jueves, 7 de abril de 2016

Antoine de Saint-Exupéry • En busca de lo esencial


Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry
Lyon, 29 de junio de1900 - Isla de Riou, 31 de julio de 1944.

Durante años, su historia estuvo envuelta en el misterio de su desaparición durante un vuelo cuyo paradero tardó mucho tiempo en ser descubierto. Aunque, tal vez, la respuesta sobre su destino se encontraba ya en la historia del Petit Prince, ese libro que todos desearíamos merecer.

Saint-Exupéry empezó a estudiar arte y arquitectura, pero se hizo piloto cuando cumplía el servicio militar en 1921, en Estrasburgo. Desde entonces, el hecho de volar fue lo que en realidad inspiró su carrera literaria y, con ella, su paso inmediato a la posteridad.

La publicación de la relato El aviador, en Le Navire d’argent de J. Prévost, en 1926 y un contrato como piloto de línea para una sociedad de aviación, marcaron un camino en su vida. A partir de entonces, cada escala de vuelo se convirtió en un argumento literario. Siendo encargado de una estación aérea en el Sahara español, en 1928, escribió su primera novela, Courrier Sud - Correo del Sur. En 1929 se fue a América.


En Buenos Aires, conoció a Consuelo Saucín, de una acomodada familia de El Salvador, con la que se casó, a la vez que era designado director de la empresa Aeroposta Argentina, con la misión de organizar la red del correo aéreo de América Latina. Habla de esta experiencia en Vol de nuit - Vuelo nocturno publicada en 1931, con la que alcanzó un notable éxito. 

Aquel año quebró la compañía Aéropostale, de la que Aeroposta era filial, lo que cortó momentáneamente su carrera pionera.


A partir de 1932, empezó a escribir en prensa, publicando reportajes de guerra sobre Vietnam, Moscú y España, y retomó los vuelos como piloto de pruebas, sufriendo serios accidentes; en el desierto egipcio, en 1935, o en Guatemala en 1938. 

De hecho, durante los años treinta su actividad se multiplicó; preparó las adaptaciones cinematográficas de Correo del Sur en 1937 y de Vuelo nocturno en 1939 y escribió reportajes y artículos para revistas, entre otras cosas. Tras el accidente de Guatemala, cuando se recuperaba en Nueva York, aconsejado por André Gide, reunió la mayor parte de los trabajos publicados hasta entonces de manera dispersa, en el libro titulado Terre des hommes - Tierra de hombres publicado en 1939, que recibió el Grand Prix du Roman de l'Académie Française.
La edición americana del mismo, llevaba por título Wind, Sand and Stars.


El 30 de diciembre de 1935, Saint-Exupéry y André Prevot, se proponían batir el récord de tiempo de vuelo desde París a Saigón por un premio de 150000 francos. Tras haber volado durante 19 horas y 38 minutos, cuando se aproximaban a Saigón, tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara. Estaban desorientados y solo tenían unas pocas uvas, un par de naranjas y un poco de vino, por lo que al tercer día, después de sufrir alucinaciones visuales y auditivas, llegaba el mal del desierto, la mortal deshidratación. Afortunadamente, ambos salvaron la vida, gracias a un beduino que pasó con su camello junto al lugar del accidente. La experiencia se convertiría en el argumento de la aparición del Petit Prince.

Así pues, he vivido sólo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta una avería en el desierto del Sáhara, hace seis años. Algo se había roto en el motor. Y como no llevaba pasajeros ni mecánicos, me preparé para intentar lograr, completamente solo, una reparación difícil. Para mí era una cuestión de vida o muerte. Apenas tenía agua para ocho días. 

La primera noche me quedé dormido en la arena, a mil millas de cualquier tierra habitada. Imaginad mi sorpresa, al amanecer, cuando una curiosa vocecita me despertó.

El mismo año de la publicación de Terre des Hommes; 1939, como es bien sabido, estallaba la Segunda Guerra Mundial. Saint–Exupéry fue movilizado y destinado al ejército del aire, formando parte de una escuadrilla de reconocimiento aéreo, con la que participó en diversas misiones de riesgo, como la de Arras, en mayo de 1940. 

