domingo, 18 de febrero de 2018

ROBERT LOUIS STEVENSON


Robert Louis Stevenson, 1850-1894. Ensayista, poeta y novelista, 
retratado por Girolamo Nerli

Robert Lewis Balfour Stevenson, nació en Edimburgo, Escocia, el 13 de noviembre de 1850.

Es posible que alguien no haya leído La isla del tesoro - Treasure Island-; El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde -The Strange Case of dr. Jekyll and mr. Hyde-, o El señor de Balantry -The Master of Ballantrae-, etc. entre las más conocidas de las 153 obras escritas por Stevenson en sus 44 años de existencia.

Quizás es menos famosa la trilogía compuesta por The Amateur Emigrant –El Emigrante Amateur-; Across The Plains-A través de las Grandes Llanuras y The Silverado Squatters –Los Colonos [Ilegales] de Silverado-, publicada en 1892.

Vamos a recordar la biografía y la obra de este gran novelista, ensayista y notable poeta –aunque esta última faceta es la menos conocida de su creación literaria-, pero antes querría contar la anécdota sobre una duda relacionada con Across de Plains, que resolví hace muy poco tiempo.

Probablemente tendría entre doce y quince años cuando leí Del Atlántico al Pacífico, que es como se tradujo el título de Across The Plains, obra de la que más tarde adquirí un ejemplar de segunda mano; edición de 1965, que conservo. Se trataba de un viaje desde Nueva York a San Francisco, que leí, siempre con el Atlas al alcance de la mano, para ir comprobando el recorrido del protagonista; algo que me ayudó a conocer la Geografía de América del Norte, así como la distribución de sus Estados, mucho mejor de lo que hasta entonces había aprendido en clase.

Pues bien, me llamó especialmente la atención el siguiente fragmento, en tanto que describe con exactitud un profundo amor innato y vocacional por la palabra:

Keats, John Keats, señor y Shelley eran sus bravos favoritos. No recuerdo si en alguna oportunidad le pedí su opinión respecto a Rossetti; pero conozco sus gestos [¿gustos?] al dedillo y estoy seguro de que ese autor debió haberle gustado con exceso. Lo que más le atraía era la riqueza del habla; amaba lo exótico, las palabras inesperadas, la cadencia emocionante de una frase; sentía una vaga emoción por las mismas letras del alfabeto; el encanto del lenguaje.

Naturalmente, tuve que acudir a la enciclopedia para saber algo más de Keats y Shelley, pero, sobre todo, me impresionó la forma en que Stevenson describía el amor esencial de un hombre, que era la ruina de un atleta, consumido por la tuberculosis y convertido en mendigo-, por el lenguaje, su cadencia y, hasta las letras en sí mismas.

Sin embargo, me sorprendió que calificara de “bravos” a aquellos dos poetas, término que no me parecía exactamente el más apropiado. Aun así, la expresión resultaba suficientemente admirativa, hasta el punto de que la adopté, apenas sin darme cuenta, y, en adelante, cuando quería referirme a un poeta, pintor, compositor, etc. de mis preferidos, decía –y sigo diciendo-: ¡es uno de mis bravos favoritos!, lo que no significa que hubiera resuelto, ni mucho menos el porqué de semejante adjetivo referido a un poeta.

Pues bien. Han pasado muchos años, y con ellos, la edad de oro de los mapas del Atlas y la Enciclopedia de 25 tomos, pero mi duda seguía ahí, hasta que, hace relativamente poco tiempo, se me ocurrió consultar la versión original de aquel fragmento de Across The Plains, por medio del, para mí imprescindible, Gutenberg Project, en Internet.

Rápidamente encontré el capítulo titulado Beggars, que mi vieja versión traducía como Los Pordioseros, y el fragmento al que me he referido, decía así:

Keats—John Keats, sir—and Shelley were his favourite bards. I cannot remember if I tried him with Rossetti; but I know his taste to a hair, and if ever I did, he must have doted on that author. What took him was a richness in the speech; he loved the exotic, the unexpected word; the moving cadence of a phrase; a vague sense of emotion (about nothing) in the very letters of the alphabet: the romance of language. 

Ahí estaba la solución, bien sencilla, por otra parte. No era “bravos”, sino “bardos” y todo quedaba claro en referencia a Shelley y Keats, dos extraordinarios bardos ingleses, que, indudablemente, hoy están entre mis bravos favoritos; una expresión que seguiré empleando y que tiene la ventaja de que puedo aplicarla, no sólo a poetas, sino a compositores, pintores, etc.



Y hasta aquí la anécdota.

En la citada trilogía, A través de las grandes llanuras [Del Atlántico al Pacífico], es la segunda parte, después de El Emigrante Amateur, obra en la que Stevenson relata su viaje a California, realizado en 1879, cuya primera parte tituló, From The Clyde to Sandy Hook – Desde Clyde hasta Sandy Hook

El Emigrante Amateur se publicó en 1895, cuando Stevenson ya había fallecido, en una versión abreviada que él mismo preparó el año anterior, a causa de la dureza de algunas descripciones, que, tal como habían aparecido en una primera edición, en 1880, le desaconsejaron sus familiares y sus colegas, y que su padre, Thomas Stevenson, se encargó de adquirir completa, considerando que desmerecía de la calidad literaria y del talento de su hijo.

