sábado, 28 de abril de 2018

Paul Valéry • Le Cimetière marin / El Cementerio marino. 1920



Μή, φίλα ψυχά, βίον ἀθάνατον
σπεῦδε, τὰν δ' ἔμπρακτον ἄντλει μαχανάν.
PÍNDARO, Píticas, III.

No, desees, alma querida, la inmortalidad,
pero agota la parte que te sea posible.

Cementerio Marino de Sète

Ese techo tranquilo, donde se posan las palomas
Entre pinos palpita y entre tumbas;
El mediodía exacto, ahí inventa fuegos
¡El mar, el mar, siempre vuelto a empezar!
¡Qué mejor recompensa después de un pensamiento,
que la larga mirada sobre la calma de los dioses!

¡Qué puro trabajo de suaves brillos consume
tantos diamantes de imperceptible espuma,
¡Y qué paz parece concebirse!
Cuando el sol descansa en el abismo,
Obras puras de una causa eterna,
El Tiempo centellea y el Sueño es saber.

Tesoro estable, sencillo templo de Minerva
Masa de calma y visible reserva,
Agua manando, Ojo, que en ti guardas
tanto sueño bajo un velo ardiente,
¡Oh, mi silencio! Edificio en el alma,
¡Pero colmado de oro en sus mil tejas, Techo!

¡Templo del Tiempo, que un solo suspiro resume,
A ese punto de pureza asciendo y me acostumbro,
Rodeado por mi visión marina,
Y como mi ofrenda suprema a los dioses,
El sereno centelleo siembra
Un desdén soberano en las alturas.

Cómo se diluye el fruto en alegría, 
Cómo transforma la ausencia en delicia
en una boca donde muere su forma,
Huelo aquí mi humo futuro,
Y el cielo canta al alma consumida
la transformación de las orillas en murmullo.

Cielo hermoso y verdadero, ¡mira cómo cambio!
Después de tanto orgullo, después de tan extraña
pasividad, pero lleno de poder,
Me abandono a este espacio luminoso,
Mi sombra pasa sobre las moradas de los muertos, 
y un algo me apega a su frágil balanceo.

Con el alma expuesta a las antorchas del solsticio
te sostengo, justicia admirable
de la luz armada sin piedad!
Te devuelvo pura a tu lugar primero,
¡Mírate! Aunque… devolver la luz
ya supone una triste media sombra.

Para mí solo, a mí solo, en mí mismo, 
cerca de un corazón -en las fuentes del poema-
entre el vacío y el puro acontecer, 
Espero el eco de mi grandeza interior, 
Amarga, sombría y sonora cisterna, 
Hace vibrar en el alma un vacío siempre futuro.

¿Sabes, falso cautivo de la hojarasca, 
golfo que devoras las delgadas rejas,
Sobre mis ojos cerrados, secretos deslumbrantes,
Qué cuerpo me arrastra a su fin perezoso,
¿Qué frente me atrae a esta tierra ósea?
Donde una chispa piensa en mis ausentes.

Cerrado, sacro, lleno de un fuego sin cuerpo,
Terrestre fragmento entregado a la luz,
Este lugar me gusta, dominio de antorchas,
Hecho de oro, piedra y árboles sombríos,
Donde tanto mármol teme a tantas sombras.
El mar fiel duerme ahí sobre mis tumbas.

Perro magnífico, ¡espanta al idólatra!
Cuando sólo y con sonrisa de pastor
Tanto tiempo apaciento misteriosos corderos,
El blanco rebaño de mis tranquilas tumbas,
Aleja de ellos a las prudentes palomas,
A los vanos sueños, a los ángeles curiosos.

Llegado aquí, el porvenir es pereza.
Un preciso insecto araña la sequedad;
Todo está quemado, deshecho, integrado en el aire
¡Ay!, No sé qué severa esencia...
La vida es ancha, ebria de ausencia,
La amargura es dulce, y la conciencia clara.

Los muertos ocultos están bien en esta tierra
que los abriga y seca su misterio. 
Ahí el mediodía, mediodía detenido
En sí mismo se piensa y se adapta a sí mismo...
Cabeza entera y perfecta diadema,
Soy en ti transformación secreta.

¡Sólo me tienes a mí para dominar tus temores!
Mis contriciones, mis dudas, mis limitaciones
Son sólo el defecto de tu gran diamante...
Pero en sus noches de mármoles tan pesadas,
un pueblo que vaga en las raíces de árboles
ha tomado tu partido lentamente.

Se han fundido en una espesa ausencia,
La arcilla roja se bebió la blancura,
Y el don de la vida se pasó a las flores.
¿Dónde están las frases familiares de los muertos,
El arte personal, y las almas singulares?
La larva hila donde se formaba el llanto.

