domingo, 16 de septiembre de 2012

Noches Blancas - Белые ночи. Fiodor Mijailovich Dostoyevsky – Фёдор Михайлович Достоевский

Noches Blancas - Белые ночи

Fiodor Mijailovich Dostoyevsky – Фёдор Михайлович Достоевский
Un fenómeno prodigioso, el solsticio de verano, y una ciudad bellísima, San Petersburgo, son los dos elementos que, unidos, provocan las llamadas Noches Blancas, en cuyo transcurso el sol parece detenerse en un largo ocaso, sin que se haga la noche completa, hasta que empieza a amanecer de nuevo. La ciudad de San Petersburgo, que parece construida sobre el agua, recibe del cielo en esas ocasiones, una suave luz dorada, que devuelve en tonos irisados, muy difíciles de describir, pero que dejan una huella imborrable en la memoria, mezcla de admiración y asombro.

Noche Blanca. 3 de Julio de 2010  a las 0:35. Белые ночи. 3 июля 2010, 0:35

Desde cualquiera de los cientos puentes, tendidos sobre las decenas de ríos y canales de la ciudad, la vista se encuentra indecisa entre el cielo y el agua; fachadas, cúpulas, torres, obeliscos...

Dostoievski compuso un relato breve –¿tal vez no lo inventó?-, que empieza y termina en el transcurso de cuatro Noches Blancas, Белые ночи en San Petersburgo. Es una historia sencilla, pero él la dotó de una gran carga emotiva, como sólo saben hacerlo los escritores geniales.

Un joven solitario y soñador pasea por un San Petersburgo desierto, porque todos se han ido al campo.

La noche era maravillosa, -una de esas noches que sólo la juventud conoce, querido lector. Un firmamento tan estrellado, tan sereno, que al mirarlo, uno se preguntaba involuntariamente: ¿Puede verdaderamente existir gente malvada bajo un cielo tan hermoso? –y este pensamiento incluso, es un pensamiento de juventud, de la más ingenua juventud, querido lector; ¡Ojalá puedas mantener el corazón siempre joven!

Me encuentro muy bien también con las casas. Cuando paso, cada una de ellas corre a mi encuentro, me mira desde todas sus ventanas y me dice: -¡Buenos días! ¿Cómo estás? Yo, gracias a Dios, sigo bien. En mayo me añadirán un piso. O bien: -¿Cómo va la salud? Mañana me harán una reparación. O bien: -Por poco ardo, Dios mío, qué  miedo he pasado!, etc.
..


Aquella noche blanca le reservaba una aventura.


Apoyada en el parapeto del Canal ve a una mujer que parece examinar atentamente el agua oscura. Ella no oye sus pasos y no se mueve cuando él pasa a su lado reteniendo la respiración, aunque el corazón le late ruidosamente.

Al alejarse cree oír gemidos ahogados y se detiene. –No me equivoco-, piensa –está llorando-.

Aunque habitualmente es muy tímido con las mujeres, vuelve atrás, pensando en decirle algo, pero cuando ella se da cuenta, se endereza y se aleja del Canal. El joven intenta seguirla pero ella abandona el muelle, cruza la calle y empieza a correr por la acera. Cuando él está a punto de abandonar, el azar viene en su ayuda.

Por la acera por la que ella corre surge un hombre vestido de frac, de cierta edad que la sigue. Ella intenta apresurar el paso pero el hombre está a punto de alcanzarla, cuando nuestro protagonista-narrador decide intervenir mostrando el bastón que lleva en la mano, lo que hace alejarse al desconocido.

-Apóyese en mi brazo, le dice a la joven asustada, y pronto empiezan las confidencias. Él le cuenta que vive sólo y que una mujer –Matriona- le arregla la casa, aunque jamás limpia las telas de araña.

