domingo, 10 de noviembre de 2019

Con Benito Pérez GALDÓS en la Casa de SHAKESPEARE



Galdós, de Ramón Casas. c. 1903. MNAC

 BNE-BDH

Septiembre de 1889.

Siempre que visité Inglaterra tuve deseos vivísimos de hacer una excursión a Stratford-on-Avon, patria de Shakespeare. Unas veces por falta de tiempo, otras por distintas causas, ello es que no pude realizar mi deseo hasta el pasado año. Por fin, en septiembre último pisé el suelo, que no vacilo en llamar sagrado, donde están la cuna y sepulcro del gran poeta. Desde luego afirmo que no hay en Europa sitio alguno de peregrinación que ofrezca mayor interés ni que produzca emociones tan hondas, contribuyendo a ello, no sólo la grandeza literaria del personaje a cuya memoria se rinde culto, sino también la belleza y poesía incomparables de la localidad. 

Creo que soy de los pocos, si no el único español, que ha visitado aquella Jerusalén literaria, y no ocultaré que de ello me siento orgulloso rindiendo este homenaje al gran dramaturgo, cuyas creaciones pertenecen al mundo entero y al patrimonio artístico de la humanidad. 

Y no crean mis lectores que ir a Stratford es obra tan fácil, aun hallándose en Inglaterra. La superabundancia de comunicaciones viene a producir el mismo efecto que la falta de ellas.

Llego a Birmingham, ciudad populosa, una de las más grandes, ricas y trabajadoras de Inglaterra. ¿En qué parte del mundo, por remota y escondida que sea, no se habrá visto la marca de esta ciudad aplicada a cualquier objeto de uso común y ordinario? No copio [la lista] porque es el cuento de nunca acabar. semejante al de las cabras de Sancho.

Stratford al fin: Shakespeare's Hotel 

Llego por fin a una comarca totalmente distinta de la de Birmingham, Manchester y Leeds. Han desaparecido las chimeneas. Penetro en un país risueño, más agrícola que industrial, impregnado de amenidad campestre. No más fábricas, no más industria. La negra pesadilla se disipa. 


Paso junto al célebre castillo de Kenilworh, parte en ruinas, que da nombre a una de las más afamadas novelas de Walter Scott. 


Perteneció aquella magnífica residencia al conde de Leicester, favorito de la reina Isabel, en honor de la cual se celebraron ruidosas y espléndidas fiestas. Sigo en busca de la casa del poeta; Leicester, Isabel todo esto ha pasado, mientras que Shakespeare vivirá eternamente, y su humilde morada despertará más curiosidad e interés que todos los palacios. 

Por fin llego a la estación y al pueblo de Stratford, que es una villa de diez mil habitantes. Es de noche. Todo en este simpático pueblo respira tranquilidad, bienestar y costumbres puramente campestres. 

Dos hoteles hay en la patria de Shakespeare que merecen especial mención. Uno es el llamado "Red Horse". célebre porque en él escribió Washington Irving sus impresiones de Stratford; el otro, llamado "Shakespeare's Hotel", ofrece la particularidad de que los cuartos están designados con los títulos de los dramas del gran poeta. El que a mí me tocó se denominaba "Love's Labours Lost" [Trabajos de Amor Perdidos], y a la derecha mano ví "Hamlet", y más allá, en el fondo de un corredor oscuro y siniestro, "Macbeth".

Es más bien una de aquellas cómodas hosterías que describe Dickens en sus novelas, y de las cuales habla también Macaulay en su hermosa descripción de las transformaciones de la vida inglesa. Todo allí respira bienestar, "confort", tranquilidad y aseo.

El dueño de la casa, queriendo sin duda que sus huéspedes se empapen bien en las ideas e imágenes shakespearianas, ha llenado el edificio de cuadros y estampas colocadas en vistosos marcos, todos de asuntos de los dramas del poeta. Aquí "Lady Macbeth" lavándose la mano; más allá "Catalina de Aragón" reclamando sus derechos de reina y esposa, o el "Rey Lear", de luenga barba, echando maldiciones contra el cielo y la tierra. Por otra parte el fiero "Gloucester", de horrible catadura; el vividor "Falstaff", panzudo y dicharachero; más lejos el judío "Shylock" ante el tribunal presidido por la espiritual "Porcia". No faltan Antonio discurriendo ante el cadáver de César, ni "Kaliban" y "Ariel", seres imaginarios que parecen reales: "Romeo" ante el alquimista; "Julieta" con su nodriza, u “Ofelia" tirándose al agua; en fin, todas las figuras que el arte creó, y la humanidad entera ha hecho suyas, reconociéndolas como de su propia sustancia.

Ya quisieran nuestras presumidas capitales del Mediodía tener una administración local que se asemejase a la de aquella aldea, situada en un rincón de Inglaterra. Los servicios municipales son allí tan esmerados como en los mejores barrios de Londres. Basta dar un paseo por las calles de Stratford, paseo en el cual no se emplea más de media hora, para comprender que nos hallamos en un pueblo donde las leyes reciben el apoyo y la sanción augusta de las costumbres.

Por ninguna parte se ven los cuadros de miseria que suelen hallarse en las ciudades industriales ni las turbas de chiquillos haraposos, tiznados y descalzos que pululan en los docks de Liverpool o en el "Quayside" de Newcastle. Es algo como el olor de la ropa planchada que brota de la patriarcal alacena en esas casas de familia, más bien de campo que de ciudad, donde reinan el orden tradicional y la economía que se resuelve en positiva riqueza. 

