jueves, 2 de octubre de 2014

Las Poesías de Tiziano para Felipe II


Tiziano, Autorretrato, 1565-70. Óleo lienzo, 86 x 65 cm. Museo del Prado

Se desconoce su fecha de nacimiento, que pudo ser hacia 1488, aunque en una carta enviada a Felipe II en 1571, afirmaba tener 95 años, dato que fijaría su nacimiento en 1476 o 77. Falleció en Venecia, el 27 de agosto de 1576, siendo centenario si aceptamos sus palabras. Por otra parte, su registro de defunción, que se conserva en la parroquia veneciana de San Canciano, dice: Edad de ciento tres años, lo que adelantaría la fecha a 1473. Hoy se acepta más generalmente, basándose en el cómputo de la firma de sus primeras obras –que, no obstante, son muy tempranas-, el año 1485. La exageración de la edad en su carta, pudo obedecer al objetivo de exagerar un poco sobre su vejez, para conmover al rey, que no terminaba de decidirse a pagarle sus deudas.

El presente retrato, quizá el mejor de los que se hizo, era propiedad de su gran admirador Rubens, a cuya muerte fue adquirido en almoneda por orden de Felipe IV. Figurando en el inventario del Alcázar de Madrid, desde 1666, pasó al Museo del Prado en 1821.

En 1523 Tiziano fue presentado al duque de Mantua, Federico Gonzaga, quien lo llevó a presencia del Emperador Carlos V. 

Federico Gonzaga, Duque de Mantua. 1529. Óleo Panel 1,25 x 94. Museo del Prado.

Por la misma época, el pintor conoció a la que había de ser su esposa, Cecilia, con la que tuvo tres hijos, Pomponio, Orazio y Lavinia, de cuyo parto murió la madre en 1530. Don Carlos le pagó un Ducado por su primer retrato, si bien, el segundo gustó más al emperador, que nombró al artista Conde Palatino e hizo que fuera admitido en la Orden de la Espuela de Oro.

  
Charles V con su perro, 1533. Óleo lienzo, 192 x 111 cm. Museo del Prado, Madrid
Carlos V en Mühlberg. 1548. Óleo lienzo, 332 x 279 cm. Museo del Prado, Madrid
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Tiziano tituló Poesías a una serie de pinturas de tema mitológico que realizó entre 1553 y 1562 para Felipe II, destinadas a la contemplación privada del entonces Príncipe, que parece que le hizo el encargo cuando se encontraba en Augsburgo, con su padre, en 1550. 

Felipe II con armadura. Tiziano, 1550-51. Oleo lienzo 1,93 x 1,11. Museo del Prado.
Se dice que María Tudor se enamoró de él al ver este retrato.

En principio se acordó que la serie constaría de cuatro temas extraídos de las Metamorfosis de Ovidio y después se añadieron tres más, pero, finalmente se pintaron seis en total, en parejas, quedando fuera de la selección la historia de Jasón y Medea. Los temas seleccionados, fueron:

Dánae recibiendo la lluvia de oro. 1553-54. Óleo lienzo: 129,8 x 181,2 cm. Museo del Prado
Venus y Adonis. 1554. Óleo lienzo 186 x 207. Museo del Prado

Diana y Acteón. 1556-59. Óleo lienzo 1,88 x 2,06. National Gallery de Edimburgo
Diana y Calixto, 1556-1559, Óleo lienzo, 187×205 cm. National Gallery de Edimburgo

El rapto de Europa, 1559-1562, Óleo lienzo, 185×205 cm, Isabella Stewart Gardner Museum. Boston
Perseo y Andrómeda, 1562-1563, Óleo lienzo, 185×199 cm, Londra, Collezione Wallace

Se cree que fueron colgados en una sala privada del Alcázar de Madrid, o del palacio de Aranjuez, aunque de dicha sala y su dedicación a las Poesías, no se sabe absolutamente nada, ni antes, ni después del incendio del Alcázar.

Ya en el reinado de Felipe IV, Vicente Carducho dijo que había visto Las Poesías embaladas para ser enviadas a Inglaterra como regalo para el heredero, entonces, príncipe Charles Stuart, tras su visita a la Corte española. En todo caso, al final no salieron de Madrid, probablemente a causa del malestar con que el príncipe inglés abandonó el reino. Sería Felipe V, el primer Borbón, quien regalaría las obras al mariscal francés Gramont, en agradecimiento por su ayuda en la Guerra de Sucesión.

