Mostrando entradas con la etiqueta Dante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dante. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de abril de 2015

Sandro Botticelli. En los caminos de Dante

Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi –Botticelli-Barrilito


Nació en Florencia, el 1º de enero de 1445, en el ruidoso barrio de Solferino –parroquia de Ognisanti–, donde se multiplicaban los pequeños talleres. Fue el pequeño de cuatro hermanos, de los que el mayor, Giovanni, apodado Botticello, que ya tenía 25 años cuando Alessandro nació, se hizo cargo de él. Por cierto que el apodo, Barrilete, que el pintor heredó en diminutivo, podía referirse a la gordura de Giovanni, al hecho de que fuera bebedor o a ninguna de estas dos cosas.

Dice Vasari –a quien seguiremos frecuentemente–, que primero aprendió orfebrería –aunque fácilmente se enteraba de todo lo que quería, era todavía impaciente; y nada le satisfacía en las escuelas, de lectura, escritura o de ábaco, de manera que el padre aburrido de esta extravagante cabeza, desesperado lo colocó con un orfebre amigo–, para pasar después al taller de Fray Filippo Lippi, en Prato, donde aprendió entre 1464 y 1467, observando el trabajo de Masaccio. Cuando volvió a Florencia asistió al taller de Verrocchio donde coincidió con Leonardo da Vinci.

Pintó, siendo adolescente, en la Mercadería de Florencia, una de las tablas de las Virtudes en las que Antonio y Piero del Pollaiuolo estaban trabajando: la Fortaleza, que es su primera obra documentada.

La Fortezza. Temple/tabla cimbrada. 167x87 cm. 1470. Galería de los Uffizi, Florencia

A los 25 años creó su propio taller, donde trabajó ya con un estilo propio, consistente, entre otras técnicas, en evitar los contrastes de luz, lo que constituye, en cierto modo, un sello de identidad.

Después, a partir de los treinta años, empezó a producir obras maestras, de las que se conserva una notable muestra, a pesar de la destrucción de algunas de ellas, como veremos.

La Adoración de los Magos, 1475. Uffizi

Con esta Adoración, que Botticelli realizó para Santa María Novella, despertó el interés de los poderosos Médici sobre su arte y su persona, que le hicieron diversos encargos, a la vez que le ofrecían protección. Presumiblemente, el pintor se autorretrató en la figura del primer plano, a la derecha del espectador, cuya imagen encabeza este artículo. 

En 1478 se produjo la Conjura de los Pazzi, poderosos banqueros, durante la cual fue asesinado Giuliano de Médici, hermano de Lorenzo el Magnífico –apuñalado en el interior de Santa María dei Fiori–. Tenía 25 años y Botticelli, le había hecho varios retratos. 

De acuerdo con el brutal signo del tiempo, se intentó el acceso al poder por medio de la fuerza y el crimen. En el caso presente, quien se proponía dicho acceso fue Girolamo Riario, un sobrino del cardenal della Rovere, nombre más conocido del papa Sixto IV, a quien se achaca el haber instigado a los Salviati, verdaderos promotores de la Congiura, que resultaron más responsables que los Pazzi, a pesar de que existe un documento en el que el pontífice aseguraba que prestaría su apoyo, en tanto en cuanto no se produjeran asesinatos, lo que indicaría que los conjurados, en un momento dado, tomaron sus propias decisiones, dentro del tenso ambiente de abiertas rivalidades por el poder en la bellísima ciudad en la que el crimen hizo sombra al arte.

Sandro pintó al fresco sobre la Puerta de la Aduana los retratos de los conjurados Jacopo, Francesco, Renato de Pazzi y el arzobispo Salviati, que fueron ahorcados; pero las imágenes se borraron en 1494. También se conserva un dibujo de Leonardo en el que aparece ahorcado Bernardo Bandini Baroncelli, un activo participante en la Congiura.

Giuliano de Médici, interpretado por Bronzino y por Botticelli.
Staatliche Museen, de Berlín.

Se le supone amante de Simonetta Vespucci, La Musa de Botticelli, que murió dos años antes que él y a la que nos referiremos de inmediato.

Madonna del Libro. Museo Poldi Pezzoli, Milano. 1480

Se interpreta que es el Niño quien explica la lectura a la madre. Botticelli empleó aquí por primera vez pintura de oro para los adornos que, habitualmente eran sólo dorados.

San Agustín. 152 x 112. Ognisanti. Florencia. 1480

En Ogni Santi pintó al fresco en el tabique de la puerta que va al coro, para el Vespucci, un San Agustín, en quien depositó todo su trabajo buscando entonces pasar a todos los que en su tiempo pintaron, mucho se cansó siendo un trabajo muy loado por haber mostrado en la cabeza de este santo, la profunda sabiduría y muy aguda finura, que tienen las personas sabias y abstractas continuamente en investigación de cosas muy altas y muy difíciles.

Parece que en el taller de Botticelli, era costumbre gastar bromas, a veces, pesadas, entre los que allí trabajaban y sus visitantes y amigos, de las que el pintor también participaría. 

Era una persona muy agradable y bien parecido, y que siempre tenía diversión en su taller, dónde continuamente estaban muchos jóvenes, los cuales mucho se bromeaban y retaban.