En una de las principales y más espaciosas calles, contrastando con los edificios modernos, hay una casa de estructura normanda, con ensamblajes de madera ennegrecida por el tiempo, Parece una gran cabaña, de las que actualmente se construyen en los jardines con troncos sin descortezar. Es de dos pisos de poca elevación, y tiene un pequeño pórtico de madera sombreando la puerta, junto a la cual pende un llamador de alambre terminado en una argolla. El cartel allí fijado dice al visitante que llame si quiere entrar. Llamo y me abre un señor muy atento, bien vestido, que parece guardián del edificio. ¡Parece mentira que de tan sencillo modo entre uno en la casa natal de Guillermo Shakespeare!

La casa 

En 1574, la compró Juhn Shakespeare y en 1847, fue adquirida por los comités de Stratford y Londres, y declarada monumento nacional. Consta de dos pisos, y las habitaciones de ambos han sido restauradas con refinada inteligencia, procurándose que conserven el aspecto y carácter que debieron tener en tiempo del-gran poeta. 

En el piso bajo está la cocina, con su inmensa chimenea de campana. A un lado y otro hay dos asientos o poyos de mampostería. El conserje permite a los visitantes sentarse en ellos, y cuantos hemos tenido la dicha de penetrar en aquel lugar, que no vacilo en llamar augusto, nos hemos sentido un ratito en donde el dramaturgo pasaba largas horas de las noches de invierno contemplando las llamas del hogar, que sin duda evocaban en su ardiente fantasía las imágenes que supo después reducir a forma poética con una maestría no igualada por ningún mortal. 

Destartalada escalera conduce al piso alto, donde está la habitación en que nació Guillermo. En ella se ven varias sillas de la época, un pupitre y otros muebles. El testero de la calle es una gran ventana de vidrios verdosos, en los cuales no hay una pulgada de superficie que no esté rayada al diamante por las infinitas firmas de personas que han visita.do la estancia. Destácanse en aquel laberinto de rayas los nombres de Walter Scott, Dickens, Goethe, Byron y otras celebridades. Las paredes hállanse así mismo cubiertas de nombres.

 Casa natal de Shakespeare

En otra pieza que da al jardín se ve el célebre retrato, que pasa por auténtico, si bien su autenticidad, diga lo que quiera la inscripción que lo acompaña, no aparece completamente probada. Su semejanza con el busto de Trinity Church, de que hablaré después, es grande: pero encuentro en el busto mayor belleza y más fiel expresión de vida. Como pintura, el retrato es mediano. 

Junto a la casa se ha construido un edificio con el mismo carácter de arquitectura, destinado a museo shakesperiano. Mil curiosidades, objetos diversos, documentos, cartas, grabados que se relacionan más o menos claramente con la vida del dramaturgo, se muestran allí perfectamente ordenados. Lo que más atrae la atención es la carpeta que se dice fue usada por Shakespeare cuando recibió la primera enseñanza en "Grammar School", las célebres cartas de Queney, los originales de los contratos que el poeta celebró con empresas teatrales, ejemplares de las primeras ediciones de sus dramas, un anillo marcado con las iniciales W. S., copas y otros utensilios domésticos, armas, libros y papeles varios. 

El museo es interesante, y revela un extraordinario grado de cultura; pero como impresión de la existencia del autor de "Hamlet", es mucho más honda la que se recibe sentándose en el apoyo de la cocina bajo la enorme campana de la chimenea. 

Ambos edificios, la casa natal y el anejo, son cuidados y conservados con diligente esmero. En ellos no se enciende fuego ni de noche ni de día, para evitar el peligro de un incendio en aquel viejo maderamen, ennegrecido y resecado por el tiempo. 

En un jardín contiguo se cultivan las flores y arbustos más comúnmente citados por el poeta en sus inmortales escenas y sonetos. La peregrinación a la casa natal aumenta cada día. El número de visitantes, según consta en los libros, ascendió el último año a "diez y siete mil". 

Boceto de la casa de Shakespeare en New Place, realizado por George Vertue en 1737 a partir de descripciones contemporáneas, cuando visitó Stratford-on-Avon

De Hensley Street pasamos a New Place, donde estuvo la casa en que murió el poeta. En ella habitó los últimos diez y nueve años de su vida y escribió algunos de sus dramas, probablemente el "Julio César", "Antonio y Cleopatra" "Macbeth" y todos los del cuarto período.

En el extenso jardín de la casa de New Place plantó Guillermo [William] un moral. Árbol y casa fueron destruidos bárbaramente a mediados del pasado siglo por el poseedor de la finca, sir J. Gastrell, cuyo nombre ha pasado a la posteridad por este acto de salvajismo. Para consumarlo no tuvo más motivo que las continuas molestias que le daban los visitantes. La madera del moral fue conservada por algunos industriales, que se dieron a fabricar objetos y a expenderlos. Pero el número de baratijas del árbol shakesperiano llegó a ser tan considerable, que debemos suponer entró en su confección, no un árbol, sino un bosque entero. La casa no tardó en ser derribada también, y de ella sólo quedan informes cimientos. La que en su lugar existe contiene otro museo, menos interesante que el de Hensley Street. El jardín, esmeradamente cuidado es amenísimo, delicioso, lleno de la memoria, y de las huellas, y de la sombra de aquel a quien Ben Johnson llamó "alma del siglo, asombro de la escena”.

La tumba 


Pero lo más interesante de Stratford es la iglesia, "Holy Trinity Church", sepultura del poeta y de su mujer. 

