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domingo, 3 de febrero de 2013

EL MONTE OLIMPO Όλυμπος (4) Apolo Ἀπόλλων y Artemisa Ἄρτεμις



Conócete a ti mismo -Γνῶθι Σεαυτόν-; uno de los puntos de partida para alcanzar la sabiduría.

Pausanias Παυσανίας (II d.C), dijo haberlo visto grabado en el pronaos del templo de Apolo en Delfos.

Otros aforismos igualmente atribuídos al Oráculo de Febo Apolo y transmitidos a los Siete Sabios de Grecia, mantienen su vigencia, como también recuerda el Viajero Pausanias:

Las palabras escritas en el pórtico de Delfos son de gran utilidad para los hombres.
Εν δέ τώ προνάω τά έν Δελφοίς γεγραμμένα, έστιν ώφελήματα άνθρώποις

Nada en exceso Μηδὲν ἄγαν.
Aprende a aprender Γνῶθι μαθών. 
Ama la sabiduría Φιλόσοφος γίνου. 
No envidies a nadie Φθόνει μηδενί.
Odia la discordia Έριν μίσει. 
Habla de lo que sabes Λέγε ειδώς.
No confíes en la suerte Τύχῃ μη πίστευε.
Muere sin pena Τελεύτα άλυπος.

La historia de Apolo empieza cuando, una vez más, Zeus se enamora, en este caso, de Asteria Αστερια, quien desesperada ante la persecución a que el dios la somete, se convierte en pájaro y se lanza al mar, donde se transforma en una pequeña isla flotante que, desde entonces, se llamó Ortigia Ὀρτυγία. Terriblemente contrariado, Zeus se fija entonces en una hermana de la isla-pájaro llamada Leto Λητώ, quien, en este caso, al no hallar una manera de huir, queda embarazada.

Cuando Hera conoció la nueva infidelidad de su esposo, y supo que Leto estaba a punto de dar a luz, le prohibió que se atreviera a hacerlo en tierra firme, ya fuera una isla o cualquiera de los tres continentes. La afligida madre, que no podía volar ni bucear, encontró aquella isla sobre el mar, sin saber que era su pobre hermana; allí podría eludir la venganza de la diosa y, allí también, al cabo de nueve días de parto nació una niña, Artemisa Ἄρτεμις, que creció al instante y, de inmediato, ayudó a nacer a su hermano gemelo, precisamente, Apolo Ἀπόλλων. 

Nacimiento de Apolo y Artemisa, de Marcantonio Franceschini. 
Liechtenstein Palace, Vienna

Apolo aprendió el don de la profecía de Pan y se fue a Delfos Δελφοί, donde Thémis Θέμις emitía oráculos. La serpiente Pitón Πύθων, que, como un manantial descendía por la ladera del Monte Parnaso, serpenteando entre las rocas, celosa guardiana del lugar por orden de Hera, no dejaba que Apolo se acercarse a las hendiduras por donde se oían las profecías. 

Como sabemos, contrariar a algún divino, aunque sea por orden de otro, tiene un precio; en este caso, la obediencia costó la vida a Pitón; Apolo le disparó más o menos unas mil flechas, y se hizo dueño del oráculo. La isla de Ortigia quedó fijada al fondo del mar por cuatro columnas y pasó a llamarse Delos Δήλος; estable y visible. 

Si lo juzga conveniente –¿quién comprende las razones de los dioses?-, Apolo se vuelve muy violento, pero en otras ocasiones, procura la curación en las enfermedades, se ocupa de la música y la armonía y representa al Sol, complementando a Artemisa, que está unida a la Luna.

En La fragua de Vulcano, (Museo del Prado) Velázquez ve a Apolo en su faceta solar.

Como Febo Φοίβος, personifica la belleza y un equilibrio físico imperecedero. Tiene el pelo muy oscuro, con bucles de reflejos metálicos y, no suele llevar túnica.

Sus atributos son: el arco y las flechas, la lira, el trípode de la actividad sagrada, el ónfalos ὀμφαλός , es decir, el ombligo del mundo –que se encuentra, precisamente en Delfos- y varios animales, entre ellos, el delfín, el cisne, el lobo y la víbora. 

Varias plantas, árboles y flores también se asocian directamente con su persona, casi siempre por haber formado parte de su historia como objetos de su amor o de su ira, así, el Laurel, el Jacinto, la Palmera o el Mirto.

Apolo casi siempre va acompañado por las Musas a las que dirige como un coro; con ellas diviniza las Bellas Artes y la Música.

Καλλιόπη Poesía épica, Κλειώ Historia, Ερατώ Poesía lírica, Μελπομένη Canción, Τερψιχόρη Danza, Πολύμνια Himnos, Ευτέρπη Música, Θάλεια Comedia, Ουρανία Astronomía.

Las Musas danzan con Apolo. Baldassarre Peruzzi, S. XVI

A pesar de que nunca quiso casarse, Apolo tuvo grandes amores, algunos, terriblemente trágicos. También fue autor de espantosas venganzas, a pesar de lo cual, se le rendía culto en todo el mundo griego, en especial, allí, donde estaba el Ónfalos, en el mismísimo centro del mundo: Delfos, donde ricos y pobres hallaban respuesta a sus inquietudes. Fue aquel Oráculo quien emitió la opinión incontrovertible, de que Sócrates era el hombre más sabio, dictamen que él mismo descifró confirmando que, efectivamente lo era, porque reconocía lúcidamente, que no sabía nada, al contrario de otros que, contraviniendo el sacro consejo, solían hablar de lo que no sabían.

Después de matar a la serpiente Pitón que, como un torrente, arrasaba todo a su paso, Apolo, el Sol, secó las tierras y asumió el don de la profecía. Pero, al fin y al cabo, Pitón era hija de Gea y Apolo fue castigado a nueve años de destierro del Olimpo. Fue entonces cuando entró al servicio de Admeto Ἄδμητος, en Tesalia, que le encargó el cuidado de sus reses, parte de las cuales le arrebataría el pequeño Hermes. Pues bien, Apolo quedó encantado con el afectuoso trato que le brindó el tesalio, así que le concedió que cuando le llegase la hora de cruzar la Laguna Estigia Στύξ -a través de la que los difuntos llegaban al Hades ᾍδης, es decir, a la mansión de los muertos-, tendría la posibilidad de enviar a otra persona en su lugar. Cuando llegó el difícil momento, Admeto pidió a sus padres que se sacrificaran en su lugar, pero ellos se negaron rotundamente, siendo Alcestes Ἄλκηστις, su esposa, la que ofreció su vida por él. 

