viernes, 13 de septiembre de 2013

Clara Wieck/Schumann

Clara Schumann de Franz von Lenbach, 1878

Clara Schumann – Clara Josephine Wieck (13.9.1819–20.5.1896).

Es conocida, fundamentalmente, como la esposa de Robert Schumann y como primerísima figura de la interpretación pianística, pero Clara Wieck fue, además, y, sobre todo, una gran compositora, si bien su carrera creativa quedó supeditada a la necesidad de efectuar numerosas giras de conciertos, a causa de los graves trastornos de salud de Schumann que interferían en el trabajo creativo y docente del compositor y de ella misma, y provocaban dificultades para el mantenimiento de la numerosa familia que ambos crearon.

Junto a Clara y Robert Schumann y, con un incondicional afecto mutuo, brilló de manera especial, tanto en el aspecto artístico como en el humano, Johannes Brahms, algunas de cuyas obras fueron estrenadas por Clara Wieck.

Parece que Brahms adoraba a Clara, hacia la que desarrolló un amor sin límites y sin horizontes, pero que se mantuvo a lo largo de la existencia de ambos -Eres para mí una amiga tan querida que no puedo expresarlo... Si esto continúa así, tendré que colocarte algún día detrás de una vitrina o ahorrar para poder engarzarte en oro-. Robert Schumann, por su parte, reverenciaba a Brahms.

Clara Wieck y Robert Schumann llevaron un diario conjunto. De acuerdo con las impresiones de ambos, Brahms entró en sus vidas con el fulgor de una estrella radiante e inesperada.

Día 30 de septiembre de 1853: única anotación de mano de Schumann: Herr Brahms, de Hambourg.

Día 1 de octubre: primera línea de la página: Visita de Brahms. ¡Un genio!

Los dos creadores no habían tenido necesidad de recurrir a las palabras; apenas hechas las presentaciones, Schumann pidió a Brahms que se pusiera al piano, en el que interpretó el primer movimiento de la Sonata nº 1 en Do Mayor, opus 1. Terminada la ejecución, Schumann se levantó profundamente emocionado murmurando: -Clara tiene que oír esto.

-Clara– le dijo apenas volvieron a la sala-, vas a oír una música como nunca antes la has escuchado. Después se volvió hacia Brahms: -Por favor, vuelva a empezar.

Brahms repitió el primer movimiento y el resto de la obra, siempre acompañado por las exclamaciones de Robert y Clara, que le escuchaban con creciente emoción, felicidad y sorpresa. Aquella tarde, se asentaron los cimientos de una profunda amistad que se mantendría durante toda la existencia de aquellos tres grandes, que estaban destinados a pasar juntos a la historia de la música.

Poco a poco, Brahms se convirtió en uno más de la familia. Al principio, Schumann invitaba a comer a un tímido pianista, a quien costaba trabajo aceptar la hospitalidad, hasta que la propia Clara decidió intervenir y pronto los tres formaron un bloque inseparable. En el diario de los Schumann el nombre de Brahms no volvió a desaparecer; a cambio, la casa se llenó con los acordes de sus composiciones.

Cuatro días después de conocerlo, escribía Clara:

-Brahms ha interpretado una Fantasía para Piano, Violín y Violoncello, opus 116 y su bellísimo Scherzo en Mi bemol menor. El Scherzo es una pieza notable, un poco nueva, quizás, pero llena de imaginación y de ideas espléndidas. A veces, el sonido no se adapta al carácter de las ideas, pero esto es un pequeño detalle cuando se piensa en esta riqueza de imaginación y de pensamiento.

Muy pronto los Schumann empezaron a invitar a amigos y alumnos para que escucharan al prodigioso compositor y, aquellos mismos oyentes contribuyeron posteriormente a hacer sonar el nombre del joven músico que había llenado sus vidas con la magia de su creación.


Clara Wieck nació en Leipzig el 13 de septiembre de 1819. Sus padres -Friedrich Wieck, maestro de música y vendedor de pianos y Marianne Tromlitz, cantante famosa en Leipzig, donde actuaba en el Gewandhaus-, nunca se llevaron bien, por lo que se divorciaron en 1824. Poco después, la madre se casó con Adolph Bargiel, mientras Clara siguió viviendo con su padre, quien se propuso darle una formación musical exhaustiva desde muy pequeña, a cuyo efecto, le enseñó piano, violín, teoría, armonía, composición y contrapunto.

