domingo, 8 de septiembre de 2019

Gustave Flaubert • Ser Literatura


Retrato de Flaubert realizado por Thomas Couture (1815-1879), u otro artista de su círculo. En la parte inferior, a la derecha, se lee: «À Gustave Flaubert 
(AR  S E.)», quizás, «Artiste». Vendido en París el 24 de marzo de 1999.

Rouen, 2.12.1821- Croisset, de la Commune de Canteleu, 8.5.1880.

La biografía de Gustave Flaubert, en sí misma, no constituye exactamente nuestro objetivo, sino en lo que afecta a su obra y a sus relaciones con el mundo literario de su tiempo, reflejadas ampliamente en sus escritos y opiniones, por ejemplo, las que conocemos por haber sido cuidadosamente anotadas por los hermanos Goncourt en su Diarios. Parece, pues, conveniente, situar esas ideas en el contexto social, al que Flaubert pertenecía, pero que parecía aborrecer, a pesar de hallarse inmerso en el mismo.

Nacido en una familia burguesa católica, de antepasados protestantes, era el segundo hijo de Achille Cléophas Flaubert (1784-1846), cirujano jefe muy ocupado en el Hôtel-Dieu de Rouen, y de su esposa, Anne Justine Caroline Fleuriot (1793-1872), hija de un médico de Pont-l’Évêque.

Tuvo después una hermana y dos hermanos que fallecieron en la infancia. Al parecer -y esto sí puede ser un dato significativo, se vio prácticamente anulado por la existencia de su hermano mayor, brillantemente educado y, él sí, muy admirado por la familia. Se llamaba Achille, como el padre, al que sucedió como Cirujano Jefe en el Hospital de Rouen. Así pues, al parecer, Gustave pasó una infancia solitaria -su padre pasaba los días íntegramente entregado a su trabajo-, si bien, se dice que el aislamiento fue suavizado, hasta cierto punto, por la complicidad con su hermana, Caroline, tres años menor que él.

Adolescente muy atraído por el romanticismo, encontró una vía de expresión en la escritura, puesto que el programa de estudios del Collège Royal, donde estaba interno, nunca logró despertar su interés. Pasó después, en 1832, al Liceo de Rouen, donde conoció a Ernest Chevalier, con el que fundó, en 1834, Art et Progrés, un periódico manuscrito en el que publicó su primer artículo. La amistad entre ellos duró más de quince años, hasta que Flaubert dejó de creer en él, tal como explica detalladamente en una carta escrita a su madre, fechada el 15 de diciembre de 1850: 

«¡El bueno de Ernest! Ahí lo tienes, casado y magistrado. ¡Qué mezcla de señor y burgués! Ahora, más que nunca, va a defender el orden, la familia y la propiedad; no ha hecho sino seguir el camino más “normal”.
Antaño también fue artista; llevaba siempre un cuchillo encima e imaginaba planes dramáticos. Después fue un estudiante juerguista del Barrio Latino, y llamaba “amante” a una mujercita a la que escandalizaban mis ideas cuando iba a verle en su apestosa casa. Entonces, despotricaba en La Chaumière y tomaba vino blanco en la taberna Voltaire. Cuando se doctoró, empezó su papel cómico de señor serio, para continuar la tarea del cómico señor serio, que le había precedido.
Asumió un aspecto de gravedad para ocultar sus pequeñas trampas y, definitivamente, se compró un buen reloj y renunció a la imaginación; ¡qué triste debió ser aquella separación! Me parece horrible cuando lo pienso. Ahora, estoy seguro, atruena contra las doctrinas sociales y habla del edificio, de las bases, del timón...
Como magistrado, reaccionario; como casado, cornudo, y así pasa la vida, entre su mujercita, sus niños y las ignominias de su oficio. Ahí tienes al valiente que reúne en su persona todas las condiciones de la humanidad. ¡Uf! hablemos de otra cosa."

En 1839 fue expulsado del Liceo por indisciplina, y terminó el bachillerato, “libre”, en 1840. Tras aprobar el examen, sus padres le financiaron un viaje a los Pirineos y a Córcega, que después contó en una obra de juventud, publicada de manera póstuma, bajo el título de Voyage dans les Pyrénées et en Corse y en algunas ediciones de las Mémoires d’un fou / Memorias de un loco.

El primer acontecimiento notable en su juventud, fue cuando conoció a Élisa Schlessinger, en Trouville-sur Mer, durante las vacaciones del verano de 1836. La amó con una pasión duradera y no correspondida, que llevaría después a su novela L’Éducation sentimentale, en la que destaca la célebre página de la “aparición” de la señora Arnoux, ante la mirada del joven Frédéric, así como el último y conmovedor encuentro entre ambos.