Admeto llora amargamente al aceptar la decisión de su esposa de morir en su lugar.
 Johann Heinrich Tischbein, c. 1780.

Herakles consideró la actitud de Alcestes tan loable que la devolvió al mundo de los vivos, permitiendo que Admeto también conservara la vida.

 Herakles devuelve a Alcestes al mundo de los vivos. 
Johann Heinrich Tischbein, c. 1780.

Pasados los nueve años de destierro, Apolo se presentó en Delfos donde fundó su culto y preparó a las sacerdotisas –Sibilas Σίβυλλες- que habían de servirle atendiendo las peticiones de los fieles.

Sibila. Miguel ángel. C. Sixtina

Sibila con tábula rasa. Velázquez.  Meadows Museum, Dallas, Texas.

Sacerdotisa de Delfos. John Collier. Art Gallery of South Australia

Se ha dicho que es la más acorde con la tradición délfica; representada sobre el trípode sagrado, con el laurel en la mano y en medio de los gases inspiradores que emanan de las profundidades a través de una grieta. Sin embargo, esta descripción procede de la leyenda cristiana -siglos III a IV-, encaminada a desacreditar las antiguas creencias. Los más recientes estudios geológicos descartan la existencia, tanto de la grieta, como de la emanación de gases.

Encantado Apolo con los excelentes servicios de la Sibila de Cumas, le dijo que pidiera un deseo. Sibila tomó un gran puñado de tierra y lo lanzó al aire: -Quiero vivir tantos años como el número de partículas de polvo que acabo de esparcir-. Concedido el deseo religiosamente, Sibila vivió nueve vidas de ciento diez años. Sólo había olvidado un detalle: pedir la eterna juventud. Al parecer, terminó tan consumida que tuvieron que guardarla en una cajita para que no se volara.

Apolo se enamoró de Casandra Κασσάνδρα, a la que una serpiente había lamido los párpados al poco tiempo de nacer, dotándola del don de la profecía. Gravemente contrariado por la negativa de ella a aceptarlo, la condenó a predecir sólo desgracias y que además, nadie la creyera. Profetizó así la caída de Troya, la muerte violenta de Agamenón y la suya propia, sin que sirviera de nada.

En ocasiones, el divino Febo, llevaba el furor, la violencia y la venganza hasta extremos incomprensibles, tal como le ocurrió con Marsias Μαρσύας. Tenía Atenea una flauta doble que sonaba como correspondía a tal divina, pero un día que se vio reflejada en el agua mientras tocaba, observó que se le hinchaban los mofletes afeando mucho su inmortal rostro, así que la tiró sin más. Pero he aquí que Marsias pasó por allí y la encontró. Un día cometió la imprudencia de decir que su música era mejor que la de Apolo. Este le retó a un concurso ante jueces y ganó haciendo trampa; tocó la lira al revés, algo factible para la lira, pero que obligaba a su oponente a hacer lo mismo, algo que no era factible para la flauta, lo que le convirtió en perdedor. No contento con su victoria, Apolo tuvo que vengar su ofensa con la más terrible e injustificada crueldad: ató a Marsias a un árbol, por los pies y, manteniéndolo vivo, le arrancó la piel.

Sin embargo, nada tan trágico como sus dos más famosas historias de amor; Dafne Δάφνη  y Jacinto Ὑάκινθος.

Pasaba un día Apolo por el campo, cuando Hermes jugaba con su arco y sus flechas matando bueyes para escoger de entre ellos los mejores cuernos para hacer una lira.
-¿Qué haces tú, pequeñajo, manejando esas armas? Las flechas son para que los hombres matemos fieras o enemigos ¿Por qué no te contentas con agitar tu antorcha provocando pasiones amorosas?
-Aunque tu arco lo atraviese todo, el mío te atravesará a ti. –Dijo el niño- Porque es mayor mi gloria que la tuya-. Y, echando a volar, se fue al Parnaso donde preparó dos flechas. Una de ellas, con la punta revestida de oro, destinada a Apolo y otra, revestida de plomo, para la Ninfa Dafne. La de oro provocaba que el herido se enamorara de todo lo que se moviera, mientras que la de plomo, provocaba una repulsión insuperable hacia los deseos amorosos. Heridos Apolo y Daphne, la casualidad quiso que se encontraran y que Apolo concibiera un deseo irreprimible hacia la Ninfa y ella una repulsión insuperable hacia el Divino.

La huida aumenta su belleza y el joven dios obedeciendo al impulso de su amor, sigue sus huellas en carrera desenfrenada. Corren veloces el dios y la muchacha, él por la esperanza, ella por el temor. Sin embargo el perseguidor, ayudado por las alas del amor, es más rápido, acosa la espalda de la fugitiva y echa su aliento sobre los cabellos de ella que le ondean sobre el cuello. Agotadas sus fuerzas, palideció y vencida por la  fatiga de tan acelerada huida, mira a las aguas del Peneo y dice: 
-Socórreme, padre; si los ríos tenéis un poder divino, destruye esta figura por la que he gustado en demasía. 
Apenas acabó su plegaria cuando un pesado entorpecimiento se apoderó de sus miembros. Sus suaves formas iban siendo envueltas por una delgada corteza. Sus cabellos crecían transformándose en hojas, en ramas sus brazos; sus pies un momento antes tan veloces se inmovilizaban en raíces y una arbórea copa ocupó el lugar de su cabeza. 
Aun así siguió Febo amándola, y apoyando su mano en el tronco percibió cómo aún temblaba su pecho por debajo de la corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como si aun fueran miembros, besó la madera; y aun la madera huía de aquellos besos. 

J. B. Waterhouse

-Puesto que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol –dijo Apolo-. Tus hojas siempre estarán en mi cabeza, mi cítara y mi aljaba y acompañarás a los caudillos en el Triunfo. Y del mismo modo que mi cabeza permanece siempre juvenil con su cabellera intacta, llevarás tú también perpetuamente el adorno de las hojas.
Cuando Apolo terminó de hablar, el laurel asintió con sus ramas recién formadas, y parecía que, como cabeza, agitaba su copa.

Apolo y Dafne. Jakob Auer, 1688.

Hasta entonces, Apolo solía ceñirse la frente con hojas de cualquier arbol, pero desde ese día sólo quiso las del laurel sagrado.