Ella decide contarle su historia, pero con una sola condición capital: él no debe enamorarse bajo ningún concepto. Nashtenka vive con su abuela, ciega, que alquila una habitación para completar su escasa pensión. Un día la alquiló un hombre joven, un viajero. Pasado algún tiempo el inquilino invita a Nashtenka a la Ópera y la lleva con su abuela a la representación de El Barbero de Sevilla. Juntos repiten otras dos veces y además el joven presta libros a Nashtenka para que se los lea a la abuela.

    Un día, el inquilino anuncia que debe marcharse de San Petersburgo. Nashtenka, que para entonces se había enamorado, se arma de valor, recoge sus pocas cosas y esa noche se presenta en la habitación del joven. -Escucha- dice, él, -no tengo nada, soy muy pobre ¿cómo viviríamos si nos casáramos? Ahora tengo que irme, pero dentro de un año las cosas cambiarán, volveré y si aún me quieres, nos casamos. Al día siguiente se fue.

    Ha pasado el año; ahora Nashtenka sabe que el inquilino está en la ciudad pero no ha tenido noticias suyas. Su nuevo amigo intenta serenarla y paulatinamente le devuelve la esperanza.
   
    En la cuarta noche blanca; los dos amigos se encuentran de nuevo. Pasado un momento se oyen pasos y en la oscuridad aparece la silueta de un hombre que se dirige a ellos. Él hace ademán de soltar la mano de Nashtenka, pero ella reclama: -¿qué temes? No me sueltes la mano; le recibiremos juntos y quiero que él también se alegre de nuestro amor.

-Oh, Nashtenka-, piensa el aludido, -¿qué acabas de decir? ¿Nuestro amor?-.

-De todas maneras– bromea Nashtenka ajena a su reacción-, me ofende un poco que no te hayas enamorado de mi, pero aun así, ya estamos unidos para siempre.


      Dostoyevski a los 26 años, la edad del protagonista de Noches Blancas.
     Retrato de Konstantin Trutovski - К. Трутовского.


LA MAÑANA SIGUIENTE

El joven solitario recibe una carta: «Me caso mañana». No puede evitar un llanto silencioso y apremiante.


-Padrecito-, le interrumpe Matriona: -he limpiado todas las telas de araña; si te quieres casar, ahora la casa está preparada-.


No volví a ver a Nashtenka. ¿Apagar su alegría con mi presencia, ser un reproche, estropear las flores que se puso en el pelo para ir a la iglesia…? ¡Nunca! Que tu cielo sea sereno, que tu sonrisa sea clara! Te bendigo por el instante de alegría que me diste al pasar…

¡Dios mío! ¡Sólo un instante de felicidad! ¿No es bastante para toda una vida?

FIN


Фёдор Михайлович Достоевский
Fiódor Mijáilovich Dostoyevski


Nacido en Moscú, el 11 de noviembre 1821, es uno de los puntales imprescindibles de la literatura producida en la Rusia de los Zares.

Es un inestimable explorador de la mente humana y, a la vez, un gran cronista de la sociedad rusa del siglo XIX; tanto una como otra, plagadas de tan intensas contradicciones en aquel momento, que solo un genio creador como el suyo podía alcanzar a describirlas con tanta sabiduría, exactitud y sinceridad.

Stefan Zweig escribió que Dostoyevski fue el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos. Freud calificó Los hermanos Karamázov, como una de las cimas de la literatura universal. Nietzsche, por su parte, afirmó que Dostoyevski fue el único psicólogo del que se podía aprender algo, y que constituyó uno de los eventos más felices de su vida, por encima, incluso de su descubrimiento de Stendhal.

Su madre, –María Fiodorovna– era rusa, mientras que su padre –Mijaíl Dostoyevski– médico en un hospital para indigentes, procedía de Bielorrusia, de la nobleza de la szlachta –como se denominaba la unión del Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania. El escritor fue el segundo de siete hijos.

Cuando tenía once años, la familia se trasladó a Darovoyé, en Tula, donde el padre compró unas tierras, cuya adquisición, por entonces, aún llevaba aparejada la propiedad un cierto número de campesinos, llamados de la Gleba.

