jueves, 26 de enero de 2017

III/III Borbón-Vallabriga • “Contra vosotros naciendo” • Calderón de la Barca


Carlos III y su hermano, el infante don Luis de Borbón

El infante don Luis de Borbón, hermano menor de Carlos III fue hecho cardenal desde la infancia. No conforme con aquella condición, presentó su renuncia a los 27 años, solicitando posteriormente, permiso para contraer matrimonio, algo que le fue concedido, con condiciones: No permitiendo las circunstancias actuales –decretó Carlos III-, el proporcionar matrimonio al Infante don Luis mi hermano con persona igual a su alta esfera… Vengo a concederle permiso para que pueda contraer matrimonio de conciencia, esto es, con persona desigual, según él me lo ha pedido

Bajo tales premisas, a los 49 años, se casaba por fin don Luis, pero a costa de perder su nombre familiar y sus derechos sucesorios, además de contraer la obligación de vivir en el destierro, sin acceso a la corte, condiciones que igual que a él, afectaron a sus esposa y a sus hijos. 

Su delito, pues, fue nacer hermano de un monarca que temía por su herencia, y renunciar al celibato cuando este ya tenía un heredero, para el cual, según se supone, don Luis podría convertirse en una amenaza, algo que, casi con toda seguridad, él nunca se propuso.
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Un buen número de historiadores, sostiene que durante el reinado de Carlos III, no había ninguna ley vigente que permitiera reclamar la Corona a un hermano en detrimento de un hijo, porque este último fuera nacido y criado en un reino extranjero. De hecho, ya había ocurrido que un hermano reclamara la corona por las armas, sin que se diera esa circunstancia en los hijos, y no pasará demasiado tiempo para que el infante Carlos María Isidro emprenda la guerra para acceder a la corona que Fernando VII legará a su hija Isabel II, en este caso, sin alegar su condición de extranjera, sino su condición femenina. Se deduce, pues, que ante situaciones como la presente, las actitudes se imponen a la legislación, existente o no, pero que, en todo caso, parece siempre incompleta y susceptible de interpretaciones opuestas.

Ahora bien, si esa norma no existía, ¿a qué obedeció la obstinación de Carlos III por neutralizar a su hermano, el Infante don Luis, por todos los medios a su alcance, incluido el destierro, que este sufrió, de hecho, hasta su muerte; más la obligación de casarse con una mujer que no fuera de sangre real –esto sí estaba legislado–, y la pérdida, por ello, del nombre familiar, los derechos sucesorios, etc?

Recordemos que, si bien don Luis acompañaba al rey, en sus habituales jornadas de caza, su esposa y sus hijos tenían prohibido acercarse a menos de 40 kilómetros de la residencia real, por lo que jamás pusieron un pie, no sólo en palacio, sino en la Corte, en el sentido territorial del término.

¿Había dado el infante alguna muestra de rebeldía, o expresado la más lejana intención de reclamar para sí el trono? Parece que no; al menos no hay constancia de ello. Se muestra en sus misivas de una sumisión total… Parece su lacayo. Pero el destino, tan frecuentemente tildado de irónico, por la misma voluntad real que alejó al padre de la Corte, introdujo en ella a los hijos, si bien, a la larga, resultó una decisión tan desafortunada como la primera.

El vuelco del destino se produjo cuando Carlos IV y María Luisa, casaron a María Teresa Vallabriga, la hija mayor del infante exiliado, ya fallecido, con el gran favorito, Manuel Godoy, pasando, sólo desde aquel momento a llamarse como le correspondía, María Teresa de Borbón Vallabriga, nombre que también se devolvió a sus hermanos.

Es evidente que, después de que abandonara el cardenalato,  Carlos III, obligó a su hermano a contraer matrimonio morganático con María Teresa Vallabriga, de sangre noble, pero no real, a la que el infante no conocía y después de haber pedido, en vano, la mano de su sobrina la Infanta María Josefa, hija mayor de Carlos III. Hizo todo lo que pudo este monarca para convertir a su hermano en un enemigo, y sólo el aislamiento de este y, probablemente su falta de energía, evitaron, quizá, una guerra –caso nada raro–, en pro de los derechos de uno u otro, por más que estos siempre fueran disfrazados de causas nobles y beneficiosas para los súbditos.

María Teresa Vallabriga. Goya, 1783. Museo del Prado

La diferencia entre la intransigente actitud de Carlos III, frente a otros monarcas que actuaron de modo más contundente, radica en el hecho de que, en casos anteriores, los hermanos se habían rebelado con armas contra el derecho de los hijos –recordemos al hijo de Alfonso X El Sabio –Sancho IV– y a sus nietos, los Infantes de La Cerda–; en la presente ocasión hay que insistir en el hecho de que no consta que el Infante don Luis se hubiera propuesto jamás hacer nada parecido, pero también consta que aun siendo así, Carlos III le cerró, sin piedad, todas las puertas que pudo, sin que hasta la fecha se conozcan con exactitud las verdaderas razones de su actitud, que quizás no respondiera más que a la vieja expresión castellana de por si las moscas…

En el resumen que sigue, aparecerán numerosos textos en cursiva, los cuales proceden en su mayor parte, del completísimo trabajo de J. M. López Marinas: El infante don Luis de Borbón su familia y Goya.

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Don Luis había venido al mundo con todos los requerimientos legales, en el segundo matrimonio de su padre, Felipe V, con Isabel de Farnesio. El evento fue debidamente hecho público por medio de la Gaceta de Madrid del martes 29 de Julio de 1727:

El viernes 25, de este mes, día del Apóstol Santiago, Patrón de España à las seis de la mañana, dio à luz breve, y felizmente la Reyna nuestra Señora un hermoso, y robusto Infante, que luego al punto recibió el agua del Santo Bautismo, con los nombres de Luis Antonio Jaime; aviendo sido testigos de este grande y dichoso sucesso el Nuncio de S. Santidad, y los Embaxadores de Coronas, los Gefes de la Casa Real, y otras Grandes y Señores, aunque algunos de los convocados para esta ceremonia no pudieron llegar a tiempo, por la brevedad del parto. El Rey nuestro señor le dexó ver en la Antecámara de Palacio, en donde los Señores le besaron la mano y fue cumplimentado por los Ministros Estrangeros: quedando unos y otros muy regocijados de vér á S.M. tan convalecido de su passada indisposición. La Reyna queda buena, y sin el menor accidente de los que suela sobrevivir en casos semejantes; y el recien nacido Principe se empieza á criar con claras muestras de una perfecta constitución.

No podemos olvidar, sin embargo, que se trata del séptimo hijo varón del monarca, y que ya no quedaban posesiones que él pudiera heredar.


Jean Ranc (1731) Retrato del infante Don Luis Antonio de Borbón. 
Museo del Prado.

Se optó, pues, por la carrera religiosa, acompañada de importantes fuentes de ingresos, a cuyo efecto, teniendo el infante seis años, su padre hizo pedir para él varias encomiendas de cuatro órdenes militares, más el hábito de Santiago, todo lo cual le fue concedido a pesar de su edad, asegurándole, en conjunto, una cifra cuya equivalencia se calcula alrededor de ciento sesenta millones de Euros, de cuya administración se encargaría Aníbal Scotti, un hombre sabio, pero poco práctico, que probablemente instruyó a don Luis con sus amplios conocimientos de arte y de quien el embajador de Luis XIV en Madrid dijo que, si bien, era, de carácter indefinible, loco, visionario en exceso,[…] También era: poeta, historiador, orador, arquitecto, geógrafo, matemático, político, tocaba todas las artes y oficios.., sin duda influiría en la formación de don Luis y su interés por el arte, biología y botánica, tan propio de su tiempo, rico en descubrimientos y clasificaciones de carácter científico.