En marzo de 1828, con ocho años, ya dio un recital en Leipzig en la casa del doctor Ernst Carus, donde conoció a un joven pianista también invitado: Robert Schumann, quien, siendo ya gran admirador de su forma de interpretar, se enamoró entonces de ella y abandonó su carrera de Derecho, para recibir clases intensivas de música del padre de Clara, a cuyo efecto, se instaló en su casa.


Robert Schumann a los 29 años, en Viena. Litografía de Joseph Kriehuber, y
Clara Wieck en la época de su matrimonio. 
Imágenes: Robert-Schumann-Haus Zwickau, Germany

Después de muchas vicisitudes, separaciones y cartas interminables, Robert Schumann y Clara Wieck se casaron el 12 de septiembre de 1840, a pesar de la negativa del padre y maestro –causada por la inseguridad financiera del compositor-, pero con el consentimiento del Juez.

Ya en 1830, a los once años, Clara había iniciado en París una gira de conciertos que la llevarían por toda Europa junto a su padre. Dos grandes de la literatura y de la música celebraron entonces su aparición; Henri Herz de Goethe, que le entregó una medalla: Por el talento de la artista Clara Wieck, y Paganini, que se ofreció para acompañarla en un concierto.  

A los 18 dio varias series de recitales en Viena, desde diciembre de 1837 hasta abril de 1838; el poeta Franz Grillparzer, después de oír sus interpretación de la Sonata Appassionata, nº 23, opus 57, de Beethoven, le dedicó un poema titulado: Clara Wieck y Beethoven. Chopin, por su parte, se mostró igualmente impresionado al oír cómo interpretaba la música de Liszt.

Entonces fue distinguida con el nombramiento de Königliche und Kaiserliche Kammervirtuosin, es decir: Real e Imperial Virtuoso de Cámara; la más alta distinción musical en Austria.

Y empezó a seleccionar a sus compositores preferidos entre los románticos, como Chopin, Mendelssohn, Robert Schumann, por supuesto, y sin duda, Schubert y Brahms. El célebre violinista Joseph Joachim, la acompañó frecuentemente en sus conciertos.

J. Brahms y J. Joachim

Clara tuvo casi siempre a su cargo la economía familiar, lo que le obligaba a aceptar todas las giras que le ofrecieran y, aunque lo hacía también por vocación, la necesidad influyó en gran parte, en el hecho de que dejara de lado la composición, carrera en la que prometía grandes cosas, a juzgar por las piezas que de ella se conservan. 

Después de la tragedia vivida junto a Schumann, a causa de su intento de suicidio y posterior internamiento y muerte en una clínica mental, el 29 de julio de 1856, Clara Wieck dedicó la práctica totalidad de su esfuerzo a dar a conocer la extraordinaria obra del esposo y compositor. Con su repertorio actuó por primera vez en Inglaterra en 1856, aunque la música de Schumann no fue bien acogida, a pesar de lo cual siguió actuando allí cada año, hasta 1888, con la excepción de las temporadas 1882–85.

Durante un tiempo se mostró muy interesada por la obra de Liszt, pero más tarde tuvo diferencias con él y dejó de interpretarla e incluso suprimió la dedicatoria que su marido había ofrecido al compositor y virtuoso, en su Fantasía en Do Mayor, opus 116, cuando publicó la obra completa de Schumann. Además, y, sin que se conozca la causa, rehusó asistir al Festival del Centenario de Beethoven, en 1870, en Viena, porque supo que iban a participar Liszt y Wagner, al que tampoco profesaba grandes simpatías: de Tannhauser dijo: Se supera a sí mismo en la atrocidad; de Loengrin, que era horrible y, de Tristán e Isolda, que era la cosa más repugnante que había visto y oído en toda su vida.

Desde 1878 hasta 1892  fue profesora de piano en el Hoch Conservatory en Frankfurt am Main, donde contribuyó extraordinariamente a la expansión de las más avanzadas técnicas de piano.