Después de la ocupación alemana marchó a Nueva York, donde escribió sobre aquellas experiencias, en Piloto de guerra de 1942. A pesar de las exigencias del momento, que compelían a todos a asumir una postura política concreta, Saint-Exupéry trató de eludir un compromiso difícil de encajar con su filosofía, lo que le atrajo la animadversión de los gaullistas, a pesar de que trabajó para la Resistencia, en su intento de promover la participación de los Estados Unidos en la contienda.

Su compromiso moral, estaba al margen de la situación inmediata, lo que no implicaba, ni mucho menos, desconocimiento ni distancia. De todo ello salió Lettre à un otage – Carta a un rehén, de 1943.

Redacta la Lettre à un otage durante su exilio en los Estados Unidos, en 1942. En forma de carta, Saint.Exupéry se dirige a un amigo que ha quedado como rehén –otage-, en una Francia ocupada, perseguido en su país, que no puede abandonar. Como una señal de amistad enviada al amigo que sufre, su texto se convierte en un homenaje a Francia.

Originariamente, Saint-Exupéry escribió un prólogo dedicado a su amigo León Werth, de origen judío, que se refugió en Saint-Amour, en el Jura, donde el autor lo visitó antes de marchar a los Estados Unidos en diciembre de 1940. Werth le entregó un manuscrito sobre el Éxodo para que intentara publicarlo.

El libro se tituló en principio, Carta a un amigo; después, Carta a León Werth y finalmente, fue la Carta a un rehén, cuyo texto se refiere, en definitiva, a la Francia que sufría bajo la ocupación. La presencia allí de León Werth, era un lazo que transformó la condición de exiliado de Saint-Exupéry, en la de viajero que sabe que volverá a sus raíces, conservadas por un afecto incondicional.


Fue entonces, cuando el escritor se propuso mostrar su pensamiento en forma de parábola, a través del celebérrimo relato titulado, Le Petit Prince – El principito, también de 1943, que él mismo ilustró y que le proporcionó el éxito literario en todo el mundo, a pesar de la apariencia infantil del libro.

Después de pasar más de dos años en América del Norte, Saint-Exupéry regresó a Europa para volar con las Fuerzas francesas libres y luchar con los Aliados en un escuadrón con base en el Mediterráneo. A los 43 años, era mayor que cualquiera de sus compañeros en el servicio, y sufría, además, frecuentes ataques de dolor a causa de las fracturas sufridas en numerosos accidentes. 

Al parecer, se le asignó, al igual que a otros pilotos, a un escuadrón de cazas bimotor que un funcionario describió como aeronaves desgastadas por la guerra, sin condiciones de aeronavegabilidad. Después de perder un aparato a causa de un fallo de motor, estuvo sin volar durante ocho meses, tras los cuales fue reincorporado a nuevas misiones, según parece, debido a la intervención personal del general Eisenhower.

Charles de Gaulle había afirmado públicamente que Saint-Exupéry simpatizaba con la Alemania nazi, lo que causó al piloto una terrible depresión, habida cuenta de lo que suponía semejante acusación en aquel momento. Parece que el piloto se había permitido decir que de Gaulle no le parecía el hombre adecuado para asumir la presidencia de la República. 

En 1943, pues, se reincorporó a las fuerzas francesas en África del Norte y volvió a realizar misiones en Cerdeña y Córcega. En el transcurso de una de ellas, el 31 de julio de 1944, su avión desapareció en el Mediterráneo. 

Su última misión de reconocimiento consistía en recoger información para la Inteligencia sobre los movimientos de tropas alemanas en el valle del Ródano y sus alrededores, antes de la invasión aliada del sur de Francia, conocida como Operación Dragoon. 

Aquel 31 de julio de 1944, a las 8:45 horas, despegó a bordo de un Lightning P-38 sin armamento, desde una base aérea en Córcega. Disponía de seis horas de autonomía, pero a las 13.00 horas no había regresado, por lo que el capitán René Gavoille, comandante de la escuadra, advirtió a los radares del problema. Ante la falta de noticias, a las 14:30 el avión se dio por desaparecido

El día 1 de agosto, una testigo informó haber visto un accidente aéreo alrededor del mediodía, cerca de la bahía de Carqueiranne junto a Toulon. Del mismo modo, un cadáver sin identificar, pero con insignias francesas fue encontrado varios días después al este del archipiélago Frioul al sur de Marsella y enterrado en Carqueiranne en septiembre.

Un avión Lockheed P-38 F5B Lightning similar al de Antoine de Saint-Exupéry.