El año siguiente, el rey solicitó también para él el Arzobispado de Toledo, que se le concedió después de muchas dudas, el 15 de diciembre de 1735, a pesar de ser menor de edad, considerando que la corona de España era, quizás el más firme apoyo del Vaticano.

En todo caso, nadie discute a Carlos III, quien desde un principio, decidió dejar muy clara su autoridad, como lo hiciera asimismo su medio hermano, Fernando VI, de acuerdo con la siguiente anécdota. Tras la muerte de Felipe V, en 1747 el nuevo rey ordenó a su madrastra, Isabel de Farnesio –la madre de Carlos III–, que se trasladara al Real Sitio de La Granja, cuya propiedad ella había recibido en herencia de su marido. Isabel, que no se mostró muy conforme con semejante decisión, escribió a Fernando VI que antes del traslado debía consultar a sus hijos y al rey de Francia. El nuevo rey, respondió ásperamente y sin paliativos: –lo que yo determino en mis Reinos, no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido.

Francesco Battaglioli. Palacio de Aranjuez.  1756. Museo del Prado

Volviendo a don Luis. Es sabido que tanto la profesión religiosa –aunque don Luis nunca fue ordenado–, como el matrimonio, son susceptibles de anulación, si habían sido forzados, como era el caso, siendo él menor de edad cuando se decidió su futuro. 

Como muy bien sabemos a estas alturas, don Luis no sentía la menor atracción por la vida religiosa y sí mucha por las mujeres. Aunque, parece que jamás se pensó en considerar su opinión, su malestar debió ser evidente, aunque él no se atrevió nunca a decírselo a su hermano, lo que no puede ni debe entenderse como una aceptación, sino simple, pero evidentemente, como miedo, porque temía la reacción del monarca y sus probables consecuencias: …no se atrevió jamás á exponer al Rey sus necesidades. Arrastráronle estas á algunos deslices, que le hicieron perder su salud, y habiendo procurado á los principios sostenerla con paliativos a fin de ocultar su estado y no faltar á la compañía de su hermano, le fue preciso no acompañarle por más de qüarenta días para restablecerse radicalmente, como lo logró.
 Fernán-Núñez, Compendio

[Título completo: Fernán-Núñez, Conde de (1791), Compendio histórico de la vida de Carlos III Rey de España y de las Indias. La escribió para sí y para sus hijos á quienes la dedica Carlos Joseph Gutiérrez de los Ríos y Rohan XXII Señor y VI Conde de Fernán-Núñez siendo Embaxador extraordinº y Plenipotº de S.M. en la Corte de París año de…. Tomo II.]

Pido respetuosamente a Vra Santidad –escribía finalmente el infante al papa, Benedicto XIV, en 1754–, me conceda las dispensas que son necesarias, teniendo a bien que le debuelva el Capelo con que quiso condecorarme.

E. Rúspoli, descendiente actual de don Luis, escribe al respecto: La ausencia de vocación religiosa y la atracción hacia los placeres terrenos, especialmente los carnales, fueron determinantes en su decisión, que muestra una finura ética muy superior a lo habitual en su época, en la que era moneda corriente el príncipe de la Iglesia hedonista rodeado de una corte sensual y brillante.

Por su parte, Tortella, al abordar el mismo asunto, dice: Simplemente, el infante confesaba que nunca había sentido inclinación por la carrera eclesiástica y deseaba seguir un camino distinto al elegido por sus padres para él. Luis añoraba irrefutablemente ser como los demás, amar, expresar sus sentimientos y gozar de las naturales expansiones sexuales. 

Ambos autores parecen comprender claramente la actitud del desgraciado infante, sobre el cual pesaron los temores de Carlos III de manera tan cruel e injusta.

El Infante D. Luis tiene una afición a las mujeres, y, enterado de ello el Rey, tomo medidas para acabar con este desorden. 

Curóse el Infante de una enfermedad muy común en España, y todo pasó sin escándalo. Pero habiendo descubierto el cura de Palacio que el Infante, arrastrado por su temperamento, tenía a su disposición tres mujerzuelas, con quienes se solazaba sin que el Rey lo supiera, cuando con él iba de caza, se lo participó al confesor de Su Majestad, que se lo dijo al Monarca, añadiendo que, en conciencia debía poner a esto pronto y eficaz remedio. 

El Rey dio al confesor plenos poderes para que así lo hiciera, y el buen fraile empezó por detener a varios criados de D. Luis; descubrió a los que le servían de terceros en sus amores; condenó a unos a presidio en Puerto Rico; desterró a otros por tres y seis años a sesenta leguas de la Corte; alejó también y castigó con más o menos severidad a las mujeres, y a sus padres como cómplices, y se permitió echar un sermón al Infante en los términos más duros, obligándole a pedir perdón al Rey, su hermano. 

De aquí resultó que no quedó en España nadie que no supiera una aventura que debió quedar de todos ignorada. Álvarez de Linera.

Antonio González Ruiz (1750-1760). Retrato del Infante D. Luis. Col. Part.

Ya liberado de sus responsabilidades cardenalicias, el infante siguió viviendo muy de cerca los avatares de la familia real, asistiendo, parece que a su pesar, al final de la enfermedad de la que moría Bárbara de Braganza, así como a los gravísimos accesos de locura de su viudo, Fernando VI, agudizados tras la muerte de esta, a la que, siguió en muy poco tiempo. De todo ello informaba muy puntualmente a su madre.

Dios la aiga perdonado –escribió refiriéndose, precisamente, al fallecimiento de Bárbara de Braganza, el 27 de agosto de 1758–, pero creo que seguramente que es ella la que nos acía todo el mal, pues bien se ve en su testamento que no se ha acordado de nosotros si no de la chica de mi hermano Phelipe esto es todo lo que ai. 

Poco después, el 29 de mayo escribía sobre Fernando VI: tiene enteramente perdida la cabeza y que si en algun momento esta en razon es un relámpago. 

Fernando VI murió el 10 de agosto de 1759. Probablemente sí tuvo relámpagos de lucidez, pues en ocasiones, parece que la consciencia de su estado le llevó a realizar más de un intento de suicidio.

Gaceta de Madrid; 14 de mayo de 1759:

El Viernes diez de este mes a las quatro y quarto de la mañana, tuvieron su indispensable término los males de nuestro amado Rey Don Fernando el sexto, y lograron eterno premio sus notorias virtudes. Después de haver aprovechado un feliz intervalo de sosiego, que le concedió la Divina Clemencia. Confesándose muy a satisfacción del Cura de Palacio Don Joseph de Rada, que le administro el Sacramento, y ya en mayor riesgo el de la Extrema-Unción.

Apenas falleció el Rey nuestro Señor Don Fernando el Sexto se despacharon Correos con esta noticia, no menos importante, que funesta, al Rey nuestro Señor Don Carlo Tercero, Rey de las Dos Sicilias, y á la Reyna Madre nuestra Señora, Governadora de estos reynos hasta el arribo del Rey su Hijo.