Daphnéphoria. (Fiesta en honor de Apolo laureado). 
F. Leighton. Art Gallery (Merseyside UK)

Apolo solía entrenarse en el lanzamiento de disco con su amigo Jacinto Ὑάκινθος, al que amaba muy especialmente. Un día, cuando llegó su turno, el divino lanzó el disco con gran energía, pero un viento celoso sopló en su contra, desviándolo a la cabeza de Jacinto que resultó herido mortalmente.

Muerte de Jacinto. Jean Broc

Apolo lloró su pérdida profundamente conmovido y, cuando cayeron a la tierra sus lágrimas, surgieron hermosas flores, en cuyos pétalos quedaron impresas para siempre.


Kypariso Κυπάρισσος, también era un querido amigo de Apolo, que no iba a ninguna parte si no era en compañía de su ciervo. Estando de caza con Apolo, disparó por error contra su querido animal, matándolo al instante. Su pena no tenía consuelo y no dejaba de llorar sobre el ciervo muerto, del que no quiso separarse.

Jacopo Vignali

Conmovidos por su dolor, los dioses lo convirtieron en ciprés, el árbol de la tristeza causada por la pérdida.

 Camino, Ciprés y Estrella. V. Van Gogh. 1800. Rijksmuseum Kröller-Müller, Otterlo.

***

ARTEMISA

Artemisa con perro, Museo del Vaticano y Artemisa de Versalles. 

Siendo aún una niña, a pesar de la apariencia de mujer, Artemisa consiguió que su padre le concediera varios deseos: permanecer siempre virgen; tener tantas advocaciones como su hermano Apolo; un arco y flechas; iluminar la noche; una túnica corta; un coro de sesenta Oceánides –hijas de Océano-, y veinte ninfas de los ríos que cuidaran de sus perros. De propina, todas las montañas y la ciudad que Zeus eligiera para ella, aunque se proponía vivir al aire libre. Todo le fue concedido, pero además, habiendo vivido la penosa experiencia de su madre, Artemisa se propuso ayudar a las mujeres que tuvieran dificultades para traer a sus hijos al mundo. Así pues, el arco, las flechas, el perro y el ciervo se convirtieron en sus símbolos, además de la Luna Creciente, que solía llevar como diadema y que la asociaba al culto lunar junto con Selene Σελήνη, la Luna Llena y Hécate Ἑκάτη, la Luna Nueva. En cuanto a las advocaciones, consiguió más de una docena: entre otras cosas fue patrona de los cazadores, del santuario de Amarindo en la isla de Eubea, de los caminos, del Monte Cinto, de la isla de Delos, de los Cantos, de la juventud, de los Nacimientos, de la Luz y de los Animales salvajes.

Por orden de Zeus, Hefesto la invitó para que junto con sus Ninfas fuera a visitar a los Cíclopes en la isla de Lípari. Las Ninfas se asustaron al ver el aspecto temible de aquellos hombres entre el fuego de sus forjas, pero Artemisa se dirigió a Brontés y le pidió que le fabricara un arco de plata y un carcaj lleno de flechas. Cuando vio cumplidos sus deseos, prometió a los Cíclopes que ellos se comerían el primer venado que matara con aquellas flechas. Después se fue a Arcadia, donde Pan le regaló seis perros capaces de dominar a los leones y siete velocísimos lebreles.

Artemisa se estaba dando un baño, cuando el cazador tebano Acteón Άκταίων, osó poner los ojos en su cuerpo desnudo.

Artemisa y Acteon, Marcantonio Franceschini (1648-1729). 
Liechtenstein Museum Vienna

Con enorme crueldad -que como sabemos es una destacada faceta de algunos de los hijos de Zeus-, la olímpica echó agua al rostro del osado tebano, que inmediatamente se transformó en ciervo. Acto seguido, confundió a los cincuenta perros de su víctima y los impulsó a devorar a su amo. Cuando los perros salieron del encantamiento, vagaron desesperados por el bosque, aullando en busca de Acteón.


De acuerdo con algunas versiones Artemisa también mató a Adonis Ἄδωνις por haber presumido de ser mejor cazador que ella; esta presunción costó la vida a más de uno.

Orión Ὠρίων era su amigo y compañero de caza, pero Artemisa decidió castigarlo, bien por creerse el mejor cazador, bien porque se enamoró de ella, o bien porque así se lo pareció a su hermano Apolo, el hecho es que, uno u otro le enviaron un escorpión que lo mató. Al final, el bicho y su víctima fueron convertidos en estrellas. Escorpio Σκορπιός aparece cuando Orión se oculta.
Orión, con la estrella Beltegeuse

Escorpio, con la estrella Antares (Bitácora de Galileo)

La joven arcadia llamada Calisto Καλλιστώ también terminó en las profundidades celestes. Al parecer, cazaba con Artemisa cuando Zeus se fijó en ella; el incansable olímpico se transformó en esta ocasión haciéndose pasar por Apolo y, Calisto, voluntariamente, o no,  quedó embarazada a pesar de su voto de castidad, teniendo a su tiempo, un niño al que llamó Arcas Αρκάς. Artemisa, furibunda por lo que para ella era una imperdonable deslealtad, convirtió a la madre en una osa a la que el propio Arcas estuvo a punto de matar, si Zeus no le hubiera detenido justo a tiempo. Aún así, sabiendo el dios que su hija no pararía hasta vengarse, convirtió a Calisto en la Osa Mayor, y le proporcionó un lugar seguro en la bóveda celeste. Algunos autores antiguos aseguran que su hijo le acompañó más tarde como la Osa Menor.
Calisto. La Osa Mayor (Coompu.net) y Arcas, La Osa Menor (Astroyciencia.com)

Agamenón Ἀγαμέμνων, que como otros tantos héroes, en ocasiones parecía no conocer bien el carácter de sus divinidades, había matado a un ciervo sagrado en un bosque que estaba bajo la protección de Artemisa y además presumió, como otros, de ser el mejor cazador. Más tarde, cuando intentaba dirigirse a Troya con su flota, Artemisa paralizó los vientos y por medio del adivino Jalkas Κάλχας, hizo saber al presumido, que la ira de la divina solo se calmaría con la muerte de Ifigenia Ίφιγένεια, su hija. El héroe, no tenía alternativa porque la Guerra de Troya estaba en juego. Sin embargo, cuando la niña iba a ser sacrificada, Artemisa se la llevó dejando en su lugar una corza. La historia dice que la condujo a Táuride y la inmortalizó o la convirtió en sacerdotisa encargada de matar extranjeros.