La última parte, Los Colonos de Silverado, es un compendio de correspondencia y otros textos escritos por Stevenson durante el viaje y su estancia en California.

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Hay críticos que consideran a Stevenson sencillamente como autor de novelas de aventuras y relatos fantásticos para adolescentes, pero, en realidad, esta clasificación sólo afecta a una parte de su obra, que en general contiene narraciones de gran belleza y expresividad literaria acorde con la realidad, como ocurre, por ejemplo, con esta trilogía que el autor dedicó al fenómeno de la emigración. Stevenson es, sin duda, un gran narrador, técnica que domina con sorprendente naturalidad; ofrece diversos puntos de vista a través de diferentes personajes y es capaz de redactar escenas visuales, tan reales como imágenes, especialmente cuando trata de asuntos contundentes.

Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson.
Jorge Luis Borges
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Robert Louis Stevenson nació en esta casa, en el 8 de Howard Place, Edinburgh
Fotografía de Anthony Blagg

R.L.S. a los 20 meses
Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale University 

Stevenson -2 y 13 años-, con sus padres, Margaret Balfour y Thomas Stevenson

Su madre era la hija menor del reverendo Balfour, de una familia procedente de los llamados Borders, el territorio correspondiente a una antigua marca romana, entre el sur de Edimburgo e Inglaterra, mientras que el padre era un calvinista ferviente, cuya familia se había dedicado al diseño y construcción de faros, contribuyendo con ello a la seguridad del litoral escocés durante varias generaciones. Fue su abuelo materno, Louis, quien le bautizó, al más estricto estilo tradicional escocés, un mes después de su nacimiento, dándole los nombres, Robert y Lewis.

Su madre, que padecía de problemas pulmonares y sufría otras enfermedades de carácter nervioso, dejó la crianza de Robert Louis, en manos de varias nodrizas, entre las cuales destacó, desde mayo de 1852, Alison Cunningham –familiarmente, Cummy, a la que el escritor –llamado, también familiarmente, Smout, recordó siempre con singular afecto.

A finales de 1852, el niño enfermó gravemente, lo que llevó a sus padres a cambiar de residencia, en enero siguiente, atribuyendo la enfermedad a la cercanía entre la casa familiar y la llamada Water of Leith, para instalarse en Inverleleith Terrace -Edimburgo-. 

La casa familiar de los Stevenson en el 9 de Inverleith Terrace, Edinburgh 
Fotografía de Anthony Blagg

Pero en marzo, Robert Luis tuvo una grave recaída, cuyos efectos convirtieron los nueve primeros años de su vida en un verdadero suplicio, con múltiples deficiencias respiratorias, que le provocaban continuas recaídas. Cuando un médico asoció aquellas dificultades con el ambiente insano de la zona, los padres volvieron a cambiar de domicilio, pero, al parecer, demasiado tarde, pues la salud del niño había quedado definitivamente afectada.

En consecuencia, Robert Louis salía poco de casa donde hacía su vida junto a su querida Cummy, ya que la madre tampoco estaba en condiciones de hacerse cargo de su cuidado, y dado que el padre debía viajar frecuentemente, Cummy, al parecer una mujer dotada de poderosa personalidad, se convirtió en la segunda madre, primera mujer y ángel de la infancia del futuro autor, que escribirá sobre sus largas noches de fiebre y terrores, durante las cuales ella le cuidaba y tranquilizaba, en su poema North-West Passage, en A Child's Garden of Verses-, así como en Un capítulo sobre los sueños: Ensayos sobre el arte de la Ficción. 

También fue Cummy fue quien le habló de la historia de Escocia; de las persecuciones sufridas por los Covenanters presbiterianos durante el Killing Time, promovido por los monarcas Carlos II y Jacobo VII-, entre las que, a veces, intercalaba cuentos populares siempre relacionados con fantasmas y apariciones.

Tal como explicaría él mismo, la otra influencia que marcó su vida, fue, precisamente, el hecho de ser escocés; un niño escocés que oyó hablar mucho de naufragios, de arrecifes mortales, de tormentas sin piedad y de grandes faros, así como de montañas cubiertas de bruma y de salvajes clanes de Covenanters perseguidos… -A través de Escocia-.

En el otoño de 1856 llegaba a Inverleith su primo Bob, al que la familia pretendía alejar de la presencia de un padre enfermo de demencia, y que tenía tres años más que Robert Louis. Se convirtieron en compañeros de juegos y juntos inventaban historias que encontraban buen asiento en la ardiente imaginación del escritor.

Pero su mejor diversión la constituían las temporadas que pasaba en casa de su abuelo en el presbiterio de Colinton, a las que él se refiere como su Edad de Oro. Estaba cerca de Edimburgo y allí se encontraba con numerosos primos y primas, con los que era feliz, además de la presencia de la benévola Jane Whyte Balfour, la hija mayor del Lewis Balfour, a la que R. Louis se referirá como Auntie, en A Child's Garden of Verses; un paraíso infantil que duró hasta el fallecimiento del reverendo y su sustitución, que obligó a la familia a trasladarse a Londres.