Carlos III fue proclamado el 11 de septiembre de 1759.

Las ocupaciones de la corte son casi todos los días las mismas. Mientras está en Aranjuez, el rey se divierte ordinariamente pescando hasta la mitad del día, regresa entonces para comer en público, como todos los otros miembros de la familia real.


Carlos III comiendo ante la Corte. Paret y Alcázar

Después de haber comido tiene una corta conversación con los ministros extranjeros; estos se tiran a continuación al jardín, y él, a eso de las tres o las cuatro de la tarde, acompañado del príncipe, a veinte o treinta millas a cazar, y procura esa diversión, todo el tiempo, mientras hay luz para ver. J. Towsend, Viajero inglés.

El príncipe don Luis, hermano del rey, es de un carácter suave y complaciente. Tan apasionado por la caza como su hermano, pasa con él su vida en los bosques y en la habitación de su madre. 

Ha nacido sin ambición, porque pudo ser rey de España a la muerte de su hermano Fernando: los votos de la nación le llevaban a ello; los españoles temían a un rey educado en medio de los italianos. 

Don Luis tuvo entonces la probidad y la dulzura de carácter de no dejarse persuadir; su recompensa es interior: goza de la amistad de su hermano, al cual está muy unido. Por otra parte, no se mezcla en ningún asunto, y no solicita jamás nada. En fin, tiene todas las cualidades requeridas en el hermano de un rey para que la paz no se vea turbada. 
Documento sin firma
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El 11 de julio de 1766, hallándose la corte en Aranjuez, fallecía Isabel de Farnesio, a los setenta y tres años, ocho meses, y diez y seis días de su edad rodeada y llorada de sus amados Hijos y tiernos Nietos. Nombró heredero universal a su hijo mayor Carlos, quien debía disponer de la herencia de sus hermanos. 

En cuanto a don Luis: …por si su ausencia de la Corte del Señor Rey Fernando VI pudo obstar a su mejor establecimiento o medro, es mi voluntad indemnizarle en la forma que puedo mejorándole en tercio y quinto, comprendidos en ellos el bosque, fábricas y jurisdicciones de Rio frio, la casa, accesorias y territorio que compré al Marqués de la Ensenada en el barrio o arrabal que llaman del Barquillo en Madrid y fábricas que allí se construyeron a mi orden.

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Luis Paret. La Puerta del Sol (Madrid) 1773

Diez años después, don Luis se casaría, finalmente, el 27 de junio de 1776 en Olías del Rey, con la mayor discreción, escaso cortejo y la presencia del Arzobispo de Toledo. El infante tenía 49 años y su mujer 17. 

Su alejamiento de la Corte provocó que vagara sucesivamente entre Velada y Cadalso de los Vidrios, hasta fijar su residencia en Arenas de San Pedro, donde se hizo construir un palacio en el que se instalaron y donde, si bien el infante podía entretener sus jornadas con la caza, su mujer no encontraba nada interesante que hacer.

Gregorio Ferro. Retrato de Luis María Borbón Vallabriga

El 22 de mayo de 1777, en Cadalso de los Vidrios, tras un parto seco y algo travajoso, nació el primogénito, Luis María Vallabriga. Un segundo hijo varón nacía en Arenas el 6 de marzo de 1779 que murió el día 15 de diciembre siguiente.

La tercera hija fue María Teresa Josefa, que ya nació en Velada el 26 de noviembre de 1780 a la que seguiría María Luisa Fernanda Norberta, nacida el 6 de junio de 1783.

Aquel año, Goya se instaló temporalmente en Arenas: 

Querido Hijo mío acabo de llegar de Arenas y muy cansado. Su Alteza me a hecho mil onores, he hecho su retrato, el de su señora y niño y niña con un aplauso inesperado por aber hido ya otros pintores y no aber acertado a esto: He salido dos bezes a caza con su Alteza y tira muy bien y la ultima tarde me dijo sobre tirar a un conejo este pintamonas es aun mas aficionado que yo. He estado un mes continuamente con estos Señores y son unos angeles, me an regalado mil duros y una bata para mi mujer toda de plata y oro que bale treinta mil reales, según me dijeron alli los guarda ropas. Y an sentido tanto que me aya ido que no se podian despedir del sentimiento y con las condiciones que abia de volver lo menos todos los años. 

Al final, añade: Esto resérvatelo porque no está aun despachado y es que he merecido de su Alteza le dé una capellania de Chinchón a Camilo –hermano de Goya–, conque no falta entender la gracia para tomar posesion a Dios hijo mio no puedo mas.
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El infante, apenas pudo disfrutar de la existencia de sus hijos, pues habiéndose casado ya de buena edad, murió muy pronto, el 7 de agosto de 1785. 

Su fallecimiento fue seguido del alejamiento de los hijos, que sin duda, todavía seguían constituyendo una amenaza como su padre. Ocho días después de su muerte, Carlos III separaba al hijo mayor –8 años apenas–, de la madre y lo confiaba a la tutela del cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo, en cuyo palacio residiría y sería educado. 

Las niñas –seis y dos años  respectivamente–, pasaron a residir en Toledo, también bajo custodia del cardenal, en el convento de San Clemente. La madre, por decisión real, tuvo que quedarse en Arenas, hasta que el año siguiente, Carlos IV le dio licencia para irse a vivir a Zaragoza.

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El mismo día del fallecimiento del infante, 7 de agosto de 1785 escribía María Teresa al rey:

Señor: Abrumada en lo más profundos sentimientos de aflicción y amargura por la gran pérdida de mi amado esposo el Infante Don Luis a quien Dios ha servido llevar para sí a las seis y cuarto desta mañana, me postro humilde y rendidamente a los reales pies de V.M. suplicándole respetuosa y encarecidamente que por todos los motivos que han alimentado el fraternal amor en el piadoso corazón de S. M. se digne a mandar y disponer quanto le haya pertenecido por todos términos, como sobre esta pobre afligida viuda y sus tiernos hijos que se acogen muy confiadamente baxo el amparo y real protección de V.M. Arenas, 7 de agosto de 1785.

También se dirigió a Floridablanca:

Mui Sor. Mio. Por el adjunto memorial se servirá V.E. ver el justisimo motivo de aflición y desconsuelo en que me hallo por haver perdido a mi amado esposo el Infante Don Luis; suplico a V.E. postrándome con mis hijos a sus reales pies y esperando el buen corazón de V.E. que nos tomara a todos baxo el apoyo de su poderosa intercesión y me advertirá cualquier obligación que yo deba cumplir. Arenas, 7 de agosto de 1785

Se le dijo que debía permanecer en Arenas hasta nueva orden.

Quedo enterada de ser voluntad del Rey que yo permanezca en este pueblo hasta nueva resolución; y buelvo a pedir a V.E. me haga la honra de presentarme a los Pies de S.M. como la más rendida y humilde para obedecer esta real orden. 
Arenas, 11 de agosto de 1785.

Comunicaba Carlos III cardenal Lorenzana

Por lo mucho que debe interesarme la educación de D. Luis de Ballabriga y de sus hermanas, he resuelto que la dirixa el muy Reverendo en Christo Padre Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, en quien, sobre las altas prerrogativas de su Dignidad, concurren todas las prendas y qualidades personales correspondientes a esta y mayores confianzas. …que estén siempre a disposición del Arzobispo dicho D. Luis y sus hermanas, y estos se conduzcan, coloquen y eduquen donde, como y por quien el mismo Arzobispo dispusiere, y a su vista, sin contradicción y reparo.