Tampoco tuvo en gran estima a Anton Bruckner cuya 7ª Sinfonía, WAB 107, conoció en 1885, sobre la cual escribió a Brahms, diciendo que era una pieza horrible. En cambio, sí le impresionó favorablemente la 2ª Sinfonía en Fa menor, opus 12, de Richard Strauss, en 1887.

El último concierto público de Clara Schumann se celebró en Frankfurt, el 12 de marzo de 1891; aquel día interpretó las Variaciones sobre un Tema de Haydn, opus 56, en una versión para dos pianos, de su fidelísimo Johannes Brahms.

Cinco años después, el 20 de mayo de 1876, fallecía tras una breve enfermedad. Descansa junto a su esposo en el Cementerio Viejo –Alter Friedhof– de Bonn.

Por influencia de Schumann, Clara Wieck abandonó los temas y autores de sus primeros conciertos, basados más bien en obras de carácter popular, para centrar su atención en composiciones de mayor altura, como las de Bach, Beethoven, Mozart, Schubert, Mendelssohn, Chopin y el propio Robert Schumann, autores que también empleó en la enseñanza de sus alumnos y que ellos dieron a conocer en Inglaterra y Estados Unidos, especialmente a Schumann, que, hasta entonces sólo había sido interpretado ocasionalmente por Franz Liszt.

Fue ella, como hemos dicho, quien mantuvo a la familia, aún en vida de su marido, por medio de sus clases y conciertos, pero rechazó categóricamente la oferta de un grupo de músicos que pensaron en organizar un concierto en su beneficio tras la desaparición de Schumann. Cuando uno de sus hijos quedó incapacitado, asumió la responsabilidad de mantener también a sus nietos. Dotada de gran energía y carácter, durante las revueltas de mayo en Dresden en 1849, atravesó la ciudad en medio de un fuego cruzado, para recoger a sus hijos y volvió a hacerlo, ya con ellos, a pesar del evidente peligro.

Neumarkt, Dresden, 1849

Aquel año, Schumann lloraba la pérdida de su hermano Carl, seguida por la de Frederic Chopin. De hecho, la vida de Clara estuvo, con demasiada frecuencia, marcada por la tragedia, ya que no solo su marido, sino cuatro de sus hijos murieron antes que ella. El mayor, Emil, en 1847, con un año de vida. Siguió el fallecimiento de Robert Schumann en 1856, después de su frustrado suicidio dos años antes. En 1872 su hija Julie también fallecía dejando dos niños pequeños. En 1789 moría Felix, a los 25 y Ludwig cayó en una enfermedad mental por la que, en palabras de Clara, tuvo que ser enterrado vivo en una institución. Ferdinand, por último murió, a los 43, dejando un niño al cuidado de la pianista. Ella misma, hacia el final de su vida, se vio obligada a moverse en una silla de ruedas.

La composición me causa un gran placer… no hay nada que sobrepase la alegría de la creación, tal vez porque con ello te olvidas de todo para vivir en un mundo de sonidos. Clara Schumann.

Los hijos de Robert y Clara Schumann en 1854.
Arriba, sentada, 1ª, María (1.9.1841); de pie a su lado, 2ª Elisa (25.4.1843).
De izq. a dcha.: 4º Ludwig (20.1.1848); 7º Félix, en brazos de María (11.6.1854); Schumann no lo conoció.
5º Ferdinand (16.7.1849); 6ª Eugenie (1.2.1851). Falta la 3ª hija, Julie (11.3.1845)
Fotog.: Stadtarchiv Düsseldorf, Germany.

Clara compuso todavía una serie de pequeñas piezas de una musicalidad suave e ingenua que hasta entonces nadie había alcanzado, pero los hijos y un marido que con frecuencia olvidaba volver al mundo real, no parecían casar mucho con la tarea de componer: Clara no puede trabajar con regularidad y frecuentemente me preocupa pensar cuantas profundas ideas se habrán perdido porque ella no pudo sacarlas adelante–, escribió Schumann en el Diario.

