavía el lugar exacto de su emplazamiento. 

1. Una exposición universal de productos industriales se abrirá en París el 5 de mayo de 1889 y se clausurará el 31 de octubre siguiente.
2. Un decreto ulterior determinará las condiciones en las cuales se hará la Exposición universal, el régimen  en el que serán colocadas las mercancías expuestas y los diversos tipos de productos susceptibles de ser admitidos.
3. El Ministro de comercio queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Por aquellas mismas fechas, Gustave Eiffel compraba a Émile Nouguier y a Maurice Koechlin los derechos del proyecto, comprometiéndose a dar a conocer los nombres de ambos ingenieros. 

Cuando se preguntó a Maurice Koechlin si la torre no debía llevar su nombre, puesto que era, por así decirlo, su inventor, rechazó humildemente la idea, si bien, tanto él como Nouguier, aceptaron la pesada responsabilidad de supervisar la construcción de su proyecto, a pesar de que sus nombres no pasaran a la posteridad y sin que prácticamente nadie supiera que habían sido los verdaderos creadores de la misma. Sin embargo, los dos fueron condecorados con la Légion d’Honneur el día de la inauguración oficial de la Torre, el 31 de marzo de 1889, con lo que, al menos en ese sentido, su trabajo fue reconocido y recompensado.
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Una vez dueño del proyecto, Gustave Eiffel se ocupó de darlo a conocer tanto cuanto le fue posible. Publicó un esquema de la Torre en una de las más importantes revistas técnicas de la época: Le Génie Civil. Después pronunció diversas conferencias, por ejemplo, en la Société des Ingénieurs Civils, en la que por primera vez reveló algunas de las principales cifras concernientes a la obra, que al final, no resultaron demasiado aproximadas:

– peso total previsto: 6.500 toneladas; fueron 7.300
– gasto total estimado: 3.155.000 francos, cifra que creció dos veces y media.
– plazo de realización: un año. Fueron 26 meses, de los que cuatro se emplearon sólo en los cimientos.

Al mismo tiempo, Eiffel avanzó el argumento según el cual la torre podría, en el porvenir, servir para la realización de experiencias científicas en Meteorología, Física, Telegrafía, etc. y esta idea, andando el tiempo, resultó determinante para su conservación.

Finalmente, el ingeniero evocaba el aspecto patriótico: La Torre se mostrará digna de personificar el arte de la Ingeniería y el siglo de la Industria y la Ciencia en el que vivimos, cuyos caminos fueron preparados por el gran movimiento científico del fin del siglo XVIII y por la Revolución a la cual este monumento servirá de testimonio del reconocimiento de Francia.

Por otra parte, desde su faceta empresarial, Eiffel se esforzó por demostrar las deficiencias técnicas de los otros proyectos presentados: así los de J.-B. Laffiteau, Neve y Hennebique, que diseñaron una torre de ladrillo y madera, pero sobre todo, el de Jules Bourdais, que había propuesto una de granito de 300 metros y que fue su principal oponente, ya que era un ingeniero tan reconocido como él y también sabía hacer uso de la publicidad, especialmente a través de la prensa. En todo caso, el proyecto de granito pareció menos realista, al no tener claramente resuelto el problema de la resistencia de los materiales, que resultaba crucial para una construcción de aquella envergadura.

Finalmente, la Exposición Universal fue lanzada por Édouard Lockroy, que se convirtió en el principal defensor y protector del proyecto de Eiffel.

Édouard Lockroy. Fotogr. Estudio Nadar

Édouard Lockroy, más conocido como Lockroy fils/hijo, se llamaba en realidad Édouard Simon. Fue periodista y político, y nació y vivió siempre en París (1838-1913). Cambió su apellido por el seudónimo de su padre, Joseph Philippe Simon, actor y dramaturgo, a quien el abuelo de Edouard, General del Imperio, había prohibido emplear su verdadero nombre.