Honor insigne para un país es saber dónde reposan los restos ele sus hombres eminentes. Nosotros no podemos vanagloriarnos de esto; y aunque sabemos que los huesos de Cervantes yacen en las Trinitarias, y en Santiago los de Velázquez, no podemos separarlos de los demás vestigios humanos que contiene la fosa común. Hay que tener en cuenta que Shakespeare disfrutó en vida de fama resplandeciente; que sus contemporáneos le estimaron en lo que valía; que poseyó cuantiosos bienes de fortuna, y que su familia pudo y supo cuidar de la conservación de sus cenizas venerables. 

La Iglesia parroquial de Stratford es bellísima, ojival, del tipo normando en su mayor parte, pequeña si se la compara con las catedrales españolas y aun con las inglesas, grande en proporción de los templos parroquiales de todos los países. Antes del cisma fue colegiata con un coro de quince canónigos. Consta de una gran nave con crucero, y otras dos colaterales pequeñas, y sobre el crucero se alza la torre del siglo XIV, construcción aérea y elegantísima. El interior no ofrece la desnudez árida de los templos protestantes. Parece una iglesia católica, sobre todo en el presbiterio, lo más hermoso de este ilustre monumento. 

Las rasgadas ventanas de estilo inglés perpendicular, los pintados vidrios que las decoran, el altar con gallardas esculturas, la sillería de tallado nogal, los púlpitos, los sepulcros, ofrecen un conjunto de extraordinaria belleza y poesía. AI penetrar en el santuario, todas las miradas buscan el monumento del altísimo poeta en la pared Norte del presbiterio, en el lado del Evangelio. Es propiamente un retablo, y quien no supiera qué imagen es aquella, la tomaría por efigie de un santo puesto allí para que le adoraran los fieles. Consta de un sencillo cuerpo arquitectónico del Renacimiento, dos columnas sosteniendo un cornisamiento con guardapolvo, que ostenta en el copete las armas de Shakespeare. 


En el centro el busto, imagen de medio cuerpo y de tamaño natural. A primera vista se tomaría el monumento por una ventana, en la cual estuviera asomada la figura, viéndosela de la cintura arriba. Los brazos caen con naturalidad sobre un cojín. La mano derecha tiene una pluma, y la izquierda se apoya abierta sobre un papel. 

El color aplicado a la tallada piedra da a la escultura una viva impresión del natural. La cara es grave, la mirada algo atónita, la expresión noble, la frente majestuosa, el traje sencillo y elegante, ropilla de paño negro y cuello grande sin pliegues. Imposible apartar los ojos de aquella imagen, en que por un efecto de fascinación, propio del lugar, creemos ver al dramático insigne vivo y con la palabra en los labios. En el plinto se lee una inscripción en latín, bajo la cual hay seis versos ingleses, que literalmente traducidos dicen: 

"Detente, pasajero, ¿por qué vas tan aprisa?
Lee, si puedes, quién es aquél, colocado por la envidiosa muerte
Dentro de este monumento: Shakespeare, con quien
La vivida Naturaleza murió; cuyo nombre adorna esta tumba,
Mucho más que el mármol, pues cuando él escribió
Supo convertir el arte en mero paje, servidor de su ingenio.
Obiit anno 1616
Aetatiss 53, die :23 Ap."

Al pie del monumento está la lápida que cubre los restos del más grande hijo de Inglaterra. La inscripción, compuesta por él mismo, según creencia tradicional, es de un vigor que claramente acusa la soberana mente del poeta. La traducción más aceptable que puede de ella hacerse, expresando el pensamiento de modo que la fidelidad perjudique lo menos posible a la energía, es esta:

"Buen amigo, por Jesús abstente
De remover el polvo aquí encerrado.
Bendito sea quien respete estas piedras,
y maldito quien toque mis huesos."


Cerca del sepulcro de Guillermo está el de su mujer Ana Hatheway, que le sobrevivió siete años, a pesar de ser más vieja que él. (Diez i ocho años y medio tenía el poeta cuando se casó, y su mujer veinticinco). 


También yace allí Susana, la hija mayor. (Además de Susana, nacieron de aquel matrimonio dos gemelos, llamados Hamnet y Judit). El monumento que he descrito, y la piedra sepulcral que cubre los huesos del autor de "Otelo", absorben por completo la atención en el presbiterio de "Trinity Church". 

Las hermosas vidrieras, el altar y las graciosas líneas de aquella arquitectura, quedan ante el espíritu del visitante en lugar secundario. Luego se advierte que hay en todo perfectísima armonía, que aquel interior es digno de encerrar la memoria y los restos mortales del más gran dramático del mundo, que en aquel recinto parece que duerme su genio con un reposo que no es el de la muerte. 

Toda persona que sepa sentir ha de experimentar en semejante sitio emociones profundísimas, imaginando que conoce a Shakespeare, y se connaturaliza con él más estrechamente que leyendo sus obras. Resulta una impresión mística, una comunicación espiritual como las que en el orden religioso produce la exaltación devota frente a los símbolos sagrados o las reliquias veneradas. El entusiasmo literario y la fanática admiración que las obras de un ingenio superior despiertan en nosotros, llegan a tomar en tal sitio y ante aquella tumba el carácter de fervor religioso que aviva nuestra imaginación, sutiliza y trastorna nuestros sentidos y nos lleva a compenetrarnos con el espíritu del ser ahí representado, y a sentirle dentro de nosotros mismos, cual si lo absorbiéramos en virtud de una misteriosa comunión.