Además de la educación musical que le dio su padre, Clara aprendió a componer y, desde muy pequeña y hasta la mitad de su vida demostró poseer notable capacidad. A los catorce escribió un concierto para piano, con ayuda de Schumann, y a los dieciséis actuó en el Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección de Mendelssohn. Aun así, ya en la edad madura, escribió: Una vez creí que tenía talento creativo, pero abandoné esa idea; una mujer no debe desear componer, no es bastante hábil para ello ¿por qué iba yo a esperar poder hacerlo? De hecho, su capacidad creativa en lo que respecta a la composición decayó llamativamente a partir de los 35 ó 36 años.

Las únicas composiciones que existen de sus últimos tiempos son cadenzas escritas para dos conciertos –uno de Mozart y otro de Beethoven- y algunos bocetos para una pieza que dejó sin terminar. Hoy sus composiciones son crecientemente interpretadas y grabadas; incluyen canciones, obras para piano, un trío para piano, obras corales y tres Romanzas para violín y piano. Inspirada por el cumpleaños de su marido, las tres romanzas fueron compuestas en 1853 y dedicadas a Joseph Joachim, que las interpretó para Jorge V de Hanover y declaró que constituían un maravilloso placer celestial. 

Se han conservado 33 obras suyas catalogadas entre 1831 y 1891, aunque existen referencias de otras 25 no publicadas o perdidas. No escribió mucho en los primeros años de su matrimonio, pero aun así  terminó los Seis Lieder, op. 13 (1842-1843), y algunas piezas para piano, incluyendo los Tres Preludios y Fuga (1845). En 1853, el matrimonio se trasladó a Düsseldorf, y Clara tuvo un verano muy creador, con varias obras importantes, entre ellas sus Variaciones sobre un tema de Robert Schumann op. 20.

Fotog. Franz Hanfstaengl

Desearía poder escribirte tan tiernamente como te amo y decirte todas las cosas buenas que te deseo. Eres tan infinitamente querida para mi… Si las cosas pudieran ir más lejos de como están en este momento... Si solo pudiera vivir en la misma ciudad contigo y mis padres… escríbeme una bella carta pronto. Tus cartas con como besos.

Carta de Johannes Brahms a Clara Wieck, de fecha 31 de mayo de 1856

Hoy sigue sin estar clara la verdadera naturaleza de la relación entre Clara Schumann y Johannes Brahms y se ignora si el amor que el compositor confesó profesarle, fue o no correspondido y si la diferencia de edad entre ambos –Brahms era 14 años más joven que ella-, pudo influir en la posibilidad de que llegaran a casarse tras el fallecimiento de Schumann.

Clara apenas compuso tras la muerte de su esposo. Vivió en Berlín desde 1857 hasta 1863, año en que se trasladó a Baden-Baden. En 1873 aceptó un puesto de profesora en el Conservatorio de Frankfurt Hoch y siguió dando conciertos hasta 1891. Murió cinco años después.

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Fragmentos de cartas de Robert Schumann a Clara Wieck:

No sé si es por lo que me dijiste un día; que a veces te parezco un niño, pero en todo caso, tuve una inspiración súbita y escribí de un tirón treinta piezas breves y caprichosas. He escogido una docena y las he titulado “Escenas de niños” -Piezas para Piano, op. 15-. Seguro que te gustarán, pero, naturalmente, es preciso que olvides que eres una verdadera virtuosa. Para tocarlas debes dejarte llevar por una gracia sencilla, natural y sin afectación alguna (1838).

Robert y Clara Schumann. 1847.
Litografía de Eduard Kaiser

Mi querida y reverenciada Clara:
Hay personas que odian la belleza y sostienen que los cisnes son en realidad gansos de una clase más grande; así se podría decir con igual justificación que la distancia es sólo un primer plano que se ha alejado. Y así parece ser, porque hablo contigo a diario (sí, incluso en voz más baja de lo que lo hago habitualmente), y aun así sé que me comprendes. Al principio tenía diversos planes sobre nuestra correspondencia. Quería, por ejemplo, iniciar una pública contigo en el periódico musical; después quería llenar mi balón de aire (sabes que poseo uno) con ideas para las cartas, y organizar un ascenso con el viento favorable y hacia un destino adecuado...
Quería cazar mariposas para que te llevasen las cartas. Quería enviar mis cartas primero a París, de manera que las abrieras con gran curiosidad, y entonces, más que sorprendida, me creyeras en París. En definitiva, tenía muchos sueños ingeniosos en mi cabeza, de los que hoy sólo me ha despertado el cartero. Ese cartero, mi querida Clara, ha tenido, además, en mí un efecto mágico,  más que el del mejor champán. Parece que no tienes cabeza, sólo un corazón agradablemente ligero, cuando oyes tocar la trompeta –del cartero- con tanta alegría en el mundo. Para mí son verdaderos valses de anhelo, estos toques de trompeta, que nos recuerdan algo que no poseemos. Como decía, el postillón me sacó de mis viejos sueños y me llevo a otros nuevos...
Leipzig, 1834