A veces las burlas podían ser excesivas, como la que ideó el mismo Botticelli denunciando a un amigo, porque hablaba mal de la obra del Dante sin conocerlo, lo que le parecía una herejía. Del mismo modo, en otra ocasión, él mismo fue acusado de homosexualidad, en una especie de panfletillo en el que se bromeaba sobre las semillas y los huertos; en ambos casos las denuncias fueron desestimadas.

Pero hay una broma de taller de la que tenemos constancia; es decir, la llevada a cabo precisamente, sobre el San Agustín de la Iglesia de Ognisanti.

Se trata del libro, de Geometría probablemente, que aparece abierto en la estantería tras la cabeza del santo. Alguien intercaló unos versitos; tal vez el mismo Botticelli, que, sin duda se referían a algún hecho sucedido por entonces, o quizás se tratara de una burla cuyo sentido todos comprenderían.


Es evidente que la letra del chiste es distinta de la del resto de la página, resultando la primera mucho más legible.

Venus y Marte –Simonetta Vespucci, ya fallecida,  y Giuliano de Médici, idealizados en la representación mitológica. 1483. Nat. Gallery de Londres

Simonetta, que será ensalzada al máximo en El Nacimiento de Venus, fue casada a los 16 años con Marco Vespucci, de la familia de Amerigo, el compañero de Cristóbal Colón. No sólo fue Musa de la pintura de Botticelli, sino el objeto de los sueños de toda la nobleza de su país y su tiempo.

En 1475 Giuliano la había elegido públicamente como su dama, en un torneo celebrado en la explanada de la Santa Croce de Florencia; en su estandarte figuraba Simonetta representada como Atenea, junto a Cupido, con un lema que aparecía escrito en francés: La Sans Pareille. La Bella Simonetta, ya era para entonces el prototipo de la belleza renacentista. Giuliano, por supuesto, resultó vencedor a lomos de un hermoso caballo, que constituyó el objeto de varios dibujos de Leonardo.

La joven murió al año siguiente, con sólo 23 años, es decir, que Botticelli siguió pintándola, tal como aparecía idealizada en su memoria. Treinta y cuatro años después, los restos mortales del artista serían colocados a los pies de la tumba de su adorada modelo en la Iglesia de Ognisanti, que era propiedad de los Vespucci. Se diría que, al contrario que su esposo, que volvió a casarse casi inmediatamente, el pintor se mantuvo fiel a su memoria hasta el último día de su vida.

Botticelli la adoraba estética y platónicamente, ya que, hasta donde se sabe, nunca se relacionó con mujeres y para él al matrimonio era más bien objeto de pesadillas, tal vez a causa de las fuertes convicciones que le llevaron a hacerse seguidor incondicional de Savonarola. En todo caso, su interpretación pictórica de la aérea belleza de la jovencísima Simonetta, se considera uno de sus mejores logros.

Un joven. Nat. Gallery. Londres. 1485

En esta ocasión, Botticelli prescinde de todo adorno o complemento para centrar la atención en la imagen del retratado -cuya identidad es desconocida-, y crea un fondo oscuro e intemporal, que en nada resta expresividad a la pintura. Sorprende la mirada firme y la intensa naturalidad del retrato, que hace que sea considerado como una obra maestra en su género.

Un joven. Nat. Gallery of Art. Washington. 1489

Pocos artistas han logrado poner tanta expresividad en el rostro de un joven, que parece expectante, sólo por una pequeña inclinación de la cabeza; sin juegos de luz, sin escenario y sin historia. 

Nacimiento de Venus –Simonetta Vespucci-. Uffizi, 1584

No se trata, estrictamente, del nacimiento de Venus, que se produciría en el mar, sino de un momento posterior en que el Viento, Zéfiro, y la Brisa, Aura, abrazados, soplan suavemente para acercar a Venus a la playa, donde aparece sobre una gran concha que aún flota sobre las olas, mientras la Primavera se aproxima para cubrirla con un colorido manto. El Viento y la Brisa van dejando flores en torno a la recién salida del océano.


Esta pintura constituye una de las primeras en las que aparecía una mujer cuya existencia no había sido tomada de la historia bíblica y se ignora quien pudo hacer el encargo, pues aunque en el siglo XVI se hallaba en poder de los Médici, no figura en ninguno de sus inventarios. 

A diferencia de la mayor parte de la obra de Botticelli, está pintada sobre lienzo, de lo que podría deducirse, que al contrario que los frescos y tablas, estaba destinada a ser transportada, quizás fuera de la ciudad.

No parece necesario insistir en el hecho de que el rostro de Venus corresponde al recuerdo de Simonetta Vespucchi, aunque ya habían pasado casi nueve años desde su fallecimiento.

***

Lorenzo el Magnífico, de Bronzino y Carlos VIII, en el Musée Condé de Chantilly

En 1492 murió Lorenzo el Magnífico. Carlos VIII de Francia invadió Florencia en 1494, desalojando a Pedro de Médici. Savonarola se atribuyó el gobierno de la ciudad, estableciendo una República que, con palabras y en silencio, rechazaba todo cuanto sonara a Médicis, incluidas las pinturas de Botticelli, a pesar de que el artista era profundamente religioso, tanto, que, de acuerdo con Vasari, en los últimos años de su vida, su obra reflejaba inquietud y se convirtió en un piagnone –llorón-, como se designaba a los devotos de Savonarola. 