Los agudos gritos de muchachas cosquilleantes,
Ojos, dientes y párpados mojados,
El seno encantador que juega con fuego,
La sangre que brilla en los labios que se rinden,
Últimos dones, los dedos que las defienden,
Todo termina bajo la tierra y vuelve a su juego.

Y tú, alma grande ¿esperas algún sueño
Que no tenga los tintes de la mentira?
¿Que la ola y el oro muestran a los ojos terrenales?
¿Cantarás cuando seas etérea?
¡Vamos! Todo huye. Mi presencia es permeable, 
¡La santa impaciencia también muere¡

Flaca inmortalidad dorada y negra, 
consoladora angustiosamente laureada
que conviertes la muerte en un seno materno
¡hermosa mentira y piadosa trampa!
Quién no conoce y quién no rechaza
ese cráneo hueco, ese reír eterno!

Padres profundos, cabezas deshabitadas,
Que, bajo el peso de tantas paletadas,
Ya sois tierra y confundís nuestros pasos,
El auténtico roedor, el gusano irrefutable,
No es para vosotros, que dormís bajo la mesa,
Vive de la vida y no me abandona.

¿Amor podría ser, o quizás odio a mí mismo?
Su diente secreto está tan cerca de mí,
Que todos los nombres le vienen bien.
¿Qué importa? Mira, bebe, sueña, y toca.
Mi carne le gusta, e incluso en la cama
A ese vivir, pertenece mi vida.

¡Zenón!, Cruel Zenón, Zenón de Elea! 
¡Me has atravesado con esa flecha alada 
Que vibra, vuela, y no vuela.
El sonido me alumbra y la flecha me mata. 
¡Oh, sol! ¡Qué sombra de tortuga 
para el alma, Aquiles inmóvil a grandes pasos.

¡No, no! ¡En pie! ¡En la era siguiente! 
¡Rompe, cuerpo mío, esa forma pensativa! 
¡Bebe, pecho mío, el nacimiento del aire! 
Un frescor exhalado del mar
Me devuelve el alma... ¡Oh, poderosos salitre!
¡Corramos a la ola para resurgir vivientes!

Sí, Gran mar dotado de delirios, 
piel de pantera y clámide agujereada
por mil y mil ídolos del sol,
Hidra absoluta, ebria de tu carne azul, 
que te muerdes la cola refulgente 
en un tumulto igual que el silencio.

¡Se ha levantado viento! ¡Hay que intentar vivir!
¡El aire inmenso abre y cierra mi libro,
¡Una ola en polvo se atreve a surgir de las rocas! 
¡Volad, páginas deslumbradas! 
¡Romped, olas! romped las aguas jubilosas
Este tranquilo techo donde ondean las velas.

La tumba de Valery en Sète

El poeta Paul Valéry, o más exactamente, Ambroise Paul Toussaint Jules, nació en Occitania –en Sète, de Hérault-, el 30 de octubre de 1871, de padre corso y madre genovesa, esta última hija del cónsul italiano Grassi, cuyo apellido es el que figura en el monolito de la tumba en la que descansan los restos del poeta, que falleció en París, el 20 de julio de 1945.

Empezó a escribir poesía con acento simbolista en 1889, publicando en la Revue Maritime de Marseille, el mismo año en que inició los estudios de Derecho. Poco después, conoció a Pierre Louÿs, un pertinaz soñador de la noche planetaria, que serviría de faro a su creación poética. Louÿs le presentó a André Gide, que fue quien le introdujo en el círculo solar Mallarmé, a quien Valéry guardará fidelidad poética durante toda su vida. Amaba también la poesía de Baudelaire, Verlaine y Rimbaud.

Se encontraba en Génova la noche del 4 al 5 de octubre de 1892, cuando sufrió una grave crisis existencial, de la que salió decidido a repudiar sus viejos e indefinidos ídolos, literarios y amorosos, pasando a centrarse plenamente en lo esencial de la existencia, o, dicho de otro modo, en la vida del espíritu, después de lo cual -escribió irónicamente en uno de sus Cahiers-, habiendo consagrado unas horas a la vida espiritual, me sentí en el derecho de ser tonto el resto del día. 

Iba a cumplir 21 años y parece que el deslumbramiento vital se lo provocó una mujer catalana de la que no conocemos el nombre y a la que él tampoco llegó a conocer verdaderamente. Aun así, siempre mantuvo que consideraba aquella noche genovesa como la fecha de nacimiento de su renacimiento mental.

Desde 1894 vivió en París, donde se dedicó a conocerse a sí mismo, y al mundo, y mientras se mantenía desarrollando trabajos administrativos, redactaba sus Cahiers, cuyo contenido esencial fue publicado después de su fallecimiento.

