sábado, 16 de marzo de 2013

EL GATO DE SCARLATTI


Domenico Scarlatti. Domingo Antonio Velasco.


Domenico Scarlatti fue el sexto de los diez hijos del Alessandro, un acreditado impulsor de la llamada Ópera Napolitana, y de su esposa Antonia Anzalone, también de familia de músicos. Nació en Nápoles en 1685 –el mismo año que Händel y Bach–, y recibió la primera formación musical de su padre, que además tenía dos hermanas cantoras profesionales, y otro hermano, Tomasso, que era tenor.

A finales de 1701, Domenico fue nombrado segundo organista y compositor de la Capilla del Virrey de Nápoles, Don Gaspar de Haro,  de la que su padre era maestro.
Alessandro Scarlatti, padre de Domenico

Siendo aún muy joven ya era un organista excepcional; consta que más tarde, se enfrentó a Händel en una justa musical organizada en Roma, resultando Scarlatti superior en el clave y Händel en el órgano.

Cuando estalla la Guerra de Sucesión española, la situación se hace muy inestable en Nápoles, lo que lleva a Alessandro a desplazarse a Florencia en 1702, junto con Domenico, en busca de paz y un empleo estable en la corte de Fernando III de Médicis, Gran Príncipe de Toscana, un apasionado por la música y reconocido mecenas.

Los Scarlatti fueron bien acogidos y Domenico compuso entonces sus primeras obras conocidas, como la cantata Ninfa belle e voi pastori, pero no lograron el éxito suficiente como para establecerse con seguridad, por lo que el padre volvió a Roma y Domenico volvió a Nápoles, donde, en 1703 y con motivo del cumpleaños de Felipe V estrenaba L’Ottavia ristituta al trone, dedicada al virrey de Nápoles, marqués de Villena. Pero no fue hasta el año siguiente, cuando Scarlatti alcanzó la fama al hacer una adaptación de la ópera Irene (1704) del compositor italiano Carlo Francesco Pollarolo, que dedicó a Antonio López Pacheco Girón y Portocarrero.

Ya en 1705 su padre consideró que Domenico debía abandonar Nápoles para establecerse en Venecia, ciudad a la que viajaría en compañía del cantante napolitano Nicolino Grimaldi, un afamado cantor castrato. Se sabe poco de cómo transcurrieron los cuatro años que el compositor pasó en su compañía, excepto el hecho de que no recibió encargos, si bien dio algunos conciertos, en los cuales siempre asombraba su virtuosismo en el teclado. El músico irlandés Roseingrave, quedó tan impresionado ante una de sus interpretaciones, que dejó de tocar el clavicémbalo durante un tiempo, hasta que Scarlatti y él se hicieron amigos y el italiano le dio algunas clases, según se cree. Cuando Roseingrave volvió a Inglaterra, difundió la música de su maestro, convirtiéndose en su más reconocido admirador e introductor.

Pero las verdaderas oportunidades no aparecían por lo que Alessandro decidió que Domenico se reuniera con él en Roma; fue entonces cuando se produjo la famosa duelo con Händel, ya citado.

Tras la Paz de Utrecht –firmada en 1712-15 entre los países que habían participado en la Guerra de Sucesión-, Nápoles pasó al poder de Austria y el cargo de Virrey recayó en el Cardenal Grimani quien nombró a Alessandro Maestro de Capilla. Hasta entonces, Domenico permaneció en Roma donde, desde 1709 había entrado al servicio de María Casimira, reina viuda de Polonia, que entonces vivía en el exilio en la capital italiana. Scarlatti compuso varias óperas para su teatro privado, como La Silvia, Tolomeo e Alessandro, Tetide in Sciro y Amor d'un ombra, e gelosia d'un'aura, todas entre 1710 y 1714. De esta época son también  las diecisiete únicas Sinfonías que compuso, para orquesta de cámara en su totalidad.

Utrecht, texto bilingüe del acuerdo con Inglaterra

Mantuvo el puesto de Maestro de Capilla hasta que entró al servicio del embajador de Portugal en el Vaticano, marqués de Fontes, con cuyo apoyo pasó a Lisboa en 1719, tras dirigir una de sus óperas en Londres. En la capital portuguesa se puso al servicio de Juan V, quien le brindó protección y empleo.

En algún momento entre la salida de Roma y la llegada a Portugal, aunque se ignoran los motivos, se sabe que Domenico debió tener graves diferencias con su padre, al que hasta entonces había obedecido sin discusión; el caso llegó a los tribunales, que sentenciaron la independencia legal del hijo con respecto a su progenitor.