Las dos primeras obras enviadas al príncipe Felipe fueron, Dánae recibiendo la lluvia de oro y Venus y Adonis. Más tarde, Tiziano escribió en una carta al heredero: Y porque la Dánae, que ya mandé a Vuestra Majestad se veía toda por la parte de delante, he querido en esta otra poesía -Venus y Adonis- variar, y hacerle mostrar la contraria parte, para que resulte el camarín donde habrán de estar, más agradable a la vista.

Dánae recibiendo la lluvia de oro. 1553-54. Óleo lienzo: 129,8 x 181,2 cm. 
Museo del Prado


Una belleza delicada y lánguida. De acuerdo con el mito, Acrisio, rey de Argos y padre de Dánae, consultó al oráculo y este le dijo que moriría a manos de su nieto. Como remedio, Acrisio recluyó a Dánae en una torre, aunque no lo bastante aislada, como para que Zeus, apasionado por su belleza, no pudiera envolverla en forma de lluvia de oro. De aquel encuentro nacería Perseo, que más tarde convirtió a Acrisio en una gran piedra.


Tiziano ya había tratado el mismo tema en tres ocasiones; la versión ejecutada para Alejandro Farnesio; -Nápoles, Museo Capodimonte- es muy similar a esta, excepto por el hecho de que desaparece el perrito y, en lugar de la mujer que intenta recoger el oro que cae del cielo, hay un Cupido. En su conjunto, la pintura realizada para Felipe II es más etérea y sensual a la vez.

A pesar de que -de acuerdo con la Web del Museo del Prado-, Tiziano informaba a Felipe II, en carta fechada el 23 de marzo de 1553, que había empezado a trabajar en la serie, la Dánae aparece ya inventariada entre las pertenencias de don Felipe, el mismo año, por lo que habría quizás que adelantar su ejecución a 1551 ó 52.
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Venus y Adonis. 1554. Óleo lienzo 186 x 207. Museo del Prado

Adonis sale a la caza del jabalí, sin imaginar que su hado es morir en el intento. Venus, que sabe lo que va a pasar, intenta retenerlo en vano. Cuando ve a su amado muerto, la diosa hace surgir una flor de la sangre de Adonis; la anémona, hermosa y efímera, como él.

La obra, realizada entre 1553-34, fue enviada a Inglaterra, cuando Felipe vivía allí, ya casado con la reina María Tudor. Esta Venus, con la citada Dánae, ambas hoy en el Museo del Prado, fueron concebidas para ser colocadas juntas en una especie de juego de contrapuntos -lo que el argot pictórico se denomina pendants- pues, como Tiziano explicaba en su carta, se trataba de visiones complementarias del desnudo femenino; uno de frente y otro de espaldas.

Hablaba también Tiziano al Felipe, entonces rey de Inglaterra, de la necesidad de crear una especie de cámara privada para colgar estas obras, pero, ni los cuadros aparecen en los inventarios realizados tras la muerte del monarca, ni, mucho menos, se cita la cámara o sala privada que recomendaba Tiziano, si bien podemos imaginar que las pinturas nunca estuvieron a la vista de todo el mundo, es decir, de toda la Corte. 

Se ha hablado mucho de fines moralizantes como objetivo de la serie; tal vez los hubo, pero tampoco parece necesario intentar demostrar continuamente que don Felipe, a pesar de sus austeridades posteriores, no fuera capaz de extraer un placer estético y/o erótico, de su contemplación.

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Diana y Acteón. 1556-59. Óleo lienzo 1,88 x 2,06. 
National Gallery de Edimburgo

De mismo modo que emparejó las pinturas de Dánae y Venus, Tiziano concibió Diana y Acteón y Diana y Calisto, también para ser contempladas juntas, por lo que también dotó a estas dos últimas de algunas similitudes formales muy evidentes.