Caroline-Élisa-Augustine Foucault, (Vernon, 23.9.1810 – 11.9.1888), más conocida como Élisa Schlésinger. Viuda de Émile-Jacques Judée, se casó, en 1840, con el berlinés Maurice Schlesinger, con el que ya vivía ocho años antes. Schlesinger, antiguo húsar, era director de la Gazette et revue musicale de Paris, y de él escribió Wagner  en su “Memorias” que era un hombre duro y sin escrúpulos para los negocios, y, a su vez, el Jean Arnoux de la Educación Sentimental, del que Flaubert escribió que todo aquel que quisiera ser alguien en la música, debía acudir a él.

Aunque separada, Élisa seguía legalmente casada con Judée, cuando tuvo a su hja Marie-Adèle-Julie-Monica, el 19 de abril 1836; Schlésinger la reconoció, pero la inscribió como «de madre desconocida» tras un acuerdo con el marido legal.

Ya conocida como Madame Schlésinger, pasó a la posteridad como objeto de la pasión de Flaubert, en la que se mezclaron permanentemente aspectos muy sentimentales y muy turbulentos.

Su primer encuentro en Trouville, durante el verano de 1836, como hemos apuntado, dejó una marca imborrable y dolorosa en el escritor, once años más joven que ella, todavía no divorciada -no existía el divorcio-, ni viuda, ni casada con Schléssinger, pero, todo un poco a la vez; tuvo otro hijo en 1842, reconocido legalmente, como de su matrimonio.

Flaubert publicó Memorias de un loco en 1838; toda la novela era un reflejo de Élisa.

Élisa Schlésinger con su hija. 1838

Para poder seguir su relación con ella, Flaubert mantuvo correspondencia con Schlésinger, al que de esta manera pudo visitar cuando estudiaba en París, hasta que estos se trasladaron a Baden en 1852. Hablará de estas penas amorosas también en Madame Bovary

Ya en 1863, Maxime du Camp, que vivía entonces en Baden-Baden, escribió a Flaubert una carta en la que le informaba de que Élisa estaba internada en una casa de salud, afectada por depresión.

Flaubert volvió a Trouville el año siguiente y allí revivió su angustiado amor; fue entonces cuando empezó a escribir L'Éducation sentimentale

En 1871 Élise enviudó por segunda vez y volvió a Trouville por asuntos de herencia y se sabe que visitó a Flaubert en Croisset. La última carta cruzada entre ambos, aparece fechada el 8 de octubre de 1872

De todo ello, resulta que la vida de Élise Schlésinger constituyó una cadena de sufrimientos y renuncias sobre las que siempre guardó silencio; sus cartas a Flaubert revelan un profundo sentimiento, aunque, contenido.

Élise murió en un asilo para alienados en Illenau, en 11 de septiembre de 1888. Se ignora si llegó a saber del fallecimiento de Flaubert, ocho años antes.

Libre del servicio militar, por sorteo, en 1841 empezó a estudiar Derecho, en París, porque sus padres deseaban que fuera abogado, aunque él mismo nunca mostró el menor interés por tales estudios, así que llevó una agitada vida bohemia, entregado a la escritura y conoció a los personajes más relevantes del mundo de las artes, como el escultor James Pradier, y de la literatura, como Maxime Du Camp, que se convertiría en un gran amigo, así como al poeta y autor dramático Víctor Hugo.

1. Pradier; 2. M. Du Camp, bronce de Pradier, en el Louvre; 3. Un joven Víctor Hugo

Tras superar una grave crisis de epilepsia, en 1844, Flaubert abandonó definitivamente los estudios de Derecho, que ya aborrecía, y volvió un tiempo a Rouen, antes de instalarse, en junio del mismo año en Croisset, a las orillas del Sena, a pocos kilómetros de Rouen, río abajo. Allí escribió algunas novelas y una primera versión de L’Éducation sentimentale.

A principios de 1846, murieron, con pocas semanas de intervalo, su padre y su hermana pequeña, esta última, solo dos meses después del alumbramiento de una niña, Caroline, de la que Flaubert se hizo cargo. El padre dejó una herencia valorada en medio millón de francos, con lo que el escritor pudo vivir en adelante, de las rentas, y dedicarse por completo a escribir. 

En la primavera del mismo año, empezó una relación con la poetisa Louise Colet, siempre convulsa e intermitente, pero que duraría una decena de años.