Coincidió su estancia en París con el estallido del Affaire Dreyfus, frente al cual se alineó con los anti dreyfusistas, como correspondía al sentimiento nacionalista bajo cuyas banderas militaba en la época, y que más tarde abandonaría.

En 1900, con el nacimiento del siglo XX, Valéry se casó con Jeannie Gobillard, prima hermana de Julie Manet -hija de Berthe Morissot y Eugène Manet, hermano de Edouard-, que el mismo día se casaba con el pintor Ernest Rouart, ambos en el barrio de Passy, en París. Tuvieron tres hijos, al igual que el matrimonio Julie-Ernest, con el que mantuvieron una relación muy cercana durante toda su vida.

1904

Para Valéry, en aquel momento, el Arte, era la única cosa sólida; la Metafísica, nada más que necedad; la Ciencia una potencia demasiado especial, y la vida cotidiana, decadencia e ignominia.

Asistía regularmente a los martes de Stéphane Mallarmé; veladas literarias que se celebraban en casa del poeta, del que Valéry se convirtió en una especie de discípulo.

Retrato de Mallarmé realizado por Édouard Manet. 1876. Museo de Orsay

Pero iba a ser André Gide quien más influyera, materialmente, en este sentido, pues por su consejo, Valéry volvió a la poesía y publicó La Jeune Parque, ya en 1917; un poema de 512 versos que le hizo romper un largo silencio y que le ocupó cuatro también largos años de inspiración, dentro de la estela Mallarmé. Se trata del monólogo interior de una mujer joven, y muchos lo consideran una obra maestra.

André Gide y Paul Valéry

Valéry se superó ampliamente tres años después, escribiendo, siempre en la línea Mallarmé, el poema cuya traducción encabeza esta reseña: Le Cimetière Marin, que incluyó después en el poemario titulado Charmes, publicado en 1922.

Después de la Primera Guerra Mundial, Valéry se convirtió en un poeta oficial, muy famoso, y fue colmado de honores. En 1924 era presidente del Pen Club francés, y el año siguiente pasó a ser miembro de la Academia Francesa: En el discurso de recepción, que pronunció el 23 de junio de 1927, hizo el elogio de Anatole France, su predecesor, sin pronunciar su nombre una sola vez. No olvidadaba que antaño, France se había negado a publicar sus poemas. 

Entre 1931 y 1939 se sucedieron los honores para el poeta: la Legión de Honor; el Consejo de los Museos Nacionales; el Centro Universitario Mediterráneo de Niza; la Comisión de Cooperación Cultural para la Exposición Universal; la creación ad hoc, de una cátedra de Poética en el College de France; y, en 1939, presidente honorífico de la SACEM –Sociedad de Autores, Compositores y Editores de Música. Fue además, miembro del Comité de Honor de la Fundación Abadía de Royaumont, del siglo XIII. También fue presidente de la Union française pour le sauvetage de l'enfance desde 1941 a 1945.

Abadía de Royaumont

En 1919 publicó su Introduction à la méthode de Léonard de Vinci.


Debo excusarme por un título tan ambicioso y tan verdaderamente engañoso como este. No tenía intención de imponerlo cuando se lo puse a esta obrita. Pero hace veinticinco años que lo hice, y después de tan largo enfriamiento, lo encuentro un poco fuerte. El título debería ser suavizado. En cuanto al texto… el texto nadie soñaría con escribirlo. ¡Imposible! diría ahora la razón. 

Aunque tuviera veintitrés años, mi embarazo fue inmenso. Sabía bien que conocía a Leonardo mucho menos de lo que lo admiraba. Veía en él al personaje principal de esta Comedia Intelectual que hasta entonces no había encontrado a su poeta y que, para mi gusto sería más preciosa aún, que la Comedia Humana, e incluso, que la Divina Comedia. Sentía que este maestro, este dueño del diseño, de las imágenes, del cálculo, había encontrado la actitud central a partir de la cual las empresas del conocimiento y las operaciones del arte, son igualmente posibles; los felices intercambios entre el análisis y los actos singularmente probables: pensamiento maravillosamente excitante. Pero pensamiento demasiado inmediato –pensamiento sin valor, -pensamiento infinitamente extenso, -y pensamiento bueno para hablar, no para escribir.

Y en 1931, Regards sur le monde actuel/Miradas sobre el mundo actual.


Este pequeño compendio se dedica preferentemente a las personas que no tienen sistema y son ajenas a los partidos, y por eso son todavía libres de dudar de lo que es dudoso y de no rechazar lo que no lo es.