Para recorrer todo lo antiguo que conserva las huellas de Shakespeare nos falta visitarla "Grammar School" donde recibió la primera enseñanza. El aula se conserva sin variación desde aquellos tiempos, y su arquitectura tiene el mismo carácter que la casa natal y otras que en la ciudad subsisten. Inmediata a la escuela hállase la "Guildshall", donde, si no miente la tradición, daban sus funciones dramáticas los cómicos errantes que alguna vez visitaban a Stratford. Supónese que allí vio Guillermo las primeras representaciones escénicas que despertaron su genio creador, y allí aprendió los rudimentos del arte histriónico, en el cual descolló también, aunque no tanto como en el de la creación poética. 

Los monumentos modernos consagrados a la memoria de Shakespeare son dos: la "Clock Tower", o torre del reloj, construcción de estilo gótico, más severa que elegante y de proporciones no muy grandiosas, y el "Shakespeare Memorial", edificio complejo, situado a orillas del Avon, y en el cual se quiso hermanar lo útil a lo agradable. 

El primero de estos monumentos fue construido a expensas de un generoso americano. que quiso, como vulgarmente se dice, "matar dos pájaros de un tiro", es decir, honrar el nombre de Shakespeare. y perpetuar la memoria del jubileo de la reina Victoria. No se ve claramente la paridad entre ambas ideas; pero el patriotismo sajón es tan extensivo, que fácilmente abarca y compagina todos los sentimientos de que se enorgullece la raza. A mayor abundamiento, la "Clock Tower" representa también 'la fraternidad entre Norte-América y la madre Albión, y para este sentimiento hay allí símbolos que el artista ha sabido hermanar con la iconografía shakesperiana y con el busto de la emperatriz de las Indias. Lo que a mí me parece es que el monumento en cuestión, por querer expresar tantas cosas, no expresa ninguna. 

Shakespeare Memorial buildings

El otro monumento, o sea el llamado "Shakespeare Memorial buildings", es un edificio complicado y grandioso, erigido por suscripción pública, y que contiene un teatro, museo y biblioteca. Exteriormente su aspecto de alhóndiga o depósito comercial no expresa el objeto a que se destina. Hállase situado a orillas del Avon, no lejos de Trinity Church, y desde los jardines que le rodean se goza de la perspectiva hermosísima del río y sus risueñas márgenes. 

Lo más notable del edificio como arte constructivo, es la escalera. La sala del teatro donde con frecuencia se representan por los mejores actores ingleses los dramas del sublime hijo de Stratford, es grande y bella. 

Shakespeare Memorial buildings. Escalera

Shakespeare Memorial buildings. Teatro

Pero las colecciones de escultura y pintura que componen los muros anexos, apenas podrían calificarse de medianas. Con todo, la erección de este vasto edificio honra a los paisanos de Shakespeare y es una prueba de refinada cultura.


En el jardín se admira una estatua en bronce (bastante mejor que la que hay en Londres, en Leicester Square) sobre gallardo pedestal, que decoran cuatro figuras representando a Lady Macbeth, Hamlet, Falstaff y el príncipe Hal, o sea los cuatro caracteres fundamentales de la creación shakesperiana, el trágico, el filosófico, el cómico y el histórico


Lady Macbeth - The Gower memorial - En los jardines de Bancroft. El monumento fue presentado a la ciudad de Stratford en 1888 por Lord Ronald Sutherland Gower.

Y ya no hay más que ver en Stratford. La visita ha concluido, y sólo quedan espacio y margen para las reflexiones que sugiere la contemplación de los interesantes objetos relacionados con la vida mortal del dramaturgo más grande que han producido los siglos. Pero estas reflexiones mejor las hará el lector que yo. 

No es ocasión para un estudio de las creaciones del trágico inglés, las cuales son patrimonio del género humano, y por esto quizás y por su propia universalidad, parece como que están exentas de la crítica. Pero si del teatro shakespeariano no es fácil escribir con novedad, acerca de la vida del poeta, por tanto tiempo rodeada de oscuridades, sí hay algo nuevo que decir. La investigación de los comentaristas del hijo de Stratford no descansa, y cada día se aclara un punto dudoso de aquella preciosa existencia.
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(Este extracto literal de la Crónica de B. Pérez Galdós sobre su viaje a Stratford, es el primero de una serie de artículos que aparecerán aquí
en torno a la figura y la obra de Galdós, como homenaje, ante el ya próximo centenario de su fallecimiento. 
*Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 
+Madrid, 4 de enero de 1920). 

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miércoles, 30 de octubre de 2019

Poesía en la Historia III • Antecedentes de La Pléyade • Luise Labé y la ESCUELA DE LYON


Louise Labé, poétesse lyonnaise. Anonyme, fin XVIIIe début XIXe. Musées Gadagne, Lyon.

Tras la desaparición de Clément Marot (1544), la gran figura de la poesía francesa en el Siglo XVI, muchos poetas quisieron imitarlo -en el sentido más preciso del término-, formando la llamada, Escuela Marótica, en la que destacó Mellin de Saint-Gelais, pero, precisamente, a causa de su falta de originalidad, esta escuela se convirtió en el blanco de las burlas y ataques de los autores que serían conocidos como La Pléyade.

Mellin de Saint-Gelais, dibujo de François Clouet. Museo Condé.