Gustave Flaubert y Louise Colet

Hacia los veinte años, Louise Révoil, movida, en parte, por el deseo de escapar de la vida provinciana y, en parte, por el de vivir en París, se casó con Hyppolytte-Raymond Colet, un músico académico. Apenas llegada a la capital, ya como Louise Colet empezó a publicar sus poemas y pronto obtuvo el Premio de l’Académie Française, dotado con dos mil francos, que sería el primero de los cuatro que recibió en total. En su salón literario de la calle Breda, frecuentó a muchos de sus contemporáneos del mundo literario parisino, tales como Victor Hugo, Alfred de Musset, Alfred de Vigny o Charles Baudelaire, así como a numerosos pintores y políticos.

1. Alfred de Musset; 2. Alfred de Vigny; 3. Charles Baudelaire

En 1840 Louise Colet traía al mundo a su hijita Henriette, pero, ni su marido, Hippolyte, ni su amante de aquel momento, Victor Cousin, reconocieron la paternidad. El periodista Alphonse Karr reveló en un panfleto los detalles del adulterio. Enfurecida, Louise Colet le atacó con un cuchillo de cocina que intentó clavarle en la espalda. Kerr, que solo recibió un rasguño, elegantemente, renunció a denunciarla, para tranquilidad de Víctor Cousin.

Casi acto seguido, Louise se hizo amante de Flaubert, aunque todavía no era muy conocido. Le seguirían, Alfred de Vigny, Alfred de Musset y Abel Villemain; quizás menos conocido que los anteriores, pero que fue maestro de la que se puede llamar Generación de 1830, a la que enseñó a apreciar la poesía inglesa, alemana, española e italiana, así como a los autores clásicos, tanto los propiamente dichos, de Grecia y Roma, como a los así considerados en la literatura francesa.

Louise Colet y su hija Henriette. 1842

Hasta que se produjo la ruptura definitiva, Gustave mantuvo con ella una considerable correspondencia en la cual hablaba de sus puntos de vista sobre el trabajo de escritor, incluyendo su apreciación de las más estudiadas sutilezas de la lengua francesa, así como de sus ideas sobre las relaciones entre hombres y mujeres. La última carta de Gustave a Louise Colet está fechada el día 6 de marzo de 1855. 

Retrato de Flaubert por Eugène Giraud, hacia 1856

Flaubert -cuyo aspecto físico era cada vez de mayor envergadura, era, por entonces, un deportista que practicaba natación, esgrima, equitación y otros deportes muy de la época-, volvió a París con su amigo Louis-Hyacinthe Bouilhet, para asistir a la Revolución de 1848, hacía la cual se mostró siempre muy crítico, tal como nos lo revela L'Éducation sentimentale.

Entre mayo de 1848 y septiembre de 1849, recuperó la versión -empezada en 1847- de La Tentation de Saint Antoine inspirado por un cuadro que había visto en Génova en 1843 durante el viaje de bodas de su hermana, a la que acompañó toda la familia.

Después organizó, con su amigo Maxime Du Camp, un largo viaje a Oriente, que realizaron entre 1849 y 1852. En su cuaderno de viaje, se propuso contarlo todo; desde el deslumbrante descenso del Nilo, hasta sus visitas a los burdeles. El viaje, que lo llevó a Egipto y Jerusalén, pasando, a la vuelta, por Constantinopla e Italia, le proporcionó numerosas observaciones que empleó en escritos posteriores, incluyendo toda clase de experiencias e impresiones, como, por ejemplo, en su Hérodias.

El 19 de septiembre de 1851, animado por sus amigos Louis Bouilhet y Maxime Du Camp, empezó la redacción de Madame Bovary, la gran novela, realista y psicológica, que no terminaría hasta mayo de 1856, después de trabajar en ella durante casi cinco años.



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Es posible que Gustave Flaubert se inspirara en la historia de Delphine Delamare (1822–1848); –de soltera, Véronique Delphine Couturier-, que había nacido en la calle Saint-Pierre en Seine-Maritime el 17 de febrero de 1822.

El 7 de agosto de 1839, se casó con el oficial de sanidad, Eugène Delamare, nacido en Rouen el 17 de noviembre de 1812, y que había sido alumno, precisamente, de Achille Flaubert, el padre del escritor. Tuvieron una hija, Alice-Delphine, el 29 de noviembre de 1842.

Delphine Delamare se suicidó el 6 de marzo de 1848, con una inyección de cianuro y su marido murió en la misma ciudad, el 8 de diciembre del año siguiente.