Ulises y Diomedes entregan a Ifigienia a Jalkas ante el llanto impotente de Agamenón. 
(Pompeya, siglo I dC.). Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Níobe, Νιόβη, reina de Tebas casada con Anfión, tuvo la osadía de menospreciar a Leto, por tener sólo dos hijos, mientras que ella tenía catorce. Los divinales hijos de Leto sólo tuvieron que mirarse para saber lo que iban a hacer: Apolo mató a los siete hijos varones de Niobe, a la vez que Artemisa se ocupaba de las siete hijas, usando ambos flechas envenenadas. 

Los hijos de Niobe. Jacques-Louis David (1748-1825)

Cuando Anfión lo supo, o bien se suicidó, o bien juró vengarse y Apolo también lo mató antes de que lo hiciera. Niobe, huyó al monte Sípilo, en Asia Menor y allí lloró de desesperación por la pérdida de sus hijos, hasta convertirse en piedra, el mismo destino que sufrieron sus súbditos tebanos por mano de Zeus
Roca del Llanto de Niobe. Aglayan Kaya. Monte Sipylus, Manisa. Turquía

El templo de Artemisa en Éfeso, es una de las siete maravillas del mundo antiguo. Siete veces fue destruido y otras tantas reedificado. Parece que, en todo caso, era el edificio más grande del mundo conocido en la época con su perímetro de 120 por 60 metros y 30 de alto, todo en mármol.

Una recreación del templo de Artemisa, en el Parque de las Miniaturas de Estambul.

Una columna, testigo de aquella tercera de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

La biografía de Artemisa no tiene un final, porque como todos los Olímpicos, no envejece ni muere. Su único punto débil es el mismo de todos sus parientes divinos: en realidad, dependen más de la memoria de los mortales, que los mortales de su existencia.

Una dama llamada Cleopatra, permanece entre las ruinas de su Casa, en Delos, paciente, o quizás reflexiva ante el paso de los siglos.
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martes, 29 de enero de 2013

EL MONTE OLIMPO Όλυμπος (3) Hermes 'Eρμης


Hermes atándose una sandalia. Mármol de principios del Imperio Romano, probable copia de un bronce de Lisipo. Louvre


'Eρμης fue hijo de Zeus y de Maia, la menor de las siete Pléyades, hijas de Atlas y Pléione y tenía numerosas oficios. 

Crióforos, dios de los ganados, un título ancestral, precedente del Buen Pastor en la iconografía cristiana.


1 Moskóforo de la Acrópolis, 570 aC. Μοσχοφόρος της Ακροπόλεως
2 Hermes Krióforos, 1ª mitad del siglo V aC. Ερμής Κριοφόρος
3 El Buen Pastor, Καλού Ποιμένος


Enodios, dios de los caminos y los cruces, que él mismo había despejado y señalizado alineando las piedras en los arcenes. Agoreos y Kerdoos, divinidad de los mercados y de la riqueza. Logios, de la Elocuencia. Llamado Argifontes, por haber matado a Argos y Enagonios, por la creación de ciertos concursos. Como Psycopompos ψυχοπομπóς es el que acompaña las almas hasta la laguna Estigia en su último viaje y, sobre todo, es el Mensajero de los dioses, αγγελιαφόρος των θεών.


Sus símbolos o señas de identidad inconfundibles son, el casco con alas, que no siempre lleva puesto, o lo sustituye por el sombrero de los comerciantes y viajeros; el caduceo o Κηρύκειο, la vara con las serpientes enroscadas y, las sandalias, también con alas, llamadas talaria.




Nació en Arcadia Αρκαδία, (Peloponeso Πελοπόννησος) en una gruta del monte Cylene Κυλλήνη, donde Zeus solía acudir, a escondidas de su esposa, para verse con Maia. Desde el primer momento de su vida Hermes ya sabía hablar y andar y, con estas aptitudes, su primer deseo fue hacerse una lira, a cuyo efecto, cazó inmediatamente una tortuga, cuyo caparazón serviría a la perfección como soporte. Para fabricarse las cuerdas tampoco tuvo dudas; sabía que en Tesalia, Apolo cuidaba los rebaños de Admeto, así que, aprovechando un descuido del pastor, le robó un gran número de reses, a las que ató ramas en las colas para que fueran borrando sus propias huellas.


Cruzó Grecia con su rebaño hasta que en Pilos Πύλος encontró una cueva donde ocultarlo. En el camino, se cruzó con un anciano llamado Batos, que sospechó de la procedencia de los animales, pero el inteligente bebé se aseguró su silencio sobornándole con un buey.
Hermes, sobornando a Batos. Sir-Edward-John-Poynter (1860).


Finalmente, sacrificó dos bueyes a los Olímpicos, es decir, en parte, a sí mismo, y volvió a la gruta de Cylene, donde había nacido, llevando consigo las tripas de los animales sacrificados, que tensó sobre el caparazón de tortuga, con lo que terminó de construir la cítara. Hecho esto, volvió junto a su madre, que aún descansaba del parto y se echó a dormir en una cuna. Prácticamente había recorrido Grecia de Norte a Sur.


Cuando Apolo echó en falta a sus reses, se lanzó a buscarlas por los caminos, hasta encontrar a Batos, que le contó todo lo que sabía, aun a pesar de su promesa de silencio, pero en este caso, lo hizo a cambio de dos bueyes. En un futuro próximo, Hermes, recordando que Bato le había prometido que mantendría su silencio como una piedra, le hizo una visita haciéndose pasar por un desconocido y lo convirtió en piedra. Entre tanto Apolo dio con el ladrón, aunque no con las reses. Preguntó al niño, pero este le aseguró que no sabía ni lo que era una vaca. La madre, por su parte, juró que el niño no se había movido de la cuna, así que Apolo, impotente, lo llevó a casa de su padre, es decir, ante Zeus, el padre de ambos; Hermes se hizo el loco, pero durante la conversación, Zeus observó cómo su pequeñín le quitaba el arco y las flechas al mismísimo Apolo sin que este se diera cuenta; entonces lo comprendió todo.


A Zeus le agradó la habilidad de su niño cuatrero, aunque, por cuestión de principios, le mandó devolver cuanto había robado. Apolo, por su parte, se maravilló al oir el bellísimo sonido de la lira de Hermes, lo que sugirió al astuto bebé una gran idea; le propuso cambiársela por las reses desaparecidas. Apolo aceptó encantado y muy pronto aprendió a tocarla como divina maestría.