Al final, Botticelli abandonó la pintura, a la que llegó a considerar como una simple y quasi pecaminosa vanidad, aunque su renuncia no fue óbice para que, en la famosa Hoguera de las Vanidades –Faló delle vanitá-, que Savonarola llevó a cabo el 7 de febrero de 1497 –coincidiendo con la celebración del Martes de Carnaval-, ardieran algunas de sus obras, especialmente las de carácter mitológico, y, más en concreto, los desnudos femeninos, que el mismo pintor se encargó de arrojar al fuego.

El 8 de abril del año siguiente, soldados del Papa, Alejandro VI, contra el que Savonarola había lanzado gravísimos ataques, entraron en Florencia. La ciudad, paralizada por las amenazas del pontífice, ofreció entregar al fraile, que se había ocultado en el convento de San Marcos con algunos seguidores, por lo que su arresto se saldó con la muerte de muchos de ellos. Sometido a tortura, firmó una declaración en la que reconocía delitos que posteriormente negó. Aun así, se ordenó su ejecución para el 23 de mayo, día en que fue llevado a la Piazza della Signoria, donde sufrió la misma condena que los herejes. Sus cenizas fueron arrojadas al Arno desde el Ponte Vecchio.


Pues debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar, que el introducir nuevas leyes. Se explica: el innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas. Hay que agregar, además, que los pueblos son tornadizos; y que, si es fácil convencerlos de algo, es difícil mantenerlos fieles a esa convicción, por lo cual conviene estar preparados de tal manera, que, cuando ya no crean, se les pueda hacer creer por la fuerza. Moisés, Ciro, Teseo y Rómulo no habrían podido hacer respetar sus estatutos durante mucho tiempo si hubiesen estado desarmados. Como sucedió en nuestros días a Fray Jerónimo Savonarola, que fracasó en sus innovaciones en cuanto la gente empezó a no creer en ellas, pues se encontró con que carecía de medios tanto para mantener fieles en su creencia a los que habían creído como para hacer creer a los incrédulos. Hay que reconocer que estos revolucionarios tropiezan con serias dificultades, que todos los peligros surgen en su camino y que sólo con gran valor pueden superarlos.

Maquiavelo. Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (Florencia, 3 de mayo de 1469 - 21 de junio de 1527). El Príncipe. Cap. VI. De qué modo hay que gobernar las ciudades o principados que, antes de ser ocupados, se regían por sus propias leyes.

Los Médici volvieron a Florencia, pero el ambiente de la ciudad se había transformado de forma irreversible.


A Botticelli, como hemos dicho, no se le conoce ninguna relación amorosa, excepto la platónica adoración que profesó a Simonetta Vespucci, su musa, tan prematuramente fallecida, cuya imagen idealizada, quizás, conservó siempre el artista, reproduciéndola una y otra vez en sus pinturas.

Botticelli murió el 17 de mayo de 1510 y fue sepultado en la iglesia de Ognissanti, en Florencia, junto a su tan enaltecida Musa, que bajo los pinceles del artista alcanzó el acceso a la posteridad.

***
Dante 1495. Col. Privada. Ginebra, Suiza.

Uno de los retratos más expresivos y conocidos de Dante, es precisamente el que le hizo Botticelli, que asimismo, dedicó gran atención a su Divina Comedia, especialmente a la parte dedicada al Inferno. Dice Vasari que su dedicación al asunto alcanzó el límite de la obsesión y provocó serios desórdenes en la vida del artista.

Siendo una persona sofisticada, comentó una parte de Dante, y dibujó el Infierno y lo puso en impresión, lo cual le consumió mucho tiempo, sin trabajar, esto fue causa de infinitos desórdenes en su vida.

Inferno del Dante. Botticelli. Vaticana

Mapa del Inferno, Primer Círculo. Detalle de la entrada de Virgilio recibiendo a Dante. 

Inferno, canto XVIII. 1480-1490. Dibujo coloreado sobre pergamino. 32 x 47 cm. Staatliche Museen. Berlín.

Inferno, Canto XVIII (detalle). 1480s. Manuscrito (Ms. Hamilton 201). Staatliche Museen, Berlin.
Realizados con punta de plata sobre pergamino, completados con pluma y tinta y coloreados con témpera. 

Dante con Virgilio, su guía, en el VIII Círculo, que consiste en diez profundos abismos en los que se castiga a los culpables de fraude.

Dante: Divina Commedia. 1480s. Manuscrito. Biblioteca Apostólica, Vaticano

Dante: Divina Commedia. 1480s. Biblioteca Apostolica, Vaticano

Paraíso, Canto VI. 1490s. Punta de plata sobre pergamino, terminado con lápiz y tinta. 320 x 470 mm. Staatliche Museen, Berlín.