A. de Saint-Exupéry. Photo de John Phillips, Mai 1944, Alghero, Sardaigne.

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54 años después, el 7 de septiembre de 1998, un pescador llamado Jean-Claude Antoine Bianco hizo un sorprendente hallazgo, a media milla náutica –927 metros– al este de la Isla de Riou –unos 20 km al sureste de Marsella–. 


Se trataba de una pulsera de plata –une gourmette, como se denomina a algunas cadenas de reloj o brazaletes de identidad-, con el nombre de Saint-Exupéry, el de su esposa, Consuelo y la dirección de sus editores americanos, Reynal y Hitchcock, enganchado a un trozo de tela, probablemente de lona de un traje de vuelo.


El 23 de mayo de 2000, un buzo llamado Luc Vanrell encontró a su vez, los restos de un P-38 Lightning esparcidos en el fondo del mar a media milla náutica -927 metros- al este de la isla de Riou, cerca del lugar donde se encontró el brazalete. Los restos del avión fueron recuperados en fecha tan próxima como el 3 de octubre de 2003. 

Parecía que el misterio empezaba a resolverse.

El 7 de abril de 2004, investigadores del Departamento de Arqueología Subacuática confirmaron que los restos del avión encontrados eran, ciertamente, los del Lightning P-38 F-5B, el de reconocimiento de Saint-Exupéry. No aparecían en aquellos restos marcas atribuibles a ráfagas de disparos, si bien, esto no fue considerado significativo, ya que solo se recuperó un fragmento muy pequeño de la aeronave. 

En junio de 2004, los fragmentos fueron depositados en el Musée de l’Air et de l’Espace de Paris-Le Bourget. El lugar impone recogimiento. La emoción es fuerte cuando el visitante descubre la gourmette del piloto. El autor de Terre des Hommes adquiere entonces una nueva dimensión humana, muy vital, a pesar de la realidad que representa.

La ubicación del lugar del accidente y el brazalete está a menos de 80 km por mar de Carqueiranne, donde había aparecido el cadáver de un soldado francés desconocido, por lo cual es posible, aunque no confirmado, que aquel fuese el cadáver de Saint-Exuperý, y que hubiera sido trasladado hasta allí por las corrientes marinas tras el accidente.

En 1982, el alemán Günther Stedtfeld, expiloto de la aviación alemana, encontró en un número de 1972 de la revista de aviación Der Landser un informe y una carta de las que dedujo que Saint-Exupéry podría haber sido abatido y precipitado al mar por un caza alemán. Según el artículo, un joven piloto alemán, Robert Heichele ―muerto unos días después, en el sur de Francia―, habría consignado el ataque y derribo en un informe, y además habría hablado de ello en una carta enviada a un amigo. 

En marzo de 2008, el periodista alemán Horst Rippert, de 85 años de edad, expiloto de la Luftwaffe narró a La Provence, periódico de Marsella, que atacó y derribó un P-38 Lightning el 31 de julio de 1944 en la zona donde se encontraron los restos del avión de Saint-Exupéry. Rippert, que estaba en una misión de reconocimiento sobre el mar Mediterráneo, dijo que el P-38 Lightning llevaba el emblema francés, que volaba cerca de Tolón, y que lo vio estrellarse en el mar.

Su testimonio arrojaba nueva luz sobre el hecho de que en los fragmentos recuperados no hubiera impactos de bala –algo que se había usado para abonar la teoría del suicidio–; pero la declaración de Rippert -expuesta en un lenguaje sumamente coloquial-, fue desestimada por falta de pruebas.

Desde Toulon, vi el Lightning de doble fuselaje que se dirigía hacia Marseille, me pregunté qué venía a hacer aquel tipo, completamente solo, en mi sector… le dejé completar un arco de círculo y viré a mi vez, pensando que se marcharía. Pero no. Le seguí.

…a 2000 metros de altitud. Cuando se está en un combate aéreo, eso no es normal; era, pues, una misión de observación. Normalmente, el Ligthning evoluciona a 10000 metros para tomar sus fotos. En ese caso volaba mucho más bajo. Además no se preocupaba por mi y la situación se prolongaba…

Entonces me dije, chaval, si no te largas, te acribillo. Me puse en su dirección y disparé, no sobre el fuselaje, sino sobre las alas. Le di. El zinc se destrozó. Derecho al agua. Se estrelló en el mar. Nadie saltó. No sabría decir nada más.

