domingo, 29 de abril de 2012

KAVAFIS - Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (2) LA CIUDAD

Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (2)

En realidad, no conocemos el alma de este poeta: ni a C. P. Kavafy; como firmaba cuando vivía en Inglaterra, ni a Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης, que era, por así decirlo, su verdadero nombre. Deberíamos preguntarnos, si Καβάφης era –o quería ser, según el momento-, un británico convencido, un fanariota bizantino de la decadencia, o un egipcio de Alejandría; tres posibilidades que ponen luz en tres paisajes reales, pero bien distintos, sobre los cuales podemos superponer  esa poesía, reflejo de una personalidad, esencialmente sutil, en opinión de Marguerite Yourcenar.

Por encima de todo, con su poesía, Καβάφης alcanza el carácter universal de los genios literarios; incluso a pesar de su carácter, en tantas ocasiones localista, trasciende ampliamente las fronteras de sus mundos. Con todo, seguramente porque así se lo propuso, “el griego” -como le llamaba Durrell-, sigue envuelto en una densa bruma, tal vez hoy más oscura que cuando sus poemas “canónicos” fueron publicados, casi casi a su pesar.

¿Cuánto Καβάφης hay en la poesía de Καβάφης?

Su padre, Πέτρος Ι. Καβάφης salió muy joven de Constantinopla (1836) para buscar trabajo en Inglaterra, donde ya se encontraba su hermano mayor. En 1846 él y sus hermanos ya tenían su propia empresa Cavafy Brothers, importando algodón egipcio para los telares de Manchester.

En 1849 Petros volvió a Constantinopla para casarse con la jovencísima Χαρίκλεια Φωτιάδη, –Jaríklia Fotiadi– hija de un próspero mercader de diamantes. La madre del poeta permaneció un año más en la casa de sus padres, en Pera, mientras su marido preparaba una nueva residencia en Inglaterra. Cuando Petros volvió para recoger a Jariklia, su primer hijo ya había nacido, de modo que en 1850, el mismo año en que Petros obtuvo la nacionalidad británica, se instalaron los tres en Liverpool.

Cinco años después, Kavafis padre fundaba una nueva empresa, esta vez en Alejandría, donde el negocio se fue manteniendo hasta su fallecimiento, en 1870, cuando el poeta, último de los nueve hijos nacidos de aquel matrimonio, tenía apenas siete años.

La necesidad obligó a Jariklia a volver a Londres, donde sus dos hijos mayores se habían hecho cargo de la parte inglesa del negocio, pero las cosas fueron cada vez peor y la familia se vio obligada a volver a Alejandría, esta vez, debiendo mantenerse con muy escasos medios.

Kavafis había asistido al colegio en Inglaterra durante casi siete años, de modo que el idioma y la cultura británica constituyeron la base de su formación, dejando en él un sello específico, tanto en su aspecto exterior, como en su forma de vivir.

En Alejandria asistió por un tiempo al Liceo Hermis, una especie de escuela de comercio donde solían formarse los fanariotas; es decir, los componentes de la pequeña, exclusiva y endogámica comunidad griega, que abastecía a las administraciones turca y británica de funcionarios y administradores. No parece que, oficialmente, el poeta recibiera más formación que esta.

En 1882, ante el temor provocado por un terrible bombardeo británico, la familia, compuesta ahora por la madre y tres hijos, incluído el poeta, regresó a Constantinopla, donde el padre de Jariklia les cedió algunas de las habitaciones de su casa. Su única fuente de ingresos eran pequeñas cantidades que enviaban sus hijos mayores, una vez que reanudaron la actividad de la empresa de Alejandría. Kavafis se acercaba a los veinte años.

En 1885 decidió a su vez probar fortuna en la ciudad egipcia, donde consiguió trabajar como periodista publicando artículos esporádicamente, de los cuales se conservan algunos, incluido el dedicado a la eterna y frustrante reclamación de los Mármoles Elgin, escrito en inglés. (En 2012 sigue en pie dicha reclamación).

Finalmente, y después de trabajar tres años como meritorio, Kavafis consiguió un empleo fijo en la administración de los Servicios de Riego del Ministerio de Obras Públicas, trabajo que ejerció sin interrupciones hasta su jubilación. Con él vivió Jariklia hasta su fallecimiento en 1899.  Después, durante algún tiempo compartió vivienda con sus hermanos solteros, pero, prácticamente, a lo largo de su edad madura, vivió sólo en una casa tan sencilla como la reflejada en el poema Las cuatro paredes de mi cuarto, que ya vimos en la primera parte.