Ministro de Marina durante mucho tiempo, su nombramiento como Ministro de Industria le permitió defender muy activamente la controvertida edificación de la Torre Eiffel.

Una base de Investigación en la Península Antártica conserva hoy el nombre de Port Lockroy.
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Jules Grévy (1807-1891) reelegido Presidente de la República el 28 de diciembre de 1885, recuperó y aprobó la celebración de une Exposition Universelle à Paris en 1889.

La reelección de Grévy impulsó definitivamente la celebración de una Exposición Universal en París en 1889. Contó con el impulso de Charles de Freycinet, por tercera vez presidente del Consejo, con el apoyo de sus ministros, Marie François Sadi Carnot –de finanzas-, y sobre todo, con el del citado Édouard Lockroy, ministro de Comercio, que, como hemos dicho, defendió el proyecto con todas sus energías. 

Casado con Alice Lehaëne, viuda de Charles Hugo, segundo hijo fallecido prematuramente, del escritor Víctor Hugo, fue asimismo autor dramático y periodista en su juventud. Antiguo francmasón y hombre de las Bellas Artes, participó en cuatro gobiernos como ministro de Industria y Comercio; de Instrucción Pública; de Marina, y finalmente, de Guerra, interinamente, en 1898. 

Ministro atípico, no dudó en discutir el presupuesto asignado al ejército: Hemos gastado millones en transformar el capote de los soldados […] podíamos haber pagado los estudios a todos los franceses con ese dinero. No dudó nunca en emplear fondos públicos para sostener causas o proyectos de carácter humanitario, financiando por ejemplo, las expediciones de Jean-Baptiste Charcot, entre 1903 y 1905. Se convirtió en todo caso en un poderoso aliado para Gustave Eiffel.

El 1º de abril de 1886, un proyecto de ley dotaba a la Exposición con un presupuesto de 43 millones de francos, de los cuales, el Estado proporcionaría 17; la ciudad de París, 8 y los 18 restantes se financiaron con una lotería. Édouard Lockroy fue nombrado comisario general de la Exposición.

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El 1º de mayo de 1886, Édouard Lockroy firmaba un decreto que declaraba abierto un Concurso para la Exposición Universal de 1886, cuyo artículo 120 disponía que los concurrentes deben estudiar la posibilidad de levantar en el Champ-de-Mars un torre de hierro de base cuadrada, de 125 metros de lado en la base y de 300 metros de altura. Harán figurar esta torre sobre un plano del Champ-de-Mars al oeste de París. Por primera vez se hablaba del Champ-de–Mars/Campo de Marte, como el espacio en el que se dispondría la exposición.

A pesar de que se fijó un plazo relativamente breve, se presentaron 107 proyectos en el Ayuntamiento. Entre ellos se suelen citar, el de Joseph Cassien-Bernard y Francis Nachon, muy parecido al de Eiffel, con la diferencia de que este se extendía sobre el Sena, al modo del Coloso de Rodas, en el que se inspiraron ambos arquitectos; y el de Jules Bourdais, quien cambió el granito inicial por hierro. Por otra parte, muchos de los proyectos presentados resultaban fantasiosos y poco realistas desde un punto de vista estrictamente técnico.

Cuando se publicaron los resultados del concurso. Eiffel aparecía clasificado en tercer lugar, por lo que ganó la suma simbólica de 4000 francos, pero sobre todo, esta victoria le permitió afrontar realmente la construcción de su torre. Jean Camille Formigé, construiría su Palacio de las Artes Liberales y Ferdinand Dutert, se encargaría de la Galería de Máquinas.