Apolo con la lira de Hermes.


Una vez cerrados sus negocios, Hermes, un poquito cansado, corrió a acurrucarse en brazos de Hera, quien lo acogió amorosamente sin saber que se trataba del hijo de su esposo y, enternecida, decidió encargarse de su crianza. 

Para mejor pasar el tiempo y, a falta de su lira, al pequeño caco se le ocurrió fabricarse una flauta, que también gustó mucho a Apolo, quien en esta ocasión le ofreció por ella un bastón de oro; el famoso caduceo. Como propina, Hermes exigió que el dios le enseñara a predecir el futuro por medio de piedras.

Zeus estaba entusiasmado con las agudezas de aquel hijo que había heredado su gran talento, así que decidió convertirlo en mensajero de la tribu divina y le encargó también acompañar a los difuntos en su viaje al Hades. Con su gran bagaje de sabiduría Hermes protagonizó algunas aventuras muy conocidas; entre ellas destacaremos las más gloriosas. 


Fue idea suya el funesto concurso de belleza entre Hera, Atenea y Afrodita haciendo que el troyano Paris eligiera a la más hermosa de las tres. Las diosas se presentaron ante el héroe un día que estaba cuidando sus rebaños en el Monte Ida -o Psilorítis Ψηλωρείτης; sin árboles, en Creta-. Hera y Afrodita iban desnudas –no así Atenea, siempre pudorosa–, y procedieron a hacer sus ofertas: Hera le prometió que le haría rey de Europa y Asia; Atenea le otorgaría la gloria reservada a los grandes guerreros y Afrodita, el matrimonio con la mujer más hermosa. París entregó a Afrodita la manzana de oro como símbolo de su elección y, a partir de ese momento, Atenea y Hera concibieron hacia él un odio tan furibundo que influiría en los resultados de la Guerra de Troya Τρωικός πόλεμος; no hay que decir que ambas se alinearon con los griegos frente a Paris.
Elección de Paris y la Manzana de la Discordia. 
F. X. Fabre. 1808. Virginia Museum of Art.


Hermes intervino a su vez en los avatares de aquella guerra. Acompañó a Príamo, padre de Héctor, a la tienda de Aquiles, donde aquel pidió entre lágrimas que se le devolviera el cuerpo de su hijo, al que Aquiles había matado y con cuyos restos se proponía ensañarse. También fue él quien, por decisión de Zeus, ordenó a Calipso que dejara libre a Ulises, a quien retenía desde hacía siete largos años. 


Cuando Deméter se consumía de dolor por la desaparición de su hija Perséfone, Hermes fue personalmente a buscarla al Hades para devolvérsela. También ayudó a Dionisos, otro de los hijos extramatrimoniales de Zeus, entregándolo a Atamas y a Ino, a quienes pidió que lo criaran como a un hijo, evitando que cayera en manos de la celosa Hera.

Hermes parecía mejor persona –o divinidad– cuando cumplía ciertos encargos de Zeus, aunque no todos eran de la misma naturaleza. Así, le ayudó –siempre a espaldas de Hera–, cuando, transformado en toro visitaba a Ío convertida en vaca, para ello mató a Argos, el fiel perro de cien ojos a quien la diosa encargó la misión de impedir que alguien se acercara a la vaquita Ío, especialmente, su marido.

Hermes y Argos. Velázquez, c. 1659. Museo del Prado.


Escribió Ovidio en Las Metamorfosis, que lo primero que hizo Zeus para visitar a Ío sin ser visto, fue extender una densa cortina de niebla que su esposa no tardó en disipar y que fue entonces cuando el amante convirtió a su amada en vaca para que pasara desapercibida, pero Hera también lo supo y mandó al fiel Argos que la vigilara con sus cien ojos, que nunca se dormían todos a la vez.

Aquí entró Hermes en acción: se puso a tocar la flauta con tal dulzura que el pobre Argos se durmió completamente. –Es este el momento que refleja Velázquez, representando a Argos en forma humana–. Una vez dormido el guardián, Hermes le dio muerte y se llevó a la vaquita que aparece a su espalda en el lienzo. Más tarde, Hera –según parece, muy apenada–, recogió los cien ojos de Argos y los colocó, uno por uno, sobre las plumas de un pavo real.


Hermes tuvo también sus amores, más o menos al estilo olímpico practicado por Zeus, aunque nunca se casó. Así, se enamoró de Afrodita, que lo rechazó tajantemente, pero con la ayuda de Zeus, el enamorado logró anular su resistencia apareciendo de improviso cuando ella se estaba dando un baño. Tuvieron un hijo al que llamaron Hermafrodito, al parecer, el muchacho más guapo del mundo.


Un día en que Hermafrodito se estaba bañando en el río Aqueloo, la Ninfa Salmacis se volvió loca por él y, acercándose por su espalda sin ser oída, se abrazó fuertemente al muchacho y pidio a los dioses que sus dos cuerpos se unieran en uno solo para siempre. Su deseo fue escuchado y Hermafrodito se convirtió en una mezcla de hombre y mujer. En adelante, todo el que se bañaba en aquel lugar sufría la misma transformación, quisiera, o no.

Hermaphrodite Borghese. Musée du Louvre


En otra ocasión se enamoró de Perséfone, quien, como sabemos, sería entregada a Hades. Siguiendo el ejemplo de Ares, Hefesto y Apolo que ya lo habían intentado, Hermes la cortejó cuanto pudo, pero Deméter, atenta al cuidado de su hija, logró que el divino abandonara sus intenciones.

Hermes con Dionisos niño (Fragm.) . Praxíteles (Atrib.)
Mármol. Arqueológico de Olimpia.


Cuidó de Dionisos, aunque no era hijo suyo, cuando Semele, su madre, murió del susto que le provocó una terrible exhibición de los rayos de Zeus; el padre de los dioses se injertó al niño en una pierna para que completara su gestación. Cuando nació, el padre de ambos encargó a Hermes su custodia.


Tuvo otro hijo con la ninfa Dríope, al que conocemos como Pan, que nació con cuernos y pezuñas de carnero. Asustado por los gritos de su madre cuando le vió, escapó al monte, donde Hermes lo encontró y lo devolvió al Olimpo. 

A su hijo Abdero, por último, se lo comieron las yeguas antropófagas que Herakles había robado a Diomedes. Herakles que tenía gran amor al hijo de Hermes, lloro su funesta muerte, y, para honrar su recuerdo, fundó la ciudad de Abdera en Macedonia.