Ya a finales de 1890, el escritor y periodista Georges Dubosc, publicó el artículo titulado «La véritable Madame Bovary» / La verdadera Madame Bovary, en Le Journal de Rouen, en el que relacionaba el drama de Delphine Delamare con el de Madame Bovary.

Por otra parte, el doctor Raoul Brunon, fundador del Museo Flaubert y de Historia de la Medicina, publicó también, en 1907, un trabajo titulado: «À propos de Madame Bovary», en el que aseguraba que Delphine Couturier había posado para el pintor Joseph-Désiré Court, retratista de la familia Flaubert, con lo que tendríamos su retrato, además de que la relación entre ambas familias, se haría evidente, dando paso a la transposición literaria de Dalmare a Bovary, inmortalizando la triste historia de Delphine, a través de Emma.

Delphine Delamare ¿La verdadera protagonista del drama Bovary?

Delphine Delamare como:
Rigolette tratando de distraerse de la ausencia de Germain:
Joseph-Désiré Court. 1844. Musée des Beaux-Arts de Rouen
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Flaubert asistía con frecuencia a los salones parisinos más influyentes del Segundo Imperio, como el de Madame de Loynes, de la que también estuvo muy enamorado, pero allí conoció, entre otras asistentes, a George Sand, de cuya relación se conserva una numerosa correspondencia.

Madame Bovary, ejemplar autografiado, de la edición original.

A finales de 1856, Madame Bovary apareció en La Revue de Paris, y posteriormente, tras haber conocido al editor Michel Lévy, la novela salió a las librerías en abril de 1857. 

La obra fue objeto de un sonado proceso por atentado contra las buenas costumbres, del que Flaubert resultó absuelto, gracias a sus relaciones entre la alta sociedad del Segundo Imperio -incluyendo a la emperatriz-, así como a la habilidad de su abogado.

Cabe recordar, en este sentido, que Charles Baudelaire, juzgado por el mismo tribunal, por las mismas razones y el mismo año, por la publicación de su poemario Les Fleurs du mal, fue, sin embargo, condenado, si bien, conviene, quizás, recordar, que él también escribió una carta a la emperatriz, pidiéndole una rebaja en la multa que le fue impuesta; solicitud a la que ella accedió. 

A partir de la aparición de Madame Bovary, Flaubert mantuvo correspondencia con Marie-Sophie Leroyer de Chantepie (1800-1888), también escritora, que vivía en Angers, y que se apresuró a enviar una carta a Flaubert desde allí, el 18 de diciembre de 1856, en cuanto terminó de leer la novela, en la edición de la Revue de Paris:

“Lo primero que he visto es que ha escrito usted una obra maestra del natural y de la verdad. Sí; esas son las costumbres de esta provincia en la que nací y en la que he pasado la vida”.

El escritor repartía su tiempo entre Croisset y París, donde siguió frecuentando los ambientes literarios, ahora, junto a los hermanos Goncourt, Charles-Augustin Saint-Beuve, Baudelaire, o Théophile Gautier y, a partir de 1863, también con Iván Turgueniev y con la princesa Mathilde Bonaparte, quien, durante el Segundo Imperio y la Tercera República, mantuvo en París un salón literario muy concurrido, en el que recibía a escritores de todas las tendencias políticas.

Arriba: Marie- Sophie Leroyer de Chantepie, los Goncourt y Saint-Beuve
Abajo: Th. Gautier, Iván Turgueniev y Mathilde Bonaparte.

El 1º de septiembre de 1857, Flaubert empezó a escribir Salambô, una novela histórica que se desarrolla entre la primera y la segunda Guerra Púnica. El autor vivió desde abril a junio de 1858 en Túnez, para conocer Cartago y su historia. La novela apareció tras efectuar sobre ella múltiples revisiones, en 1862.

Salambô, ed. 1863

Y, dos años después, a principios de septiembre de 1864, emprendió la redacción definitiva de L'Éducation sentimentale, una novela con muchos componentes autobiográficos, como su primera pasión amorosa y el movimiento revolucionario de 1848. Se publicó en noviembre de 1869, pero fue mal acogida por la crítica y apenas se vendieron unos cientos de ejemplares.

L’Éducation sentimentale, 1869-70

Flaubert siguió con su vida mundana; conoció al emperador, recibió la Légion d'honneur en 1866 y afirmó sus lazos afectivos con George Sand, que le recibió en Nohant. No mucho después, en julio de 1869 se sintió profundamente afectado por el fallecimiento de su buen amigo, el poeta y dramaturgo Louis-Hyacinthe Bouilhet.