La decisión le fue comunicada a la madre por Floridablanca y por el propio Lorenzana en carta fechada el 17 de agosto. De hecho, no sólo era separada de sus hijos sino que no se le permitía tomar ni discutir decisiones sobre ellos.

Ella sufrió con especial angustia la separación de Luis María, pero no parece que sintiera la misma contrariedad con respecto a la niñas. Al parecer, fue tal su disgusto que -tuvo que sangrarse, irritada no por la ausencia de los hijos, como ella dijo, sino por otras cosas, esto es, por no tener al lado del Señorito un espía que la participase quanto ocurriese. La Señora es de un genio sumamente fuerte y propio de su país y Dios quiera no precipite-. Informó el enviado, pariente del cardenal.

Finalmente el día 18 de septiembre salieron tres carruajes de Arenas hacia Toledo. María Teresa no acompañó a sus hijos. De nada servía su enfado, cualquiera que fuera el motivo, frente a una decisión real inamovible, estuviera justificada, o no. Las niñas permanecerían en el convento de San Clemente doce largos años. Luis María, con su ayo y su maestro, se dirigió al Palacio Arzobispal. Prescindiendo de cuanto pudiera suponer un elemento de lujo, propio de la familia a la que en realidad pertenecían, Carlos III exigió que sus sobrinos sólo tuvieran a su disposición, lo decente y preciso

Luis aprendió latín, geografía, dibujo, matemáticas, música; interpretación de violonchelo, francés, italiano, derecho, filosofía y teología, física, lógica y moral. Sus hermanas piano, francés leído, algo de latín, gramática y doctrina cristiana.

El 14 de diciembre de 1788 moría Carlos III. Las hijas del infante salieron con motivo de la coronación de Carlos IV y estuvieron con los reyes solas con mucho cariño y contento de verlas y les gusto lo bueno y hermosas que estaban. 

Curiosamente, para entonces se supo que algunos objetos del gabinete de historia natural, y algunos de los libros de la biblioteca de don Luis se estaban vendiendo. De ello fue informado el cardenal.

He sabido con mucho dolor que se están vendiendo separadamente y a nuevo las cosas del Gabinete de historia natural que era de S.A. El Sr. Vallejo ha traido por una friolera algunas. Como hai en él varias máquinas y curiosidades que pudieran en tiempo servir a este Sr. –el hijo del Infante-, veo con lástima que se extravíen de este modo y que después aia de comprar por un precio excesivo. A mi me parece que harán lo mismo con la biblioteca y Monetario y no sería menester más que S.E. el Cardenal, lo pidiese al juez de la Testamentaría para don Luis María, pues no hai que esperar nada favorable del que llaman Curador ad Litem.

A pesar de las medidas tomadas, parece ser que desaparecieron algunas piezas importantes antes de llegar a manos de Luis María.

El 30 de julio de 1794 llegaron al palacio arzobispal de Toledo cinco carros que transportaban treinta y siete cajones de libros procedentes de Boadilla. Poco después llegaba también la primera remesa de objetos del gabinete de historia natural. Traxeron como sesenta cajas de cristal con diferentes aves.

Finalmente, el conjunto de desmembró y dispersó. La Biblioteca Provincial, el Instituto de Enseñanza Media –Palacio Lorenzana-, la biblioteca pública de San Ildefonso y la Casa de Cultura de Toledo, en un primer momento, y después, la Biblioteca de Castilla-La Mancha, han contenido sucesivamente parte de aquellos fondos, hasta hace relativamente muy poco tiempo. 

Luis María progresaba en los estudios. Su paje, García Aguado, dice que llegó a leer con velocidad y buen sentido, a escribir con expedición y linda forma y ortografía y a poseer el idioma latino con más que regular perfección. Igualmente avanzaba con el cello, geografía, dibujo, matemáticas, francés e italiano, a pesar de que su natural apatía y timidez, comparable a la de la dama más melindrosa, le hacía mirar con poco apego cualquier ocupación que no fuese sedentaria y que hubiese de violentar su carácter.

En 1788, cuando Carlos IV llegó al trono, María Teresa Vallabriga, pensando que su situación podría mejorar, escribió al nuevo rey ofreciéndole varios elementos de las residencias de Boadilla y Chinchón, incluyendo algunos terrenos y el Gabinete de Historia Natural. Pero al no recibir contestación en ningún sentido, insistió en otros aspectos:

Mis hijos, la privación de mis hijos, Señor Exmo., su memoria es un grito interior a que ya no alcanzo a resistir. Mi confinación en una soledad sin los auxilios precisos para las necesidades de la vida, en un entredicho civil perpetuo, a que es consiguiente el quebranto de la salud, agrava aquella primera pena como se dexa comprender.

En esta ocasión, le fue concedido el traslado al lugar donde ella quisiera residir, a la vez que se le duplicó la pensión que percibía. Optó entonces por instalarse en Zaragoza.

En agosto de 1793 Luis María era nombrado Arcediano de Talavera y el 17 de marzo de 1794 Godoy comunicaba a Lorenzana que por Real Decreto Luis María había sido nombrado Conde de Chinchón, título que le correspondía por herencia paterna.

En marzo de 1797 Lorenzana fue enviado a Roma, de donde ya no volvió. Godoy escribió en sus Memorias refiriéndose a él: comprometía la paz del Gobierno y dañaba en gran manera al objeto que me propuse de cerrar en los lindes del Evangelio la autoridad del Santo Oficio.

Se nombró como gobernador de la diócesis a un sobrino de Lorenzana, quien cuidó del Señorito, según convenía a la solicitud del fallecido.

Para entonces, Godoy ya tenía mucho peso en la corte de Carlos IV, hasta el punto que el monarca, sin duda inducido por la reina María Luisa, organizó su boda con María Teresa, la hija mayor del infante don Luis. 

Escribe Godoy en sus Memorias, no sin cierto cinismo, dando a entender que estaba sometido a la voluntad de los reyes, cuando la realidad era todo lo contrario: 

Carlos IV lejos de ceder a mis ruegos, me enlazó a su familia. Su designio fue hacer desesperar a mis contrarios de apearme de su gracia, y elevarme a tal altura donde sus tiros no alcanzasen. Este enlace fue obra de su voluntad absoluta, no de otro modo que lo había sido mi entrada al Ministerio. Carlos IV ordenó de tal modo la celebración de este matrimonio, que entre imponérmela y comunicar al Consejo el decreto relativo a ella, no medió tiempo. Yo le obedecí en este asunto con igual lealtad y sumisión que en los demás actos de mi vida. Y comunicó su aceptación por medio de una carta con fecha 15 de agosto de 1797.

Mi Exm Amo y dueño. 
Llegó el tiempo de decidirme, y ps no he de dejar el Ministerio porque el Rey no quiere condescender a mis ruegos, paso a conformarme con el estado santo del matrimonio. S. M. quiere darme una de sus primas, hijas del Infte D.n Luis. Vm. vé las ventajas que me produce este enlace: vamos pues a efectuarle; pero como el Arzobispo, a cuya direccion estaban encargadas se halla ausente tendremos que apelar al Gobernador del Obispado, etc..  