El monumental poema de Dante, de principios del siglo XIV, fue considerado en el Trecento como una especie de enciclopedia doctrinal y un compendio de filosofía teológica, que encontró a finales del Quattrocento un nuevo sentido, ya que Cristóforo Landino, a través del Comentario, interpretó la obra en la clave de la nueva filosofía neoplatónica, la que profesaba Botticelli, y que había surgida del círculo humanista de Lorenzo el Magnífico. El comentario, que Landino empezó a escribir en 1480, se publicó el 30 de agosto de 1481 por el alemán Nicolo di Lorenzo della Magna, y, en su conjunto, fue la obra más importante de la cultura del Cuattrocento, ya que, no sólo proporcionaba una nueva visión del poema de Dante, sino que  estaba redactada con gran perfección lingüística.

La edición con las ilustraciones de Botticelli, tuvo algunos problemas técnicos, porque no resultaba fácil intercalar un grabado por cada Canto, como se pretendía; es decir, cien calcografías. Di Lorenzo dejó en blanco las páginas dedicadas a las ilustraciones, en las que posteriormente serían pegadas. Pero también tuvo problemas económicos, pues el proyecto exigió grandes gastos, que, al parecer, que costeó Lorenzo di Pierfrancesco, primo del Magnífico, miembro de una rama menor de los Médici.

Botticelli había empezado a ilustrar los cien Cantos de la Comedia cuando fue reclamado por Sixto IV para participar en la decoración de la Capilla Sixtina, pero parece que estaba empeñado  en hacer el trabajo y cuando volvió de Roma, lo terminó. La colección creada por el artista es la más completa que se conoce, la más fiel al texto de Dante y la más exacta. De hecho, Botticelli era un apasionado de Dante, de modo que una especie de concatenación creativa unió a ambos genios a pesar de la distancia temporal entre ellos; Dante, 1265-1321 y Botticelli, 1445-1510.

Lo cierto es que prácticamente no se sabía nada de aquella obra monumental, hasta que en 1882 pasaron de la Colección Hamilton, de Escocia, al Kipfertichkabinett de Berlín, donde las láminas se desencuadernaron para poder estudiarlas y reproducirlas. Más tarde aparecieron otras siete en la colección de Cristina de Suecia, que pasaron también a la Biblioteca Vaticana. 

Existen, pues, 92 ilustraciones de las 102 previstas, ya que una debía ocupar la portada y otra representar al demonio, pero esas dos no llegaron a hacerse; otras ocho se perdieron. En total hay 87 en Berlín y 7 en la Biblioteca Vaticana. 

Nunca se exhiben públicamente.

En ello empleó tanto tiempo [Botticelli], que se quedó sin dinero y tuvo que pasar por grandes penurias.

También dio a la estampa muchas cosas suyas, basándose en dibujos que ya tenía, pero todo resultó mal porque los grabados estaban mal hechos. Lo mejor de él en este tipo de trabajo es El Triunfo de la Fe de fray Jerónimo Savonarola, de quien era partidario. Por tal motivo dejó de pintar, de ganar dinero, y careciendo de otros ingresos para vivir, se vio hundido en la miseria. Se obstinó en seguir las ideas de Savonarola, en ser un llorón –piagnoni–, como llamaban a los seguidores de Savonarola a sus enemigos, a los que ellos llamaban los arrabbiati –rabiosos–, y dejó de trabajar. Viejo ya y miserable, habría muerto de hambre si Lorenzo de Médicis y muchos hombres de bien, no lo hubiesen auxiliado encargándole algunos trabajos.

***

Puso a la impresión el Triunfo de la Fe de fray Girolamo Savonarola de Ferrara, y fue muy partidario de esta secta. Y esto fue causa de abandonar lo principal y no teniendo ingresos de los que vivir, cayó en un gran desorden. Porque obstinado en la secta y haciendo continuamente los días de llorona desviándose del trabajo, al envejecer y al olvidar, cayó en muy mal estar.

Savonarola. Fra Bartolomeo, c. 1498, Museo di San Marco, Florencia.

En la misma línea que el Triunfo está la–Natividad Mística.

Natività mistica, 1501. Nat. Gallery. Londres

La obra, quizás creada para la devoción privada del pintor o de otros, presenta una visión apocalíptica del nacimiento de Jesús, completamente extraña a lo acostumbrado hasta entonces e incluso, posteriormente. Los penitentes en torno a las figuras centrales, parecen repetir el canto de los partidarios de Savonarola: Al vaglio, al vaglio, venite tutti quanti e con amari pianti. –¡A examen, a examen, venid todo con amargo llanto!

Sobre la pintura hay una inscripción no menos apocalíptica que el conjunto:

Este cuadro de finales del año 1500, durante las turbulencias de Italia, yo, Alessandro, lo pinté en el tiempo medio después del tiempo, según el XI de san Juan en el segundo dolor del Apocalipsis, en la liberación de los tres años y medio del Diablo; después será encadenado en el XII y lo veremos [caer] […] como en el presente cuadro.


Cuando los ángeles y los hombres se acercan para abrazarse, los demonios escapan por las rendijas.