Podemos entender asimismo alguna de las obras de Schumann, como mensajes de amor a Clara, como por ejemplo ocurre con una de sus composiciones más perfectas, escrita para piano: la Fantasía en Do Mayor, Opus 17, considerada como una de las obras maestras en la historia de la música.

A lo largo de su atormentada existencia, Schumann sufrió desórdenes emocionales, se dice que agravados por el alcohol, y que fueron los que le llevaron al suicidio. Hoy se cree que durante toda su vida fue bipolar y depresivo. Se cree asimismo que el compositor era consciente de ello y que esa fue la razón por la que “inventó” dos personalidades artísticas -Florestán y Eusebius- a las que llamaba sus mejores amigos y que no serían sino proyecciones de su pluralidad emocional; Florestán era el lado apasionado e improvisador y, Eusebius, el pasivo y pensativo; con ellos firmaba Robert Schumann artículos literarios y obras musicales y además dedicó una pieza a cada uno de ellos en su Carnaval, Op. 9. Parece que, al menos durante su juventud, la composición constituiría para él una gran terapia, aunque en esto no se distanció demasiado de muchos de sus contemporáneos románticos, que entendían el arte como una huida de sus desoladoras existencias. La Fantasía op. 17 representa de forma inconfundible el espíritu romántico de su época.

Las circunstancias que rodearon su creación por parte de Schumann tuvieron un notable impacto en su vida. A finales de 1835, Liszt propuso a un grupo de artistas amigos suyos la idea de erigir un monumento a Beethoven en Bonn y Schumann, entusiasmado, concibió una sonata para piano dedicada a la memoria de su admiradísimo compositor, como colaboración, basándose en la idea de que este autor había llevado aquella forma musical a la máxima perfección. 

Florestán y Eusebius –escribió a su editor-, desean contribuir a la erección del monumento a Beethoven y, con este propósito han compuesto algo bajo el siguiente título: “Ruinas, Trofeos, Palmas. Gran Sonata para Piano para el Monumento a Beethoven”. Tengo una idea de cómo debe aparecer, y he pensado algo muy especial, apropiado para la importancia de la obra… con la siguiente leyenda en letras doradas: “Óbolo para el Monumento a Beethoven”.

La obra sugería, como un homenaje, algunos rasgos de Beethoven muy reconocibles: fragmentos de un Lieder; del Concierto para Piano Op. 73, Emperador y de las Sinfonías Op. 67 y Op. 92. De acuerdo con su plan, los derechos que se obtuvieran de la publicación y venta de sus Sonatas, se destinarían al proyecto de Liszt, pero la idea no fue bien valorada por el editor y no salió adelante.

Además, durante la etapa de su composición, Clara y Robert se habían visto obligados a separarse ante la oposición del padre de la compositora, y sólo podían comunicarse por carta y en secreto. En esas circunstancias, Schumann le escribió:

¡Qué mañana celestial!
Todas las campanas tañen; el cielo está claro y dorado... y frente a mí, tu carta. Te envío mi primer beso, bienamada.
Anhelo verte por encima de todo, estrecharte a mi corazón, porque estoy muy triste, e incluso enfermo. Yo no sé lo que me hace daño, y sin embargo sí sé que tu ausencia influye. Te puedo imaginar en todo lugar. En mi cuarto caminas de un lado a otro junto a mí. Te tengo en mis brazos. Pero nada, nada de esto, es real... Estoy enfermo... Y no podré soportarlo mucho tiempo.
En cuanto al Concierto, ya te he dicho que se trata de algo intermedio entre una sinfonía, un concierto y una gran sonata. (1839)
…Todo esto es muy extraño, pero si me extiendo escribiéndote como ahora lo hago, no podré componer. Toda mi música se vuelve hacia ti.
…he estado sentado al piano toda la semana, componiendo y escribiendo, llorando y riendo al mismo tiempo.