Y, una vez sellado el acuerdo en el mayor secreto, Godoy, escribió a María Teresa el 26 de agosto de 1797:

Muy Sra mia

... la voluntad de V. de consentir en un estado q. no puedo mirar sino como el mas feliz. 

V. Sra. ignora las qualidades morales q. me adornan, ya que las físicas no quiera hacer un análisis, persuadiéndome justamente de q. cosa hecha por el Rey no puede menos de combenirla y corresponderla; la opinión que me han dado mis obras ¿pudiera suplir al trato de que nos a privado nuestra situación?, ¿ha llegado la noticia de V. alguna especie de las q. realzan mi nombre?. Deseo Señora q. antes de convenir V. en admitirme por su Marido mire, piense bien si en mí se reunen todas las prendas que deben confrontar a sus ideas y pues q. mi destino no permite me separe un instante de los pies de SS.MM. tómese V. la pena de examinar ese Retrato algo parecido al original y decidirá sin rubor si la figura no la agrada.

En aquel momento, era ya Godoy el hombre más poderoso del reino y, sin duda, uno de los más ricos, pero el matrimonio con María Teresa le serviría para entrar a formar parte de la familia real, a la vez que serviría a la reina, para retener a su favorito lo más cerca posible –sin que esto signifique insinuar nada más que lo que estrictamente dice–.

Retrato de Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, como generalísimo,
en la Guerra de las Naranjas. Goya. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El matrimonio se celebró por poderes el 11 de septiembre de 1797 en la capilla del Palacio Arzobispal de Toledo, asistiendo Luis María con poderes de Godoy, quien por alguna razón incomprensible, no estuvo presente. Se ratificaría el 2 de octubre siguiente en El Escorial; Godoy tenía 30 años y, María Teresa 18 en aquel momento, a partir del cual, compartiría la vida del super ministro, con Pepita Tudó, el verdadero amor del Valido.

Vicente López. Retrato de Josefa Tudó. Fundación Lázaro Galdiano

Los primeros años del matrimonio parece que transcurrieron sin problemas, a pesar de la presencia permanente de Pepita. Por una carta de la reina a Godoy, con fecha 25 de septiembre de 1799, sabemos que María Teresa está embarazada.

…quanto nos alegramos el Rey y yo amigo Manuel con la confirmación que nos das de ir a cumplir tu muger los tres meses, nadie como tu cumpliras las obligaciones de un buen Padre, mira q. el Rey y yo seremos Padrinos de lo que diese a Luz, ay! Manuel por todos motivos lo celebramos mucho.

El nacimiento se produjo el 7 de octubre de 1800 y Godoy comunicó la buena nueva a los reyes inmediatamente.

La sorpresa y el placer embotan los sentidos, y las palabras son muy pequeñas para corresponder a las Grandes obras de mi Soberano; los Padres de esta inocente destinada pr. V.M. a ser Aijada como lo han sido los qe. le han dado el ser; sabran Señor acostumbrarla a qe. solo reconozca sus deveres y que su vida será suficiente para corresponder a los bienes qe. la han dispensado Vs.Ms. 

El nacimiento de su hija Carlota parece haber constituido una verdadera satisfacción para Godoy, que con mucha frecuencia mostraría gran interés por su salud y crecimiento, y a la que cariñosamente, llamaba la Mona.

Retrato de Carlota Godoy Borbón. Colección Palacio de Velada


Carlota Luisa de Godoy, de Luis de la Cruz y Ríos. Col. Part.

Pero no parece haber ocurrido lo mismo con la madre, si bien es necesario considerar que no hay demasiada documentación al respecto, a pesar de lo cual, María Teresa habría dicho alguna vez, que sólo la vista de aquella niña, le recordaba a su padre, al que para entonces, ya no podía ni quería soportar.

Tras el fallido intento de invasión por parte de Napoleón, Godoy se convirtió en enemigo oficial del emperador, aunque trató de mantener en el mejor estado sus relaciones con él, confiando en que si las cosas cambiaban, aún podría pretender la corona de Portugal, que para entonces se había convertido en el eje de sus sueños. Como Napoleón raramente declaraba sus intenciones, creyendo que podría medirse con él, Godoy mantuvo una actitud poco clara hasta que se produjo el golpe de Aranjuez. Entre tanto, contaba con la amistad de Luis María, que, como sabemos, se lo debía todo al impulso dado a la familia tras el matrimonio de su hermana. Consta que el Capelo de Luis María no fue solicitado en tanto que primo del rey, sino en cuanto cuñado de Godoy, y que por el mismo camino, llegaron las pensiones, títulos y derechos de sus hermanas.

Madrid y octubre 4 de 1802. 

Mi amadisimo hermano: Ningunos más afortunados que nosotros porque experimentamos de lleno tu amor y beneficencia. Luisita, que era la única que no tenía medios de qué subsistir con el decoro correspondiente, se halla ya con una pensión suficiente para ello. Tú se la has conseguido, querido hermano, a ti la debe; nosotros somos los que percibimos el fruto de tus desvelos y fatigas. Recibe, pues, mi corazón agradecido, y vive certísimo de que será eterno el amor y gratitud que yo te conservo, y de que sin intermisión rogará a Dios por tu vida y salud, tu amantísimo hermano. Luis

Michel Ange Housse (1720-1725). Vista del Monasterio de San Lorenzo de El
Escorial. Museo del Prado

Efectivamente, a raíz de la boda, Carlos IV autorizó a don Luis como a sus hermanas a llevar el apellido de su padre, a la vez que los hacía Grandes de España de primera clase, con carácter hereditario. Godoy fue también el artífice del traslado de los restos de don Luis al Escorial y de la dotación a la hermana menor, María Luisa, de una renta anual de diez mil pesos fuertes. Sorprendentemente, la madre de los tres, María Teresa Vallabriga, parece quedar al margen de todo estos eventos.

Más adelante, Luis María donaría a María Teresa el Estado de Chinchón y el Señorío de Boadilla: …ha reconocido que el peso, y, gravedad de las Sagradas obligaciones de su ministerio, y encargos, exijen se consagre enteramente á su desempeño sin embarazarse en la administración, y gobierno de Estado y Mayorazgos […] animado de estos Sentimientos, no menos que del tierno cariño que profesa a su muy amada Hermana la Excma. Señora Doña María Teresa de Borbón, Princesa de la Paz, que es sin disputa la inmediata sucesora del Mayorazgo, resolvió renunciarle con todas las obligaciones con que se halla, y pertenencias a su fabor

María Teresa se convertía así en la decimoquinta condesa de Chinchón.

Dadas las circunstancias, Godoy empezó a considerar que, a pesar de las múltiples ventajas que había supuesto su matrimonio, había llegado un momento, en que ya no le compensaba mantener ni aun la sensación de que tenía una familia feliz, aunque continuamente culpaba a María Teresa, no sólo de falta de amor, sino también de no mostrar el menor interés ni respeto hacia su persona. Curiosamente, no parece que Pepita Tudó saliera a la luz como causa del distanciamiento de ambos.

En 1804, María Teresa decidió marcharse a Toledo, para vivir con su hermano, dejando a su hija al cuidado de la reina; una decisión a la que esta se opuso rotundamente, aunque con los mejores términos que fue capaz de emplear.

Querida María Theresa de mi corazón –escribió-, el rey ni yo reprobamos tu ida a Toledo, pero no parece bien te vayas sin tu marido (aunque sea con tu hermano) no es decoroso, no digo a ti; pero a ninguna muger decente, irse así sola con tu familia, dejándonos aquí, y a tu marido y chiquita, nuestra aijadita, pero tampoco está en edad para irla llevando de un lado a otro. 