***
Del nombre de este olímpico y de la evolución, anterior y posterior de los conceptos que representa, procede la Hermenéutica, ἑρμηνευτικὴ τέχνη, el arte de explicar, traducir o interpretar textos, tanto teológicos como filológicos, así como el Hermetismo ερμητισμός, una ciencia filosófico-religiosa que se basa en los escritos de Hermes Trismegisto.


Ερμής Τρισμέγιστος -ο τριπλός μάγος, Tres Veces Mágico-, es una mezcla del Hermes griego y el  Dyehuty egipcio. Se le atribuyen estudios de alquimia como la Tabla de esmeralda—que fue traducida del latín al inglés por Isaac Newton— y de filosofía, como el Corpus hermeticum.
Edición latina de la Tabla Esmeralda, de traductor desonocido. De Alchimia, Chrysogonus Polydorus, Nuremberg 1541.

Edición holandesa del Corpus Hermeticum de 1643.

Tratado VI. El bien sólo está en dios y en ningún otro. 
VII. La ignorancia de dios es el mayor mal entre los hombres. 
VIII. Ningún ser perece, sino que equívocamente se denomina destrucción y muerte a lo que no es sino cambio. 
IX. Sólo en dios y en ningún otro existe lo Bello y lo Bueno.


Hermes Trismegisto con la Esfera Armilar. D. Stolcius von Stolcenbeerg mostrando dos principios complementarios y eternos: Sol y Luna. Viridarium Chymicum, 1624 
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miércoles, 2 de enero de 2013

EL MONTE OLIMPO Όλυμπος (2) Poseidón y Deméter/Ποσειδῶν και Δημήτηρ

Walter Crane, 1845–1915. Neptune's horses. 1892. Neue Pinakothek in Munich, Bavaria. Germany.


Igual que los caballos en la llanura
al restallar el látigo elevan las patas al unísono
y dejan atrás el camino velozmente,
así la nave elevó su proa sobre el agua y
un gran oleaje púrpura rodó tras ella sobre el estrepitoso mar.

Odisea Canto XIII, 81–85

POSEIDÓN Ποσειδώνας

Es el tercer hijo de los Titanes Cronos y Rea, hermano, por tanto, de Zeus, Hera, Deméter, Hades y Vesta, aunque es llamativamente parecido a Zeus en aspecto y en carácter. Siempre se presenta cabalgando sobre las olas, o sobre un carro de ruedas de oro, que es, en realidad, un caracol gigante tirado por caballos de mar  –Poseidón siempre dijo que él había creado el caballo–. Muchas veces le acompaña un fiel Delfín y le sigue un cortejo de peces, anfibios, nereidas y otros espíritus de las profundidades marinas. Nunca abandona su tridente, que funciona como varita mágica; si está enfadado y toca con él las aguas del mar, todas las naves se van a pique. No dejó de molestar a Ulises cuando volvía a Ítaca, a donde pudo llegar, no obstante, gracias a la ayuda de Atenea.
Cuando la Prudencia le advirtió que su proyecto de boda con la Nereida Tetis Θέτις, la de los pies plateados, no era aconsejable, dejó de cortejarla y puso sus ojos en otra, la Nereida Anfítrite, Αμφιτρίτη, la que fluye en torno, pero sólo obtuvo su rechazo, y que esta huyera de su persecución para ocultarse en el Monte Atlas. Al final la encontró con ayuda de Delfina, a la que, como premio, transformó en la constelación Delfín, que ya Ptolomeo incluyó  en su lista de 48 constelaciones y cuya existencia se confirma en la actual relación de 88.
(Astroyciencia.com)

Disputó a la sabia Atenea el dominio de la ciudad de Atenas, y fue derrotado en buena lid por la Diosa; su enfrentamiento compone la decoración del frontón occidental del Partenón.
Se convirtió en  dios del mar, cuando entre él, Zeus y Hades se repartieron el mundo; domina, pues, las tempestades y la navegación, aunque  también tiene poder sobre el agua dulce y puede originar terremotos si le apetece; de hecho, cuando su enfado se convierte en furia, hace temblar la tierra de tal manera, que en el Hades temen que el techo se derrumbe sobre sus cabezas.
Su tridente tiene prácticamente los mismos usos que el rayo de Zeus, del que constituye apenas una variante adaptada al mar.

El imponente Poseidón de Artemísion –bronce de 2,9 m., en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas–.

(Existen dudas sobre si el modelo se preparaba para lanzar un tridente, o si sería un rayo, en cuyo caso, estaríamos observando a Zeus).

Posiblemente se libró de la voracidad de su padre, Cronos, porque la madre lo ocultó entre un rebaño de corderos, mientras entregaba a su marido una liebre disfrazada de bebé. Más adelante, cuando Zeus combatió a los Titanes, Poseidón se puso de su parte y mató al Gigante Polybotis tirándole un trozo de la Isla de Cos, que, tras golpear a la víctima, se convirtió en otra Isla llamada Nísyros. Fue tras esta victoria cuando los tres hermanos se repartieron la herencia de Cronos, de la que Zeus recibió el ancho Cielo, Hades las espesas Tinieblas y Poseidón el inmenso Mar.

A pesar de la fraternidad, Poseidón estaba sometido a Zeus y le debía obediencia, algo que le resultaba difícil de aceptar y que le llevó incluso a conspirar contra él conjurándose con Hera y Atenea, pero fue derrotado y condenado a trabajar durante un año para Laomedonte de Troya, para el cual construyó las murallas de la ciudad con ayuda de Apolo. Al parecer, el troyano le prometió una recompensa que después se negó a entregar; Apolo entonces, le mandó una epidemia y Poseidón un monstruo marino que, juntos, devastaron la ciudad, después de lo cual, los dos divinos se  pusieron de parte de los griegos.

Su imperio, como decíamos, era amplio, porque además de señorear el mar, abarcaba lagos y ríos e incluso la tierra dependía de él en cierto sentido, pues  la mantenía sobre las aguas y podía sacudirla a su voluntad. De hecho durante la guerra con los Titanes, más de una vez arrancó una montaña con el tridente y la hizo rodar hasta el mar. El relato de sus hazañas le gustaba mucho a don Quijote de la Mancha.