Se habla también, por entonces, de una relación amorosa del escritor con la madre del joven Guy de Maupassant, que era hermana de un amigo suyo de la infancia; Alfred Le Poittevin. Algunos biógrafos así lo aseguran, aunque no parece probado. Por otra parte, Maupassant le consideraba como una especie de guía espiritual y ambos mantuvieron una estrecha correspondencia epistolar.

George Sand en 1864, Louis Bouilhet y Guy de Maupassant, en 1888

Invierno 1870-71: el ejército prusiano ocupaba Normandía y Croisset. Flaubert se refugia en casa de su sobrina Caroline, en Rouen, cuya madre falleció a principios de abril de 1872. El escritor se vio inmerso en serias dificultades financieras a causa de la bancarrota de su sobrino político; tuvo que vender sus granjas y, para reducir gastos, abandonó el apartamento de París, justo en un momento en que su salud atravesaba un momento delicado. Aun así, terminó y publicó la tercera versión de La Tentation de saint Antoine, en abril de 1874, cuando todavía resonaban los ecos del fracaso de su obra teatral, Le Candidat, estrenada solo un mes antes.

Siguieron entonces, los Trois contes, cuya publicación, el 24 de abril de 1877, tuvo una excelente acogida por parte de la crítica.

Un cœur simple, narra la historia de Félicité, inspirada en Julie, nodriza y servidora doméstica de la familia Flaubert, y después, del escritor, hasta el fallecimiento de este. 

La Légende de saint Julien l'Hospitalier, es un relato hagiográfico de carácter medieval, que escribió en cinco meses, en 1875, y 

Hérodias, sobre la muerte de San Juan Bautista, fue escrita durante el invierno 1875-1876. 

1 -Loulou, el loro milagroso, que lleva a Félicité al Paraíso.
2 -La leyenda: En el futuro santo, antes, cazador compulsivo- se cumple la maldición que le ha lanzado un ciervo moribundo junto a sus cervatillos muertos: “¡Maldito!, ¡Maldito!, ¡Maldito! Un día, corazón feroz, asesinarás a tu padre y a tu madre.”
3 -Herodías: en compañía de su hija Salomé, consigue, tras bailar esta para Antipas, que el rey le regale la cabeza cortada de San Juan Bautista.

Entre 1877 y 1880 continuó la redacción de Bouvard et Pécuchet, en la que ya había trabajado desde 1872 a 1874. Se trataba de una obra de carácter satírico, para la cual se procuró una cantidad de documentación inmensa y compleja, y que, finalmente, no pudo terminar, a pesar de lo cual, fue publicada un año después de su fallecimiento, es decir, en 1881.

Tras una vida relativamente cómoda, tanto en el terreno material, como en de las ideas, sus últimos años se vieron, sin embargo, ensombrecidos, a causa de la gradual desaparición de sus amigos, el aumento de las dificultades financieras y su propia salud. Murió, sin embargo, de forma repentina, a causa de un derrame cerebral, el 8 de mayo de 1880, en Cantelou, en la aldea de Croisset.

Su entierro se llevó a cabo en el cementerio monumental de Rouen, el día 11, con la asistencia de numerosas celebridades literarias, que le reconocían como un maestro; así, Émile Zola, Alphonse Daudet, Edmond de Goncourt, Théodore de Banville o Guy de Maupassant, a todos los cuales, él mismo había alentado en su carrera literaria.

Manuscrito de La Educación Sentimental. BNF

Edición 1870
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viernes, 30 de agosto de 2019

EL MANIERISMO • Una visión distinta entre Renacimiento y Barroco



El Greco: Fragmento de Laocoonte. National Gallery de Washington


La pintura manierista es un estilo artístico, que, en realidad, abarca diversos campos del arte y la cultura, y que se inició en Italia desde el final del Alto Renacimiento -alrededor de 1530, aunque algunos historiadores lo adelantan a la fecha del fallecimiento de Raphael, en 1520, quizás, precisamente, por ser un dato tan significativo-, pero, en todo caso, nacería en Roma, bajo el pontificado de Julio II (1443-1513) y León X (1475-1521). Siguió después, Florencia, y todas las ciudades importantes de Italia hasta alrededor del año 1580, cuando empezó a imponerse el estilo barroco. Sin embargo, la corriente manierista continuó siendo practicada y apreciada en buena parte de Europa hasta ya entrado el siglo XVII; más o menos hasta el fin de su primera década, es decir, alrededor de 1610. 