Así se lo puedes decir a tu marido y a tu hermano, y cree te queremos, por lo mismo no permitiremos más que lo que te convenga, y a tu decoro y el de tu marido, a quien saveis le deveis tú y tus hermanos y parientes, vuestra felicidad, pues a sus ruegos e instancias os véis como os véis; tenedlo siempre presente si quereis os continuemos siempre en proteger y querer. Adios querida Maria Theresa asta que nos veamos otro día. Luisa.

Godoy, entre tanto, no pierde oportunidad de quejarse a la reina de todo lo que hace y lo que no hace su esposa, a la que no duda en tachar de patética e indiferente: …la chica está muy buena, aunque no ha paseado por el mal día, pero su madre se desquita por las dos: pocas almas habrá tan patéticas e indiferentes, Dios la dé gloria y conserve su preciosa salud.

He encontrado a la chica de muy buen color, gruesa y alta de que se infiere que la ausencia de su madre es utilísima

Mucho siento –le consuela la reina María Luisa-, que tu mujer guarde tanto silencio y sea tan callada con tus males y no se franquee contigo. 

Sorprende en gran manera el hecho de que la reina parezca compartir sin discusión el distanciamiento matrimonial de su prima, y lo critique, aunque sea discretamente, pero no aluda jamás a la existencia de Pepita Tudó, que aunque no esté documentado, pudo muy bien haber sido el motivo del desapego de María Teresa hacia su esposo.

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Para el otoño de1807, la reina pensó en casar a su hijo, el que sería Fernando VII, con la hija menor del infante don Luis, María Luisa, en tanto que cuñada de Godoy, pero sólo el rumor de tal proyecto, puso a casi toda la nobleza frente al Valido. 

Fue entonces cuando se produjo la fracasada conspiración de El Escorial, por la que Fernando VII pidió perdón a su padre, cuando, de hecho, se trataba de defenestrar al monarca y a su Valido. El tiempo hizo evidente, si ya no lo era en aquel momento, que el arrepentimiento del sucesor, no fue más que una mala farsa.

En 1808 se rumoreaba que Zaragoza iba a ser sitiada por tropas francesas, razón por la cual, la viuda, María Teresa Vallabriga decidió trasladarse a Mallorca, junto con su hija pequeña, María Luisa. Allí vivieron hasta 1814. Por la misma época, don Luis y su hermana María Teresa permanecieron en Toledo, colaborando con la resistencia anti francesa.

El 25 de noviembre de 1808, las diversas Juntas ya constituidas, incluida la de Toledo, crearon la llamada Junta Central, en la que estaban todas representadas, y cuyo presidente  fue el conde de Floridablanca, que sin embargo, sólo sobrevivió cinco días a su elección.

Goya. José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca.
A su derecha, el pintor y a la izquierda, los Planos del Canal de Aragón

Ante la llegada de las tropas francesas, la Junta Central se desplazó a Sevilla, y hacia el sur se dirigieron asimismo, María Teresa y don Luis. Llegaron a mediados de diciembre de 1808, pasando a instalarse en el Puerto de Santa María. 

La Junta inició sus funciones tras la primera semana de enero de 1809, firmando con Inglaterra un acuerdo de defensa contra Francia. No tuvo sin embargo este estamento mayor trascendencia, ya que las Juntas Provinciales seguían actuando de forma independiente y, además era duramente combatida por los absolutistas, que la consideraban demasiado liberal. 

Cuando las tropas francesas llegaron a Sevilla, la Junta hubo de desplazarse también a Cádiz, donde muy pronto se disolvería, dando paso, el 30 de enero de 1809, a la formación del llamado Supremo Consejo de Regencia.

La carencia de recursos de los hermanos Vallabriga, les obligó a solicitar una pensión de ayuda al Consejo, que este aprobó en la primavera de 1810. En el otoño del mismo año, las Cortes, ubicadas en la isla de León, asumieron la regencia y el cardenal de Borbón prestó juramento ante las mismas, acatando sus decisiones.

Más adelante, María Teresa optó por acompañar a su madre en Mallorca, ya que su hermana menor no soportaba bien el clima de la isla. Don Luis solicitó también permiso para reunirse con su madre, pero las Cortes no se lo concedieron, por lo que finalmente, decidió abandonar el reino, marchando al sur de Portugal. 

Al parecer, llevaba consigo las joyas de la catedral de Toledo, algo que le fue reprochado, por no entregarlas a la Junta, a pesar de que, antes de abandonar Toledo, había sido llamativamente generoso con esta, lo que a su vez le había costado reproches por parte del clero.

Don Luis permaneció en Portugal, con su hermana Luisa hasta mayo de 1812, cuando fue nombrado Consejero de Estado y volvió a Cádiz, donde juró la Constitución, ordenando que hicieran lo mismo todos los clérigos de la región. A pesar de las exigencias de buena parte del clero, aprobó la suspensión de la Inquisición, declarando que aquellos que defendían su existencia, serían responsables de hacer desaparecer la religión

Así, redactó una carta pastoral que hizo pública en enero de 1813, por la que pedía acatamiento al gobierno, porque: ¿Qué decretos ha dado nuestro legítimo Gobierno que puedan excitar dudas sobre su observancia? … por el contrario ha corroborado en el modo mas solemne, y con la mayor firmeza la existencia y lustre de la religión católica en las Españas.

Entre tanto, después de la batalla de Bailén, el ejército español vivió un período muy desfavorable, hasta la llegada de los ingleses. El 19 de enero de 1812 Wellington atacó desde Portugal, Ciudad Rodrigo, alcanzando un éxito destacado que le valió el título de duque de esa población. 

En diciembre de 1812 las Cortes abolieron la Inquisición por amplia mayoría, sustituyéndola por los Tribunales Protectores de la Religión, que actuarían en cuestiones puramente dogmáticas. El decreto se publicó el 22 de febrero de 1813 y el 31 de marzo Luis María emitió un edicto en el que se declaraba vigente el Índice de libros prohibidos, publicado en 1790, e incluso invitaba a delatar la posesión de libros de tal índole ante la Secretaría de Cámara. Esto chocaba frontalmente con la libertad de prensa que implicaba la desaparición de la Inquisición y ponía de relieve la ambigua actitud del cardenal. 

El 8 de marzo de 1813 las Cortes elegían a los tres miembros de la cuarta Regencia, entre ellos,don Luis, sobre el cual opina Príncipe [1]: …por lo que hace al cardenal, tenía á no dudar recto juicio y nada escasa instrucción, aunque no la firmeza necesaria en ciertas circunstancias difíciles, como lo prueba su momentáneo afrancesamiento en 1808. E insiste después: Sus virtudes como prelado, y su conducta como liberal mientras fue Regente del Reino le hicieron altamente notable, quedando así justificado el puesto á que le elevaron las Cortes, confiriéndole la presidencia ….
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[1] Cita López Marina dos obras de esta autor, cuyos títulos son muy reveladores: Príncipe, M. A. (1842-1847), Guerra de la Independencia: narración histórica de los acontecimientos de aquella época por D.…; obra pintoresca, adornada con más de mil grabados en madera y láminas litografiadas. Madrid. Imprenta del Siglo, a cargo de Ivo Biosca. 3 vols. Y en 1845, Tirios y Troyanos: historia tragicómica-política de la España del siglo XIX: con observaciones tremendas sobre la vida, hechos y milagros de nuestros hombres y animales políticos. Madrid. Imprenta de Pedro Mora y Soler. 2 vols.