En 1728 Scarlatti hizo una escapada a Roma para contraer matrimonio con María Caterina  Gentili, pero mantuvo su residencia en Lisboa como profesor de clavecin de Bárbara de Braganza, hermana mayor de Juan V, que en 1729 se casaría con el entonces heredero de la Corona de España, Fernando VI, motivo por el cual, Scarlatti viajó a España con ella, instalándose en Sevilla, donde permaneció durante los cuatro años que estuvo allí la corte, en espera de que Fernando VI mejorara su estado físico y anímico.

 Fernando VI. Jean Ranc. Museo Naval. Madrid.
María Madalena Bárbara Xavier Leonor Teresa Antónia Josefa de Bragança. 
Museo del Prado.

Finalmente se trasladan todos a Madrid, donde el músico continuó con sus clases, tanto con la princesa de Bragança, como con algunos músicos españoles, entre los que destacó extraordinariamente Antonio Soler.

Unos meses después de su llegada a la capital del reino, se produjo el terrible incendio del Alcázar el día de Nochebuena. Según parece, no se permitió que el pueblo colaborara en la extinción del fuego por temor a un presumible saqueo de valiosos objetos que el fuego se encargó de destruir; por ejemplo, una parte de la inestimable obra de Velázquez. La Corte pasó a residir en el Buen Retiro cuando se encontraba en Madrid, repartiendo el resto del año entre Aranjuez, El Escorial y la Granja o El Pardo, residencias a las que acudiría el gran Farinelli, contratado por la Corte, en un extremo intento de recuperar el debilitado ánimo del rey, algo que el cantor logró mediante una dedicación exclusiva a su servicio.

Fernando VI y Bárbara de Braganza con su corte; Scarlatti y Farinelli, a la derecha del monarca. Aguafuerte y buril de Joseph Flipart. Biblioteca Nacional, Madrid.

Fallecida su primera esposa en 1739-, se casó Sacarlatti con la española Anastasia Ximénez, con la que tuvo cuatro hijos que vinieron a sumarse a los cinco que ya tenía. Durante esta época el compositor vivió un tiempo en la calle San Bernardo de Madrid, pasando a residir definitivamente en la de Leganitos. Para entonces, Scarlatti ya era un madrileño de elección que, en ocasiones, incluso firmaba como Don Domingo Scarlatti. En la capital permaneció el resto de su vida y compuso la mayor parte de su obra, ya que cuando Bárbara de Braganza se convirtió en reina de España en 1746, mantuvo su protección al compositor, lo que proporcionó a este la seguridad necesaria para centrarse en la creación de sus 555 Sonatas; una monumental obra para clavecín, única en su género, además de otros ejercicios que el clavecinista americano Scott Ross (1951–1989) grabó íntegramente, para lo que precisó 34 discos compactos.


Las piezas de la serie sólo se distinguen por su número de catálogo, recopilado, entre otros –Longo y Pestelli-, por Ralph Kirkpatrick, en 1982  bajo las siglas Kk o K, pues no está sujeta a ciclos, grupos u otro tipo de clasificación. Son excepcionalmente originales, y aunque la mayor parte no se publicaron en vida de su creador, le convirtieron en uno de los más brillantes compositores de la música barroca, y más específicamente, de la destinada al clave.

Se dice que Scarlatti era en exceso aficionado al juego y que en ocasiones llegó a acumular enormes pérdidas, pero que superaba la situación una vez tras otra con la ayuda de Bárbara de Bragança y, en ocasiones, con la de Farinelli. En todo caso, parece que supo crear a su alrededor un importante círculo de amigos y admiradores de su gran talento musical, en cierto sentido, revolucionario.

Es muy destacable su Misa de Madrid, cuya fecha de composición se desconoce y en la que resulta evidente su dominio de la polifonía del siglo XVI, a la que probablemente siguió su Stabat Mater, una obra de excepcional armonía.

En 1783 aparecieron en Londres sus Essercizi per gravicembalo; 29 sonatas y una fuga, conocida como Fuga del gato. Scarlatti dedicó la obra a Juan V de Portugal como agradecimiento por haber favorecido su aceptación como Caballero de la Orden de Santiago en 1737. Fue publicada en Londres en 1738, el mismo año en que Domingo de Velasco realizó el retrato del compositor que aparece al principio de este artículo. 

Las Sonatas no tienen el mismo sentido que se da hoy a esta forma musical, pero su estilo es muy reconocible y circularon por toda Europa en manuscritos que situaron al autor en un lugar privilegiado entre los músicos de la época. De breve duración –dos a ocho minutos, más o menos-, responden todas a un esquema común, dentro de las variantes y novedades que Domenico introdujo en su proceso creativo.