Charles Louis Ferdinand Dutert (1845-1906) y Jean Camille Formigé (1845-1926). Ambos Arquitectos. Retrato de Dutert, de Édouard Sain

A pesar del premio, el jurado emitió algunas reservas sobre el dossier Eiffel; la primera, sobre la protección contra rayos, y la segunda, más importante, sobre los ascensores Backmann que habían sido inicialmente previstos. Eiffel eligió tres proveedores distintos: Roux-Combaluzier y Lepape –que después sería Schneider-; Otis, y Félix Léon Edoux, que formaba parte de la misma promoción que Eiffel. Al final, aquellos ascensores supusieron una parte importante de la factura total.

Exposición Universal de 1889. Tras el arco de la Torre Eiffel, la fuente monumental de Jules Félix Coutin y Jean Camille Formigé, Primer Premio del Concurso de 1886 –para el Palacio de las Artes Liberales-. La Cúpula central es de Joseph-Antoine Bouvard

El 8 de enero de 1887, Gustave Eiffel firmaba –en su propio nombre, no en el de su empresa-, un acuerdo; por una parte, con Édouard Lockroy, Ministro de Comercio, y por otra, con Eugène Poubelle, Prefecto del Sena, que representaba a la Ciudad de París. La convención fijaba, entre otras, las condiciones relativas al emplazamiento geográfico de la Torre y a los costos estimados para su construcción.

Durante un tiempo, se pensó en colocarla en un punto elevado sobre el monte Valérien, al oeste de París, o bien, sobre la colina de Chaillot, e incluso a caballo sobre el Sena, como Cassien-Bernard y Nachon habían propuesto en el concurso de mayo de 1886. Pero se consideró que la colina no permitiría unos cimientos suficientemente sólidos, y el monte Valérien habría obligado a emplazar la Torre muy separada del resto de la Exposición.

Bajo la promesa de terminar los trabajos de su Torre para la fecha de inauguración de la Exposición de 1889, Eiffel obtuvo una subvención de un millón y medio de francos-oro de la época, sobre un presupuesto total estimado en seis millones y medio de francos; el resto sería financiado por una sociedad anónima creada por Eiffel; de la que el 50 por ciento serían fondos aportados por él mismo, y la otra mitad por un consorcio de tres bancos.

Finalmente, los gastos totales serían superiores al millón y medio, pero fueron íntegramente cubiertos por la explotación comercial durante la Exposición. El artículo 7 especificaba el precio de las entradas, 5 francos durante la semana y 2 para domingos y festivos, por el ascenso total y, 2 francos durante la semana y 1 los domingos y festivos, por el ascenso hasta la 1ª planta.

Finalmente, el artículo 11 precisaba que, a partir del 1º de enero de 1890, Gustave Eiffel podría disfrutar libremente de los beneficios de la explotación comercial de la Torre durante 20 años, tras los cuales, la Ciudad de París sustituiría al Estado en su propiedad definitiva.

13 de abril de 1887. Construcción de los cimientos de la Torre Eiffel. 
A la derecha, bloque nº 4

Ejecutados con especialísimo cuidado, los cimientos, empezados el 28 de enero de 1887, se terminaron en cuatro meses. Cada pilar tiene su propio cimiento de 5 por 10 metros. Con este sistema, el suelo sólo ha de soportar de 3 a 4 kilos/cm 2, lo que equivale a la presión que ejerce un individuo medio sobre una silla.

Por el lado del Champ-de-Mars, los dos pilares se apoyan en bloques de hormigón de 2 metros de profundidad, descansando sobre un lecho de grava situado a 7 metros por debajo del nivel del suelo. Por el lado del Sena, los cimientos están situados bajo el nivel del río. 

A fin de que los obreros pudieran trabajar en estas condiciones, fueron utilizados cuatro cajas metálicos sellados, en las que se inyectaba aire comprimido. Este método ya había sido testado y empleado con éxito por Eiffel en la construcción de la pasarela ferroviaria Eiffel de Bordeaux -500 metros-, en 1858.