Acteón, hijo de Autonoe y nieto de Cadmo, el fundador de Tebas, sintió sed tras una cacería, por lo que se acercó a una fuente que manaba dentro de una gruta. Para su desgracia, aquel era el lugar preferido por Diana para su baño, y allí la descubrió el cazador, poniendo involuntariamente sus ojos sobre el cuerpo desnudo de la divinidad, quien terriblemente ofendida, le lanzó agua con una especie de maldición, e inmediatamente, el cazador se convirtió en presa de caza en forma de ciervo. Acteón abandonó la cueva a toda prisa, pero sus propios perros ya no lo reconocieron y se lanzaron sobre él, acabando con su vida.

Tiziano sustituye la cueva por una especie de arcada que rodea la fuente, junto al río donde se bañan Diana y sus Ninfas, protegidas por un cortinaje que Acteón ha retirado para su sorpresa y desgracia. El perrito faldero de Diana ladra, atrevido, a los sabuesos de Acteón, capaces de devorar a un hombre. Diana, evidentemente enfurecida, intenta cubrirse con un velo; una ninfa se oculta tras una columna, mientras otra intenta retener la cortina.

Cuando Rubens contempló las Poesías, ya en Madrid, se declaró discípulo del gran maestro de Venecia.

Es posible que la entrega de esta obra coincidiera con el año de la coronación de Felipe II. La pintura es hoy propiedad conjunta de las Galerías Nacionales de Escocia y Londres, que la adquirieron en 2009 por 50 millones de Libras, reunidas por aportaciones a ambos Museos, tanto públicas como privadas.

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Diana y Calisto.1556–59. Óleo lienzo, 1,88 x 2,06 cm-. Nat. Gallery Edimburgo.

Calisto era la ninfa preferida de Diana, pero Zeus la sedujo como a tantas otras, resultando la Ninfa, también como las demás, embarazada. Aunque ella se esforzó por ocultarlo, con ocasión de un baño campestre, Diana sospechó de Calisto, porque no quiso participar en la diversión, y ordenó a las demás Ninfas que le quitaran la ropa. Descubierto el embarazo, Diana, sin considerar que no era posible negarse al imperioso deseo de Zeus, expulsó a la Ninfa de su compañía, mientras Hera, que en ese momento conocía la nueva infidelidad de su esposo, decidía castigarlo, convirtiendo a su amada Ninfa en una osa.

Cuando Zeus la vio abandonada a su suerte con el hijo de ambos, los convirtió a los dos en astros; Calisto sería la Osa Mayor y su hijo, la Osa Menor, lo que explica con gran sencillez el origen de estas constelaciones.

Tiziano eligió el dramático momento en que las Ninfas desnudan violentamente a la asustada Calisto, a la que Diana señala con gesto acusador.

Aparecen asimismo en el lienzo, varias telas, realizadas en los colores clásicos por excelencia, azul, rojo y dorado, con gran calidad de textura en todos los casos. 

Esta pintura también fue adquirida por las Galerías Nacionales de Escocia y Londres en 2012, en este caso por 45 millones de Libras, después de un largo recorrido.

Parece que antes de hablar de la serie de Poesías a Felipe II, Tiziano, se las había sugerido a Maximiliano, pero no consiguió el encargo. En opinión del especialista Wethey, las Poesías sólo se colgaron juntas años después de su recepción, en el Palacio de Aranjuez, donde quizá estuvieron hasta 1704, cuando Felipe V de Borbón se las ofreció al embajador francés. Poco después serían adquiridas por el regente francés, Felipe II de Orleans, quien, después de la Revolución se las vendió en 1791 a un banquero belga, que a su vez, las vendió, dos años después, a un grupo de aristócratas británicos a los que representaba Francis Egerton, Duque de Bridgewater, magnate de la industria del carbón, que retuvo para sí, los dos cuadros de Diana.

Al fallecer este, su fortuna y sus bienes fueron heredados por su sobrino George Leveson–Gower, I Duque de Sutherland, quien poco después, expuso la colección al público en su mansión de Bridgewater House, en Westminster, donde la misma permaneció hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, momento en que las obras fueron llevadas a Edimburgo, donde permanecieron hasta el final de la Guerra, en 1945, año en que pasaron a ser exhibidas públicamente, en calidad de préstamo, hasta que Francis Egerton, VII Duque de Sutherland, dio a conocer su intención de venderlas en 2008. Egerton ofreció dar preferencia a los Museos Nacionales Británicos, de los que ya hemos hablado, siempre y cuando estos aceptaran pagar un mínimo de cien millones de Libras. Parece ser que en la compra de Diana y Calisto, en 2012, las instituciones británicas lograron una rebaja: El Duque de Sutherland y su familia –decía una nota de prensa-, accedieron a reducir el precio hasta los 45 millones.