Fotogramas del derribo de un P38 fechado a mano en 31.07.1944 a las 12:05 h.

Al piloto no lo vi y, de todas formas me habría resultado imposible saber que era Saint–Exupéry. He esperado y espero siempre que no fuera él. En nuestra juventud, en la escuela, todos lo habíamos leído y adorábamos sus libros. Sabía describir admirablemente el cielo, los pensamientos y los sentimientos de los pilotos. Su obra suscitó la vocación en muchos de nosotros. 

Personalmente, amaba al personaje del que apenas había visto algunas fotos, lo que no me hubiera permitido reconocerlo en el aire. Si lo hubiera sabido, no habría disparado. No sobre él.

El 3 de julio de 1944, el oficial Horst Ripper, al volver de su misión, mencionó en la ficha, a propósito del ataque al Lightning: "Pilot did not return and is presumed lost".

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Algunos antiguos pilotos de caza alemanes han afirmado o supuesto que habían abatido el avión de Saint–Exupéry… antes de retractarse o de ser desmentidos por historiadores. El testimonio de Horst Rippert, presentado como el último secreto, corre el riesgo de de seguir la misma suerte.

El libro, Saint-Exupéry, l’ultime secret, de Jacques Pradel et Luc Vanrell -Editions du Rocher-, tampoco ha servido para convencer a los incrédulos.

Uno de sus párrafos es perturbador; aquel en que los autores tratan de justificar el silencio que ha rodeado el final de Saint–Exupéry. Evocando a los cinco pilotos susceptibles, según los autores, de haber abatido el P–38 el 31 de julio de 1944, se puede leer:

“…bruscamente se encierran. Forman un grupo restringido y hay muchas posibilidades de que entre ellos haya un pacto de silencio. Desde el 1º de agosto, hasta, como mucho, el 2, todos estaban al corriente; sus estaciones de escucha habían interceptado las comunicaciones de los americanos sobre la búsqueda de Saint–Exupéry. Pero para él, es la “omertá”; es el Aviador con una gran “A”, quien vuela, el héroe simbólico; su muerte, es un peso demasiado duro de asumir. (AeroBuzz.fr).
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Cuando el pescador Jean-Claude Bianco encontró la pulsera de identidad de plata con el nombre de Saint-Exupéry y el de su esposa, su descubrimiento fue despreciado por la familia de Saint-Exupéry, apoyada por ciertos elementos de la prensa francesa, alegando que él mismo había fabricado el brazalete. Bianco, sin embargo, aseguró que limpiaría su nombre de aquella absurda falsedad.

Y apareció un nuevo personaje que respaldaba a Bianco. Un buzo profesional de Marsella llamado Luc Vanrell, que había buceado en aquellas aguas transparentes toda su vida; recordó que su padre, también buzo, le dijo una vez que había visto un avión hundido exactamente en el mismo lugar en el que Bianco encontró el brazalete.

Vanrell identificó el aparato de Saint-Exupery, pero entonces él también se convirtió en objetivo de la campaña de difamación y descrédito de cierta prensa; según la cual se había hecho público que Saint Exupery era un traidor y que bebía en exceso, dejando caer, además, la posibilidad del suicidio. Vanrell fue acusado de falsificar pruebas. 

A pesar de ello, la evidencia se impuso, y finalmente, aquel mes de abril, el gobierno francés confirmó que el avión encontrado por Vanrell era, de hecho, el de Saint-Exupery.

La familia del piloto, poderosa, adinerada e influyente, se mostró siempre incómoda ante el descubrimiento de la posible verdad sobre el accidente. En realidad nunca dejaron de mostrar su desacuerdo con el despertar de aquella oveja negra que era su pariente el bohemio escritor.

Sorprende el hecho de que la teoría del suicidio se admitiera tan a la ligera, de forma casi incondicional, tratándose de una decisión, que de haberse producido, sería absolutamente imposible de probar; pero sorprende más el evidente intento de los familiares del piloto, de echar tierra sobre el asunto, y sorprende, finalmente, que nunca apareciera la palabra sabotaje, no tan descaminada, dadas las circunstancias que rodearon el final de la guerra y que tanto afectaron al escritor, tan crítico con el gobierno, que había sido tachado de traidor.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Francia se dividió entre el gobierno de Vichy, controlado por los alemanes en Francia y la oposición de la llamada Francia Libre, con sede en Londres.