Pero después de Marot y antes de que las estrellas literarias de la Pléyade empezaran a brillar, el hálito creador literario se desplazó a la ciudad de Lyon, donde también surgió un interesante grupo poético, que conocemos como la Escuela Lionesa, con poetas como Maurice Scève. Una de cuyas características innovadoras de esta escuela, fue la pertenencia a la misma, de algunas mujeres, como fueron, Pernette Du Guillet y, sobre todo, Louise Labé.
A pesar de que es citado y recordado como «escuela», no fue constiuida propiamente como tal, sino que se trataba de un grupo de humanistas, amigos entre sí, aunque todos escribían poesía, pero su nexo era más bien su admiración por la obra de Maurice Scève. A lo largo de unos veinte años, entre 1540 y 1560, se significaron esencialmente por su independencia y libertad de estilo, y dentro del petrarquismo o el platonismo, según los casos, cada componente aportó un estilo personal para rimar sus versos, sobre un fondo que sí que compartían, tal vez como una “moda” reinante en aquel momento; el amor contrariado.

Sus representantes más conocidos, son: el citado Maurice Scève; Pernette du Guillet y Louise Labé, fundamentalmente. 


Junto a los anteriores, también aparecen los nombres de Antoine Héroët, Guillaume des Autels y Pontus de Tyard -traductor de Marsilio Ficino y León Hebreo-.

Antoine Héroët, 1492?-1568. Un neoplatónico, amigo de todos los humanistas de su época, especialmente de Marot. Su obra más conocida es La Parfaicte Amye – La Amiga Perfecta.

Podemos citar, asimismo, otras figuras, algunas de las cuales casi han sido olvidadas, aunque pueden leerse poemas interesantes de todos ellos.

Claude de Taillemont, (1506-1558?), fue también neoplatónico, si bien se ocupó más de la experimentación ortográfica, tan propia de aquel momento, como otros lingüistas bien reconocidos de su tiempo, como Pierre Ramus o Louis Meigret, quienes, igual que había ocurrido con el castellano, intentaban acercar lo más posible la ortografía a la pronunciación.

Taillemont fue considerado, en cierto modo, como lo que hoy diríamos, feminista, pero, fundamentalmente, hay que destacarlo como precursor de las audaces novedades introducidas definitivamente por los poetas de la Pléyade.

Étienne Dolet, poeta e impresor.


Barthélémy Aneau (1500-1561): también amigo personal de Marot, y, como tal, sospechoso de ser partidario de la Reforma, motivo por el que fue asesinado por católicos extremistas. Había traducido la République d'Utopie de Thomas More.

Blasons de Vauzelles

Jean de Vauzelles, 1495?-1559? Fue sacerdote y caballero de Malta. Compuso obras para ser cantadas, especialmente conocido como mecenas, al igual que su hermano Mathieu, que era cuñado de Scève. Se hicieron célebres sus Blasones; del Cabello y de la Muerte, considerados elegantes, aunque artificiosos. El Blasón de la Muerte inspiró una danza macabra de Hans Holbein, el Joven.


Eustorg de Beaulieu, 1495-1552, nacido noble, pero el menor de la familia, se convirtió en mendigo, vagabundo, libertino mujeriego, músico y maestro de música de la familia de Gondi; sacerdote de la iglesia romana, evangélico, etc., y compuso, entre otras obras, un supuesto Blason du cul.


Jean Visagier, también conocido como Johannes Vulteius, Ioan Vulteii, Jean Voulté, Vouté o, incluso, Faciot; Gilbert Ducher y Nicolas Bourbon, escribieron en latín, Epigramas y Odas.


Guillaume Aubert (1534?-1600?) tras crear algunos poemas de circunstancias, publicó, en 1568 las poesías de los principales representantes de La Pléyade, como Joachim du Bellay.


Guillaume de La Tayssonière, Antoine du Saix, Guillaume Guéroult


Antoine du Moulin et Antoine Fumée.
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Una vez presentadas, siquiera de forma escueta algunas de la figuras más representativas de esta época literaria, centraremos nuestra atención en tres de los principales representantes de la Escuela de Lyon: Maurice Scève; su amada Pernette du Gillet y, por supuesto, en Louise Labé.

Maurice Scève, (1500-1564) poeta considerado el fundador de la Escuela Lionesa de poesía. Nunca puso su nombre a las obras que publicó, pero se tiene la certeza de que son suyas.

Es posible que fuera doctor en Derecho. En 1530 viajó a Aviñón y participó en la búsqueda de la tumba de la mítica Laura de Petrarca, que había muerto allí durante una epidemia de peste.

En 1536, el poeta Clément Marot, que entonces estaba exiliado en Ferrara bajo sospecha de protestantismo, inició el modelo de los blasones: poemas que elogian o glosan partes del cuerpo. La idea tuvo gran éxito entre los poetas lioneses, hasta el punto de que se convocó un concurso en el que Maurice Scève participó con cinco blasones y, con el Blason du sourcil - Blasón de la ceja, ganó un premio que le entregó Rénée de Francia, Duquesa de Ferrara. 

Scève encabezaba un grupo de literatos de Lyon que trataban de conciliar una filosofía hermética con el espíritu de Platón, pero también formaba parte de las personalidades más activas de la ciudad y fue uno de los organizadores de las fiestas que se organizan en honor del rey Francisco I con ocasión de su visita a la ciudad de Lyon. Era, en definitiva, un apasionado humanista, interesado especialmente en la Italia renacentista. Igual que Louise Labé, a la que se suele considerar dentro de Escuela Lionesa, fue un imitador de Petrarca.