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El rapto de Europa, 1559-1562, Óleo lienzo, 185×205 cm. 
Isabella Stewart Gardner Museum. Boston

Completaban el grupo de Poesías, los mitos de Perseo y Andrómeda, de 1562, y El rapto de Europa, 1559-1562, también concebidos como pendants y que hoy se custodian en Boston y Londres respectivamente.

Europa, hija de Agenor y Telefasa, reyes de Tiro, paseaba por la playa con sus amigas, cuando Zeus la vio y se enamoró de ella. Sabía el padre de los dioses que el toro era el animal favorito de Europa, así que se trasformó en toro y se acercó mansamente al grupo. Europa empezó a acariciarlo y fue tomando confianza hasta subirse a su lomo, momento en que el animal se lanzó al mar, y no paró hasta llegar a la isla de Creta. Allí, en Gortina permaneció Europa hasta el nacimiento de tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamante. Más tarde, Europa se casaría con Asterion, el rey de Creta. 

Tiziano narra el temor de la muchacha que se mantiene difícilmente sobre el lomo del animal, cuya velocidad queda más que sugerida por el vuelo del paño que ella lleva en la mano.

En la playa, ya lejos, sus amigas claman desesperadas de forma muy expresiva, a pesar de estar levemente esbozadas; –pinta a través de toques -escribió Vasari-aparentemente largos brochazos, siguiendo un estilo de manchas que si bien no puede ser contemplado de cerca, es necesario alejarse para ver la obra en su perfección-. El toro enamorado y su presa son escoltados por una corte de cupiditos. 
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Perseo y Andrómeda, 1562-1563, Óleo lienzo, 185×199 cm, Londra, Collezione Wallace

Perseo y Andrómeda sustituyó, por razones que se desconocen, a Jasón y Medea que era el tema previsto. 

Andrómeda, hija del rey de Etiopía, Cefeo, y de Casiopea, presumía de ser más hermosa que las Nereidas, que, muy ofendidas, rogaron a Poseidón que vengara semejante ofensa. Un oráculo dijo que, para evitar un castigo peor, Andrómeda debía purgar su falta siendo encadenada a una roca, expuesta a los peligros del mar. Allí la vio Perseo, e inmediatamente se enamoró, proponiendo a Cefeo liberarla de su penoso destino si se la entregaba como esposa. 

Obtenida la promesa, Perseo venció a un monstruo marino que Poseidón había enviado para atacar a Andrómeda y, finalmente, se casó con ella.

En la pintura, Perseo aparece boca abajo en un llamativo escorzo, tan arriesgado como los que El Greco empleaba frecuentemente para representar a los ángeles, y lucha con el dragón a la vista de la amada, que a su vez, ofrece un escorzo no menos singular que el de su pretendiente, como si estuviera en plena carrera, a pesar de las cadenas, mostrando, no obstante una imagen de belleza impecable.
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Ya en el siglo XVII, se sabe que las pinturas se encontraban en el llamado Cuarto bajo de Verano del Alcázar de Madrid, al que Felipe IV se retiraba privadamente después de comer.
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Se podría pensar –si ello fuera posible, tratándose de Felipe II–, que llegó a tener un cierto entendimiento con el autor de las pinturas destinadas a ser alojadas en el secreto de su intimidad, pero nos equivocaríamos cabalmente; Tiziano era un servidor más, con el que quizás la distancia tendería más bien a agrandarse, precisamente por ser proveedor de los placeres estéticos privados del monarca.

Las Cartas que Tiziano, Il Cadorino, escribe a Felipe II, podrían proceder de un redactor que conocía las formalidades e incluso el lenguaje necesario para dirigirse a un monarca, a quien se halaga directa e indirectamente, y a quien se somete el artista como el más humilde servidor, -un arte que Tiziano no podía dominar–, contienen bastantes datos acerca de la génesis y tratamiento de las famosas Poesías y de otras obras.