Miguel Agustín Príncipe y Vidaud, Caspe, 11.10.1811-Madrid, 18.5.1863. Poeta satírico, dramaturgo y periodista. Licenciado en Derecho Civil y abogado en ejercicio, fue además. catedrático de historia y literatura en la Universidad de Zaragoza. Secretario de la Junta de Teatros del Reino y socio fundador del Instituto de España, del Liceo Artístico y Literario, del Ateneo de Madrid, de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la Arqueológica Matritense y de la Sociedad Musical.
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El primer objetivo del cardenal fue conseguir que el clero obedeciera las órdenes emitidas por las Cortes y obtuvo un éxito relativo al lograr que el decreto de supresión de la Inquisición se leyese en las iglesias, aunque la realidad es que no todas las diócesis acataron lo mandado.

Tuvo que afrontar también la devolución a las órdenes religiosas de los conventos abandonados por las tropas francesas en su retirada. A pesar de que las Cortes establecieron ciertas condiciones mínimas para que se efectuara la misma, como, que la comunidad tuviese un mínimo de doce componentes; que el edificio fuese habitable; que no hubiese más de un convento en cada pueblo y que un escribano público autorizase la entrega. Los frailes, haciendo caso omiso de esas condiciones, ocuparon los conventos y monasterios.

Zacarías González Velázquez. Retrato del Cardenal de Borbón
Sala Capitular de la Catedral de Toledo

Los hechos en los que el cardenal no tomó la postura de la mayoría de los clérigos y del Vaticano, supusieron un desgaste notable para él, lo que aprovecharon los conservadores para emprender una campaña en su contra, aduciendo que no era competente en asuntos públicos y era incapaz de tomar decisiones al estar dominado por sus consejeros. 

Los liberales y la prensa de tal índole apoyaron a la Regencia, lo que le permitió mantenerse hasta la llegada de Fernando VII. Mientras, el hijo del infante don Luis intentaba conciliar el marco constitucional con el mantenimiento de ciertos privilegios del clero. (Rodríguez López-Brea: Don Luis de Borbón, el cardenal de los liberales (1777-1823).

La vuelta de Fernando VII dejó sin efecto todas las reformas efectuadas por los gobiernos liberales; se restauraron la Inquisición y la Compañía de Jesús, y se anularon todas las secularizaciones. El cardenal de Borbón tuvo que abandonar la diócesis de Sevilla y otros cargos, religiosos y civiles y, a partir de aquel momento, decidió, al menos, aparentemente, servir con fidelidad al rey su sobrino, el que, por cierto, no quiso invitarlo a su boda con Isabel de Bragança, su segunda esposa y sobrina, si bien don Luis le regaló más de un millón y medio de Euros. 

Desde el otoño de 1816, Luis María se instaló en su palacio de Puerta Cerrada con sus hermanas, donde residió hasta su fallecimiento, aunque pasaba largas temporadas en Toledo, visitando también, en ocasiones, Aranjuez y Boadilla.

Palacio de Puerta Cerrada, Madrid

El 29 de mayo de 1817 Luis María casó a su hermana María Luisa con Joaquín Melgarejo y Saurín, un fiel partidario de Fernando VII, del que era gentilhombre honorario. Melgarejo había participado activamente en el motín de Aranjuez, y fue uno de los que llevaron a María Teresa desde la casa de Godoy al Palacio Real. Fernando VII le otorgó el título de duque de San Fernando y Quiroga desde 1814.

Rosario Weiss. Los Duques de San Fernando de Quiroga. Museo del Prado

Para 1817, las cosas habían cambiado notablemente; en agosto la reina dio a luz a una niña y el cardenal fue invitado a las celebraciones correspondientes, aunque la niña vivió poco y Luis María supo de su pérdida por carta del rey, en la que le trataba de caro y muy amado amigo, al que tampoco dudó ya en invitar a su tercera boda, a la que don Luis asistió en calidad de testigo.

Entre tanto, seguía viviendo con su hermana María Teresa, mientras que su sobrina Carlota había sido enviada a Roma, donde vivía con su padre, Manuel Godoy.

El día 26 de febrero de 1820 murió finalmente, en Zaragoza, la triste y solitaria viuda María Teresa Vallabriga, dejando a sus tres hijos como herederos. 
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Sorprendentemente, leemos que Fernando VII realizó algunas consultas sobre la conveniencia de otorgar un indulto a los numerosos represaliados de sus primeros tiempos, pero con no menor sorpresa, resultó una oposición radical por parte de los obispos, de los que 23 no quisieron ni contemplar semejante posibilidad. Otros 15, sin embargo, abogaron por un perdón más amplio, con devolución de bienes, etc., y cinco recomendaron amnistía general sin cortapisas; entre estos últimos se hallaba don Luis María de Borbón Vallabriga.

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Cuando a primeros de Enero de 1820 se produjo el levantamiento del Teniente Coronel Riego, se proclamó de nuevo la Constitución de 1812, que Fernando VII juró el 9 de marzo:

…me habéis hecho entender vuestro anhelo de que se estableciese aquella Constitución que entre el estruendo de armas hostiles fue promulgada en Cádiz el año 1812 … He jurado esa Constitución por la cual suspirábais, y seré siempre su más fiel apoyo. Marcharemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional…

Dos días después, se creaba la Junta Consultiva Provisional, a cuyo frente se puso al cardenal de Borbón, que el 14 de julio juraba a su vez en presencia del Rey, y en compañía de los infantes Carlos y Francisco de Paula. De nuevo fue abolida la Inquisición y se paraliaron los trámites para el restablecimiento de la Compañía de Jesús

A pesar de sus aparentes opiniones en sentido contrario, don Luis consideraba que la Iglesia era la que debía decidir sobre los libros que debían o no leer los súbditos, por lo que se mostró partidario del Índice, aunque no intentó imponer su criterio, porque al mismo tiempo sostenía que  un obispo puede ceder ante el Gobierno si así lo recomiendan la paz y la armonía del Reino

El 26 de junio de 1820, el cardenal se reintegraba al Consejo de Estado, pero para entonces, su actitud se había vuelto tan ambigua, que nadie conocía exactamente su pensamiento, ni si persistía su ánimo liberal al cabo de los años. Cuando allí se debatió la petición de Godoy de volver a España, le fue denegada, si bien, se aprobó el retorno de su hija, siempre que fuera reclamada por la madre. En consecuencia, para enero del año siguiente, María Teresa y su hija Carlota volvían a encontrarse

Unos meses después, la hija se casaba con Camilo Rúspoli, un noble italiano al que conoció en Roma y que había combatido contra Napoleón en el ejército austríaco. Sorprendentemente, la boda se celebró en Madrid.

En cuanto a Luis María, parece que finalmente se completó su evolución hacia posiciones más conservadoras. Si en 1812 pedía obediencia ciega a la Constitución y en 1820, comprometiéndose más, proclamaba entusiasmado la total unidad de acción entre Iglesia y Estado constitucional, a finales de 1822, sin abandonar su habitual lenguaje de concordia, parecía poner mayor hincapié en la independencia de la Iglesia frente al intervencionismo del Estado. 