En aquel momento, Schumann estaba obsesionado por reunirse con Clara, por lo que empleó algunos elementos que tuvieran relación, a la vez, con ella y con Beethoven, del que también tomó An die ferne Geliebte -A la amada lejana- y, específicamente, un verso: Nimm sie hin denn, diese Lieder, Die ich dir, Geliebte sang... -Acepta pues estas canciones que canto para ti, amada mía-, así como una parte del Concierto Emperador, porque era una de las obras que Clara interpretaba con más frecuencia y perfección. Incluyó asimismo unos versos de Schlegel:

Todos los sonidos que se oyen
en el multicolor sueño de la Tierra,
contienen otro sonido muy suave
para quien lo escuche secretamente.

Por otra parte, el tema principal del primer movimiento, está construido sobre una escala de cinco notas ascendentes que Schumann asoció a las letras c-l-a-r-a, y que utilizó en otras ocasiones, como una especie de clave, solo comprendida por ellos dos. Añadió Schumann una indicación para ejecutar el primer movimiento: Durchaus phantastisch und leidenschaftlich vorzutragen –debe ser ejecutado con mucha pasión y fantasía. Escribió, finalmente, una nota al manuscrito que envió a Clara: El primer movimiento es quizás la obra más pasional que he compuesto hasta la fecha; es un profundo lamento por ti.

Anhelo sobremanera verte, estrecharte a mi corazón... (...) Sé que tu ausencia afecta a mi salud. Te puedo imaginar en todo lugar. En mi cuarto, caminas de un lado a otro junto a mí. Te tengo en mis brazos. Pero nada, nada de esto, es real... Estoy enfermo... Y no podré soportarlo mucho tiempo”. 

 “Es una magnífica conjugación del ideal romántico, maestría de la forma y elevación espiritual. En verdad, no se puede imaginar un mejor tributo póstumo ni una declaración de amor tan sentida.” 

(Del Dr. Manuel Matarrita –Costa Rica-, autor del trabajo titulado: La Fantasía op. 17 de Robert Schumann: Homenaje y Carta de Amor.)

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Además de la composición musical, Schumann era gran aficionado al ajedrez y Brahms declaró que había aprendido a jugar con él. En la ciudad de Zwickau, donde nació Schumann hay una exposición permanente, donde además de partituras, se muestra, entre otras cosas, un tablero de ajedrez de viaje de su hija Marie.
Juego de ajedrez de viaje. Fotogr. de Frank Grosse. La posición de las piezas procede de sus diarios.

En 1826 había escrito Schumann en un cuaderno escolar: De los juegos de arte en Alemania, uno de los más usuales, y yo me cuento entre sus practicantes, es billar. El buen jugador de billar goza de un buen carácter; sin embargo el jugador de ajedrez siempre poseerá un temperamento más frío, pero con buenas maneras y un carácter más sólido. Más tarde anotaría en su Diario: El ajedrez es una buena forma de ejercitar la fuerza mental.

Asimismo, uno de sus amigos de la etapa de estudiante, Moritz Semmel, escribió en una carta fechada el 8 de octubre de 1856: Su única diversión la encontraba en la conversación con amigos y en el juego de ajedrez, en el que es un maestro. El juego de naipes lo detestó, casi tanto como de ir de copas con los compañeros.

La música –escribió él mismo-, es como el ajedrez; la reina –la melodía- tiene el máximo poder, pero el rey –la armonía-, es decisivo. Los informes del sanatorio en el que falleció, también hablan de su fascinación por este juego.
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La víspera de su boda, Robert regaló a Clara las 26 Canciones para Voz y Piano, op. 25 que componen Mirtos, con una dedicatoria: Acepta estas canciones que yo canto para ti, amada mía. Clara Wieck anotó en su Diario: Robert me hizo otro hermoso presente: una colección de lieder y además, un ramo de mirtos; cuando los toqué, me invadió una extraordinaria bienaventuranza. 