Sus comienzos escolares fueron habitualmente interrumpidos y casi siempre abandonados, ya fuera a causa de su persistente enfermedad, o de la inestable salud de su madre.

En la primavera de 1863 -Louis tiene 13 años-, viaja por Italia durante un mes, seguido de cortas estancias en Austria y Alemania, durante el viaje de retorno. Volvió a casa cinco meses después, mostrando una evidente falta de ánimo para reanudar su accidentada vida académica. Tal disposición animó a su padre, a llevarlo consigo en un viaje, durante el cual debía inspeccionar los faros de la costa de Fife. El proyecto, llenó de ilusión a Louis, que lo definió como su primer viaje en calidad de hombre, sin vestiditos. Pero a la vuelta, su madre había recaído, lo que provocó la necesidad de que la familia se trasladara de nuevo, en este caso, al Sur de Francia, permaneciendo Louis en Burlington Lodge Academy, como interno, muy cerca de la casa de su querida Auntie en Spring Grove.

A pesar de que allí escribió algunos de sus primeros relatos de aventuras para la revista escolar, Louis no se sentía feliz, sino todo lo contrario, por lo que, atendiendo a sus ruegos, el padre decidió que se reuniera algún tiempo con su madre y con Cummy en el sur de Francia, en Mentón, donde permanecería hasta su vuelta a Edimburgo en mayo de 1864, con la promesa de su padre, de que no volvería a Spring Grove.

A los 14 años Louis entró en un colegio especial para niños con problemas de salud, donde encontró un ambiente más llevadero, pero, al parecer prestaba poca atención al aprendizaje, pues para entonces, ya estaba decidido a ser escritor.

1865

Febrero de 1865. Nueva interrupción de la vida escolar, para acompañar a su madre a Torquay, hasta octubre, cuando comienza un nuevo curso, al que, en esta ocasión asistirá, ya con cierta independencia familiar. Entonces crea una revista de la que sólo salieron tres números a principios de 1866, porque en abril tuvo que volver junto a su madre. 

Durante aquel verano empezó a escribir una novela sobre la insurrección de los Covenanters de 1666 en las Pentland Hills, un trabajo que no gustó demasiado a su padre, que le animó a intentar el relato histórico en lugar de la ficción. Luis aceptó la sugerencia y pasó el otoño escribiendo Pentland Rising, obrita de la que su padre hizo imprimir cien ejemplares en Edimburgo, adquiriendo él mismo, también en este caso, toda la edición, a pesar de lo cual, no dejaba de ser la primera obra de Stevenson, y se convirtió, con el tiempo en objeto de deseo para coleccionistas.

15 años c. 1865

A pesar de los continuos tropiezos e interrupciones, para seguir la tradición familiar, a los 17 años, en octubre de 1867, ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar Ingeniería. Aunque parece que tenía ciertas cualidades, tampoco se aplicó mucho; asentada ya su vocación de escritor, al parecer, se lanzó a una vida desordenada en compañía de una prostituta. Fue entonces cuando cambió su nombre inglés Lewis, por su equivalente francés, Louis.

Hacia 1871 (21 años.)

En el 71 abandonó la ingeniería que le hubiera llevado a la construcción de faros, pensando que los estudios de Derecho estaban más acordes con sus posibilidades físicas y su capacidad, y en esta ocasión, sí terminó los estudios, recibiendo el título en 1875, si bien jamás ejerció la abogacía.

1875, 25 años

El éxito de la titulación definitiva no causó gran alegría a su padre, que no podía olvidar la cosecha de disgustos que le había proporcionado Louis a lo largo de la carrera en Edimburgo. Además de las inesperadas compañías femeninas que elegía, desde el otoño de 1872, frecuentó el Club conocido por las siglas L.J.R. -Libertad, Justicia, Reverencia-, junto con un primo suyo. La sociedad promovía una rebeldía, próxima al ateísmo y rechazaba la obediencia a las imposiciones paternas. Para rematar el disgusto que todo esto supuso cuando llegó a conocimiento de su padre, en 1873, Louis le confesó abiertamente que había perdido la fe.

En 1876 recorrió los Canales de Anvers y Pontoise a través de Bélgica y Francia, una experiencia que después describió en un libro en 1878. Pero la vivencia fundamental en aquel momento, la constituyó su encuentro, en Barbizon, con Fanny Osbourne, una joven americana, pintora; unos diez años mayor que él; separada de su marido, y con tres hijos a su cargo, Isobel, Lloyd y Harvey.

Fanny Osbourne, hacia 1876, poco antes de su encuentro con Robert Louis Stevenson.

Retrato de Robert Louis Stevenson par Fanny Osbourne, 1876

Fanny había dejado a su marido, cansada de sus infidelidades y su inconstancia, viajando a Europa con sus tres hijos, para tratar de ser admitida en la l'Académie Royale des Beaux-Arts d'Anvers. Sorprendida y frustrada al saber que aquella Academia no aceptaba mujeres, tuvo que irse a París, para trabajar en un taller. Pero allí murió su hijo menor, Harvey -de la terrible tuberculosis-, y cuando Lloyd enfermó a su vez, Fanny no dudó en dirigirse a Grez, donde se le dijo que el clima sería más propicio para la salud del pequeño.