Los historiadores encuentran, cuando menos, difícil, definir el carácter de aquel hombre al que, todavía hoy, a pesar de algunos de sus actos más llamativos, es difícil clasificar en el aspecto político.

Contradictorio, dúctil, temeroso y pusilánime, pero siempre con un gran sentido de la oportunidad, el Cardenal bajo el peso de su capa, de su báculo y de su capelo no dejaba de ser un hombre como cualquier otro, hijo de su época y esclavo de los prejuicios de los hombres que le rodeaban.

Don Luis demostró lo que realmente era: un hombre lleno de dobleces, de prejuicios y de medias palabras, el perfecto fruto de la educación de un Palacio Arzobispal de Toledo en el que la hipocresía, el disimulo y el «prudente» silencio resultaba la mejor garantía para un rápido ascenso.

Rodríguez López-Brea
Don Luis de Borbón, el cardenal de los liberales (1777-1823)

El conde de Toreno, por su parte, escribió de él: …acendrada virtud, juicio muy recto e instrucción no escasa; mas criado en la soledad y retiro de un palacio arzobispal de España, era su cortedad tanta, que obscurecíanse casi del todo aquellas dotes, apareciendo a veces pobreza de entendimiento lo que tan sólo era falta de uso y embarazo en el trato de gentes.

Y añade R. López Brea: desprendido en lo material, generoso y algo austero, manirroto con los demás pero no consigo mismo, pulcro y limpio hasta la obsesión, y amante de la etiqueta; no mostraba resentimiento de palabra sino por el ceño; serio de rostro, como puede apreciarse en los retratos, lo que ha inducido a errores sobre su carácter; sólo tenía como diversiones el paseo y el juego del truco, siendo poco amante de las tertulias y las visitas; muy disciplinado y no gran lector, según se desprende de su biblioteca personal, aunque hay que tener en cuenta que contaba, en el palacio arzobispal, con una magnífica, en parte heredada de su padre y en parte debida a Lorenzana; padecía de gota lo que le hacía guardar cama durante periodos de distinta duración que le impedían asistir a los actos a los que su puesto le obligaba.

Don Luis pasó casi todo el año 1822 enfermo y a principios del año siguiente pareció mejorar, pero se trató de una breve etapa ilusoria, ya que falleció el 14 de marzo. Se encontraban a su lado, sus hermanas, su sobrina Carlota con su marido y su fiel colaborador Tomás Linacero. 

Se esperaba ya la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, por lo que su entierro –a pesar de todo, conservaba fama de liberal-, fue muy discreto y sin la presencia de su familia, que intentaba así, evitar significarse en horas tan inestables. 

A pesar de ello, cuando sus restos mortales, llegaban a Toledo el día 23 de marzo, la gente salió a recibirlo y masivamente acompañaron el féretro hasta el Palacio arzobispal, donde quedó expuesto hasta su entierro definitivo en la Catedral. Su túmulo reza:

Luis de Borbón, infante real, nieto de Felipe V por su hijo
Luis, cardenal presbítero de Santa Iglesia Romana.
Antes arzobispo de Sevilla y, finalmente, de Toledo.
Piadoso, pacífico, afable, obrador del bien.
Guardián diligentísimo y muy venerado defensor del ceremonial sacro.
Murió en Madrid.

El reparto de sus bienes originó algunas diferencias entre su familia y el obispado; resultó complicado separar sus bienes personales del resto de sus posesiones. 

Al parecer, la única explicación válida, para su ambigua actitud, resultaría en una equivalencia entre su personalidad, condicionada por una existencia no bien definida, y el propio ser o no ser del reino de España en aquel momento. En opinión de S. G. Payne: El drama del gobierno liberal en la España del siglo XIX radica de manera especial en el hecho de que ningún otro país del mundo realizó semejantes y persistentes esfuerzos por introducir tan avanzadas formas políticas en similares condiciones de subdesarrollo social y económico. Fueron ante todo las guerras y la invasión extranjera las que desestabilizaron el Antiguo Régimen en España, otorgando al liberalismo su oportunidad inicial, pese a que el país no se encontraba preparado para ello.
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La muerte evitó a Luis María, las posibles represalias del monarca restaurado, pero no se libraron sus hermanas y su cuñado, que llegaban a Bayona el 21 de marzo de 1824. El 13 de julio del mismo año se instalaban en París. Un curioso informe policial fechado al día siguiente de su llegada, ofrece un retrato de María Teresa:

Su educación se resiente del exilio de su infancia. No le falta, sin embargo, ingenio ni disposición para la intriga y su fisonomía muy animada tiene tanta dulzura como expresión. Nacida en el exilio, aunque hija de un Infante, casada con un hombre proscrito y expulsado para siempre de su país, la Condesa de Chinchón tuvo la perspectiva de la más considerable fortuna de convertirse en Princesa de los Algarves. Hermana del cardenal Borbón, que fue Regente del Reino durante la Guerra de Invasión, se ve hoy día reducida a compartir el exilio pronunciado contra su cuñado. La parte activa que los constitucionales han hecho tomar al Cardenal Borbón ha influido en toda la familia. Así es de pública notoriedad que la condesa de Chinchón está imbuida de los principios más liberales.

María Teresa de Borbón Vallabriga, fallecía en París, el 24 de noviembre de 1828, dos días antes de cumplir 48 años.

Su testamento muestra que aparte de sus familiares más íntimos, sólo tenía empleados y sirvientes, pues no menciona a otros parientes o amigos, lo que demuestra la soledad en la que transcurrió su existencia y que tras su infantil aislamiento en el convento de San Clemente, tuvo pocas oportunidades de adaptarse a la vida cortesana, ni el exilio le permitió hacer amistades duraderas.

Su hija Carlota se ocupó de que recibiera sepultura en el palacio de Boadilla. La lápida muestra la siguiente inscripción: 

A María Teresa de Borbón Condesa de Chinchón, 
hija de Luis, Infante de las Españas.
A los 48 años murió en Paris, a ocho días de las calendas de Diciembre de 1828.
Carolina Luisa, esposa del Príncipe Camilo Rúspoli,
llena de tristeza la puso para su piadosísima madre.
¡Te saludo Alma Santa!

El 29 de septiembre de 1833 moría Fernando VII. Daba fin con su desaparición a la Década Ominosa, por lo que se produjo la vuelta del exilio de muchos a los que tuvo por enemigos. No se sabe exactamente cuándo regresaron los duques de San Fernando, aunque pudo ser poco antes del fallecimiento del monarca. 

El 9 de abril de 1835 fallecía también el duque de San Fernando, marido de María Luisa, tras una larga enfermedad. Fue enterrado en la capilla del palacio de Boadilla.

…Murió a cinco días de los idus de Abril del año 1835. 
María Luisa de Borbón, hija de Luis, Infante de las Españas, 
su esposa afligida por la defunción de su dulce esposo, 
en su memoria mandó hacer este monumento para guardar sus cenizas 
y que del mismo modo se una a las almas de aquellos que yacen en la tierra.



 Al ser la única heredera de su madre, y el hecho de que sus tíos no tuvieran hijos, Carlota Godoy Borbón se convirtió en dueña de la casi totalidad de las pinturas que Goya había realizado para su familia en tiempos del infante don Luis.
Goya. Autorretrato, 1815. Museo de la Real Academia de San Fernando, Madrid
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