Se rumoreó que aquello que tanto repetía de haber creado el caballo, no era más que un producto de su gran vanidad, pues se sabía que siendo él muy pequeño, Rea, su madre, en una ocasión, le puso de comida un caballo a Cronos. Después dijo que también había inventado las bridas, cuando todo el mundo sabía que aquella brillante creación era de su hermana Atenea. Sí se le reconoce, no obstante, la idea de instituir las carreras de caballos, de los que tenía docenas en sus cuadras, todos ellos con crines de oro y herraduras de acero. Tenía asimismo un carro de oro que calmaba las tempestades cuando empezaba a rodar.

De carácter solitario y peleón, prefirió construir su palacio en el fondo del mar, en Eubea y, siguiendo la tradición familiar tuvo muchos amores, sobre todo, con Ninfas de los manantiales y las fuentes.

Tras conseguir el amor de Anfítrite gracias a la ayuda de Delphinos, tuvo con ella un hijo; Tritón –medio hombre y medio pez- y dos hijas, Roda, -Ροδη que dio nombre a las Isla de Rodas y tuvo siete hijos de su matrimonio con Helios-, y Benzesikymi, que se fue a vivir a Etiopía.
A Medusa, la tomó por la fuerza en el mismísimo templo de Atenea, que en castigo por semejante profanación, transformó en serpientes los cabellos de la muchacha convirtiéndola en una horrorosa Gorgona que dejaba de piedra –literalmente– a todo el que mirara sus ojos; alguien tenía que pagar el desacato y no iba a ser el divino. Cuando Perseo cortó la cabeza a la desgraciada Medusa, salieron por su cuello Jrysaor y Pegaso; después le regaló la cabeza a Atenea para que la usara como escudo.

Medusa, de Caravaggio. Uffizi, Florencia

Con Gea tuvo al gigante Anteo –dice Dante que él es quien guarda el Noveno Círculo del Infierno-, y con la Pléyade Alcyone, una hija, Etusa -que fue amante de Apolo-, más dos hijos, uno de los cuales, Hyrieo, fue rey de Beocia y padre a su vez, del Gigante Orión. Gea, por cierto, también fue madre del gigante Briareo –cien brazos y cincuenta cabezas-, otro de los personajes favoritos de don Quijote.

Cuando un día Deméter, cansada y abatida de tanto buscar , sin éxito, a su hija Perséfone, se convirtió en yegua y se echó a dormir junto a un rebaño, pero no disimuló tan bien que Poseidón no la descubriera desde lejos. Rápidamente él infatigable amante se transformó en semental y se unió a ella. De aquel divino impulso, nacieron, la Ninfa Despini  y el parlante e inmortal caballo Aerion.

Aethra, hija del rey de Trezene, recibió en sueños una orden de Atenea; debía ir a la isla Spheria y ofrecer un sacrificio sobre la tumba de Spheros. Allí fue sorprendida por el Señor del Mar, que la tomó contra su voluntad. Aethra se casó después con Egeo y fue madre Teseo.

Teófana, hija de Bisaltes era muy bella y tenía numerosos pretendientes; para que no la molestaran, Poseidón la llevó a la Isla de Crinissa, pero hasta allí llegaron los adoradores, lo que hizo que el dios la transformara en oveja y a los habitantes de la isla, en corderos, tomando él mismo la forma de un carnero, bajo cuya apariencia, logró ser aceptado. Así nacería el famoso carnero del Toisón.

Otra de las conquistas de Poseidón dio lugar a la fuente de Pirene, cercana a Corinto. Se enamoró el dios de la Ninfa Pirene con la que tuvo dos hijos; la penosa muerte de uno de ellos provocó tal llanto en la madre, que originó el manantial.

Tuvo un enfrentamiento con Helios, el dios del Sol, por la posesión de Corinto. Briareo, en su papel de árbitro, entregó a Helios Acrocorinto y dejó el resto del istmo a Poseidón.


Disputó asimismo a Hera la Argólida y se negó a comparecer ante los dioses para resolverlo, porque decía que todos estaban contra él. Sin embargo formaron estos un tribunal presidido por los dioses–río, Inajos, Cefisos y Astérion, quienes sentenciaron a favor de Hera. Provocó entonces Neptuno una sequía que sólo se interrumpía por diluvios que causaban inundaciones catastróficas. Para solucionar el problema de la sed de su pueblo, el rey Dánao mandó a sus hijas que buscaran una fuente. Al ser atacadas por un Sátiro en el camino, una de ellas imploró la ayuda de Poseidón, que acudió de inmediato y espantó al atacante lanzándole su tridente que, finalmente, fue a clavarse en una roca, de la que surgió agua fresca y limpia. Amimoné rogó a su benefactor que la dejara correr. Fue llamada la fuente de Lerna. Poseidón también se enamoró de ella, pero en este caso puso la condición de que la muchacha se entregara voluntariamente, como lo hizo, sobre todo para evitar otra venganza fatal para su pueblo. De este amor nació Navplios, fundador de la ciudad de Navplia.


Otros de sus descendientes fue el Cíclope Polifemo, a quien, como sabemos, Ulises dejó ciego de su único ojo, lo que encendió la cólera de Poseidón, que luchó contra el héroe homérico durante toda la guerra de Troya.

Insaciable en su avidez, Poseidón disputó las islas de Egina a Zeus y Naxos a Dionysos, en ambos casos, sin éxito y, además, tuvo que ceder Delfos a Apolo.

Parece que tenía el poder de enturbiar la mente, por lo que Hipócrates, cuando escribió sobre las llamadas enfermedades sagradas, le responsabilizó de ciertos desórdenes mentales, no hallándose hasta la fecha una explicación mejor.
El Templo de Poseidón en el Promontorio de Sunión.
Ο ναός του Ποσειδώνα στο Σούνιο

Benignos o malévolos, los Olímpicos siempre reciben el culto de los mortales, ya sea por agradecimiento o por temor. El dios del Mar conserva una muestra del que se le rindió en el bellísimo paraje del Cabo Sunión, cuya grandeza es verdaderamente indiscutible, de lejos y de cerca.


Himno Homérico XXII, A POSEIDÓN
Los Dioses han compartido honores contigo, que haces temblar la tierra. Te han hecho domador de caballos y salvador de naves. Salve, Poseidón que abrazas la tierra,  Dios de cabellos azules y corazón benévolo, que socorres a los navegantes.