En 1834 él y su hermano Mijaíl ingresan en el colegio de Chermak, donde realizan los estudios secundarios. En 1837 fallecía la madre a causa de la tuberculosis, lo que llevó al padre a la depresión y a buscar refugio en el vodka. Fiódor y Mijaíl fueran enviados a la Escuela de Ingenieros Militares de San Petersburgo donde Fiodor empezó a leer apasionadamente grandes autores como Shakespeare y Víctor Hugo.

Tenía 18 años (1839) cuando supo que su padre había muerto y las terribles circunstancias que rodearon el evento. Se dijo que sus siervos, desesperados por la brutalidad con que los trataba, habían aprovechado un momento de ebriedad profunda para hacerle beber vodka hasta que perdió el aliento definitivamente. El hecho podría ser producto de la leyenda, aunque es muy conocido. Parece cierto, sin embargo, que, a pesar de su carácter violento, Mijaíl se había ocupado atentamente de la educación de sus hijos y que estos le querían. En todo caso, al conocer la noticia, Fiodr se sintió algo culpable, en parte, porque frecuentemente había deseado su muerte y, en parte, porque era así su manera de ser; de hecho, pensaba que sus ataques de epilepsia se debían a este sentimiento.

En todo caso, Dostoyevski llegó a conocer bien los accesos epilépticos y los describió a través de algunos de sus personajes y de sí mismo, asegurando que los períodos que precedían a sus crisis eran verdaderos éxtasis que habían constituido algunos de aquellos instantes inolvidables, por los que, a pesar de todo, valía la pena vivir.



En 1844, cuando Balzac visitó San Petersburgo, Dostoyevski publicó una traducción de Eugenie Grandet, que, además de convertirse un gran éxito, le animó a confiar en sus aptitudes para la creación literaria. Abandonó, pues, el ejército y empezó a escribir Pobres gentes, Бедные люди, que alcanzó un resonante éxito. Tenía entonces 24 años.

A esta primera obra siguieron: El Doble, Двойник, en 1846; Noches Blancas, Белые ночи, 1848 y Nietoshka Nesvanova, Неточка Незванова, en 1849 que, a pesar del gran interés que siguen teniendo, no fueron bien recibidas en aquel momento.

Dostoyevski se adhirió entonces, aunque parece que sin mucha convicción, al llamado Círculo Petrashevsky, un grupo de escritores, artistas y militares de plantamientos reformistas por medios pacíficos, con los que el Zar Nicolás I pretendió acabar. Aquellas simpatías le costaron al escritor, primero el arresto, en abril de 1849 y meses después, la condena a muerte.

A finales de diciembre de aquel año se llevó a cabo la maquiavélica farsa que consistía en formar a los condenados, vendarles los ojos y, justo antes de dar la orden de fuego, anunciarles que el Zar había conmutado la ejecución por trabajos forzados en Siberia; Dentro de un ataúd, donde en verano –recordaría Dostoyevski con horror–, el encierro era insoportable y no mejoraba con el frío del invierno, a causa de la suciedad, que hacía resbalar, y del extremo hacinamiento, que obligaba a los hombres a comportarse como cerdos entre pulgas y piojos.


En 1854 salió de allí, pero con la obligación de servir en el ejército como soldado raso. Pasó así cinco años en una fortaleza de Kazajstán, donde conoció a la esposa de un compañero llamada María Dmitrievna Isayeva, con la que se casó al fallecer el marido, en 1857; no se sabe muy bien si Dostoyevski actuó guiado por los sentimientos caritativos que habían sustituido sus anteriores planteamientos de carácter social a través de la lectura de la Biblia durante los años de prisión–. De este cambio procederían, Los endemoniados y el Diario de un escritor.

Escribe M. Vargas Llosa que, cuando Dostoyevski llegó, junto con otros presos, a la estación de Tobolsk, desde donde debían ser conducidos a Siberia, las mujeres de los Decembristas le regalaron el ejemplar de la Biblia que desde entonces llevó siempre consigo.



