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domingo, 26 de junio de 2016

Música griega · Jorge Luis Borges


Música griega

Mientras dure esta música,
seremos dignos del amor de Helena de Troya.



Mientras dure esta música,
seremos dignos de haber muerto en Arbela.


Mientras dure esta música,
creeremos en el libre albedrío,
esa ilusión de cada instante.
Mientras dure esta música,
sabremos que la nave de Ulises volverá a Itaca.


Mientras dure esta música,
seremos la palabra y la espada.
Mientras dure esta música,
seremos dignos del cristal y la caoba,
de la nieve y el mármol.
Mientras dure esta música,
seremos dignos de las cosas comunes,
que ahora no lo son.
Mientras dure esta música,
seremos en el aire la flecha.
Mientras dure esta música,
creeremos en la misericordia del lobo
y en la justicia de los justos.
Mientras dure esta música,
mereceremos tu gran voz Walt Whitman.


Mientras dure esta música,
mereceremos haber visto, desde una cumbre,
la tierra prometida. –

(Publicado en Clarín, el 11 de abril de 1985)



Carlos Ulanovsky estaba entrevistando a Borges el 17 de marzo de 1985, cuando este le preguntó:

-¿Tiene 10 minutos?
- Sí, por supuesto-, respondió el periodista.
-Tengo que pedirle un favor. Tome una hoja: quiero dictarle el esbozo de una poesía que he comenzado a pensar anoche, escuchando música griega en una taberna ¿Está listo… ? Escriba: Mientras dure esta música…

Cuando escribió este poema, Borges asistía regularmente a la liturgia Ortodoxa Griega, frecuentaba la taberna de Takis Delénikas y acompañaba a su pareja de entonces a sus clases de danza griega de Jorge Dermitzákis. El poema -no de los mejores del autor-, refleja, sin embargo, de forma muy emotiva, el entusiasmo que llenaba la vida de un filoheleno ya de muchos años.

Borges, que había nacido en Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899, falleció en Ginebra, el 14 de junio de 1986; catorce meses despues de la publicación de este poema.
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martes, 17 de mayo de 2016

Es posible esta fiesta de lavanda • Poesía





ES POSIBLE ESTA FIESTA DE LAVANDA
invadiendo nuestros brazos.

Y cierto, que la luz fingió ser tacto
con el ancho de la tarde.

Hablamos, a veces, el idioma del mar.
Palabra de Ulises y Verbos de retorno.

Alma y dolor, mensajes y gestos, íntimos, 
intimidados, ardientes y azules.

Estoy a tu lado esperando la noche.

Los ojos, miran el arco mutuo de la frente
y alcanzan las líneas del agua,
inaccesible y salada luna verde.
Sí. Ahora verde.

Apuestas todo el infortunio
contra el mar que nos convence.
Y así permaneces,
guardando el desorden de mis conjugaciones. 

Bebes conmigo la copa eterna del alba.

Se calma el diluvio y queda mi gesto en acuarela
sobre el dorso de tus manos.

Después vuelo,
y arriesgo mi alma en la tuya.

Porque siempre, siempre, me calma tu presencia,
me absuelve tu sombra,
y me redime la luz 
en tu cintura.

El agua batiendo plata.


SI TE QUEDAS, O NO, 
después de las estaciones,
cuando hayan diseñado los trenes
rectos acantilados de humo blanco,
sin el breve tiempo,
sin pensarlo,
sin estatuas,
deja tus lirios de hielo azul en mi mirada.

Calcularé en el silencio 
la insolencia de los siglos.
Igual que se posa la luz tibia
sobre el cálido fanal del océano que alienta 
las flores submarinas.

Después volverán las olas
y se abatirán en tu pelo.
Alturas de montaña blanca
Ángeles dormidos.

Te presto
mi sueño y la calma
y la luna verde. Sí, 
todavía verde.

Despierto
y aún sigo en la playa.
Las pestañas 
sorprendidas por el frío.

