sábado, 27 de julio de 2013

EL PARTENÓN I




Cuando los Griegos derrotaron a los Persas en Maratón Μάχη τοῡ Μαραθῶνος (490 aC.)– decidieron conmemorar la victoria erigiendo un templo a Atenea -Η Αθηνά-, la protectora de la ciudad de Atenas, en la colina de la Acrópolis Ακρόπολη-.

Fidípides –Φειδιππίδης–, corrió sin descanso, para alertar a los espartanos –a 240 km de Atenas–: los persas habían desembarcado en Maratón y los Griegos necesitaban refuerzos urgentemente. Cumplido su objetivo, murió de agotamiento.
Fidípides. Luc Olivier Merson

Antes de abandonar la ciudad, los generales de Atenas enviaron un mensaje a Esparta. El mensajero fue un ateniense llamado Filípides, un corredor de larga distancia.

Filípides llegó a Esparta un día después de haber salido de Atenas y pronunció su mensaje ante el gobierno espartano. "Hombres de Esparta, los atenienses os piden ayuda, y os ruegan que no permanezcáis quietos mientras la ciudad más antigua de Grecia es aplastada y sometida por un invasor extranjero; Eretria ya ha sido esclavizada, y Grecia se debilita por la pérdida de una buena ciudad. 
Heródoto

Evclís, –Ευκλής– que más tarde recorrería sin descanso los 40 km entre Maratón y Atenas, para anunciar la victoria de los Griegos, también murió después de exclamar; ¡Vencimos! –Νενικήκαμεν–.

Apenas diez años después, tras el desastre griego de las Termópilas –Θερμοπύλαι (480 aC.)–, los persas, que hallaron llegada la hora de vengar la derrota de Maratón, pudieron llegar hasta la ciudad de Atenas y destruyeron todo a su paso, incluido el templo de Atenea, que todavía no estaba terminado.

A pesar del desastre, el valeroso ánimo de Leónidas y unos pocos soldados espartanos, les confirió un lugar de honor en la Historia, como representantes de una victoria moral, narrada de forma conmovedora por Heródoto. Su objetivo; cerrar el paso al ejército persa en el desfiladero de las Termópilas, fracasó a causa de la traición de Efialtes, que indicaría al numeroso ejército persa otro camino por donde atacar la retaguardia de los defensores, todos los cuales murieron defendiendo el paso.

El desfiladero de las Termópilas.

Simónides de Ceos –Σιμωνίδης ο Κείος–, después de la batalla, dedicó a los caídos un epigrama inolvidable, transmitido por Heródoto: 

Ω ξένε, ανάγγειλε στους Λακεδαιμόνιους ότι εδώ
ταφήκαμε, υπακούοντας στα προστάγματά τους.

Oh extranjero, anuncia a los Lacedemonios (espartanos) que aquí
yacemos, obedeciendo su mandato.

Monumento a Leónidas

Tras franquear el paso, Jerjes encontró una Atenas desierta, cuyos habitantes habían sido evacuados a Salamina junto con la mayor parte de sus naves. Temístocles le hizo creer que se retiraba y, forzando su persecución, lo esperó en el estrecho entre Salamina y Ática, obligándole a retirarse.

C. P. Kavafis dedicó un bello poema a la hazaña e Leónidas y sus hombres, en el que resalta la excelencia y bondad de su carácter.

Θερμοπύλες

      Τιμή σ’ εκείνους όπου στην ζωή των
      ώρισαν και φυλάγουν Θερμοπύλες.
      Ποτέ από το χρέος μη κινούντες·
      δίκαιοι κ’ ίσιοι σ’ όλες των τες πράξεις,
      αλλά με λύπη κιόλας κ’ ευσπλαχνία·
      γενναίοι οσάκις είναι πλούσιοι, κι όταν
      είναι πτωχοί, πάλ’ εις μικρόν γενναίοι,
      πάλι συντρέχοντες όσο μπορούνε·
      πάντοτε την αλήθεια ομιλούντες,
      πλην χωρίς μίσος για τους ψευδομένους.

      Και περισσότερη τιμή τούς πρέπει
      όταν προβλέπουν (και πολλοί προβλέπουν)
      πως ο Εφιάλτης θα φανεί στο τέλος,
      κ’οι Μήδοι επί τέλους θα διαβούνε.


Κωνσταντίνος Καβάφης

Termópilas

            Honor a aquellos que en sus vidas
            se propusieron defender Termópilas.
            Nunca se apartan del deber;
            justos y rectos en todas sus acciones,
            pero también con piedad y buenas entrañas;
            generosos cuando son ricos, y cuando
            son pobres, un poco más generosos todavía,
            ayudan también cuanto pueden;
            siempre hablan la verdad,
            pero sin odio a los mentirosos.

            Y más honor se les debe 
            cuando prevén (y muchos lo prevén)
            que Efialtes aparecerá  al final,
            y que los Medos, al final, pasarán.