En 1857 Dostoyevski se benefició de una amnistía decretada por Alejandro II y pudo pensar en volver a escribir y, sobre todo, a publicar.

Para entonces, su pensamiento surgía sobre todo de sus convicciones religiosas ortodoxas; entendía bien la necesidad de las reformas sociales, especialmente, la abolición de la servidumbre, pero no estaba de acuerdo con los métodos empleados, ni por aquellos que deseaban mantener vivas las antiguas instituciones y costumbres, ni con los que planteaban acabar con ellas más drásticamente. Dostoyevski confiaba en que: el rico más depravado acabará por avergonzarse de su riqueza ante el pobre, como escribió en Los Hermanos Karamazov.

En 1859 se le concedió también la libertad de abandonar el servicio, considerando cumplida la condena, si bien, con la prohibición expresa de residir en Moscú o San Petersburgo. Dostoyevski se instaló en Tver, casi equidistante de ambas ciudades. Allí publicó El sueño del tío y Stepánchikovo y sus habitantes, Село Степанчиково и его обитатели que, en aquel momento no obtuvieron buena crítica. En diciembre de ese año se le levantó también el destierro y volvió a San Petersburgo, donde, en colaboración con su hermano fundó la revista Vremya –Tiempo– en la que publicó Humillados y ofendidos, Униженные и оскорбленные en 1861, a la que siguieron las Noches Blancas y Recuerdos de la Casa de los Muertos, Записки из мертвого дома, esta última, aparecida en El Mundo Ruso.

Entre 1862 y 63 viaja a Berlín, París, Londres, Ginebra, Turín, Florencia y Viena y conoce a Pavlina Súslova, que no quiso comprometerse con él a pesar de los deseos del escritor.

Al año siguiente lanza, también con su hermano, una nueva revista llamada, Epoja –Época–, donde publicaron Memorias del subsuelo, Записки из подполья, poco antes de que su hermano muriera dejando una viuda, cuatro hijos y una enorme deuda económica a cargo de Fiodr, que deprimido ante su incapacidad para afrontar tantas contrariedades, se dedicó al juego, generando un crecimiento desmedido de aquellas deudas, para el que no encontró más salida que abandonar Rusia por un tiempo.

Finalmente pudo volver a San Petersburgo en 1865, cuando escribió Crimen y castigo, Преступление и наказание, que se publicó con enorme éxito, aunque no sirvió para cubrir las deudas, lo que le llevó a aceptar un contrato draconiano con su editor, quien a cambio de la entrega de tres mil rublos a los acreedores, obtenía los derechos de toda la obra del autor, que se obligaba asimismo a terminar una nueva obra antes de diciembre de 1866.

Como consecuencia, Dostoyevski escribió El Jugador, Игрок, en veintiséis días con la ayuda de la joven taquígrafa Anna Grigórievna Snítkina, Анна Григорьевна Сниткина, veinticinco años más joven que él, con la que se casaría unos meses después.


Anna Grigórievna Snítkina.

Instalados en Ginebra en 1867, Fiodr preparó el proyecto de El Idiota, Идиот: nunca había tenido una idea más poética y más rica, pero no he logrado expresar ni siquiera la décima parte de lo que quería decir.

En 1868 nacía su primera hija, Sonia, que sólo vivió tres meses, tras lo cual, Fiodr y Anna recorrieron algunas ciudades de Italia, para recalar en Dresde en 1869, donde nació su segunda hija, –Aymée-, que vivió hasta 1923 y escribió una biografía de su padre.

En el 70 escribió El Eterno Marido, Вечный Муж y, en el 71, Los Endemoniados, dos obras que procuraron a la pareja unos ingresos que permitieron su vuelta a San Petersburgo, donde, apenas llegados, nacía su hijo Fiodr.