Vuelves a la arena y al aire
tras el instante cierto.
Así es el recuerdo.
Oculto gritos asustados en los puños.


LLEGAS
murmurando canciones sin palabras.
Tardes sin ocaso tu voz.
Lunas inmediatas.

Las palomas confunden su luz en el magnolio blanco.
Las lianas engarzan verbos transigentes.

Es inútil el grito de la herida
abierta, en las venas del tiempo.
Las palabras ocultan temores
e iluminan gestos tenues.
Pregunta 
el nombre de cada silencio,
traduce
la duda menor de cada gesto.

Recuerdo ahora, con sorpresa,
mis hombros de lluvia,
de nieve, mis ojos, 
ribera que naufragaba risas.

Huesos entregados.
Estatura vencida.

Un halo de transparencia
te franquea.
Cuerpo a cuerpo
mi alma, entre tus ojos, otra vez,
y la estrella.


SE FUNDE EL PESO DE LA IRA SOBRE EL CÉSPED,
bajo ese peso líquido
de ala de gorriones.
Jueves desprevenido.

Arcilla de luz en las manos del agua.
Rodeas con ternura el tronco insigne del olmo.

Y decido quedarme,
como sé que vuelve el viento,
sin pedirte nada,
poderosa de silencio. Voluntad rendida.
Una lágrima de bronce como estatua.

Vi tu voz que podía y no debía
distinguir, en el coro de otras voces.

No se si fue marcha fúnebre o nupcial
aquel re menor
aquellas cuerdas de acero,
violonchelo lento en luz de almendro.
Primer sol de febrero.
Sin naufragios esta vez.

El destino, que nos busca y nos olvida
me alerta la piel con un roce de luna.

Reconstruyes palabras de poniente
mientras el mar se destiñe en aguaceros de plomo.

Hay raíces desterradas de la luz.
Contratiempo de hora sin cifra,
recuperada dos veces,
dos roces de luz boreal, mi frente
y tus manos.

Cualquiera que sea la medida
del sueño nunca abandonado.



sábado, 16 de abril de 2016

Lejanías de mar próximo • Poesía



Creación 1

   Distancia próxima
   de esferas sin diluvio.
   Magnitud de día primero
   en seis edades. 
   La mirada
   intuye dogmas
   que sólo el mar conoce.


Temporal 2


   Un manto inmenso 

   de inmensas transparencias.
   Arco iris.

   Qué extraña el agua

   lloviendo sobre el agua.


Sima 3


   Algas

   que fueran lenguas,
   acarician declives
   que fueran árbol.
   Flores blancas,
   flores argentinas,
   metálica herrumbre.
   Este abismo
   es un suave fulgor de álamos
   junto al lecho de los ríos.


Quietud 4


   El sitio eras tú.

   Ancha umbría plagada de tréboles azules
   o altura de cigüeña cuidadosa
   sobre un campanario mudo.

   Detrás, un silencio de luz que colonizan mis versos.


   Pongo velas encendidas

   sobre las rocas
   y espero. Apenas conforme.


Espejo 5


   Me miro en tu rostro,

   latitud de Apocalipsis.

   Cuida las lágrimas de este silencio.



Bautismo 6


   Estado de gracia la sal

   en la lengua.
   El mar
   es una noche sin tinieblas.


Reflejos 7


   Dos soles sobre el agua

   o dos lunas,
   que se miran.

   Eterna fascinación de luces.

   Espejo de infinito.
   Palabras de honor ancladas en el fuego.


Mediodía 8


   Olor de barcas

   acostadas,
   secando su torso el sol.
   Peso en el viento.
   Ancho, el abandono de la hora.

   Al mar

   le asombra la inmensidad de su nostalgia.


Playa 9


   Hogar de la quimera.

   Embarque
   y amarre
   de todas las ausencias.


Sosiego 10



   Se dispone la nostalgia como un velo

   tendido 
               -cuarzo 
   en la arena–.