Su obra más conocida es Délie, objet de plus haute vertu / Delia, objeto de la más alta virtud, publicada en 1544. Se la dedicó a la poetisa Pernette du Guillet a la que conoció en 1536, que después fue discípula suya y de la que se enamoró, pero a la que tuvo que renunciar cuando ella se casó en 1538. Además, Pernette du Guillet, murió muy joven –en 1545-. Scève escribió unas Rimas a su muerte. Delia es un poema largo, de estilo petrarquista en el que el autor emplea un lenguaje deliberadamente ambiguo y sugerente, utilizando elipsis y alusiones no muy claras referidas a la ausencia y la imposibilidad del amor.

Pernette du Guillet

En 1548 fue nombrado poeta oficial y volvió a organizar un fasto real, en esta ocasión, en honor del rey Enrique II, que visitó Lyon aquel año.

Junto con otros poetas, entre los que destacaba Olivier de Magny, Scève participó en la obra colectiva titulada: Escritos de diversos poetas en loor de Louise Labé, lionesa.

Lo único que se conoce del final de su vida es su última obra, Microcosmos, un poema cosmológico que se publicó en Lyon en 1562. Es un trabajo muy complejo, dividido en tres libros, cada uno de los cuales contiene mil versos y termina con un terceto.

En Microcosmos Scève hace un canto a la obra del hombre en el curso de la historia, poniendo el acento en uno de los temas favoritos de los renacentistas: la dignidad del ser humano.

Escribió:

La déplorable fin de Flamete - El deplorable final de Fiammetta, de 1535; una traducción de la novela española Grimalte y Gradissa, de Juan de Flores, 1455-c.1525, diplomático y escritor, prerrenacentista, autor, a su vez, de Grisel y Mirabella-. Scève tituló su obra, Breve tractado de Grimalte y Gradissa, que al mismo tiempo es una continuación de la Fiammetta de Boccaccio.

Arion. Églogue sur le trespas de Monseigneur le Dauphin - Arión. Égloga sobre la muerte de Monseñor el Delfín, de 1536.

Délie, objet de plus haute vertu - Delia, objeto de la más alta virtud-, de 1544.

Rymes de gentile et vertueuse dame Pernette Du Guillet -Rimas para la gentil y virtuosa dama Pernete Du Guillet, 1545.

Saulsaye, de 1547.

Microcosme – Microcosmos, de 1562.

Maurice Scève, murió hacia 1564. No parece haber sido muy amante de la fama y la notoriedad, porque casi nunca firmaba sus obras, e incluso, desapareció sin dejar huella. El último testimonio de su existencia se remonta al 22 de junio de 1563, fecha en que su presencia está documentada en la boda de su primo Guillaume du Choul.

Jean de Tournes le atribuye el descubrimiento en Avignon, en 1533, de la tumba de Laura, la inspiradora del Cancionero – Canzoniere, de Petrarca. 

 Délie, objet de plus haute vertu (1544)

Délie fue publicada casi anónimamente –sólo aparecía un retrato y unas iniciales-, en 1544. Está dedicado a una mujer amada, peo con un amor imposible, a la que casi todos identifican con Pernette du Guillet, cuyas Rymes dan testimonio de un verdadero diálogo poético con Scève, por medio, especialmente, de dos anagramas de su nombre.

Se trata de un amplio conjunto de 449 décimas en versos decasílabos, precedidos por una octava y divididos en 50 emblèmes; cada emblema contiene un grabado y un motto, que viene a ser la divisa del grabado, y un cuadro de aspecto geométrico. 

Los grabados representan temas mitológicos o familiares y cada Emblema representa el tema de la décima que le sigue.

En 1547 publicó, de forma anónima, Saulsaye, Églogue de la vie solitaire – Saulsaye, Égloga de la vida solitaria, un largo poema inspirado en Petrarca y Sannázaro, en el que, a través del diálogo entre dos personajes, Antire y Philerme, hace un elogio de la soledad y el recogimiento.

La obra de Scève, entre sus fórmulas elípticas, su ambiguïdad y su desconcertante erudición, fue bien recibida por una minoría de aficionados, y celebrada como una rica invención, pero también fue criticada por la mayoría de sus contemporáneos, hostiles a su hermetismo, entre los cuales, había, incluso, algunos de los principales representantes de La Pléyade.

Hoy, aquel hermetismo, tiende a ser entendido como una marca de poesía pura, que acerca a Scève a los Simbolistas y a Mallarmé, pero tanto clásicos como románticos, relegaron a Scève al olvido. Sin embargo, en el siglo XX:

"Pas un seul vers de la Délie qui ne soit parfait! Comment faisait-il?"
¡No hay un solo verso de la Délie que no sea perfecto! ¿Cómo lo hacía?
Olivier Larronde, poeta (1927-1965)
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Pernette du Guillet

Pernette du Guillet, Lyon, 1520-1545. Habitualmente asociada con Maurice Scève y con Louise Labé.

Tras llevar a cabo unos primeros estudios muy cuidados –aprendió, entre otras cosas, español e italiano-, y a los dieciséis ya era alumna de Maurice Scève, al que, como sabemos, inspiró su obra más recordada; Delia. Parece que entre ellos nació una especie de amor, condenado al fracaso antes de empezar, ya que ella estaba comprometida con Du Guillet, con el que, desde luego, se casó, en 1538.

Murió muy joven -25 años-, durante una epidemia de peste, y la poca obra que se conserva, fue reunida por su marido, al parecer, sin ningún orden establecido, sino, sencillamente, tal como este último la encontró.
Las Rymes de gentille et vertueuse Dame de Pernette du Guillet, lyonnoise -Rimas de Pernette du Guillet.., hablan del amor imposible hacia Maurice Scève, y en buena parte, fueron escritos para ser cantados y, literariamente, tienen su base en una mezcla ecléctica de influencia neoplatónica, petrarquista y marótica. 