DEMÉTER, Δημήτηρ o Δημητρα

Copia romana en mármol de un original griego del siglo IV aC. Museo Nacional de Roma. Palazzo Altemps

Representa a la Tierra fecunda y facilita la germinación y crecimiento de las plantas. Aunque, como hija de Cronos y Rea era Olímpica, ella prefería vivir en Eleusis, más en contacto con la tierra que con las nubes. Dado que los cereales constituían la base de la economía griega, Deméter era especialmente venerada por ser ella quien proporcionaba la base del sustento a las ciudades. Siempre fue muy cercana a los humanos que, en agradecimiento construyeron numerosos templos en su honor. Es una de las alternativas a los Doce Olímpicos, y tiene un cometido bien diferente al de Ares, por ejemplo, o al de Dionisos, dedicados respectivamente a la guerra y a la uva fermentada.

Al ser una diosa más bien terrestre, tenía un componente tectónico o telúrico que heredaría su hija Perséfone. Poseía asimismo una belleza severa que le atrajo a algunos pretendientes que ella trató de resistir. Recordemos cómo se transformó en yegua para eludir los avances de Poseidón y de lo poco que le sirvió cuando él, a su vez, se hizo pasar por un semental, que la hizo madre de Arión. Parece que tuvieron otra hija a la que solo conocemos como Despina; Señora, pero cuyo verdadero nombre sólo sabían los iniciados.

Con Zeus tampoco le sirvió de mucho el rechazo cuando aquel se transformó en toro; aunque en este caso conocemos el nombre de la hija de ambos; Perséfone, y su historia. Deméter se convertiría en la cuarta esposa de Zeus.
Deméter quiso mucho a Macris, una ninfa de Kérkyra y por amor a ella, enseñó a los Titanes el arte de la siembra y la siega. Fue también madre de Plutos -representa la riqueza y lleva consigo el cuerno de la abundancia- y de Filomelos, con Iasíon, otro hijo de Zeus y de la Pléyade Electra, a quien conoció en la boda de Cadmo y Harmonía. Después de beber suficiente néctar, los dos enamorados salieron de la casa a hurtadillas y se unieron en un campo labrado. Cuando volvieron, Zeus se percató de que algo había pasado y, lleno de celos, lanzó un rayo mortal a Iasíon, aunque hay versiones que aseguran que aquel sobrevivió e introdujo el culto de Deméter en Sicilia.

Deméter era particularmente venerada por las mujeres en sus templos, denominados Mégara, generalmente situados en bosques densos, donde le ofrecían culto las sacerdotisas llamadas Canéforas. Sus atributos son, entre otros, la espiga y la amapola.


Con todo, el hecho que marca y define verdaderamente la historia de Deméter, es la desaparición de su hija Perséfone y la desesperada lucha de la diosa por encontrarla. Ya conocemos la terrible historia del rapto de Perséfone –la Proserpina romana-, por parte de Hades. Deméter abandonó el Olimpo por esta causa, dispuesta a no volver sin haber recuperado a su hija.




Deméter llorando a Perséfone (Evelyn de Morgan, 1906)



El Himno Homérico a Démeter, compuesto por 495 hexámetros dactílicos -uno de los más largos del conjunto de estos Himnos atribuidos a Homero-, relata su historia. Cuando Helios le dice a Démeter que el propio Zeus ha entregado a su hija como esposa a Hades, Demeter se niega a aceptarlo y continúa su errante búsqueda. Cuando llega a Eleúsis, cerca de Atenas, se hace pasar por una anciana y las hijas del rey la acogen bondadosamente. Pasado algún tiempo, Démeter, agradecida, se da a conocer, pide a los habitantes de Eleusis que organicen el culto de los Misterios y les enseña a producir cereales.


Entre tanto, los dioses en el Olimpo empezaban a preocuparse, porque a causa del dolor de la diosa, la tierra dejó de dar frutos. Trataron pues, de convencerla para que volviera, pero ella se negó a hacerlo mientras no encontrara a su hija.

Finalmente, Hermes es enviado a buscar a Perséfone a los infiernos y madre e hija recobran la alegría. Una alegría que, en principio no iba a ser duradera, ya que Perséfone había comido una granada que le obligaría a volver al Hades, donde obligatoriamente debían permanecer aquellos que probaban la comida de los muertos. Los dioses se reunieron entonces y llegaron a un acuerdo intermedio; Perséfone pasará la tercera parte del año en el Hades con su esposo y el resto del tiempo permanecerá junto a su madre. Deméter acepta esta condición y, finalmente, vuelve al Olimpo. La Tierra florece.

La Vuelta de Perséfone, Frederic Leighton, 1st Barón Leighton (1830–1896).

El drama de Deméter y Perséfone está en la base de los Misterios Eleusinos, durante los cuales, los mortales hacían acopio de esperanza para esta vida y para la otra. No se descarta la posibilidad de que la amapola, como sabemos, uno de los símbolos de Deméter, tuviera algo que ver en aquellas ceremonias, de las cuales nadie podía hablar sino a riesgo de la vida.

Los rituales eran celebrados por sacerdotes, de los cuales conocemos a Celeos y a su hijo Triptolemo, a quien Deméter había confiado sus conocimientos sobre el trigo. Los iniciados creían firmemente en la posibilidad de una vida después de la muerte tras su participación en los misterios, aunque desconocemos de qué modo adquirían tal seguridad, debido al obligado secreto que hasta hoy nadie ha divulgado.


Los Misterios Mayores duraban nueve días. Antes de la llegada del otoño se preparaban las ceremonias preliminares, que no eran secretas y por tanto, son mejor conocidas. Entonces se llevaban en procesión las reliquias sagradas a Atenas para depositarlas en el Elevsínion, al pie de la Acrópolis. Los candidatos se purificaban en el mar antes de iniciar un período de ayuno. Después, la procesión volvía al camino sagrado de Eleusis, donde se rompía el ayuno comiendo kykéôn, un alimento a base de trigo. Finalmente, tenía lugar el rito durante el cual los iniciados recibían las revelaciones por las que alcanzaban la salud y la seguridad de la vida futura.

Todo aquel que hablara en griego y que no fuera homicida podía solicitar su admisión en los rituales, que estaban abiertos a hombres y mujeres, ricos y pobres, libres y esclavos. Posteriormente, la mayoría de los emperadores romanos también se iniciarían en estos Misterios.

Esquilo, Αισχύλος -525-456 aC- de quien ya hemos hablado en relación con la tragedia de Prometeo, era, precisamente de Eleusis y es muy probable que también se iniciara en los Misterios, tal como lo afirma Aristófanes en su comedia Las Ranas. Parece que fue procesado por impiedad, al saberse que había revelado los secretos prohibidos, delito que le ocasionaría un segundo exilio en Sicilia.
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