Saint-Exupéry combatía como oficial de la fuerza aérea francesa libre, pero no confiaba en el líder autoritario, el general Charles de Gaulle. En 1943 De Gaulle se vengó, al dar a entender públicamente que sospechaba que Saint-Exupéry apoyaba a los alemanes. Se le prohibió volar con la fuerza aérea francesa libre y Saint–Exupéry tardó ocho meses en ver anulada aquella prohibición.

Por entonces, la guerra europea se acercaba a su culminación, con el Día D en el norte, mientras que la escuadra de Saint-Exupéry avanzaba desde el norte de África hacia Córcega. Al parecer, se dijo que por entonces bebía mucho, a causa de la acusación de traidor que pesaba sobre él, y que, ante muchos, le convertía en un criminal.

-Creo –declaró Luc Vanrell-, que estaba sufriendo de depresión, al ser acosado por los políticos.

Irónicamente, después de la guerra, el hombre que había descrito a los políticos franceses en tiempos de guerra, como una cesta de cangrejos, fue después reclamado por aquellos mismos políticos como un símbolo unificador y como la cara amable de la posguerra.

Es poco probable que alguna vez lleguemos a saber realmente cómo y por qué murió Saint-Exupéry.

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Al mediodía del 23 de mayo de 2000, Luc Vanrell descendió 200 pies bajo la superficie del Mediterráneo. Se necesitaría una hora completa para volver a la superficie, y estaba buceando sólo. Los rayos del sol eran verticales, el cielo sin nubes, el fondo del mar casi sin sombras. “Perfectas condiciones de inmersión", recuerda.

Vanrell, propietario de una escuela de buceo en Marsella, estaba tratando de resolver un enigma que ha desconcertado a Francia desde el final de la Segunda Guerra Mundial: cómo Antoine de Saint Exupéry, piloto pionero, héroe de guerra y uno de los autores más queridos del mundo, podría haber desaparecido en un día de cielo muy claro en el periodo estival en 1944.

"Hay docenas de aviones de combate en el lecho marino alrededor de Marsella; docenas, y había eliminado gradualmente todos los demás", dice Vanrell. 

El avión había explotado, esparciendo fragmentos a lo largo de una milla cuadrada en los fondos marinos, pero Vanrell sabía exactamente lo que debía buscar. Un piloto de combate veterano le había enviado dibujos originales de fábrica. Entonces lo vio: sobre en un trozo de coral, coronada con algas, una columna de metal de 3 pies.

"Era el tren de aterrizaje de un Lockheed relámpago F-5. El F-5, muy poco frecuente en el escenario mediterráneo de la guerra, y de los tres derribados, ya había identificado dos. No me quedaba ninguna duda; sabía que había encontrado el avión - y la tumba - de Antoine de Saint-Exupéry".

No todo el mundo dio la bienvenida el descubrimiento. Muchos en Francia preferirían que la tumba de Saint Exupéry siguiera siendo un misterio - incluyendo a su familia rica y secreta. -Leyendas como Saint Exupéry no deben sufrir esa clase de ajustes –declaró su sobrino, Jean D'Agay, a la prensa francesa.

Si se hubiera podido demostrar que el avión había sido derribado, la reputación del autor permanecería limpia. Pero cuando los restos del naufragio se extrajeron finalmente en el otoño de 2003, no se encontraron agujeros de bala. -Recordemos la declaración de Rippert acerca del hecho de haber disparado a las alas del aparato-. Aun así, como Francia se preparaba para conmemorar el 60 aniversario de la muerte de su héroe literario nacional, ya pocos estaban dispuestos a enfrentarse a la posibilidad de que el autor de Le Petit Prince hundiera deliberadamente su avión de guerra en el mar.

En el verano de 1944, la escuadra francesa libre 2/33 llegó a Bastia, en el norte de Córcega mientras los aliados perseguían a los alemanes del norte. La mascota de la escuadra era Saint Exupéry: una leyenda literaria que se había hecho un nombre con el Vuelo Nocturno, un libro sobre las primeras aventuras en la aviación. En 1940 ya había publicado Le Petit Prince, pero St-Ex era un hombre profundamente infeliz y habituado a la bebida.