***

Tras presenciar el ajusticiamiento de Savonarola, su guía espiritual, Botticelli debió perder todo interés por cualquier bien material, por el arte y por la vida misma, centrándose en tristes reflexiones acerca del temido más allá, donde tan claramente esperaba el infierno para una ciudad tan pecadora.

Se fuerza a la naturaleza a mucha deuda de virtud, y en contra les hace distraídos, porque no pensando en el final de la vida, adornan a menudo el hospital con sus muertes, del mismo modo que lo hicieron al mundo con sus obras. En la cima de la felicidad están cargados de los bienes de la fortuna y careciendo de necesidades rehúyen las ayudas humanas con bestialidad y tan poco gobierno, que al final a la muerte vituperan todo el honor y la gloria de su vida. Por lo que sería prudente a los virtuosos, y particularmente a los artistas nuestros, cuando la suerte les concede los bienes de la fortuna, salvarlos en parte para la incómoda vejez, sin que se cierna la necesidad que nace en todo momento; como extrañamente golpeó a Sandro Botticello.

sábado, 20 de abril de 2013

EL RETORNO DE DANTE


La puerta del Infierno. Rodin

El creador de la obra que conocemos como La Divina Comedia, se llamaba, en realidad, Durante y su ópera magna, simplemente, La Commedia, y ello, no porque se tratara de una comedia precisamente, sino porque, de acuerdo con los cánones, el autor no podía clasificar su obra como Tragedia, puesto que terminaba bien, es decir, en el Paraíso, un lugar al que llega el viajero del éter de la mano de Beatriz, después de haber pasado por el Infierno y el Purgatorio en compañía de su mentor, el excelso poeta latino Virgilio.

El año de inicio de su verdadero viaje, el de la vida, sólo se puede deducir de sus propios textos, pero el de su partida sí se conoce con exactitud, 1321, aunque más seguro es el de su retorno: 2007

Así era Dante, de acuerdo con la recreación de Botticelli en 1495.

Así es su verdadero rostro –Il vero volto- ya reconstruido.

Esta es, pues, la imagen que ofrecía a su vuelta, el día 11 de enero de 2007, por obra y arte de los equipos de los profesores Gruppioni –Universidad de Bolonia–, y Mallegni –Universidad de Pisa–, mediante una reconstrucción de fragmentos óseos, a partir de los datos clasificados en los años 20 del siglo pasado por otro profesor de la Universidad de Bolonia, Fabio Frassetto; todo ello, de acuerdo con la información publicada por el diario La Reppublica.

Il Sommo Poeta en interpretación de Rafael, 1483–1520. Dante en El Parnaso. 
Stanza della Segnatura. Vaticano.

Un hombre siempre melancólico y pensativo, decía Boccaccio.

Dante, según su amigo Giotto, 1267–1337. 
Capilla del Podestá en el Palacio del Bargello. Florencia.

Era a Dante a quien imaginaba Rodín cuando creó su Pensador para la Puerta de su Infierno.

Durante di Alighiero nació en Florencia y murió en Rávena, en el exilio, el 14 de septiembre de 1321. Su primera biografía, Trattatello in laude di Dante, fue escrita por Giovanni Boccaccio (1313-1375); además de melancólico y pensativo, en su opinión, Dante era también hombre  d'animo alto e disdegnoso molto. –De carácter altivo y muy desdeñoso–.

A falta de datos más confiables, su nacimiento se supone alrededor de 1265, aceptando el contexto del Inferno, en el que el autor se sitúa: Nel mezzo del cammin di nostra vita. El mezzo estaba entonces en los 35 años y la obra es de 1300, por lo que se podría deducir -si el verso es biográfico-, que Dante habría nacido alrededor de 1265. También por sus versos se sabe que nació en el período correspondiente al signo de Géminis, es decir, entre el 21 de mayo y el 21 de junio.

Bautizado el 26 de marzo de 1266 como Durante –Dante correspondería al uso familiar-, en el Baptisterio de Florencia, como hijo de Alighiero de Bellincione, un güelfo blanco, y de Bella –diminutivo de Gabriella-, degli Abat, que falleció cuando el poeta era un niño. Posiblemente su padre volvió a casarse, aunque no es seguro, con Lapa di Chiarissimo Cialuffiche con la que tendría dos hijos más: Francesco y Tana – o Gaetana-.

Tenía Dante 12 años cuando fue acordado su matrimonio con Gemma, hija de Messer Manetto Donati, con la que se casaría, efectivamente, en 1291. Tuvieron cuatro hijos: Jacopo, Pietro, Giovanni y Antonia.

Casi nada se sabe de la formación que recibió, pero sí que se aficionó a los juglares Provenzales y, sobre todo, la cultura latina, especialmente a Virgilio, a quien convirtió en su mentor para el viaje por el otro mundo:
Tu se' lo mio maestro e 'l mio autore, 
(Infierno, Canto I, v. 85).

Estudió, pues, al menos, latín y provenzal.

Cuando tenía 9 años vio pasar a Beatriz Portinari, de la que se enamoró para siempre, aún sin haber cruzado ni una palabra con ella. 