En 1872 se instalaron en Stáraya Rusa, al sur de Novgórod donde permanecieron tres años. En 1875 nacía su hijo Alexei, que vivió apenas dos años.
Casa –Museo– de Dostoyevski en Stáraya Rusa. Novgórod.
Старой Руссе. Новгородская область.

Parece que Dostoyevski siempre elegía casas que hicieran esquina, de modo que las ventanas dieran a dos calles, pero la condición estrictamente indispensable, era que hubiese una iglesia lo suficientemente cerca, como para oír sus campanas. De todos modos, no vivió en ninguna más de tres años.

En 1873 publicó la edición definitiva de Los Demonios, Бесы, en una pequeña editorial creada al efecto, con la ayuda fundamental de su esposa; la obra tuvo un éxito arrollador, lo que le animó a iniciar la publicación regular del Diario de un Escritor, Дневник писателя, (1873–1881).

Cuando en 1878 empezaba a escribir Los Hermanos Karamazov, Братья Карамазовы, aparecieron las crisis asmáticas que le obligaron a trasladarse un tiempo a Alemania para recibir tratamiento. Tras la muerte de Alexei, Fiódor y Anna, volvieron con sus hijos a Stáraya Rusa.


Borrador del Capítulo V de Los Hermanos Karamazov

Pintura de Vasíliy Grigórievich Perov -Василий Григорьевич Перов, 1872

La última residencia de Dostoyevski fue una casa en la calle Kuznetski, cerca de la iglesia Vladimirskaya, en San Petersburgo. Allí recibió una invitación de la Sociedad de Amigos de la Literatura Rusa para que participara en la inauguración de un busto de Pushkin con un discurso. Salió hacia Moscú el 22 de mayo; su esposa, Ana Grigorievna lo acompañó a la estación y le pidió que le escribiera todos los días. Dostoyevski así lo hizo desde su llegada a Moscú, el 23 ó 24 de mayo, hasta el 8 de junio de 1880, día en que pronunció el célebre discurso, tras el cual –tal como escribiría él mismo-, la gente se deshizo en sollozos y se abrazaban el uno al otro, jurándose entre ellos ser mejores en el futuro.

La publicación de Los hermanos Karamázov fue un rotundo éxito desde la aparición de sus primeros capítulos; Dostoyevski terminó de escribirla a finales de 1880 en San Petersburgo, donde fallecía en febrero de 1881. Fue enterrado en el cementerio del Monasterio Alexandr Nevski, con la asistencia de una enorme multitud: los diferentes partidos se reconciliaron en el dolor común y en el deseo de rendir el último homenaje al célebre escritor, –declaró su viuda Anna Grigorievna-. Allí descansa rodeado de otros creadores rusos del mayor calibre: Borodin, Korsakov, Mussorgsky, Tchaikowsky...


Dostoyevski y San Petersburgo son inseparables; si ya es difícil reducir la biografía del escritor a unas pocas líneas, resulta imposible hacer lo mismo con la ciudad; realmente, una de las más bellas del mundo occidental en su conjunto. (Patrimonio de la Humanidad). Sus puentes, catedrales. iglesias, edificios públicos y palacios requieren un espacio exclusivo, porque a la vez encierran momentos transcendentales en la historia. Recordaremos, sin embargo, muy brevemente algunos detalles de la ciudad, quizá anecdóticos, pero que encierran gran belleza y sensibilidad:


Por ejemplo, el pajarito Chíshik-Píshik, en el muelle del río Fontanka, o los pequeños monumentos de Vasili y Vasilisa, los gatos de Yaroslavl en Malaya Sadovaya, protectores de la población a la que libraron de plagas durante el terrible sitio al que la ciudad fue sometida.



San Petersburgo también recuerda al Perro vagabundo en la misma calle; a los minúsculos Pececillos que también contribuyeron a calmar un poco el hambre durante el asedio, o a la famosa Liebre que se coló en la bota del Zar para salvar la vida en una riada.

 
La liebre en el río, un símbolo de la buena suerte.


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