Stevenson en Barbizon en 1876 o 1877

Fanny y Louis se reunieron en el verano de 1877 en Grez y en octubre, volvieron a verse en París, siempre, y casi desde el primer momento, con la idea de casarse de inmediato, algo que no era posible, ya que Fanny no estaba divorciada, lo que la obligó a volver a California en 1878 para regularizar su estado lo antes posible. 

Louis deseaba fervientemente acompañarla, pero no disponía de medios económicas y, además, su padre, le amenazaba con retirarle una última y pequeña asignación -sin la cual se habría quedado literalmente sin comer-, en el caso de insistiera en seguir adelante con la idea de aquella boda.

Sus dificultades económicas y la falta de proyectos realizables le hicieron reflexionar sobre sus decisiones, de modo que optó por retirarse algún tiempo a Monastier-sur-Gazeille. 

Bosquejo del Château de Beaufort, realizado por Stevenson durante su estancia en Monastier

Château de Beaufort (Goudet - Haute-Loire), testigo de la terrible Guerra de los Cien Años y de las más terribles todavía, Guerras llamadas, de Religión

A partir de allí, inspirado por la lectura y la experiencia de George Sand, emprendió un viaje en solitario, que después también describió en Viaje con un asno por las Cévennes publicado en 1879, efectuando un recorrido que hoy se conoce como el Camino Stevenson. Viajó efectivamente solo, con una burra llamada Modestine, que compró por 65 francos y un vaso de aguardiente, y a la que sólo cargaba con lo necesario para dormir.

Travels with a Donkey in the Cévennes - French Highlands-. Portada de Walter Krane

Salió el 22 de septiembre de 1878 y recorrió 230 kilómetros. Pero sus sueños no cambiaron, y a pesar de la oposición familiar, acto seguido, decidió viajar a California para reunirse con Fanny Osbourne.

Salió pues, de Glasgow el 7 de agosto, llegando a Nueva York el 18 y, tras un viaje en ferrocarril, se reunió finalmente con Fanny en Monterrey, donde todavía soportaron una larga espera hasta que por fín se produjo el divorcio en enero de 1880.

Para entonces, Stevenson, que seguía sin trabajo y sobrevivía con grandes dificultades escribiendo artículos para el periódico local Monterey Californian, se fue a San Francisco, donde buscó trabajo en periódicos e incluso en el puerto, sin encontrar nada que pudiera proveer a su mantenimiento.

En marzo de 1880, Robert Louis estuvo a punto de morir de neumonía, pero al parecer, se recuperó gracias a los constantes cuidados de Fanny, que pasó seis semanas sin separarse de su lado. Ya casi restablecido, pudo finalmente casarse con ella el 19 de marzo en San Francisco, emprendiendo un curioso viaje de luna de miel, junto con Lloyd, el hijo de Fanny, que pasaron en una mina abandonada en California; Stevenson lo relataría en Los Colonos [Ilegales] de Silverado, en 1883. 

The Silverado Squatters. De un dibujo de J. D. Strough

Finalmente, el 17 de agosto de 1880 estaban de vuelta en Escocia, donde, para su mala fortuna, el verano siguiente fue muy lluvioso, provocando una fuerte recaída al escritor, cuyo médico le aconsejó no salir de casa, y fue entonces, ya a finales de agosto de 1881, cuando, el hecho de dibujar el plano de una isla del tesoro para Lloyd, que por entonces tenía 12 años, le inspiró para escribir una historia con el mismo título. El proyecto le ayudó a recuperar la confianza a su padre, Thomas Stevenson, pero Louis se quedó atascado en el capítulo 15.

El plano que inspiró La Isla del tesoro

A partir de 1880, Stevenson viajó por Escocia e Inglaterra y permaneció algún tiempo en Davos, donde, a partir del 18 de octubre de 1881, esperaba recuperar la salud con la ayuda del clima apropiado, a cuyo efecto el de Davos, en Suiza, era ya muy famoso. Y allí, al poco tiempo, reapareció la inspiración perdida, dando fin, en dos semanas, a los 15 capítulos que faltaban para completar La Isla del Tesoro. Poco después recibía los 30 primeros ejemplares del libro.

Después pasó los años 1883 y 84 en Hyères, en una casa llamada Solitude, de la que escribió: Este rincón, nuestro jardín y nuestra vida son casi celestiales. Canto todos los días con Bunian, el gran bardo y vivo cerca del Paraíso. Posteriormente escribiría: Feliz, fui una vez, y fue en Hières.

En 1887, tras el fallecimiento de su padre, volvió a los Estados Unidos, donde fue recibido por la prensa neoyorkina como una estrella, tras el éxito de El Extraño caso del Doctor Jekill y M. Hyde, de 1886. Después pasó el invierno en los montes Adirondacks, al norte de Nueva York, esperando, como siempre, una mejora en su salud. La primavera siguiente, viajó a Oceanía, visitando las Islas Marquesas, las Gilbert y las de Samoa.