C.P. Kavafis


Las ruinas del templo permanecieron como estaban durante unos treinta años, hasta que el gran Pericles –Περικλῆς–, que había recuperado la gloria de las armas en Salamina –Ναυμαχία τῆς Σαλαμῖνος (480 aC.)– y Platea –Μάχη των Πλαταιών (479 aC.)– y neutralizado la amenaza persa, propuso a los Atenienses la construcción de un templo nuevo sobre las ruinas del anterior, así como la reconstrucción de la Acrópolis.

El proyecto preveía un templo grandioso que debía albergar una monumental estatua de Atenea. Su construcción se encargó a los arquitectos Ictinio –Ικτίνος– y Calícrates –Καλλικράτης– y la gran estatua a Fidias –Φειδίας–, el incomparable escultor, gran amigo de Pericles, que además dirigiría la obra.

Cuantos participaron en la construcción como mano de obra, tanto esclavos como metecos –extranjeros residentes–, recibían exactamente el mismo salario y, en cuanto a aquellos que realizaban trabajos más específicos, o que requirieran conocimientos de gran altura y especialización; ingenieros, mecánicos, escultores, arquitectos, etc., también percibían todos lo mismo, es decir, un Dracma –δραχμή– al día.

Bajo la dirección de Pericles la Acrópolis se adornó con una serie de edificaciones de similares objetivos y diferentes proporciones, todas de singular belleza. Así, los Propileos –προπύλαια- de Mnesicles (437-432 aC.); el Erecteion -Ἐρέχθειον- (420-405 aC.), diseñado por el arquitecto Filocles, de planta muy irregular y poco común, con tres salas a distintos niveles; un pórtico de columnas jónicas en el lado este y otro, con seis cariátides en lugar de columnas, en el lado Sur y,  por último, el templo de Atenea Niké -Ναός Αθηνάς Νίκης-, construido por Calícrates, que es una pequeña bellísima construcción de 4,14 x 3,78 m.



Las obras se costearon con fondos de la Liga de Delos que Pericles transfirió a Atenas en 454 aC. Si bien se trataba de fondos destinados a la defensa común de las ciudades asociadas, una vez terminada la guerra, consideró Pericles que Atenas había contribuido más que ninguna otra Polis, tanto al Tesoro como a la victoria.

De acuerdo con Plutarco, Fidias lo presidía todo y todo lo supervisaba para Pericles. Pero no faltaban ni grandes arquitectos, ni grandes artistas; Calícrates e Ictinos construyeron el Partenón, pero Fidias mandaba en todos los artistas a causa de la amistad que le profesaba Pericles.

El gran templo se construiría con mármol del Monte Pentélico –16 km. al NO de Atenas, precisamente, no muy lejos de Maratón. De allí se extrajeron 22.000 toneladas en bloques que, en general, se tallaron en la misma cantera para aligerar su transporte. En parte, el templo se asentaría sobre los cimientos del anterior, pero su perímetro fue ampliado por el lado norte de la ciudadela. Se eligieron los órdenes dórico y jónico y quedó terminado en 15 años. La primera piedra se colocó el 28 de julio del 447 durante las Panateneas y fue inaugurado en 438, aunque las esculturas no se terminaron hasta 432 aC.; un tiempo récord, dada su envergadura.

Como estaba previsto, Fidias creó la estatua de Atenea, de casi doce metros de altura, llamada Criselefantina, por su revestimiento de oro –1.200 k.– y marfil, aunque su base era una talla de madera.

El conjunto del templo, un rectángulo de 69,5 m. de largo, por 30,9 de ancho, está cerrado por un peristilo formado por 17 columnas en los lados Este y Oeste, y 8 en cada una de las entradas Norte y Sur. Las columnas miden 10,43 m. de altura, están formadas por el apilamiento de once bloque o tambores y tienen un diámetro medio de 1,91 cm.

Ante la grandeza resultante, cuando un gato que toma el sol al pie de una columna del Partenón, parece reducirse al tamaño de una mosca, resulta increíble la perfección y delicadeza del formidable conjunto. Ello se debe a las correcciones aplicadas teniendo en cuenta la perspectiva y a la Entasis de las propias columnas, resultado de sabios cálculos efectuados para evitar las distorsiones ópticas y que convierten las grandes dimensiones del templo en una edificación bellísima, armónica y científicamente proporcionada.
El rectángulo se eleva sobre el estilobato, el superior de tres grandes escalones; 30,88 x 69,50 y 13,72 cm. de altura 

Sobre las columnas, los arquitrabes; bloques horizontales de mármol en los que descansan alternativamente los triglifos y las 92 metopas (1,20 x 1,27), a lo largo de todo el perímetro del templo, y soportan el techo. Fueron las primeras piezas talladas por Fidias y/o sus colaboradores. 


    Las Metopas representaban asuntos mitológicos:

Lado Este: Gigantomaquia
Lado Oeste: Amazonomaquia
Lado Sur: Centauromaquia
Lado Norte: La guerra de Troya

Tras las columnas, los muros de la naos cuyos sillares se sostienen sin argamasa, aunque quedan asegurados con grapas de hierro revestidas de plomo para evitar su oxidación.