   Las lágrimas

   lavaron el dolor sobre una roca.


Rito 11


   Corona de luz

   ancha de bruma nocturna
   sobre la frente.

   La luna

   escancia caudales de plata en la mirada.


Paradoja 12


   Tan leve la espuma,

   tan efímera
   su estancia blanca
   en el borde de las olas.

   Me fascina

   la ingenua persistencia de tanta armonía.


Voluntad 13


   Navegar un trueno,

   el último,
   por el arco iris;
   peregrino rumbo que trazó la lluvia.

   Al otro lado de la herida,

   la sangre reconciliada
   se sueña savia de almendro sobre el agua
   deslumbrada, o fuego de hielo 
   emergiendo del caos.

   Por más furtiva que se hizo la mirada

   no evitó
   que otra muerte le anegara el paisaje.


Pleamar 14


   Volvieron a su danza los cisnes agotados.

   La sal abatió a la muerte en las orillas
   y destruyó su ténebre conspiración.

   El rostro de la playa fue una brisa

   compadecida
   y recobramos los sueños
   ocultos
   en el vientre de los peces.

   El llanto equivocó los mapas

   y el agua
–garzo sosegado-,
   reveló a las lágrimas la nueva singladura.


Fe 15


   Entre el viento y la calma,

   desertados del fulgor ilusorio
   de la mañana.
   Cubiertos de arena los pies
   descalzos,
   pisan aristas de cuarzo impetuoso.

   Justo en el límite del desamparo,

   nada tan doliente, como
   el remoto indicio
   de alguna sabiduría tejiendo una seda turbia
   sobre la cruel amenaza de la duda.

   Y el derecho inviolable al no-conocimiento.



Horizonte 16


   Esas penas

   tan largas, que parecen navegar
   tan despacio,
   una tarde
   se disipan por detrás del horizonte
   y ese día
   creemos
   que se ha cerrado la herida.

   Otro día,

   un mal día gris de lluvia dura,
   aparecen de nuevo velas blancas
   abatidas,
   navegando hasta siempre.

   Olvidadas del olvido.


   Allí miran las veletas.

   Aquí enmudecen campanas.



Pérdida 17

   Después de aquella tarde interminable

   perdimos el matiz del agua;
   esos anchos espejos de luz
   del mediodía
   y los lirios
   que encendían
   blancas candelas de frágil magnificencia.

   Más tarde hallamos versos.


   Versos

   convocados por el pálido brillo de la espuma,
   agazapados,
   como astros diminutos
   por detrás de la niebla.
   Hipnotizados
   en el rumor violeta de otras tardes.


Litoral 18


   Ser de azul

   marino,
   creación del cosmos;
   azul polar, antártico
         -candente frialdad-
   y sosegarme en su aura.

   A pesar de la sed inagotable,

   esta promesa de gracia y sal oceánica,
   seduce y cautiva mi modesta mirada
   oscura,
   hasta el contraluz total.


Luces 19

   Está siempre su gesto

   distendido en sonrisa
   bailando pececillos azules.
   Y, entre los peces, luces.

   Están sus manos

   cimbreando un mar de trigo.
   Y, entre el trigo, flores rojas.

   Está su voz sosegada

   realzando silencios.
   En el silencio deriva mi tristeza.


Rocío 20


   Recomponer los cristales rotos de las nubes

   heladas
   y deslizarme hacia ti
   por la estela ardiente
   que estrenaron nuestras risas.

   Navegar sobre el rostro de la luna

   al cabo de su infinito
   y hallarte, finalmente,
   en la aguda transparencia de las lágrimas.

   Por la mañana,

   el sol fundiría el rocío en las pestañas.


Naufragios 21


   Doblaron por mis almas carillones de hielo.


   Comprendo

   que aquellos que se fueron antes que nosotros
   ya no pueden volver la cabeza.
   Que la luna,
   a veces,
   también naufraga.
   Y que haber muerto varias veces
   nos transforma la memoria en residencia.


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