1887

Estando de moda entonces los escritores Naturalistas, Stevenson, se hallaba entre estos y los principios del Impresionismo, teniendo el privilegio y la sabiduría de saber entremezclar ficción y realidad, además de que, por otra parte, procuraba no perder oportunidad de desacreditar a sus contemporáneos victorianos, sin atacarlos, es decir, ofreciendo por su parte todo lo contrario de lo que estos representaban, a través de una prosa realista y generosa con el ser humano.
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En cuanto a Fanny Van de Grift/Osbourne/Stevenson había nacido en Indianápolis, el 10 de marzo de 1840. A los 17 años se casó con Samuel Osbourne, el ayudante del gobernador del Estado, naciendo su hija Belle, un año después. 

Su marido participó en la Guerra de Secesión, tras la cual llegó a las minas de Nevada, donde decidió instalarse, organizando la ida de su esposa y su hija, que ya tenía cinco años y que sufrieron un largo y duro viaje, pasando por Nueva York, el istmo de Panamá y San Francisco, y viéndose, a partir de entonces, obligadas a recurrir a caravanas, carros y diligencias, para poder atravesar el río Reese y el pueblo de Austin, para, finalmente, afrontar una vida llena de dificultades, como era la del poblado minero, donde incluso, apenas había mujeres. Allí, Fanny aprendió a manejar armas y a preparar sus propios cigarrillos.

Después se trasladaron a Virginia City, en Nevada, donde su marido empezó a familiarizarse con un mundo nuevo de alcohol y mujeres, desapareciendo en 1866. Fanny y su hija se vieron obligadas a volver solas a San Francisco, donde les llegó el rumor de que Samuel, su esposo había muerto bajo las garras de un oso. Pero finalmente, volvió a reunirse con Fanny, y en 1868, nació su segundo hijo, Samuel Lloyd, lo que no impidió que el padre volviera al ambiente nocturno y mujeriego, motivo que hizo que Fanny se decidiera a abandonarlo, volviendo a Indianápolis. A pesar de todo, volvieron a reunirse una vez más en 1869, en Oakland, trayendo al mundo un tercer hijo, al que llamaron Harvey

Pero Samuel ya nunca abandonó sus aficiones. Al principio, Fanny se centró en la pintura y la jardinería, pero en 1875 decidió abandonarlo todo y marcharse a Europa con sus hijos.

Tras pasar algún tiempo en Amberes, decidió instalarse en París, para que su hija pudiera estudiar Arte. En cuanto al hijo pequeño, falleció pronto de tuberculosis, siendo enterrado en el cementerio Père Lachaise

Fue en París donde conoció Stevenson, quien, como sabemos, tras esperar unos años a causa de su falta de ingresos, decidió seguirla a California, cuando Fanny había ido a resolver su divorcio. Se casaron en 1880, en el caso de Louis, en contra de toda su familia. Recordemos que Stevenson escribió The Silverado Squatters, inspirado durante el período de su luna de miel, relato al que seguiría The Amateur Emigrant, sobre su propia experiencia del viaje a América. Es un hecho que su vida matrimonial influyó muy positivamente en su carrera literaria.

En el 89 Stevenson viajó a Samoa para hacer una serie de reportajes sobre los Mares del sur, pero el año siguiente enfermó, lo que le decidió a instalarse en Vailima, donde invirtió el pequeño capital que tenía en adquirir un terreno al sur de Apia, la capital de Samoa. Desde allí escribió a su familia, el 20 de enero de 1890, diciendo que aquel clima sería beneficioso para su salud, lo cual sorprendió a todos, ya que hasta entonces, aquel territorio era considerado poco apropiado para un europeo, incluso sano, a causa de su altísimo nivel de humedad. Sorprendentemente, Stevenson alcanzaría allí una llamativa mejoría.

Durante la guerra de Samoa en 1893, Stevenson tomó partido por sus nuevos y hospitalarios amigos frente a Alemania, lo que le valió el agradecimiento eterno de los mismos, que, en adelante, le llamaron Tusitala, el Contador de Historias.

1893
Fotografía de Henry Walter Barnett. State Library of New South Wales

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Stevenson murió a los 44 años y fue enterrado, de acuerdo con su deseo, frente al mar, en la cima del monte Vaea. Su entierro se convirtió en un homenaje por parte de los hospitalarios samoanos. Sobre su lápida se inscribieron como epitafio, los primeros versos de su poema Réquiem, compuesto en 1884, durante su feliz estancia en Hières.


44 años-1894

Tumba de Stevenson en el monte Vaea, Samoa
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Fanny murió en Santa Bárbara, California, 20 años después, el 8 de febrero de 1914. El año siguiente sus restos fueron incinerados y su hija llevó las cenizas a Samoa, donde las depositó junto a las de Stevenson. Sobre la piedra hizo grabar el nombre por el que Fanny fue conocida en Samoa: Aelele, Nube Voladora.


La prensa de California anuncia el fallecimiento de la Viuda de R.L. Stevenson, natural de Indianápolis.


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miércoles, 14 de febrero de 2018

Vincent van Gogh • El Viñedo Rojo • Anna Boch



El viñedo rojo fue la única pintura que Van Gogh vendió en su vida.
La adquirió Anna Boch, pintora belga del Grupo de Les XX

LOS VEINTE – LES XX

En Bruselas, durante el otoño de 1883, un grupo de artistas insatisfechos con las fórmulas y principios instaurados en torno al arte, se reunieron para acordar una especie de declaración de independencia artística. Decidieron llamarse Los Veinte, porque ese era el número de sus componentes, pero también porque fijaron la línea de su horizonte en el siglo que se aproximaba; el XX.