Exterior e interior de la Pasarela Bordeaux

Cada uno de los lados de los cuatro pilares se apoya en dieciséis bloques macizos de fundición. En este gran aparato de construcción -que necesitó 12000 metros cúbicos de materiales-, enormes pernos de anclaje de 7,80 metros de largo, fijan la base de acero fundido sobre la que descansa cada pilar. 

Los plintos de piedra que actualmente se ven a los pies de la Torre, no tienen una función técnica, sino que contribuyen a la estética del conjunto.

Detalle de la estructura

A partir del 1º de julio de 1887 empezó el montaje de la parte metálica vertical. 
En un primer paso, las piezas se elevaban con grúas fijadas en las guías de los ascensores, que crecían al mismo ritmo que la elevación de los pilares. A partir de los 30 metros de altura se construyeron 12 andamios de madera y a partir de los 45, se levantaron otros nuevos adaptados a las vigas de 70 toneladas empleadas para el primer piso.

El encaje de estas enormes vigas con los cuatro ángulos, al nivel de la primera planta, fue un momento crucial; si resultaba correcto, la base sería sólida y permitiría construir el resto del edificio. Fue llevada a cabo sin mayores contratiempos el 7 de diciembre de 1887. Era indispensable que cada pieza coincidiera milimétricamente en el hueco en el que debía encajarse, como felizmente ocurrió.

A partir de entonces la construcción parecía ya bien encaminada y los andamios se hicieron innecesarios desde el momento en que las plataformas de las dos primeras plantas se convirtieron en la base para la elevación de los materiales. A partir de la segunda planta, sólo fueron necesarias dos grúas adaptadas a los soportes verticales de los ascensores.

Desde el exterior, apenas se veía nada, de modo que, para satisfacer la curiosidad de los parisinos, el Museo Grévin organizó un diorama con imágenes de piezas metálicas y obreros trabajando, más allá de los 115 metros de altura, es decir, superada la segunda planta. El periodista Émile Goudeau describió la actividad de la Torre a principios de 1889:

Una densa humareda de alquitrán y carbón afectaba a la garganta, mientras que un ruido de herrería rugiente bajo el martillo, nos ensordecía. Los obreros, sobre asientos de pocos centímetros golpeaban por turno los pernos; parecían herreros tranquilamente ocupados golpeando rítmicamente sobre un yunque, en cualquier forja de pueblo, con la diferencia de que estos no golpeaban de arriba abajo, sino horizontalmente, y como, a cada golpe saltaban chispas, los hombres ennegrecidos, y aumentados por la perspectiva a cielo abierto, parecían sembrar rayos entre las nubes.

18 de julio de 1887. Empieza el montaje metálico del pilar nº 4

7 de diciembre de 1887: Montaje de la parte inferior sobre el encuadre de los cimientos

20 de marzo de 1888: Montaje de vigas horizontales sobre el andamio central

15 de mayo de 1888: Montaje de los pilares sobre el primer piso

21 de agosto de 1888: Montaje de la segunda plataforma

26 de diciembre de 1888: Montaje de la parte superior

15 de marzo de 1889: Montaje del campanile

Fines de marzo, primeros de abril de 1889: Vista general de la obra terminada.

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Las escaleras, se instalaron inicialmente: desde el nivel de la calle hasta la primera planta, con 360 escalones; desde esta a la segunda, una escalera helicoidal, sin descansillos, con 380 escalones y, finalmente, desde el segundo al tercer piso, una más, también helicoidal de 1062 escalones; algo que se consideró peligroso para su uso público.

Uno de los ascensores Roux, Combaluzier et Lepape en los pilares este y oeste.

La Torre presentaba ciertos problemas específicos que nunca aparecen cuando se trata de instalar ascensores en un edificio normal; en este caso, entre la planta baja y la segunda, la estructura metálica adopta una curvatura variable, por lo que tras las recomendaciones del jurado del concurso de 1886, Eiffel pensó en un recorrido de tres fases para los ascensores. 