Una vida, en apariencia monótona, pero, sobre todo, muy discreta, casi secreta, tal vez a causa de la opción sexual reflejada en algunos de sus poemas, de los que ignoramos hasta qué punto podrían ser reflejo de experiencias personales.

Tal vez, en ocasiones Kavafis llegó a pensar que las cosas podrían ser diferentes si cambiaba de entorno, pero muy verosímilmente llegó a la conclusión de que todo cambio material sería inútil, porque el ser humano, al igual que él mismo, puede recorrer el mundo, y residir en diferentes ciudades, sin que por ello cambie en absoluto su mundo interior, que es, en definitiva, el que marca el destino y, el destino, por naturaleza, escapa a la voluntad, aunque no a la inteligencia.

      Η πόλις
      Είπες· «Θα πάγω σ' άλλη γη, θα πάγω σ' άλλη θάλασσα.
      Μια πόλις άλλη θα βρεθεί καλλίτερη απ' αυτή.
      Κάθε προσπάθεια μου μια καταδίκη είναι γραφτή·
      κ' είν' η καρδιά μου -σαν νεκρός- θαμένη.
      Ο νους μου ως πότε μες στον μαρασμόν αυτόν θα μένει.
      Οπου το μάτι μου γυρίσω, όπου κι αν δω
      ερείπια μαύρα της ζωής μου βλέπω εδώ,
      που τόσα χρόνια πέρασα και ρήμαξα και χάλασα.»

      Καινούργιους τόπους δεν θα βρεις, δεν θά βρεις άλλες θάλασσες.
      Η πόλις θα σε ακολουθεί. Στους δρόμους θα γυρνάς
      τους ίδιους. Και στες γειτονιές τες ίδιες θα γερνάς·
      και μες στα ίδια σπίτια αυτά θ' ασπρίζεις.
      Πάντα στην πόλι αυτή θα φθάνεις. Για τα αλλού -μη ελπίζεις-
      δεν έχει πλοίο για σε, δεν έχει οδό.
      Ετσι που τη ζωή σου ρήμαξες εδώ
      στην κώχη τούτη την μικρή, σ' όλην την γη την χάλασες.


             LA CIUDAD 1910
           
            Dijiste: “Iré a otra tierra, iré a otro mar.
            Debe haber otra ciudad mejor que esta.
            Cada esfuerzo mío es una condena escrita:
            y mi corazón –como un muerto–enterrado.
            ¿Hasta cuándo mi mente soportará esta decadencia?
            Donde vuelvo los ojos, donde quiera que mire,
            allí veo la negra ruina de mi vida,
            donde tantos años pasé; destruidos, desparecidos.”

            No encontrarás nuevas tierras, ni encontrarás otros mares.
            La ciudad te seguirá. Volverás a las mismas calles.
            Y en los mismos barrios vas a envejecer:
            en esas mismas casas encanecerás.
            Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra –ni lo esperes–
            no hay barco para otro lugar, no hay camino.
            Igual que destruyes aquí tu vida,
            en este pequeño rincón, así en toda la tierra la perderías.

El observador poeta, pasea por las calles, observa a la gente, lee la vida y, después, a solas, construye un poema que, en ocasiones, se resuelve en una pequeña biografía.

      Του μαγαζιού
      Τα τύλιξε προσεκτικά, με τάξι
      σε πράσινο πολύτιμο μετάξι.

      Από ρουμπίνια ρόδα, από μαργαριτάρια κρίνοι,
      από αμεθύστους μενεξέδες. Ως αυτός τα κρίνει,

      τα θέλησε, τα βλέπει ωραία· όχι όπως στην φύσι
      τα είδεν ή τα σπούδασε. Μες στο ταμείον θα τ'αφίσει,

      δείγμα της τολμηρής δουλειάς του και ικανής.
      Στο μαγαζί σαν μπει αγοραστής κανείς

      βγάζει απ' τες θήκες άλλα και πουλεί -- περίφημα στολίδια --
      βραχιόλια, αλυσίδες, περιδέραια, και δαχτυλίδια.


             EN LA TIENDA 1913

            Las envolvió ordenadamente, con cuidado,
            en fina seda verde.

            Rosas de rubíes, lirios de perlas,
            violetas de amatistas. Tal como él las valora,

            las aprecia, las ve hermosas, no como las vio
            o las estudió al natural. Las guardará en la caja,

            son una muestra de su trabajo audaz y habilidoso.
            Cuando entra un comprador en la tienda,

            saca otras joyas de los estuches–maravillosas– y le vende:
            pulseras, cadenas, collares y sortijas.