Octave Maus -crítico de arte, escritor y abogado belga-, fue el secretario del grupo, y el encargado de promover el proyecto y a sus artistas, lo que hizo, en buena parte, a través de la revista L’art moderne.

Entre 1884 y 1893, organizó exposiciones anuales a las que invitaba a los artistas más destacados de la vanguardia pictórica del momento en torno a París.

Théo van Rysselberghe: Retrato de Octave Maus como un dandy. 1885

Los Veinte seguían, en principio, la estela de Courbet, la de los pintores de la Escuela de Barbizon, la de Manet y la de Whistler, aun sin ser propiamente impresionistas –suponiendo que el término tuviera un sentido que pudiéramos precisar en pocas palabras y adjudicar con propiedad a algunos artistas-.



El grupo, que se  fue radicalizando gradualmente en sus presupuestos artísticos, alcanzó su mejor momento alrededor de 1888. Los artistas más conservadores lo abandonaron, algunos por decisión personal o desacuerdos, y otros, por decisión de Maus, quien, a la vez, admitía la integración de otros más innovadores, como Seurat y Signac, que conformaron otro grupo en Bélgica, bajo las mismas perspectivas, y al que se adhirieron, James Ensor, ya más expresionista, o quizás, más surrealista, así como el co-fundador asturiano Darío Regoyos, mejor integrado en el Impresionismo.

Théo van Rysselberghe: Retrato de Darío de Regoyos con guitarra, 1885.

Entre los más jóvenes de sus componentes, aparece la figura de la pintora y coleccionista belga Anna Boch, que ha pasado a la historia, no sólo por su excelente obra pictórica, sino también porque fue ella quien adquirió, en 1890, El Viñedo Rojo, la obra a la que vamos a referirnos. 

Theo van Rysselberghe, retrato de Anna Boch, c. 1889, 
Museum of Fine Arts, Springfield, MA

Cuando Van Gogh fue invitado a presentar una muestra de su obra en la exposición de Les XX del año 1890, respondió de inmediato, ofreciendo una lista de pinturas que consideraba las más apropiadas para el evento, entre ellas, El Viñedo, que finalmente se colgó en la Exposición de Bruselas y, como hemos dicho, fue adquirido por Anna Boch. 

Octave Maus había enviado una carta a van Gogh el 15 de noviembre de 1889 invitándole a exponer en el Salón de Les XX en Bruselas.

La asociación le ruega amablemente, señor, que nos informe lo antes posible si acepta la invitación, ya que el número de participantes está estrictamente limitado, y también que nos informe antes del 15 de diciembre (1889) de las notas y comentarios que desea ver en el catálogo

El día 20 del mismo mes, van Gogh, le contestaba:

Señor, acepto con placer su invitación a exhibir con los Vingtistes. Y acompañaba una lista de los lienzos que proponía, entre las cuales se encontraban dos de Los Girasoles y El Viñedo.

Un año antes, en carta del 2 de octubre de 1888, Vincent había escrito a Eugène Boch:

En fin, tengo que irme a trabajar en la vigne cerca de Mont Major. Es completamente púrpura, amarilla verde bajo un cielo azul, un buen motivo de color.

Ciertamente, en aquel momento; septiembre-octubre 1888, Vincent trabajaba inmerso en el estudio de los efectos de color, y su preocupación por el resultado de sus experiencias aparece en numerosas reflexiones en torno a obras de la época, tales como: Le Café de nuit, la Nuit étoilée sur le Rhône o la Terrasse du café le soir.

Nuit étoilée sur le Rhône

Cartel de la Séptima Exposición Anual de Les XX, en 1890

La primera –y única- artista Vingtiste, y el primer artista Vingtiste Invitado, son, precisamente: Anna y su hermano, Eugène Boch.

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La exposición de Les XX se inauguró el 18 de enero y permaneció abierta hasta el 23 de febrero de 1890. 

Dos días antes de la inauguración, Henry de Groux anunció que sus obras no se presentarían junto al abominable Jarrón de Girasoles de Monsieur Vincent o cualquier otro provocador. Posteriormente, en la cena de inauguración, volvió a atacar las pinturas de Van Gogh –que, además, no se hallaba presente-, y dijo que se trataba de un ignorante y un charlatán.

En el otro extremo de la mesa, Lautrec se levantó de repente, agitando los brazos, y gritó que era un escándalo criticar a un artista tan grande. De Groux le retó y se produjo un tumulto. Después, Signac anunció fríamente que si retaban a Lautrec él mismo asumiría el duelo en su defensa. 

H. de Groux

Esa misma noche, Les XX expulsaron a De Groux de la asociación, pero al día siguiente se disculpó y se le permitió renunciar, y así se evitó el duelo. Paul Signac pronto se convirtió en uno de los miembros nuevos elegidos para Les XX.
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Los Artistes Indépendants, habían colaborado estrechamente con Les XX en Bruselas, planteando presentar a Van Gogh al público en París. Finalmente se expusieron diez de sus pinturas en la Sexta Exposición Anual, del 20 de marzo al 27 de abril de 1890. Duez felicitó a Van Gogh, y durante el desarrollo de la muestra, Théo van Gogh escribió a Vincent, el 23 de abril que Monet había dicho que sus obras habían sido las mejores de la exposición.