El término «manierismo» -o al menos su fijación por escrito-, procede de las Vite de Vasari, refiriéndose a las obras que decía realizadas a la manera de los grandes maestros del Alto Renacimiento.

La imitación de Leonardo, Rafael y Miguel Ángel produjo imágenes muy artificiosas, ya que, en cierto sentido, la propia grandeza de sus obras maestras, parecía haber agotado la creatividad artística, no dejando otros caminos para la superación, si no era una especie de imitación, aunque en realidad, al final, los artistas, partiendo de la norma marcada por los “astros”, gradualmente, emprendieron vías más novedosas de lo que parece que se podría esperar. 

Leonardo (¿autorretrato?), 1512-15 Bibl. Reale di Torino
Raphael, autorretrato. 1506.Uffizi. Florencia
Miguel Ángel, 1518-20. ¿Sebastiano del Piombo? (Expuesto en la NGA de Londres en 2017, procedente de Hamburgo, Galerie Hans. Se ha dicho -Hope-, que es una falsificación, ya de mediados del siglo XX.)

Un momento clave en el desarrollo e implantación de la maniera, sería el del Saco de Roma en 1527, cuando muchos artistas abandonaron Italia. Los aristócratas reformistas centroeuropeos preferían las alegorías y la fábula antigua, mientras que la contrarreforma romana y su entorno. se decantó, casi en exclusiva por los asuntos de carácter bíblico, si bien, en ambos casos, se huyó del reflejo de lo “natural”; cambió radicalmente la postura clásica de los modelos, la figura humana se distorsionó y la perspectiva dejó de imponer su geometría.

Andrea del Sarto
, que dominaba la pintura florentina en el primer tercio del siglo XVI, aunque conservaba elementos del Cinquecento como el sfumato de Leonardo, muestra ya toques manieristas en las complejas posturas de sus modelos. Sus alumnos Jacopo da Pontormo y Rosso Fiorentino figuran entre los primeros manieristas de Florencia; figuras alargadas, figuras en extrañas posiciones, perspectivas muy personales y luces de artificio escénico.


Del Sarto, autorretrato. Uffizi y Rosso Fiorentino: Casa Vasari, ambos en Florencia.

Pontormo ya presenta casi todas las novedades en su Descendimiento de Cristo, de 1528; una pintura de cuya técnica, casi podríamos pensar que roza la “impresión” en el sentido pictórico.

Pontormo: Descendimiento/Il Transporto. Santa Felicità, Florencia.

Postura en inclinación forzada, cuya intención es causar más emoción en el espectador.

 Detalle y posible autorretrato de Pontormo en la misma obra

Incluso Miguel Ángel, que trabajaba en Roma por entonces, en alguna de sus obras incluyó ciertos rasgos que, si no eran, anticipaban el manierismo, como los ignudi en la bóveda de la Capilla Sixtina, de los que se ha dicho que podrían haberse inspirado en el antiguo Torso de Belvedere.


Un ignudo de Miguel Ángel y el Torso de Belvedere: de Apolonio de Atenas, hallado en el romano Campo de' Fiori, durante el pontificado de Julio II (1503-1513).

En Roma también trabajaban Parmigianino y Giulio Romano, formados en el primer Renacimiento, del que su obra sería, a la vez, consecuencia y reacción. Los artistas más jóvenes se propusieron el modelo de la escultura helenística y la pintura de los maestros antiguos. Con todo esto, su estilo, que fue llamado anticlásico, no sería sino una evolución, que habría que situar históricamente, en su fase temprana, precisamente, hacia la fecha del fallecimiento de Raphael Sanzio.

Parmigianino se formó en Parma, siguiendo a Correggio, muy imitado, más tarde, en el Barroco.
 
Parmigianino. Autorretrato en un espejo convexo. Kunsthistorisches, Viena


Entre sus obras más representativas -además de este sorprendente autorretrato, con la mano adelantada y el rostro reflejado en un espejo convexo-, tenemos la celebérrima Madonna del cuello largo (1534-1540), que delata su manierismo en las proporciones, la estilización de la figura y la carencia de perspectiva clásica.


La Madonna del cuello largo (1534-40) de Parmigianino. Uffizi.

Giulio Romano, de Tiziano

En cuanto a Giulio Romano, fue el principal ayudante de Rafael en el Vaticano y después trabajó en Mantua, para Federico Gonzaga, donde realizó la Sala de Amor y Psique –comedor-, (1527-1531) en el fantástico, abigarrado e inimaginable Palacio de Té.