La familia Vecellio, la de Tiziano, de acuerdo con Vasari, era una de las más nobles de la zona, en el sentido de acomodadas, ya que poseían importantes bosques productores de madera con la que comerciaban con Venecia, transportando los troncos desde la montaña por los ríos que confluyen en el Piave y que llegaban a Venecia guiados por balseadores.

Ya a los diez años, un Tiziano que apenas había empezado la escuela, a la que no volvió más, abandonaba la luminosa montaña –cuyo imborrable paisaje empleó en el retrato de Isabel de Portugal en 1537, en el de Venus y Adonis, de 1553 y en algunos más– para viajar a la melancólica Venecia donde iniciaría su formación, empezando en el taller de Giambellino, donde se aprendía a copiar del natural sin dibujo previo y donde él mismo debió recrear aquella luz que permanecía en su recuerdo y que evolucionó a lo largo de su vida en consonancia con sus personales y no siempre felices vivencias.

El 11 de octubre de 1552, Tiziano envía una carta con una obra –Santa Margherita, que Felipe recibe en 1552 mandándola colgar en El Escorial en 1574–. Decía Tiziano: la he juzgado digna de comparar con la presencia de Vuestra Alteza.
Santa Margarita y el Dragón. Óleo lienzo, 210 x 170. Monasterio de San Lorenzo. El Escorial. Salió indemne del interior de un monstruo al que mató con una crucecita que llevaba cuando el animal la devoró.

Se conservan 201 cartas del pintor, la mayor parte de las cuales van dirigidas a Felipe II y contienen, como hemos apuntado, siempre en términos muy obsequiosos, exageradamente humildes, como procedentes de un artista en permanentes problemas económicos hacia alguien que puede solucionarlos. En la citada carta de 11 de octubre de 1552, el pintor se despide de aquel cuya entidad solo es superada por Dios, constituyendo dos tercios del texto un sinfín de cortesías, halagos hiperbólicos y adulación, que el rey contestaría un año después de forma brevísima; hablaba de una cantidad pagada, o por pagar, de 500 ducados y añadía que, en adelante, si el pintor tuviera algo que comunicar, lo hiciera a través de don Juan de Benavides.

Venecia, 23 de marzo de 1553. Se va alejando el invierno veneciano; Tiziano es ya un anciano para la época; tiene 73 años y se lo recuerda al rey delicadamente: Tuve la carta de V. A. el 12 de diciembre, tan cariñosa y tanto favorable, que siendo viejo me he vuelto joven, de modo que V. A. ha obrado el milagro en mí. Pero no es maravilla cuando no es otra cosa el gran ser de V. A. y de todas sus acciones a quien deseo tanto atender, que sólo por eso apreciaré la vida ya dedicada y consagrada a V. A. Y así no me puede salir por la boca ni por el corazón si no el gran Rey Felipe mi Soberano… beso los pies de V. A. a quien Dios guarde por infinitos años y me conceda de ver antes de que me muera.

Primavera–Verano de 1554: Del Embajador Cesáreo obtuve un don más conforme a la grandeza vuestra que a los méritos míos. Todo esto me fue por muchos aspecto caro, pero mucho más porque para un pobre devoto es gran riqueza el ser muy estimado por su señor. Yo, encontrándolo, querría poder retratar la imagen de mi corazón, desde hace tiempo consagrado a Vuestra alteza, porque V.M. viera en más perfecta parte esculpida la imagen de su valor.

En septiembre del mismo año, Tiziano envía una larga carta a Carlos V, recordándole que sus ministros aún no le han pagado lo prometido por el emperador en Nápoles, Génova y Milán. Lo mismo escribe a Felipe II, acompañando el envío de la Poesía de Venus y Adonis. Este le contesta en mayo de 1556, agradeciendo su obra, pero sobre todo insistiendo y dando consejos sobre la forma en que las pinturas deben ser embaladas y enviadas a través del embajador Francisco Vargas; don Felipe siempre dio mucha importancia a los detalles secundarios. Al final pregunta a Tiziano cuánto se le debe todavía. Firmando sencillamente, con el habitual Yo el Rey, este no solo no muestra, ni lejanamente el menor tinte de confianza, sino que ni siquiera se advierte algún respeto hacia el gran artista, quien en todo caso, cobraba su trabajo solo después de mucho tiempo y salvando enormes dificultades.