Algunas pinturas de Van Gogh en la Exposición de los Artistes Indépendants:

Lever de soleil en Provence. Hoy en paradero desconocido

Girasoles (Arles, agosto de 1888). National Gallery, Londres

Girasoles (Arles, agosto de 1888). Neue Pinakothek, Munich

Verger d'oliviers en Provence. Neue Pinakothek, Munich
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Les XX, 1890

Bruselas era entonces una importante prueba de fuego para alcanzar el reconocimiento entre la avant-garde pictórica. sabiendo que la participación en la exhibición anual de Les XX era sólo para miembros o por invitación, se supone que la elección de Van Gogh demuestra que se le valoraba entre los mejores representantes de las nuevas tendencias.

En noviembre de 1889, Van Gogh seleccionó seis de sus pinturas y agregó algunas indicaciones sobre su elaboración, que Octave Maus le había pedido en la carta de invitación de, del 15 de noviembre de 1889, incluyendo también algunos detalles sobre su personal formación artística. 

En su carta a Maus, de fecha de 20 de noviembre de 1889, Vincent proponía los títulos que deberían aparecer impresos en el catálogo, mencionando asimismo su opinión acerca de cómo debían ser colocados.

1. Girasoles
2. Girasoles
3. Le Lierre-Ivy
4. Jardín florido (Arlés)
5. Campo de trigo al amanecer. (Saint-Rémy)
6. El Viñedo Rojo (Mont-Majour).

"Ivy", el número 3 de la relación se ha perdido, sin dejar rastro, desde la II Guerra Mundial, siendo Hermann Göring la última persona fotografiada -por Hans Hoffmann-, con esta tela, mientras se almacenaba, junto con otras obras de arte confiscadas a coleccionistas franceses judíos.

Cada una de las seis pinturas estaba dominada por uno de los seis principales colores -amarillo, rojo, azul, y sus complementarios, naranja, verde, y violeta-. Utilizó amarillo y naranja en las dos versiones de los girasoles-, rojo en el viñedo, verdes en la hiedra, azul en el huerto, y violeta en el campo. Por lo tanto, su selección contenía el espectro completo.

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Recordemos ahora que Eugène Boch, el hermano de la pintora y coleccionista, Anna Bosch, también pintor impresionista, era muy buen amigo de Van Gogh, quien había hecho su retrato en Arlés, en el otoño de 1888, y que lo mantuvo algún tiempo colgado junto a su cama, como sabemos por su célebre Habitación de Arlés

Dormitorio de Arlés. Primera versión, 1888. Museo Van Gogh, Amsterdam

Van Gogh conoció a Eugène Boch a mediados de junio de 1888, cuando este pasaba unas semanas en las proximidades de Arlés. Hacia el 8 de julio, Vincent mencionaba a Boch en una carta a Théo:

Me gusta mucho el aspecto de este joven con su cara diferente, como una hoja de afeitar, y sus ojos verdes. 


El 11 de agosto, el proyecto de su retrato empezaba a definirse: 

Me gustaría pintar el retrato de un amigo artista, un hombre que tiene grandes sueños, que trabaja como el ruiseñor canta, porque es su naturaleza hacerlo. Este hombre es rubio. Me gustaría transmitir en la imagen mi aprecio, el amor que tengo por él. Así que lo pintaré tal como es, tan fielmente como pueda [...].

Detrás de su cabeza, en lugar de pintar la pared normal de este apartamento en mal estado, pintaré el infinito, haré un fondo simple del azul más rico, el azul más intenso que puedo crear, y con esta sencilla combinación de la cabeza luminosa contra este rico fondo azul, obtendré un misterioso efecto, como una estrella en las profundidades de un cielo de azur.

Dos semanas después, Boch posó para Van Gogh. 

Bueno, gracias a él tengo por fin el primer boceto de esta pintura con la que he soñado durante tanto tiempo: El Poeta. Posó para mí. Su bella cabeza con sus ojos verdes destaca en el retrato contra un cielo estrellado de azul profundo ultramarino, viste una chaqueta amarilla corta, un cuello de lino crudo y una corbata de colores.

Eugène Boch. Le Poète ou Le Peintre aux Ètoiles

Aunque van Gogh todavía lo consideraba un "boceto", enmarcó el retrato y sabemos que estuvo colgado en la pared de su dormitorio en la Casa Amarilla, tal como aparece en la primera versión de la Habitación; la de Ámsterdam, junto al de Paul Eugene Milliet, titulado El Amante. En todo caso, estaba concluido para el 18 de septiembre de 1888.

Con respecto a este retrato, parece ser que Eugène Boch mostró interés por obtenerlo. Poco después de la muerte de Vincent van Gogh, su deseo llegó a conocimiento de Johanna van Gogh Bonger, la cuñada de Vincent -fallecido el 29 de julio de 1890- y también, ya viuda de Theo van Gogh -fallecido a su vez, el 25 de enero de 1891-:

El 23 de julio de 1891, Johanna escribía a Eugène Boch:

He oído que te gustaría tener el retrato, que Vincent te hizo en Arlés en 1888. Sería un placer para mí dártelo como recuerdo de los dos hermanos, ya que sé bien el afecto que sentías por ellos.