La muerte alcanzó a Schumann en el sanatorio de Endenich la tarde del 29 de julio de 1856. En sus últimas semanas sólo aceptó las visitas de Johannes Brahms. Tenía 46 años y Clara, con 37, decidió dedicar su vida y sus esfuerzos a dar a conocer sus obra. Es posible que gracias a su intensa e incansable labor conozcamos hoy más y mejor las creaciones de Schumann.

En 1891, Clara dio su último concierto, interpretando las Variaciones sobre un tema de Haydn, de su inseparable Brahms. Después siguió enseñando y componiendo, hasta que el 26 de marzo de 1896 sufrió un ataque del que no se recuperaría, falleciendo el 20 de mayo del mismo año, a los setenta y siete años. Fue enterrada en la misma tumba que Robert Schumann. Su desaparición fue una pérdida inconsolable para Brahms, quien murió un año después. Para entonces había perdido a sus amigos y a su madre, pero transformó la ausencia en memoria a través de la música del insuperable Deutsche Requiem.

La fuerza de carácter de Clara, que le permitió sobrellevar una vida muy difícil, a menudo marcada por tan dolorosas pérdidas, pero ella misma no parecía tener gran fe en su capacidad creadora a pesar de la admiración que despertó en algunos de los mejores músicos de su época, que hoy figuran entre los grandes genios. Después de oír a Franz Liszt, quien realmente la admiraba, concluyó que a pesar de que podía tocar el piano mucho mejor que otros intérpretes, jamás alcanzaría la perfección del maestro. - Después de Liszt –escribió-, todos los demás virtuosos parecen insignificantes

Clara escribió las Variaciones sobre un tema de Robert Schumann, Op. 20, dedicada a su marido, que fue publicada en 1854, cuando él ya estaba en el hospital. Hoy empecé a componer de nuevo, por primera vez en varios años. Para el cumpleaños de Robert quiero escribir variaciones sobre un tema de sus Bunte Blätter. Sin embargo, es muy difícil para mí porque he estado alejada de la composición demasiado tiempo. Diario, 1853.
Procedía de una obra que Schumann compuso en 1839–41, Bunte Blätter, op. 99. 

Johannes Brahms empleó el mismo tema en sus Variationen über ein Thema von Schumann en Fa sostenido menor, op. 9, completando el íntimo ciclo creativo en 1854. 
En el manuscrito de la partitura aparecía una nota:
Pequeñas variaciones sobre un tema de él, dedicado a ella.

(Partituras: IMSLP.org)



14 comentarios:

  1. Agradezco esta excelente información de estos magníficos compositores y en especial de Clara Schumann.

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  2. Excelente publicación. Clara y Robert fueron uno de esos grandes amores de la historia y sufrieron ambos por ello.

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  3. Ciertamente, Libertad, sufrieron dificultades gravísimas, pero no parece que ello afectara al amor inmenso que se profesaban; es algo conmovedor.
    Gracias por tu comentario.

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  4. Muy buena información, gracias!
    http://clasicotrackbytrack.blogspot.mx/

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  5. Gracias a ti, amigo, y gracias, también por trackbytrack. Creo que haces una aportación excelente y muy variada.

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  6. Muy valiosa información,los extractos de las cartas son muy hermosos. Muchísimas gracias

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  7. A mi también me llegaron al alma y es un placer muy especial compartir esa gran sensibilidad, a pesar de la pena. Gracias a ti.

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    1. Que preciosidad las cartas! Tocar las las fantasiestucke y el kozertstucke ahora es otra cosa! Mil gracias!

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    2. Es decir, que tocas el piano? el cello? Si es así y, en todo caso, me alegra que estos grandes te inspiren.
      Un cordial saludo.

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  8. Excelente información de tres virtuosos de todos los tiempo

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  9. Te agradecería mucho que pusieras el link de la partitura.
    Valiosa información, gracias

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    1. Olvidé añadirlo, pero ya está arreglado; las tres partituras proceden de la misma fuente.Gracias

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  10. cuál es la fuente? dónde esta la bibliografía?

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