Banquete nupcial de Amor y Psique, 1526-1528, detalle. Julio Romano
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La llamada Alta maniera, es ya como una segunda fase evolutiva diferente del manierismo anterior, la que frecuentemente se denomina anticlásica.

El artificio que pusieron en juego los artistas, pasa ahora rozar sus límites entre el antes, el después y un ahora, divergente, y a la vez próximo a ambos extremos.

Bronzino, por ejemplo, coloca una figura similar a la Venus de Médici, en una pintura que representa la Resurrección de Cristo.






Este fue el primer gran retablo de Bronzino, realizado por encargo de la familia Guadagna para su capilla familiar en la iglesia de la Annunziata. Empezó a pintar poco después de su marcha de Roma y conservaba la imborrable impresión causada por el fresco de Miguel Ángel, El Juicio Final.




Esta influencia respira en la atmósfera general, no menos que en la multitud de cuerpos desnudos. Incluso el gesto de Cristo con la mano levantada, se diría calcado de Miguel Ángel. Tal emulación le costó a Bronzino una pérdida evidente en su valoración crítica, aunque el paso del tiempo ha cambiado radicalmente aquella negativa consideración.

Con Agnolo Bronzino y Giorgio Vasari esta tendencia del manierismo se ubica entre los años 1530 y 1580, más o menos. Bronzino, que era discípulo de Pontormo, conserva la luz fría de su maestro, pero sus retratos se distinguen por una elegancia estática y por la meticulosa atención que presta al detalle.

Se ha dicho que Bronzino ponía una gran distancia entre la representación, sus modelos y el espectador, y que se centraba excesivamente en el brillo y la textura de las telas. Un ejemplo de este estilo es el Retrato de Lucrecia Panciatichi (1540). 


Lucrezia Panciatichi de Angelo Bronzino. Uffizi


Vasari y Daniele da Volterra también realizaron obras a la manera de Miguel Ángel, aunque tratando con su propio estilo la figura humana, siempre, con una extraordinaria previsión del resultado.


Vasari. Autorretrato. Uffizi

Daniele da Volterra, El profeta Elías, c. 1550-1560.

Da Volterra creó este inconfundible retrato de Miguel Ángel para la posteridad. 
MET, NY

El manierismo ofrece también, entre otros aspectos únicos: una notable elegancia en el conjunto; gran atención en la superficie y el detalle; figuras, a veces como de porcelana, bajo una luz plana y suave, sobre la que las figuras humanas parecerían, quizás, carentes de emoción; aunque todo esto, en definitiva, constituye uno de los aspectos fundamentales de la Maniera.

Las ciudades en las que se produjo esencialmente el paso al Manierismo en Italia, fueron, Roma, Florencia y Mantua. Venecia siguió su propia evolución con Tiziano a la cabeza; con un carácter más sensitivo, muy colorista y cargado de mágicos e inimaginables juegos de luz.

Fue Giorgione, sin embargo, quien inició el tratamiento que condujo a la evolución más esencial y notable, subrayando su manierismo con vistoso artificio, en ocasiones, muy complejo, como vemos en su Tempestad.


Giorgione: La Tempestad, 1507-08. Galería de la Academia. Venecia

El gran maestro de la pintura veneciana era, sin duda, Tiziano, condiscípulo de Giorgione, que realizó mucha obra de temática religiosa, así como retratos –recordemos el de Carlos V en Mühlberg-. Sería, posteriormente, Tintoretto, quien bajo la influencia del color de Tiziano y de la figura humana de Miguel Ángel, se convertiría en el más significativo representante del Manierismo, como puede observarse sin cansancioen cada detalle original de su Última Cena.


Originalidad suprema de la maniera de Tintoretto, en su Última cena, 1592-1594. Iglesia San Giorgio Maggiore, Venecia.
Le sucedieron, por así decirlo, Palma el Viejo, Paris Bordone, Sebastiano del Piombo, Lorenzo Lotto y Jacobo Bassano.

Palma el Viejo -Jacopo Negretti-: La Virgen y el Niño con santos y un donante. c. 1518 – 1520. Thyssen Bormemisza


Paris Bordone: Caballero con armadura, con dos pajes. MET. NY

Sebastiano del Piombo: Retrato de hombre –antaño, considerado, Colón-, MET- NY

Lorenzo Lotto: Probable Autorretrato. M.N. Thyssen-Bornemisza

Jacopo Bassano/ Giacomo da Ponte, Retrato en edad tardía. c.1580. Kunsthistorisches, Viena. 