Del mismo modo, cuando Eugène Boch murió en su casa Villa Grimpette en Monthyon, el 3 de enero de 1941, su hermana Elisa Blondel (Boch), que estaba con él, escribió en su diario:

Fue durante el crudo invierno de 1940-41. Después del 26 de diciembre de 1940, mi hermano tuvo que quedarse en la cama. Las líneas telefónicas estaban cortadas, había demasiada nieve en las carreteras para ir a cualquier sitio. No había posibilidad de salir de la casa, o llamar a un médico. Cuando Eugène no podía moverse ni hablar, su mirada estaba fija en el retrato que Van Gogh le había pintado. Lo miraba con admiración, como si quisiera decir: -¡Qué hermoso es! ¡y cuánto me hubiera gustado ser capaz de pintarlo!


Reconstrucción del retrato de Boch en La Habitación de Arlés
En este caso, junto al autorretrato del propio V. van Gogh.

Eugène Boch fue un buen amigo de Van Gogh -probablemente, el único en aquella época-; al menos así lo demuestra el mutuo afecto expresado en distintas ocasiones por ambos y, posteriormente, recordado por sus familiares.

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El Viñedo Rojo. Vincent van Gogh, 1888. Museo Pushkin, Moscú

El Viñedo fue muy discutido, tanto a favor como en contra. Se ha dicho que es probable que Anna lo adquiriera para satisfacer a su hermano, al que también estaba muy unida, aunque es posible que también lo hiciera para mostrar con tal actitud una clara posición pública de apoyo al pintor, ante los ataques de Groux y el escándalo subsiguiente. El hecho es que, al tomar aquella decisión, sea por la razón que fuere, Ana Boch pasó a la historia de la pintura como la única y especial benefactora de Van Gogh, lo que quizás pudiera hacernos deducir que la obra le pareció interesante en sí misma, como conocedora, adelantada a su tiempo en la visión artística. Son pocos los artistas que han alcanzado el atractivo, y más aún, el valor económico que hoy tiene cualquier tela del artista belga.

La revista L'Art moderne, editada por Octave Maus, presentó a Van Gogh como uno de los artistas más debatidos del momento, con la ayuda de Henry de Groux, pero Vincent no olvidaría la carta de Théo, en la que le informaba de que Claude Monet había declarado que sus obras eran las mejores de la exposición.

Pasado un tiempo, el famoso coleccionista ruso Sergei Shchukin compró El Viñedo; obra que posteriormente fue nacionalizada con el resto de la colección de Shchukin y que, finalmente, pasó a formar parte de las colecciones del Museo Pushkin de Moscú.

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VAN GOGH EN ARLÉS

Entre febrero de 1888 y Mayo del 1889, en Arlés, Van Gogh realizó, alrededor de 300 obras. Muchos críticos consideran que este período fue el más creativo de su carrera y quizás el más agradable de su vida, a pesar de su brevedad. 

Aunque todavía hay muchos aspectos por resolver en torno a su vida, y, más aún, en torno a su muerte, en realidad, buena parte de sus mejores obras, e incluso algunas de las que él llegó a estar más satisfecho –si podemos decirlo así-, fue creada durante aquella estancia.

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Anna Boch

Llamada, en realidad, Anna Rosalie, nació en Hainaut, Bélgica, el 10 de enero de 1848, falleciendo en Ixelles, Bruselas, el 25 de febrero de 1936, en cuyo cementerio descansan sus restos,

Encuadrada como neo-impresionista, al principio empleó la técnica puntillista, pero destacó más en su calidad de impresionista propiamente dicha, que fue el estilo que más se impuso en su obra. Fue alumna de Isidore Verheyden, aunque también recibió una notable influenciada de Théo van Rysselberghe -que también era de Les XX-, quien le hizo el conocidísimo retrato que figura al principio.

Pequeña GALERÍA Anna BOCH


Granja. Col. Privada. 1907

Casas de Labranza

La Louvrière, 1910

Calle Italiana

Remendando Redes

Casas Rosas y Amarillas

Ruinas de Château Gayllard

La Recolectora, c. 1890



La Moisson/ Cosecha


Anna legó 140 de sus propias pinturas a su ahijada Ida van Haelewijn, hija de su jardinero, a la que pintó varias veces, cuando era aún una niña, en el jardín de su casa. Ida las conservó hasta 1992.




Côte de Bretagne


Vista de Veere

Rincón del Viejo Bruselas, 1935

El historiador belga Thomas Therèse publicó un catálogo razonado de la obra de Anna Boch en 2005.

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Anna Boch en su Taller, c.1890

Anna Boch en su Villa de Bruselas

Anna y Eugène en 1930

Anna Boch Murió en Ixelles, Bruselas, el 25 de febrero de 1936.

Además de sus propias pinturas, la importante colección que había reunido, se vendió tras su fallecimiento, cumpliendo su voluntad de que parte del valor obtenido con la venta, fuera empleado en mantener a artistas pobres en su ancianidad. 


Leszek Jasionowski 

sobre fondo de El Viñedo Rojo

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