Era intra la turba de’ giovinetti una figliuola del sopradetto Folco (Portinari), il cui nome era Bice […] Beatrice, la cui età era forse d’otto anni.
Estaba entre el grupo de jovencitas una hijita del dicho Folco (Portinari), cuyo nombre era Bice –Beatrice– que tendría unos ocho años.

Sí la vio después, quizá con cierta frecuencia; al menos, parece que se saludaban, pero no llegaron a crear ni siquiera lazos de amistad. En todo caso, se ignora el verdadero sentido del incondicional amor que Dante aseguró profesarle durante toda su vida, pero el hecho es que Beatriz se convirtió en el objeto de su poesía, y Dante se entregó a su recuerdo con una devoción que sólo se vio superada por su compromiso político.

Así, es su evocación la verdadera esencia de Beatriz, que murió en 1290 –Come ciascuno puote evidentemente conoscere, niuna cosa è stabile in questo mondo–; –Como todo el mundo puede evidentemente saber, nada es permanente en este mundo–. Tendría el poeta, unos 25 años, y su desaparición le llevó a refugiarse en el estudio de la literatura latina, asistiendo asimismo, a la escuela religiosa de Santa María Novella, en Florencia.

Dividida la ciudad –in due parti perversissimamente divisa– se vio el poeta Inmerso en el conflicto entre Güelfos, partidarios del papado, y Gibelinos, que defendían el poder de los emperadores alemanes y en los que se integraba buena parte de la aristocracia, participando en la batalla de Campaldino -1289-, del lado los Güelfos florentinos frente a los Gibelinos de Arezzo. El año siguiente se produciría la desaparición de Beatriz.

Dante se hizo médico y boticario, un oficio que más adelante le sirvió para poder ocupar un cargo público, ya que era necesario, para hacerlo, pertenecer a un gremio, aunque parece que él más bien vendía sus libros en la farmacia.

Más adelante, sus correligionarios Güelfos se dividieron radicalmente entre Blancos; Bianchi -facción a la que se unió el poeta-, y Negros, Neri. La situación política en Florencia se complicó cuando, en 1301, el papa, Bonifacio VIII, se propuso entregar el poder a Charles de Valois; los florentinos rechazaban la tutela que el pontífice se proponía imponerles por medio del francés. 

Dante fue elegido para representar a la ciudad en una embajada que debía parlamentar con Bonifacio VIII y tratar los términos de un acuerdo que pudiera satisfacer a ambas partes, pero el papa optó por retenerlo acusándolo de contumacia, en tanto que, en su intento por dominar la ciudad, se ponía de acuerdo con los negros, que inmediatamente iniciaron una campaña de persecución contra los blancos. Poco después, el Valois entraba en Florencia con el apoyo de los negros, que mataron a un gran número de blancos y destruyeron u ocuparon sus propiedades. El nuevo gobierno condenó a Dante a dos años de exilio y a pagar una multa superior a sus posibilidades financieras, por lo que su orden de exilio temporal se transformó en otra de carácter perpetuo, con el agravante de acabar en la hoguera si volvía por la ciudad.

–questo merito riportò Dante dell’avere con ogni sollecitudine cercato il bene, la pace e la tranquillità de’ suoi cittadini!-. 
–esto fue lo que mereció Dante por haber buscado solícitamente el bien, la paz y la tranquilidad de sus ciudadanos.

Abandonó Florencia para no volver nunca más, pero su esposa permaneció allí, en un intento de salvar, al menos, sus bienes dotales, que no podían ser confiscados.

Empezó entonces el poeta la redacción de la Commedia y también su relación con una dama llamada Gentucca, probablemente madre de sus dos hijos pequeños.

En 1310 Enrique VII de Luxemburgo –Arrigo VII, el Alto Arrigo del Paradiso–, siendo Rey de Romanos, invadió Italia. Dante le envió muchas cartas reclamando venganza contra los negros, de modo que cuando estos decidieron publicar una amnistía en favor de los blancos, excluyeron al poeta.

Florencia. Hartmann Schedel: Liber chronicarum.Nürnberg, 1492

Más tarde, cuando Enrique VII, ya Emperador de Alemania, fue coronado Rey de Italia en Milán, atacó y tomó la ciudad de Florencia derrotando a los negros; Dante se había distanciado también de los de su partido, y no tuvo participación alguna en aquellos eventos, a pesar de que se cumplía su deseo de evitar que Florencia pasara al poder pontificio. Mantuvo un tiempo la esperanza de que las cosas cambiaran de forma más acorde con sus deseos, pero Enrique murió en 1313 –unos dicen que de malaria, otros que lo envenenaron en la comunión–, convirtiendo en cenizas la posibilidad de que Dante pudiera volver a Florencia. Se instaló entonces en Verona.

Ya en 1315 se publicó una nueva amnistía, en este caso, con la condición de que los perdonados pasaran por una ceremonia en la que debían reconocer públicamente su traición. Dante se negó a hacer tal cosa, en vista de lo cual, su condena de exilio se convirtió en pena de muerte extensiva a sus hijos. A pesar de que su mayor deseo era volver a Florencia, el poeta consideraba que solo lo haría en condiciones más honorables que las que se le habían propuesto. Como sabemos, no volvió más.