Contiene 57 poemas muy heterogéneos y epigramas; canciones; un largo poema alegórico, etc. que en su mayor parte, alaban a un amante elocuente y muy sabio, pero siempre dentro de los límites del honor y la castidad.

Poco más se sabe de ella, excepto que conoció a Scève en la primavera de 1536, cuando él tenía 35 años, frente a los 16 de su alumna. La imposibilidad de su relación, es, pues, el único tema de inspiración de todos sus versos. Scève, por su parte, publicó en 1544, su Délie, dedicado a ella, pero sin nombrarla.

Al igual que Scève, Pernette du Guillet atribuye al amor un poder de elevación moral: “Cuando Amor y Virtud se unen, /el corazón concibe un deseo infinito/muy alto y santo.” Y, de acuerdo con las teorías neoplatónicas, amor y virtud derivan en conocimiento; de ahí el “alto saber”.

A pesar de todo; es decir, del repetido menosprecio del “Amor vicioso”, aparecen ciertos testimonios que confiesan que la amante sueña con bañarse desnuda ante su amor, aunque después rechace cualquier acercamiento, lo cual no dejaría, quizás, de ser un juego poético, y, aunque su poesía no alcance lo que llamaríamos la “perfección”, sería injusto negarle una notable calidad. Así, el largo y melancólico poema final, titulado “Confort”, que supone uno de los más hermosos hallazgos de la poesía amorosa del siglo XVI:

Pues no hay nada, por grande que sea, en este mundo,
Que valga tanto como este dolor que te inunda.

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Louise Labé
Vidriera de Louise Labbé inspirada en "Le Printemps" de Eugène Grasset. Musée Gadagne. Lyon

BNF Gallica

Louise Labé -Louise Charly-, nació en Lyon, en 1525. Fue conocida por sobrenombres, como la Safo de Lyon, la Ninfa del Ródano, o La Belle Cordière -Cordelera- por ser hija de un rico cordelero y estar casada con otro miembro del gremio, el fabricante de ropa Ennemond Perrin, ambos, con el apellido Labé, asumido como marca para sus respectivos negocios, aunque no les correspondía como apellido, ni tenían parentesco entre sí.

De hecho, su padre, llamado Pierre Charly, aprendiz de cordelero, se casó hacia 1493 en primeras nupcias con la viuda de Jacques Humbert, un famoso cordelero, apodado Labé o L'Abbé y, para asegurar su continuidad en la profesión, Pierre tomó el sobrenombre del primer marido de su mujer, haciéndose llamar Pierre Labé. A la muerte de esta primera mujer, Pierre Charly, alias Pierre Labé, se volvió a casar con Etiennette Roybet, que sería la madre de Louise Labé, quien también fue conocida por el seudónimo. 

Apenas existe documentación conocida sobre Louise, hasta tal punto, que se llegó a hacer correr la idea de que, en realidad nunca existió, sino que era una figura inventada por el grupo de poetas de Lyon agrupados en torno a los citados Maurice Scève y su alumna, Pernette du Guillet, componentes más destacados de la citada Escuela Lionesa, así conocida, a pesar de que nunca se constituyó como escuela poética propiamente dicha.

Aun así, sabemos que Labé trabajó junto a sus contemporáneos, sobre todo con Olivier de Magny y Jacques Pelletier du Mans, con los que se agrupó en torno al taller del impresor Jean de Tournes.

Olivier de Magny y Jacques Pelletier du Mans. L’Eneide, edición Tournes, 1552

Louise había estudiado latín, italiano y música, hasta 1545, año en que se casó, con Ennemond Perrin. Reunió una notable biblioteca, en su casa, en la que guardaba los mejores libros editados en griego, latín, italiano, español y, naturalmente, en francés. Casa y Biblioteca se convirtieron en lugar de encuentro del mundo literario más selecto del momento. Poseía Louise, asimismo, unos espaciosos jardines cerca de la plaza Bellecour, donde practicaba la equitación en privado, montando a la brida y no como solían hacerlo las mujeres a asentadillas, es decir, con las piernas al mismo lado.

La peste de 1564, se llevó a muchos de sus amigos y contertulios, falleciendo ella misma, a los 40 años, el 25 de abril de 1566, en Parcieux-en-Dombes.


Sus Obras aparecieron en un momento de auge de la poesía, que coincidió con el gran proyecto de regulación y definición de las bases teóricas de la lengua francesa, en la que participó Joaquim Du Bellay –uno de los siete de la Pléyade-, con su reconocida Defensa e ilustración de la lengua francesa, de 1549.

Labé se alineó con Ronsard -otro de los siete de La Pléyade-, Olivier de Magny, o Pontus de Tyard-, siguiendo los modelos de Petrarca, Cátulo, Horacio y otros, aunque también disponían de modelos a no seguir. 

Concretamente, Louise Labé, muestra una clara influencia de Ovidio, como muchos de sus contemporáneos, demostrando conocer a fondo Las Metamorfosis, por ejemplo, si bien, ella parece más influida por las Heroidas, aunque no en exclusiva, pues en su obra, se advierten muy claramente, ecos de Petrarca, y del Elogio de la locura de Erasmo de Róterdam.

Tomó posición, asimismo, frente a los planteamientos, claramente misóginos de los dos grandes creadores del celebérrimo Roman de la Rose; Guillaume de Lorris y Jean de Meung, si bien su postura nunca fue reconocida en este sentido, y Le Roman de la Rose, sigue siendo una obra capital, en la historia literaria francesa, ¿por qué no decirlo?, a pesar de la difícil y pesada lectura de sus 22.000 versos octosílabos.