Un instante de plenitud el poema terminado, pulido, y la imagen, casi fugaz, queda mágicamente transformada en unos pocos versos, guardada para el futuro, para nosotros. Ese logro constituye la única felicidad real y tangible del poeta que, del mismo modo que ha renunciado a volver su mirada hacia otras tierras, tampoco desea mirar atrás.

      Κεριά

      Του μέλλοντος οι μέρες στέκοντ' εμπροστά μας
      σα μιά σειρά κεράκια αναμένα –
      χρυσά, ζεστά, και ζωηρά κεράκια.
     
      Οι περασμένες μέρες πίσω μένουν,
      μια θλιβερή γραμμή κεριών σβησμένων·
      τα πιο κοντά βγάζουν καπνόν ακόμη,
      κρύα κεριά, λιωμένα, και κυρτά.
     
      Δεν θέλω να τα βλέπω με λυπεί η μορφή των,
      και με λυπεί το πρώτο φως των να θυμούμαι.
      Εμπρός κυττάζω τ' αναμένα μου κεριά.

      Δεν θέλω να γυρίσω να μη διω και φρίξω
      τι γρήγορα που η σκοτεινή γραμμή μακραίνει,
      τι γρήγορα που τα σβυστά κεριά πληθαίνουν.


            VELAS 1899

            Los días del futuro se alzan ante nosotros
            como una fila de velitas encendidas;
            doradas y cálidas, velitas llenas de vida.

            Los días pasados quedan atrás,
            penosa línea de velas apagadas;
            las más cercanas todavía humean,
            velas frías, fundidas y doblegadas.

            No quiero mirarlas, me entristece su aspecto
            y me entristece recordar su primera luz.
            Miro al frente mis velas encendidas.

            No quiero volverme para no ver, ni que me horrorice,
            con qué rapidez crece la línea de sombra,
            con qué rapidez se multiplican las velas apagadas.

La línea de sombra crece implacable, aunque el poeta intente eludir su visión, del mismo modo que eludió tantas otras cosas en la vida, sometido a una engañosa prudencia que, calladamente, ha devorado su vida.


      Ενας γέρος

      Στου καφενείου του βοερού το μέσα μέρος
      σκυμένος στο τραπέζι κάθετ' ένας γέρος·
      με μιαν εφημερίδα εμπρός του, χωρίς συντροφιά.

      Και μες στων άθλιων γηρατειών την καταφρόνεια
      σκέπτεται πόσο λίγο χάρηκε τα χρόνια
      που είχε και δύναμι, και λόγο, κ' εμορφιά.

      Ξέρει που γέρασε πολύ· το νοιώθει, το κυττάζει.
      Κ' εν τούτοις ο καιρός που ήταν νέος μοιάζει
      σαν χθές. Τι διάστημα μικρό, τι διάστημα μικρό.

      Και συλλογιέται η Φρόνησις πώς τον εγέλα·
      και πώς την εμπιστεύονταν πάντα - τι τρέλλα! –
      την ψεύτρα που έλεγε· «Αύριο. Εχεις πολύν καιρό.»

      Θυμάται ορμές που βάσταγε· και πόση
      χαρά θυσίαζε. Την άμυαλή του γνώσι
      κάθ' ευκαιρία χαμένη τώρα την εμπαίζει.

      ... Μα απ' το πολύ να σκέπτεται και να θυμάται
      ο γέρος εζαλίσθηκε. Κι αποκοιμάται
      στου καφενείου ακουμπισμένος το τραπέζι.

            Un anciano

            Al fondo del ruidoso café,
            inclinado sobre la mesa, hay un anciano sentado;
            con un periódico delante, sin compañía.

            Y sumido en el abandono de su envejecimiento
            considera qué poco disfrutó de los años
            cuando aún tenía fuerza, discurso y belleza.

            Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo ve.
            Y, aún así, el tiempo en que era joven le parece
            como si fuera ayer. Qué breve espacio. Qué breve espacio.

            Considera cómo le ha burlado la Prudencia
            y como siempre creyó en ella -¡qué locura!-
            qué mentirosa cuando decía: “Mañana. Tienes mucho tiempo.”

            Recuerda los impulsos que contuvo y cuánto
            deleite sacrificó. De su insensata sabiduría,
            de cada ocasión perdida, ahora se burla.

            … Pero de tanto pensar y recordar,
            el anciano se aturde. Y se queda dormido,
            apoyado en la mesa del café.

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Más sobre Kavafis en este blog:
http://atenas-diariodeabordo.blogspot.com.es/2012/05/3-el-silencio.html
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