Jacopo Bassano: El Buen Samaritano. NGA, Londres
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Después del tristemente célebre y ya citado, Sacco di Roma, de 1527, muchos artistas de la Maniera abandonaron la ciudad, y se asentaron en diversas ciudades europeas, llevando consigo el nuevo estilo, con lo que este se internacionalizó, de tal manera que, si bien en Italia, decayó a partir de 1580, en algunos de los más importantes emporios europeos, se mantuvo durante el siglo XVII


Il Rosso Fiorentino se instaló en Fontainebleau, donde fundó la escuela que lleva el nombre de la ciudad, dejando su influencia en artistas posteriores, como Ambrose Dubois –flamenco-, Toussaint Dubreuil y Martin Fréminet.


Figuras de il Rosso Fiorentino observan la Asunción en la Annunziata de Florencia


En torno a la corte de Rodolfo II, en Praga se creó también un gran movimiento formado por artistas de diversa procedencia, como Hans von Aachen, Josef Heinz el Viejo, el flamenco Bartholomeus Spranger; el milanés Giuseppe Arcimboldo -el gran acumulador de frutas, verduras, etc.-; y Josef Heinz, el Joven.



En Holanda se produjo un movimiento independiente del llamado Manierismo de Amberes, anterior al italiano, que estuvo representado por pintores como Jan de Beer o Jan Wellens de Cock


Jan de Beer: Huida a Egipto y Jan Wellens de Cock: San Cristobal

Destacan, además, los pintores de Haarlem: Cornelis van Haarlem y Hendrick Goltzius. 


Van Harlem y Gotzius: Autorretratos

Artistas de la misma época y estilo fueron Pieter Aertsen y Joachim Beuckelaer, quienes, al estilo Bassano, de Venecia, hicieron escenas religiosas realizadas como pinturas de género


Aertsen: Adoración Pastores y Beukelaer: Pesca milagrosa

Propiamente manieristas, fueron: Jan Sanders van Hemessen, Martin van Heemskerck y Marinus van Reymerswale, muy influidos por la anatomía esencial de Miguel Ángel, aunque interpretada de manera muy extrema.


Van Hemessen: San Jerónimo; Van Heemskerck: Retrato ante el Coliseo y Van Reymerswale: San Jerónimo de Estridón en su estudio.
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También se puede hablar de manierismo como categoría estilística en la pintura inglesa, aunque, en la misma época se impusieron tendencias autóctonas, como la isabelina o la jacobea. No obstante, podemos citar en Inglaterra la estancia y la influencia del flamenco William Scrots.


William Scrots: Eduardo VI en perspectiva distorsionada, 1546.

Posible modelo en nueva “distorsión” informática de la pintura anterior.


En España, pueden ser incluidos en la tendencia manierista, en parte, quizás, por confluir su arte en el tiempo, artistas como Juan de Juanes y Alonso Sánchez Coello, con su seguidor Juan Pantoja de la Cruz, a pesar de que intentaron mantener su personalidad frente a la “manera” italiana. Luis de Morales, por ejemplo, se movió con soltura entre el manierismo y una bien asentada tradición hispano flamenca.


Juan de Juanes, retrato mural y Sánchez Coello: Autorretrato

Pantoja de la Cruz: Juana I de Castilla. Luis de Morales: San Juan de Ribera

En todo caso, teniendo en cuenta que los márgenes históricos de un movimiento artístico, así como el número de sus componentes, puede ampliarse o simplificarse hasta el infinito, dependiendo del punto de vista con que se afronte su revisión, de acuerdo con los cuales en cada caso, habría artistas, de los aquí expuestos, que podrían quedar comprendidos, o no, en el Manierismo.

Ahora bien, sobre todos los destacados en España, hay que incidir especialmente en la figura de El Greco, Doménikos Theotokópoulos / Δομήνικος Θεοτοκόπουλος, que aunque nació en la Creta veneciana, entonces, Candía, realizó la mayor parte de su obra en Toledo.


Con obras como Laocoonte (1600) -National Gallery de Washington-, se propuso conjugar la tensión religiosa candente en su época, con un acendrado manierismo, del que no está ausente su origen, en cierto modo, exótico para los castellanos.


Alejándose con todas sus energías y posibilidades, del realismo “fotográfico”, se propuso dotar a sus figuras humanas de una especie de distorsión que, claramente aumentaba el impacto emocional de las escenas en las que aparecían. Sus novedosos, y discordantes colores; sus anatomías y sus inesperadas perspectivas, junto con su original tratamiento de la luz y la sombra, además del frecuente amontonamiento de figuras, hicieron de su obra, casi un paradigma de la pintura manierista.


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