Los tímpanos decoran el espacio triangular entre el techo y el vértice del tejado, en ambas entradas del templo.

Entrada Este: Nacimiento de Atenea

Entrada Oeste: Atenea y Poseidón se disputan el patrocinio de la ciudad de Atenas.

Contenían en conjunto unas 40 esculturas exentas; cada uno medía 28,35 de ancho, con una altura de 3,46 en el vértice y 0,91 cm. de profundidad.

En el interior del templo, dos estancias separadas; en la más grande –a la que se accede por la entrada Oeste–, se alojaría la estatua de Atenea, en el centro de una columnata en forma de “P” griega.

La sala pequeña, entre cuatro columnas jónicas, que también soportan el techo, es, además de la cámara del tesoro, el Partenón propiamente dicho, es decir, el espacio dedicado a la vírgenes que se ocupan del culto de la Virgen por excelencia, Atenea Párcena. Se sitúa al Este, donde se encontraba el acceso principal.

Atenea Criselefantina. Reproducción en el Partenón de Nashville

La estatua está hecha de marfil y oro y en medio de su casco está la figura de la esfinge. La estatua de Atenea está de pie con un manto hasta los pies y en su pecho está labrada en marfil la cabeza de Medusa; sostiene en una mano una Niké de cuatro codos y en la otra una lanza; junto a sus pies yace el escudo y cerca de la lanza un dragón que podría ser Eurictonio. La base de la estatua tiene un alto relieve que representa el nacimiento de Pandora: se canta por Hesíodo y por otros, que esta Pandora fue la primera mujer, pues antes de haber nacido Pandora no existía el sexo femenino. (Pausanias: Descripción de Grecia, I, XXIV).

El escudo de la Atenea de Nashville se basa en los detalles de su antigua descripción.

Un friso de 160 metros en bajorrelieve decora la parte más alta del muro de ambas cámaras por el exterior y representa la procesión o desfile de las Panateneas, durante la cual, anualmente, las jóvenes ofrecen una nueva túnica o peplo a la deidad protectora. Contiene 378 figuras divinas y humanas y 275 animales: caballos y bueyes.




                 




Fidias y sus amigos -sobre andamios- contemplan la obra del friso. Alma Tadema.
(El fragmento superpuesto es la piedra Norte XLVII, figuras 132–136. Está en el Museo Británico)

El techo se cubrió con un tejado a dos aguas, con tejas planas, también de mármol y las que caían sobre el alero remataban en una figura tallada, que se veía desde el exterior.



Para terminar, se llevó a cabo la decoración de las columnas consistente en 20 estrías en cada una, que se realizó, casi totalmente, in situ; un ornamento aparentemente muy sencillo, pero que las dotó de una increíble ligereza a pesar de su gran tamaño.

El templo se inauguró para las Panateneas del 438, aún sin terminar las esculturas de los frontones, que fueron colocadas posteriormente.

Tras sufrir diversas transformaciones a causa del culto de sucesivos poseedores, el templo se mantuvo más o menos bien conservado, hasta que, en 1687, los turcos lo emplearon como polvorín durante el asedio de la ciudad llevado a cabo por Venecia, por mano del general Morosini, quien tras un bombardeo breve, certero y desgraciado, lo dejó prácticamente en el estado en que se encuentra hoy. (Véase: Morosini en Atenas).

Después del bombardeo, la ciudad y el templo fueron abandonados debido a la imposibilidad de protegerlos -a pesar de las promesas de los venecianos en este sentido, frente a un seguro contraataque turco. El templo permaneció en estado ruinoso alrededor de un siglo.

A finales del XVIII, el escocés Thomas Bruce, más conocido por su título de Lord Elgin (Véase, La Maldición de Minerva) decidió que gran parte de las esculturas del templo estarían mejor en Inglaterra –concretamente, en su casa-, y las compró al gobierno turco, al parecer de forma más o menos fraudulenta y a un precio irrisorio; las desmontó y se las llevó para venderlas posteriormente al Museo Británico, donde permanecen desde 1939, constituyendo uno de sus principales atractivos, junto con extraordinarias piezas procedentes de otros edificios de la Acrópolis, como el Erecteion (Cariátides), los Propileos y el Templo de Atenea Niké antes citados. Según parece, el gobierno británico nunca pagó al señor Elgin el total de los gastos realizados para la extracción y transporte de las esculturas. Por desgracia, 18 años antes de que Grecia lograra la independencia en 1830, Lord Elgin había completado la tarea de limpieza del templo.

Por lo que respecta al Partenón, las piezas extraídas son:

-75 metros de friso, de un total de 160.
-15 de las 92 metopas
-17 figuras de los frontones,

Afortunadamente, en 1674 el embajador francés marqués de Nointel, encargó a Jacques Carrey que dibujara las tallas decorativas del templo, antes de que llegara Morosini. Gracias a ellos tenemos una idea más completa de lo que fue el Partenón, a pesar de que una buena parte había sido destruida por motivos de moralidad y de cuerpos sin ropa. 


La Akrópolis desde el Pnix.

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