Guillaume de Lorris y Jean de Meung.
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Grabado de Pierre Woeiriot de Bouzey. 1532-1599; Pintor, Escultor, Grabador y creador de medallas.

A pesar de ser la poetisa más famosa del Renacimiento francés, todavía hoy es más conocida por una leyenda maledicente, que por sus admirables sonetos de amor. Durante mucho tiempo los censores y aficionados a las biografías escabrosas intentaron aprovechar el reclamo del escándalo, manejando detalles licenciosos y llenos de tópicos, de una vida totalmente hipotética, para inventar el retrato de la ‘courtisane lyonnaise’, a la que Calvino tachó de “plebeia meretrix” y de Baur, de “cortigiana onesta” (¿?), sin que ni unos ni otros pudieran aportar alguna base real para justificar su evidente misoginia, y sin considerar en ella el menor atisbo del aspecto literario, para cuya descripción, sí que disponían de sobrados ejemplos. Es conocido, y esto sí es cierto, uno de los grandes delitos de Louise; utilizaba pantalones para poder montar cómodamente a caballo y “jugar” a torneos. 

En 1555 por privilegio real, Louise Labé se convirtió en la única lionesa de su tiempo, que vio su obra publicada en vida; el “Débat de folie et d'amour”, un texto en prosa; Tres Elegías y Veinticuatro Sonetos. Obtuvo un éxito inmenso e inmediato, y fue reeditada varias veces el mismo año de su publicación; 1556. 

En 1562 murieron su hermano y su marido, y Louise se retiró definitivamente del mundanal ruido hasta su muerte, cuatro años después. 

Louise Labé nunca abandonó su ciudad natal, siguiendo su propia biografía el ascenso y declive de la misma. 

A pesar de los grandes cambios comerciales y culturales del Renacimiento, los papeles del hombre y la mujer no experimentaron cambio alguno: estaba prohibido para las damas expresar sus deseos, pero Louise se saltó la regla al escribir su famoso soneto XVIII -Baise m'encor, rebaise moy et baise.../ Sigue besándome, vuelve a besarme y besa…

Por lo que respecta a la forma, apenas se advierte en sus versos la influencia de la poesía francesa; ni de los ‘Rhétoriqueurs’, ni aun de Clément Marot, pero tampoco la del líder de la escuela lionesa, Maurice Scève. Se habla, quizás de una cierta influencia italiana, que apenas puede definirse como tal, puesto que solo parece hallarse en unos pocos versos, en los que, tal vez resuena algún eco de Petrarca, al que, en todo caso, debería más, en el fondo que en la forma:

Soneto VIII: Je vis, je meurs: je me brûle et me noie,.. (Petrarca).
(Vivo, muero, me quemo, me ahogo…).

Soneto III: Ô longs désirs, ô espérances vaines,.. (Sannazaro).
(¡Oh interminables deseos, oh esperanzas vanas!).

En cuanto a la versificación, Labé fue una de las primeras poetas que adoptó el Soneto en Francia, si es exacto el dato de que compuso los suyos entre 1540 y 1542. Pero, en definitiva. su gran mérito -que también constituyó su gran delito-, es haber sido la primera de su tiempo que expresó una pasión franca y sensual sin recurrir a disfraces ni ambivalencias.

La obra de Louise Labé consta de dos textos en prosa: un prefacio a sus obras en el que anima a las mujeres a escribir, dedicado a la joven noble lionesa Clemence de Bourges, y la citada alegoría dramática: Debat de Folie et d'Amour -Debate entre la Locura y el Amor-, inspirada en Erasmo; la más popular de sus obras, que sirvió de inspiración, a su vez, para una de las famosas fábulas de Jean de La Fontaine.

En verso, escribió tres Elegías al estilo de las Heroidas -entiéndase, Heroínas-, de Ovidio y veinticuatro Sonetos, ampliamente reconocidos, que, por primera vez, desde la antigua poesía griega, cantan sin disfrazarla, la pasión amorosa de una mujer.

Los Sonetos de Labé -que revelan, poéticamente, pero sin idealizaciones, su rotundo amor por el poeta Olivier de Magny, arriba citado, fueron traducidos -ya en el siglo XX-, al alemán por Rainer María Rilke.

Épigramme/ Epigrama atribuido a Clément Marot, en Euvres de Louise Labé Lionnoize:
Escriz de divers Poètes, à la louenge de Louïze Labé Lionnoize / Obras de Luise Labé Lionesa: Escritos de diversos Poetas en alabanza de Louise Labé Lionesa (1555):

Estreines, à dame Louïze Labé

      Louise es tan amable y hermosa,
      Louise que con todo se aviene,
      Louise tiene en los ojos una chispa tan viva
      Louise tiene una cara y cuerpo tan adecuado,
      Un porte tan hermoso, tan bello y tan brillante
      Louise tiene una voz que habla música
      Louise tiene una mano que tan bien toca el laúd,
      Louise pone tanto en todo lo que toca,
      Que no puedo sino alabar a Louise
            Y nunca la alabaré lo suficiente.

Al parecer, durante mucho tiempo, tras su fallecimiento, Louise Labé fue olvidada, pero en la actualidad, su obra experimenta una especie de renacimiento, que no encuentra más problema que la dificultad de su lectura en un francés, que, por entonces, empezaba a fijarse y evolucionar simultáneamente, pero que hoy resulta difícil de comprender.
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