De hecho, habiendo emprendido su hijo Oracio viaje a Milán, para recibir un pago pendiente, fue atacado y gravemente herido por el escultor Leoni Leone Aretino -que también trabajaba para Carlos V-, sorprendentemente, se dice, para robarle, algo muy extraño, dado que había amistad entre ambas familias, e incluso Oracio había sido huésped de los Leone, lo que hace pensar en rivalidades artísticas u otros oscuros motivos desconocidos.

El 22 de diciembre de 1559, Tiziano escribe el rey hablándole del ataque a su hijo y solicitando la condena del supuesto ladrón, una condena, que no se produjo por parte de la Corona, aunque al parecer, Leone sí fue juzgado en Italia, recibiendo una pena mínima. Acto seguido el pintor pregunta si se han recibido las últimas pinturas que envió.

Dos de abril de 1561. Tiziano es informado, al fin, de que las obras que envió, han sido del agrado de don Felipe. De lo cual he tornado a esa alegría que deriva del deseo que yo tengo de servirle, estimando grandísima felicidad que mis cosas le gusten a tan gran Rey. Dicho esto, el artista recuerda dos mil ducados que tres años antes el rey había mandado pegarle y que nunca recibió, por lo que se ha visto obligado a vender una casa que había pensado pagar con aquel dinero. Anuncia asimismo el envío de El llanto de Magdalena.

26 de abril de 1562, junto con el envío de Cristo en el Huerto y Europa llevada por el Toro –con el que da por terminada la serie de las Poesías, escribe Tiziano: Cuando yo sabré, como espero, que estas mis fatigas sean merecedoras de su mejor juicio y gracia, similarmente consagraré lo que queda de mi vida, que avanza, a obsequiar enseguida a V.C.M. con algunas de mis nuevas pinturas, y que la fatiga de mi pincel le proporcione esa satisfacción que yo deseo y que merece la grandeza de tan gran Rey. Conviene destacar que, a pesar de que se ignora la fecha exacta de su nacimiento, Tiziano contaba, sin duda más de 80 años cuando escribió esta carta.

Orazione nell'orto, 1562. Óleo lienzo, 76 x 136. Museo del Prado desde 1837, procedente de El Escorial.

28 de julio de 1563. Conocida la victoria sobre los turcos y la de Orán, Tiziano escribe una nueva y devota carta de felicitación, ofreciendo además un tema histórico de devoción, que ha pintado y que enviará cuanto antes. Se trata de La Última Cena; un gran lienzo de 208,5 x 463 cm. que complació a S.M., que, en 1574 mandó trasladarla al Escorial donde fue recortada por los cuatro lados para su colocación, pero más especialmente por la parte superior, lo que restó gran efecto a la perspectiva arquitectónica.

Tiziano. La Última Cena. Monasterio de San Lorenzo. El Escorial. 
Tiziano aparece a la derecha de Cristo.

El artista intenta aprovechar las buenas noticias y el nuevo envío para rogar a su protector que se le paguen las rentas del trigo de Nápoles que le había concedido el Emperador en 1536, que necesita para sustentar esta mi última vejez, mientras me esfuerzo por vivir felizmente y prolongar los términos de la muerte sólo para servir a mi Señor.

23 de diciembre de 1563: Tiziano dice que no sabe nada de los cuadros enviados y que necesita ayuda para sobrevivir. En marzo del año siguiente recibe por fin una respuesta, en la que el rey acusa recibo de La Última Cena y promete enviarle dinero.

5 de agosto de 1564: Estoy seguro, Clementísima Majestad, que si V.M. supiera mi pena, su infinita piedad se movería a compasión y me mostraría su singular benevolencia enviándome lo que se me adeuda, que nunca me pagáis cosa alguna.

28 de julio de 1565: En Milán le han liquidado algo, reteniendo, sin embargo, gran parte del total, además de hacerle perder cien ducados en un negocio de arroz, por lo que solicita una indemnización, pues de lo contrario, no podrá servir a S.M. Ha terminado un Martirio de San Lorenzo y se ofrece a pintar una serie sobre la vida del Santo. 

Martirio de San Lorenzo. Óleo lienzo, 493 x 277. Iglesia de los Jesuitas. Venecia. –Asombrosa versión de 1558; la obra enviada al Escorial es de 1567–. 