Los motivos de su infelicidad eran variados. Se decía que tras haber aprendido a volar en la década de 1920, detestaba la complejidad de los aviones modernos, y la escuadrilla de 2/33 estaba equipado como una de las más avanzadas. Poco después perdió su empleo en la compañía. Pero teniendo suficientes contactos como para lograr que Eisenhower, Comandante Supremo Aliado, interviniera en su favor, lo recuperó en unos meses.

Pero justo en aquel momento, el general Charles de Gaulle lanzó el discurso en el que daba a entender que Saint-Exupéry era un colaborador del régimen de Vichy-alemán, basado en el hecho de que su libro -Piloto de Guerra-, se había publicado en la Francia ocupada. De Gaulle había llegado al convencimiento de que el autor aristócrata estaba convenciendo a los americanos en su contra. St-Exupéry, por su parte, se negó públicamente a apoyar a de Gaulle, diciendo a sus amigos que su ambición política estaba por encima del bien de Francia.

El poder del General estaba en pleno auge y resultó ser un enemigo vengativo; mandó vigilar al autor e interferir su correo, además de prohibir la venta de sus libros en la Francia libre y denegar todas sus peticiones de volver al servicio activo.

Saint Exupéry se sintió derrotado y empezó a beber, ante la profunda impotencia de verse tachado de colaborador después de la Liberación. 

Por otra parte, padecía dolores constantes por las heridas y fracturas sufridas en una docena de accidentes de vuelo; apenas podía mover el cuello, y sufrió un dolor de espalda incapacitante. También había empezado a acumular deudas graves. Irónicamente, si hubiera vivido, Le Petit Prince le habría hecho rico.

Cuando Saint Exupéry cruzó el mar, sabía que era prácticamente seguro que se trataba de su última oportunidad de volar en una misión militar. A eso de las 9.30 am sobrevoló la costa francesa y no se volvió a saber de él.

Cincuenta y cuatro años después, se producía el hallazgo del brazalete:

-Por un momento pensé que era una broma-, dijo Bianco. -Mi número dos, Habib Ben-Amor, me entregó esta pequeña cosa que brillaba, la froté, y apareció el nombre de Antoine, mi segundo nombre, pero entonces vi el apellido de Saint-Exupéry y el nombre de su esposa Consuelo, y me di cuenta que era una especie de milagro.

Más tarde, cuando el 23 de mayo del 2000, Luc Vanrell, encontró el fragmento del tren de aterrizaje, chocó con una barrera legal que le impedía extraerlo para su estudio, pero Vanrell declaró su hallazgo al Ministerio de Cultura y pidió permiso para buscar números de serie con los que identificar el avión.

-Pensé que podría cerrar el capítulo, aportar tranquilidad a la familia de Saint Exupéry, y limpiar el nombre de Jean-Claude Bianco.

Pero, muy al contrario, Vanrell fue acusado de robo. Los influyentes Saint Exupéry emplearon su influencia política para que se prohibiera el buceo, e incluso la pesca, en el lugar donde se hallaban los restos siniestrados.

Finalmente, el gobierno francés concedió a regañadientes una investigación, y los fragmentos del avión fueron sacados a la superficie. Se trataba de un panel de aluminio que llevaba cinco caracteres grabados a mano -2.734 L-. Con ello, quedaba fuera de toda duda que se trataba del avión que pilotaba Saint Exupéry.


El anuncio oficial del Ministerio de Cultura informó que los restos sugerían una caída casi vertical de alrededor de 500 millas por hora. Pero se aclaraba que las causas nunca se conocerían definitivamente.

Este avión, es el reportado como desaparecido el lunes 31 de julio de 1944 en el curso de una misión de reconocimiento fotográfico que cubría el sector Annecy/Lyon/Villefranche-sur-Saône, cuyo piloto era el Comandante Antoine-Marie de Saint-Exupéry.

En el momento en que este informe preliminar del 12 de abril de 2004 fue enviado a las autoridades marítimas francesas del Sector Mediterráneo: el estatuto oficial del Comandante Antoine-Marie de Saint-Exupéry, quedó clasificado como: “Piloto desaparecido, muerto por Francia”.

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Le Petit Prince, fue publicado en 1943. Aunque aparentemente se trata de un libro infantil, la crítica lo ha considerado un trabajo sobre la naturaleza humana. Se disputa el título de la obra literaria más vendida de la historia junto con Historia de Dos Ciudades de Charles Dickens  –más de 200 millones de ejemplares vendidos de cada uno–. Es considerado el mejor libro francés del siglo XX y ha sido traducido a más de 250 idiomas y dialectos.