Era in que’ tempi signore di Ravenna, famosa e antica città di Romagna, uno nobile cavaliere, il cui nome era Guido Novel da Polenta. En 1318 recibió Dante una invitación –del noble caballero Gido Novel da Polenta, que era entonces señor de Rávena, famosa y antigua ciudad de Romagna–, para instalarse en Rávena, que aceptó. Allí terminó de escribir El Paradiso y allí terminó también su vida tres años después, cuando tenía 56. Poi che la sua ora venne segnata a ciascheduno, essendo egli già nel mezzo o presso del cinquantesimo sesto suo anno infermato. –Porque todos tenemos la hora marcada y él se encontraba ya en el quincuagésimo sexto de sus años.

En su tumba, un epígrafe latino de Bernardo de Canaccio define a la ciudad de Florencia como “Parvi Florentia mater amoris”; Florencia, madre de poco amor.

Oh ingrata patria, quale demenzia, qual trascutaggine ti teneva, quando tu il tuo carissimo cittadino, il tuo benefattore precipuo, il tuo unico poeta con crudeltà disusata mettesti in fuga.
Oh patria ingrata, qué locura, qué ignorancia te acometió, cuando a tu ciudadano amadísimo, a tu primer benefactor, a tu poeta único, con desusada crueldad pusiste en fuga.

Quinientos años después Florencia intentó recuperar sus restos, pero la ciudad tuvo que conformarse con erigirle un túmulo en el interior de la Basílica de la Santa Croce. Su estatua se alza, asimismo, ante la fachada de esta bellísima iglesia.


Túmulo y estatua del poeta, en el interior y exterior de la Santa Croce.

E perciò con la tua ingratitudine ti rimani, e Ravenna de’ tuoi onori lieta si glorii tra’ futuri.
Y por eso te quedarás con tu ingratitud, y Rávena, con tu honra, disfrutará la gloria en el futuro.

La obra del Dante:

La Vita Nuova, muy probablemente escrita entre 1293 y 1295, y en todo caso, no después de 1300, fecha en la que muere su destinatario, Guido Cavalcanti -mio primo amico a cui io ciò scrivo-, es la primera obra que se atribuye a Dante con certeza. Se trata de un prosimetro: mezcla de prosa –42 capítulos- y verso -25 sonetos, una balada y cinco canciones-, escrita poco después del fallecimiento de Beatriz, siguiendo los cánones del dolce stil nuovo.

Concebida como un exemplum, la obra es autobiográfica y habla de la evolución espiritual y poética del Dante. La crítica parece acorde en destacar la canzone Donne ch’avete inteletto d’amore –Señoras, que sabéis de amor-, y el soneto Tanto gentile e tanto onesta pare –Tan gentil y honesta se muestra-.

Por alguna razón Dante construye la historia de su amor por Beatriz en torno al número 9: Desde que él nació el cielo había pasado 9 veces por el mismo punto. Beatriz empezaba su noveno año, cuando él lo terminaba y habían pasado otros nueve desde su primer encuentro. A la hora novena tiene Dante una visión que parece anunciarle la muerte de Beatriz; la visión vuelve a presentarse a la primera de las nueve últimas horas de la noche.

9 es el número de Beatriz, como se ve en la Vita Nuova. […] Es el número de las jerarquías angélicas, y por consiguiente el de los Cielos, y es también el de los círculos infernales, ya que hay una cierta relación de simetría inversa entre los Cielos y los Infiernos. (R. Guenon: El Esoterismo de Dante).

A partir de entonces, Dante se propone cantar su amor por Beatriz y dedicar la vida a venerar su recuerdo.

De Vulgari Eloquentia fue concebida por Dante en defensa de la lengua vulgar frente a la latina –a pesar de que la compuso en latín, pues todavía era el vehículo de la cultura–, constituyéndose en uno de sus primeros impulsores. Creía que las diversas lenguas tenían un origen común que se fue transformando en subdivisiones que se corresponderían con las de procedencia griega, germánica y latina. En esta obra, Dante defiende la absoluta calidad de la lengua vulgar, incluso como lengua literaria. (1303–1304).

La Divina Comedia. Dante pudo empezar a escribirla hacia el 1300, que fue año jubilar y, de hecho, puso el día 7 de abril de aquel año, como fecha de inicio de su viaje a la selva oscura y trabajó en esta obra hasta el último día de su vida.

El texto se reparte entre las sucesivas visitas al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso. Cada parte tiene 33 cantos divididos en tercetos encadenados; en este caso, el número simbólico es, naturalmente, el tres.

Hoy es difícil comprender del todo la obra, aparte de su belleza formal, sin la ayuda de un gran aparato de notas que nos aclaren quién es cada uno de su numerosos personajes, aunque entonces eran del conocimiento común.

Hay una arquitectura simétrica, como se ha visto, en el conjunto de la obra, en torno al número tres. Como dato curioso veamos algunas cifras. La Commedia contiene, en total 14.223 endecasílabos dispuestos de la siguiente manera:

Tres Cantos:

Inferno: 34 cantos y 4.720 versos
Purgatorio: 33 cantos y 4.755 versos
Paradiso: 33 cantos y 4.758 versos.