Aunque quizás ya se le considera demasiado viejo, el artista añade que él sólo desea satisfacer a S.M., así que también le va a enviar la Venus del Espejo.

Venus del Espejo. Óleo sobre lienzo 124,5 x 104,1 cm. 
National Gallery of Art. Washington

26 de octubre de 1568, envía El Tributo; la pintura de Nuestro Señor con el fariseo que le enseña la moneda, y añade la grandísima necesidad en la que actualmente me encuentro… dedicado a su servicio. El artista cuenta ya 88 años.

1º de agosto de 1571. Tiziano pregunta si el rey ha recibido su Lucrecia violada por Tarquinio, pues no tiene noticias de ello. Cuenta 95 años y sigue solicitando humildemente lo que se le adeuda.

22 de diciembre de 1574, a Antonio Pérez, secretario de Felipe II. Le adjunta una relación de las obras que ha enviado a la corte desde 1561; son tantas, que no las recuerda todas. Entre ellas:

Venus con Adonis, de 1566; Calisto grávida por Júpiter, 1561; Ateon llega inesperadamente al baño, 1561; Andrómeda atada a una piedra, 1556; Europa conducida por el toro, 1562; Cristo en el Huerto y la Tentación a Cristo con la moneda, de 1568; Cristo en el sepulcro, 1561; Santa María Magdalena, 1561; Los Magos de Oriente, 1561; Venus con Amor y el Espejo, 1567; La desnuda con el poeta y el sátiro, 1567; La cena de Nuestro Señor, 1564; El martirio de San Lorenzo, y otros tantos que no me acuerdo

Tres días después, el 25, envía a Antonio Pérez una nueva lista, que este recibió el 14 de febrero del año siguiente y en la que aparece una anotación de mano del rey: Esto me acordaréis.

27 de febrero de 1576. 99 años. Un Muy Humilde y Devotísimo servidor, Tiziano Vezelio, recuerda todos sus servicios, los cuales –no por causa del Rey-, no le han sido remunerados. 

Y, en tales circunstancias, Tiziano fallecía el 27 de agosto de 1576. Murió di vecchiezza en su casa de Biri Grande, en la que vivía desde 1531. 

Al día siguiente se celebraron solemnes funerales en San Marcos y el artista fue enterrado en la iglesia de su parroquia; Santa María Gloriosa dei Frari

De la búsqueda en el Archivo de Simancas, se deduce que su última carta nunca fue contestada. El geniose iba sin haber sido escuchado ni, aparentemente, recompensado. Es evidente que Felipe II valoró su arte así como las obras –objeto de este trabajo–, que reservó para su intimidad, pero probablemente nunca pensó que la dignidad del artista fuera una entidad de consideración, algo que el propio Tiziano –cuestión de época y, tal vez, no sólo de su época-, alimentó a base de servilismo, temor tal vez, y sacralización de la persona real, sin la cual, no obstante, es posible que no existiera buena parte de su obra, ya que siempre insistía dramáticamente en la falta de medios para desarrollar un arte, considerado entonces oficio vil –puesto que se pagaba con dinero, cuando se pagaba, como podemos deducir-, pero cuyo objeto es hoy patrimonio de la humanidad –si no en su aspecto material, sí en el intelectual-. 

Es posible que el pueblo pensara, con acierto, que el pintor guardaba grandes riquezas a tenor de su fama, puesto que, lo fuera, o no, su casa fue saqueada al día siguiente de su entierro.

Su hijo Orazio, Il Tizianello, nacido en 1528, quien además de pintor, al parecer era aficionado a la alquimia, murió pocos días después que su padre, a causa de la peste. 

La última obra de Tiziano –inacabada- fue una Piedad, concebida para su propio enterramiento. Su discípulo Palma il Giovane, se encargó de terminarla: -Lo que Tiziano dejó inacabado, Palma lo ha terminado respetuosamente y lo ha dedicado a Dios-, reza la pintura.

QUOD TITIANUS INCHOATUM RELIQUIT
PALMA REVERENTER ABSOLVIT
DEOQ. DICAVIT OPUS

Pietà, 1576. Óleo lienzo, 352 x 349 cm. Gallerie dell'Accademia, Venecia




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