Scarlatti conocía muy bien el contrapunto y la tradición popular española, pero no se integró en ninguna de las formas de sus antecesores; él daba preferencia a la melodía, que unida a su dominio del ritmo y la armonía, produjo una obra incomparable de virtuosismo en la que se multiplican disonancias, modulaciones, rupturas rítmicas y contrastes melódicos; hasta cierto punto, estas composiciones se han considerado como música española.

Efectivamente, se considera que Scarlatti maduró su obra creadora bajo el atractivo de los aires e instrumentos folclóricos de España –guitarras, castañuelas, etc.-, a los que precedería el conocimiento de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, que Scarlatti transcribió para la reina.

Miniatura de la Symphonia de Cantiga 160. 
Cantigas de Sta. María de Alfonso X El Sabio. Códice de El Escorial.

Sus hallazgos son, en todo caso, extremadamente numerosos y nada convencionales; renovando de forma muy personal toda la obra para clavecín.

Ninguna de las sonatas se conserva manuscrita y, las que han subsistido, provienen, en su mayor parte, de dos colecciones llevadas a Italia por el cantor Farinelli cuando abandonó la corte de España.

La influencia de Scarlatti fue definitiva para la evolución de la música escrita para clave o pianoforte hacia el final del siglo XVII. A pesar de que España se encontraba en aquellos momentos algo alejada de los centros musicales en boga, Scarlatti se convirtió en una de las más sobresalientes figuras del período final del Barroco, e incluso, de los comienzos de la época que conocemos como Clásica – que se extendería hasta algo más de la mitad del XVIII.

Scarlatti murió en Madrid, en julio de 1757; Bárbara de Bragança, falleció en agosto del 58 y Fernando VI, en agosto del 59.

 
Piano-forte de Conrad Graf. (1782–1851). Reiss-Engelhorn-Museen, Mannheim.
Clavicordio (LaclasedemúsicadeInma)
Clavicémbalo o Clavecín. (fotoMadrid)

Scarlatti fue, sin duda, el primer compositor que utilizó recursos como el arpegio, la repetición rápida de una misma nota o el cruce de las manos sobre el teclado, técnicas que tuvieron una influencia decisiva en la evolución de las técnicas de teclado y que se hicieron imprescindibles en la composición para instrumentos de ese tipo, también empleado por Antonio Soler.

Sus sonatas para teclado, son todas piezas breves y tienen un inconfundible acento español; en su mayoría están dedicadas a la infanta María Bárbara, pero también compuso varias óperas, música religiosa y obras instrumentales. 

¿Qué tenía que ver en todo esto el Gato del compositor?

Pues bien, Domenico compuso La Fuga del Gatto, que es, en realidad, la Sonata en sol menor, K. 30; una pieza que tiene la indicación: tempo moderato y estilo fugado, publicada en 1739. 

El motivo con que empieza esta fuga y que se extiende a los tres primeros compases de la pieza, tiene un origen curiosísimo.

Scarlatti tenía un gato o, tal vez, gata, de nombre Pulcinella, que un día quiso darse un paseo por el teclado de su clave, produciendo, según se cree, las notas que sirvieron de base a la Fuga a que nos referimos.

Un Scarlatti atento a toda clase de sonidos, casuales o buscados, anotó inmediatamente aquel punto de partida creado al azar por la gata. La pieza resultante lleva el número de catálogo K.30 y así fue conocida, como sabemos, a lo largo de la vida del compositor, si bien, dando por cierta la muy probable participación de Pulcinella en su creación, en el siglo XIX, se hizo popular el título de Fuga del Gatto, con el que figuró, por ejemplo, en  el programa de los conciertos que Franz Liszt ofreció en Berlín en 1840.

La Sonata K.30 se publicó en Londres en 1739;  Händel compuso sus Concerto grossi, op. 6 en el otoño del mismo año, y es prácticamente seguro, que una novedosa descendente de intervalos que aparece en el segundo movimiento del Concerto groso nº3, sea una evocación muy próxima de la obra inspirada por Pulcinella. Del mismo modo, ya en 1803, el compositor Anton Reicha, que conocía bien la pieza, escribió una Fuga  sobre el mismo tema.

A pesar de todo, la Fuga, no era el recurso preferido de Scarlatti, que sólo compuso cinco; la del Gatto, es la última pieza de su libro de Essercizi y en ella abandona el contrapunto para centrarse más en la melodía y el ritmo, alcanzando contrastes verdaderamente dramáticos.

En cualquier caso, esta pieza se ha convertido en una de las más reconocidas y reconocibles del compositor y, realmente, cuando se escucha, se puede ver a Pulcinella, produciendo sus primeras notas.

Sonata K. 30, La Fuga del Gatto, interpretada al piano por Claudio Colombo:


(dreamstime.com)


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