Todos ellos terminan con estrellas:

Último verso del Inferno: E quindi uscimmo a riveder le stelle. 
Y entonces, al salir, volvimos a ver las estrellas.

Último verso del Purgatorio: puro e disposto a salire a le stelle.
puro y dispuesto a subir a las estrellas.

Último verso del Paradiso: l'amor che move il sole e l'altre stelle.
el amor que mueve el Sol y las demás estrellas.

Il Convivio (1304-1307), convivium, banquete, en este caso, de sabiduría. Es la primera obra escrita inmediatamente después de su salida de Florencia. Se trata de un compendio de todo lo que un hombre debe saber para dedicarse a la actividad pública sin haber ido a la Universidad. Escrita también en prosimetro, en lengua vulgar, por lo que tampoco hay que saber latín para comprender los principios aristotélicos que llenan la obra. Dante asiste a un banquete en el que se sirve la comida –los versos–, acompañada de pan –la prosa–, necesario para mejor asimilar la esencia.

De Monarchia: Escrita con motivo de la caída de  Arrigo VII, entre 1310 y 1313, tiene también tres partes. En ellas afirma Dante la necesidad de un imperio universal, como única forma de garantizar la paz y la unidad y la autoridad del monarca como derecho divino, es decir, que depende de la voluntad divina, exclusivamente, no debiendo por tanto, responder a ninguna autoridad, ni aún la pontificia. Los soberanos nacionales han de actuar con independencia, tanto del emperador, como del papa.

oooOooo

Se puede intuir, pero no definir con seguridad, la razón por la que una creación, literaria en este caso, se convierte en patrimonio de la humanidad, cuyo valor, lejos de disminuir, aumenta con el paso de los siglos. Tales obras tienen una importante cualidad que suelen compartir; su universalidad.

La obra de Dante ha servido de inspiración a escritores, pintores, músicos y escultores. Ya Boccaccio había escrito que la madre del poeta tuvo un sueño, según el cual poco antes del parto se encontraba bajo un laurel altísimo, sopra uno verde prato en el que brotó un manantial. Allí mismo, antes de su nacimiento, supo la madre quien iba a ser su hijo.

El poeta griego Ángelos Sikelianós, dando una interpretación personal a aquel sueño premonitorio, escribió La madre de Dante, un bellísimo poema en el que trasciende el hecho de la maternidad hasta sus máximas posibilidades líricas.

Una traducción del poema en este blog: 

En el Canto V del Infierno, Dante revive la tragedia de Francesca da Rímini y Gianciotto Malatesta, que él eleva a la calidad de mito. Gianciotto y Francesca se casan como consecuencia de una alianza política de sus respectivas familias, sin que ellos se conozcan siquiera. La tragedia se produce cuando Francesca se enamora de Paolo, hermano de su esposo y ambos son descubiertos y apuñalados por este cuando serenamente leían la historia de Lancelot du Lac.

 Dante Gabriel Rossetti. Fragmento de Francesca da Rimini 
Francesca da Rimini. William Dyce. Fragmento. National Gallery of Scotland, Edinburgo

Dante y Virgilio encuentran a los amantes vagando en el Infierno, donde los describe, en el círculo de los lujuriosos, condenados a ser perpetuamente arrastrados por un doloroso torbellino que también maltrata a Helena de Troya, a Cleopatra, o a la reina Ginebra, con sus respectivos y pecadores enamorados. 
Gaetano Previati Paolo e Francesca

La escena ha sido reinterpretada en múltiples ocasiones; los amantes aparecen vivos, o en el momento de la venganza, o muertos, o vagando en el vacío, indistintamente.

Mosè Bianchi: Paolo e Francesca, 1877 c.
Acquarello e oro su carta, Milano, Galleria Civica d’Arte Moderna.

Franz Liszt compuso sólo dos Sinfonías, una de ellas fue Dante; una obra de carácter romántico, compuesta en 1855, a través de cuyas impresionantes notas, músico y poeta –la genialidad los une– recorren el Inferno y el Purgatorio. Carece del tercer movimiento y, por tanto, del tercer recorrido, el Paradiso. Parece que Wagner convenció a Liszt de que la descripción del Paraíso estaba por encima de las facultades humanas por eminentes que estas fueran. Finalmente Liszt remató el segundo movimiento con un bellísimo Magníficat para voces femeninas que, en teoría, habría correspondido al final del Paradiso.

Tchaikowsky, Пётр Ильич Чайковский –otro de los grandes creadores a los que la humanidad debe tanta belleza–, se hizo eco del dantesco drama que convirtió en -Франческа да Римини– Francesca da Rímini. Fantasía sinfónica según Dante, en mi menor, op. 32. 

Sería interminable; casi imposible, seguir la huella de inspiración que dejó sembrada la obra de Dante, pero también es posible que tan maravilloso periplo nos diera una idea aproximada sobre qué pueda ser aquello que convierte a una obra, en una obra maestra.

En cuanto al Dante, si resulta fantástico decir que volvió a través de la reconstrucción de su rostro, tal vez sea más apropiado pensar que nunca se fue del todo.
Dante y Virgilio. Dante Gabriel Rossetti
(Fragmento de Francesca da Rimini)