Fue escrito durante la estancia de 27 meses de Saint-Exupéry en Estados Unidos tras la Batalla de Francia en 1940, cuando el gobierno francés fue depuesto por las fuerzas alemanas. Durante estos sucesos, el autor realizó más de la mitad de las notas para el libro.

Acuarela original de Saint–Exupéry. (Ed. Morgan)

            -Un día, vi ponerse el sol 43 veces!
            Y un poco después añadiste:
            –¿Sabes? Cuando se está muy triste, gusta ver las puestas de sol…
            –¿Entonces, el día de las 43 veces estabas muy triste?
            Pero el pequeño príncipe no contestó.

Las ilustraciones también fueron creadas y realizadas por Saint-Exupéry. Como sabemos, antes de ser piloto, había estudiado Arte y Arquitectura, aunque el personaje–piloto explica la razón de su incapacidad para el dibujo.

Las personas mayores me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos y que me interesara más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Y fue así como abandoné, a la edad de seis años, una magnífica carrera de pintor. Entonces tuve que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones.

El mundo de la Astronomía, por otra parte, le ha ofrecido varios homenajes; así, un asteroide descubierto en 1975 recibió el nombre de 2578 Saint-Exupéry, mientras que otro, descubierto en 1993, se denominó 46610 Bésixdouze –B seisdoce– como el asteroide B-612, que era el hogar del Petit Prince.

Saint–Exupéry dedicó su pequeña gran obra maestra a su mejor amigo.


À Léon Werth.

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una buena excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Necesita ser consolada. Y si todas estas razones no son suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona mayor fue una vez. Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LÉON WERTH,
cuando era niño.

Antoine de Saint Exupéry

Léon Werth soldado, fotografiado en Montélimar, hacia 1914. Col. Claude Werth, Léon Werth insistió en ser fotografiado junto al caballito de ruedas.


Léon Werth (1878–1955), era novelista, ensayista, crítico de arte y periodista, y también libertario, antimilitarista, poeta y observador. Tenía pocos, pero grandes amigos, como Pierre Bonnard, Octave Mirbeau o el propio Saint–Exupéry, que lo conoció en 1931 e inmediatamente se convirtió en su mejor amigo.

Saint-Exupéry, como se ha dicho, le dedicó su Carta a un rehén, pero se refirió a él literariamente en varias ocasiones. En todo caso, la dedicatoria del Petit Prince, es una de las más conmovedoras jamás escritas.

En 1914, combatió durante quince meses hasta que resultó herido y la experiencia lo transformó en un pacifista convencido.

Al empezar la Segunda Guerra Mundial, mientras escribía Le Petit Prince, Saint–Exupéry vivía en un apartamento en el centro de Nueva York; su amigo Léon Werth se encontraba en Saint-Amour, una pequeña población en el Jura, cerca de Suiza, donde se encontraba sólo y pasaba hambre y frío. Tenía 65 años y reunía todas las condiciones para convertirse en un objetivo de las fuerzas ocupantes. Saint-Exupéry no volvió a Europa hasta principios de 1943.

Después de la guerra, cuando Saint–Exupéry ya había desaparecido, Léon Werth declaró: La paz, sin Tonio no es enteramente la paz.

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Saint-Exupéry en Toulouse, 1933

Antes de la aparición del brazalete y de la recuperación de los restos del caza que pilotaba, ya conocíamos lo esencial de Antoine de Saint–Exupéry.

–Adiós, dijo el zorro. Aquí está mi secreto. Es muy sencillo: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

–Lo esencial es invisible a los ojos, repitió el pequeño príncipe, a fin de recordarlo.


Este es para mí, el más hermoso y más triste paisaje del mundo. Aquí es donde el pequeño príncipe apareció y luego desapareció. Observadlo atentamente, a fin de estar seguros de reconocerlo si algún día vais al desierto en África. Si llegáis a pasar por allí, os lo suplico, no os deis prisa; esperad un poco, justo bajo la estrella. Si entonces un niño se os acerca, si se ríe, si tiene el pelo de oro y si no contesta cuando se le pregunta, habréis adivinado quién es. Entonces, ¡por favor! No me dejéis tan triste; escribidme que ha vuelto…




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