Por un lado la empresa francesa, que después sería Schindler, instalaría en los pilares este y oeste los ascensores a la primera planta. Capaces para transportar 200 personas, eran más bien lentos, pero muy seguros y se accionaban por una doble cadena sin fin, que se movían por fuerza hidráulica.

Por otra parte, la empresa americana Otis, instaló en los pilares norte y sur los ascensores con una capacidad para cien personas. Más rápidos que los anteriores, se pensó que quizá fueran menos seguros, pero de todas formas permitían ascender a la segunda planta en condiciones estimadas buenas para la época. Se movían por cable cuya fuerza se multiplicaba por poleas.

Finalmente, Léon Edoux instaló un ascensor vertical entre la segunda y la tercera planta, formado por dos cabinas, sirviendo la inferior de contrapeso y la segunda, específica para los visitantes, era movida por un émbolo hidráulico de 78 metros de recorrido.


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En general, los observadores entendidos aprobaron la utilización del metal para la construcción de edificios y su integración en el campo arquitectónico y artístico. Así, el célebre y pesimista escritor Joris–Karl Huysmans, París, 1848-1907, autor de À rebours/A contrapelo (1884), escribió en 1881:

Los arquitectos e ingenieros que han construido la Estación del Norte, les Halles, el mercado de La Villette y el nuevo Hipódromo, han creado un arte nuevo, tan elevado como el antiguo; un arte muy contemporáneo de arriba abajo, suprimiendo casi la madera y los materiales producidos por la tierra, para dotar a las fábricas y a los hogares de poder y libertad.

Joris-Karl Huysmans (1848-1907)

Sin embargo, otros autores empezaron a vislumbrar el límite de las esperanzas nacidas con la aparición de la industria metalúrgica.

Lucien Dubech y Pierre d'Espezel, escribieron en su Histoire de Paris: Hacia 1878 creímos encontrar la solución en la arquitectura de hierro: las aspiraciones verticales, el predominio del vacío sobre la densidad y la aparente ligereza de la osamenta, nos hicieron esperar que nacería un estilo en el que reviviría lo esencial del genio gótico, rejuvenecido por el espíritu de los nuevos materiales. 

Pero más allá de estas consideraciones generales sobre el empleo del hierro en las estructuras de los edificios, las críticas más virulentas se concentraron sobre la Torre Eiffel, compendio de los desafíos técnicos y arquitectónicos de la época.

Desde de 1886, justo después de conocerse los resultados del concurso, la revista de arquitectura La Construction Moderne, criticó las ideas del jurado y descalificó el sistema de ascensores que aparecía en el proyecto: Imposible alojarlos en esos pilares curvilíneos. Una crítica que, no obstante, ya había expresado el Jurado y que, aceptada por Eiffel, le llevó a corregir el proyecto.

Pero ya en febrero de 1887 estalló la crítica; promovida por un colectivo de artistas de gran renombre como Alexandre Dumas fils; Guy de Maupassant; Charles Gounod; Leconte de Lisle; Victorien Sardou; Charles Garnier; François Copée; Sully Prodhomme; William Bouguereau; Ernest Meissonier, etc.

El manifiesto, firmado por todos ellos y muchos más artistas y escritores –46 en total–, era verdaderamente demoledor.

Fila superior: Guy de Maupassant, Victorien Sardou y François Coppée
Centro: Charles Gounod y Charles Garnier
Fila inferior: Sully Proudhomme, William Bouguereau y Leconte de Lisle.

De este manifiesto firmado por ellos, así como de los 72 sabios cuyos nombres aparecen en el friso que rodea la Torre a la altura del primer piso, entre los cuales aparecen científicos del calibre de Laplace, Lavoisier, Ampére, Coulomb, Gay Lussac, etc., así como del resultado final del proyecto de Gustave Eiffel, hasta la fecha, hemos de ocuparnos, por fuerza, en el siguiente capítulo.

El friso de los sabios

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