Por lo demás, aquí sólo hay estudios de circunstancia desde 1895; los hay de ayer y los hay de hoy. Tienen el carácter común de ser ensayos, en el sentido más verdadero de este término. Se verá aquí que el deseo de precisar algunas ideas, que bien podrían llamarse políticas, si esta hermosa palabra de política, tan seductora y excitante para el espíritu, no despertara grandes escrúpulos en el espíritu del autor, que sólo ha querido aclarar un poco las nociones que recibió de todo el mundo, o que él mismo se había formado como todo el mundo, y que sirve a todo el mundo para pensar en los grupos humanos, en sus relaciones recíprocas y en sus mutuas molestias. Tratar de precisar en estas materias no es seguramente la tarea de los hombres que las conocen y se ocupan de ellas; se trata pues, aquí, de un amateur.
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A partir de 1938, cortejó en la sombra a la novelista Jean Voilier, cuyo verdadero nombre era Voliton, y a la que él llamaba Hera. Para ella escribió muchos poemas de amor, que más tarde aparecían en el poemario titulado Corona & Coronilla (sic). Voilier hizo salir a la superficie al hombre temeroso e inseguro que hasta entonces nadie conocía, y, cuya realidad, probablemente, ni él mismo sospechaba. Voilier rompió la relación, para casarse, en una decisión que resultó muy desalentadora para el viejo poeta, que falleció sólo dos meses después.

Yo creía que estabas entre la muerte y yo. 
No sabía que estaba entre la vida y tú.

                  Mi bienamada.
                  Un día tan bello
                  La desgracia llegó
                  entre tus labios…

                  Mi bienamada
                  tu boca tierna
                  fue un veneno
                  para toda mi sangre…

                  Mi bienamada
                  tres palabras bastaron.
                  Fueron para decir,
                  Debes morir…

                  La vida exige
                  que otro obtenga
                  a la que fue
                  sólo tuya…

Veléry y Voilier

En cuanto a ti, nadie te habrá amado con un amor tan profundo y con esta calidad. 
El sonido de mi amor, te lo aseguro, no lo escucharás jamás de ningún otro; jamás.
Nosotros somos todo, el resto sólo existe por error.
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Su creación literaria y su gran curiosidad intelectual, le convirtieron, por otra parte, en un interlocutor de excepción, para personalidades tales como Raymond Poincaré –Presidente de la República, en 1920-, Louis de Broglie –Premio Nobel de Física en 1929-, Henri Bergson –Premio Nobel de Literatura en 1927-, Auguste Perret, arquitecto; uno de los primeros que emplearon el hormigón armado, y constructor, por ejemplo, del Teatro des Champs Elysées, o Albert Einstein, el creador de la Teoría de la Relatividad, del que apenas es preciso hablar.


Bajo la ocupación alemana se negó a colaborar y pronunció, en cambio, en calidad de secretario de la Academia, el elogio fúnebre del “Judío Henri Bergson”. Tal postura le hizo perder el puesto en el Centro Universitario de Niza.

Siendo miembro del Frente Nacional de Resistencia, murió el 20 de julio de 1945, unas semanas después de terminar la Segunda Guerra Mundial. 

Tras unos funerales de carácter nacional promovidos por Charles de Gaulle, fue inhumado en Sète, en la parte alta del cementerio marino que había celebrado en su poema:

Ese techo tranquilo, donde se posan palomas
Entre pinos palpita y entre tumbas

Allí descansa, en la tumba de su abuelo, el diplomático Giulio Grassi, donde unos versos, a modo de epitafio, proclaman:

¡Qué mejor recompensa después de un pensamiento,
que la larga mirada sobre la calma de los dioses!

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Los ensayos de Valéry ofrecen sus inquietudes sobre la permanencia de la civilización: Nosotras, civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales, o sobre el porvenir de los “derechos del espíritu”; el papel de la literatura en la formación, y la retroacción del progreso sobre el hombre.

Su correspondencia con André Gide, ha sido publicada varias veces por la Nouvelle Revue Française –la última, en 2013-. En ella se descubre un Gide impresionado por la potencia intelectual de Valèry, y nosotros descubrimos algunos aspectos humanos poco conocidos de ambos, pero, sobre todo, hay un testimonio extraordinario acerca del modo en que asistían, preocupados, a la gravedad de la situación que se iba imponiendo en los años 30. Valèry hizo también una crítica sobre la utilización de la Historia para justificar “cualquier cosa”.

Rainer Maria Rilke con Paul Valéry

La investigadora alemana Anne Marie Roehr propuso la tesis de la existencia de una íntima relación entre L'Ame et la Danse de Valèry y Sonette an Orpheus de Rilke, escrita en febrero de 1922, señalando cómo la muerte de la joven bailarina, Wera Ouckama Knoop, fue el catalizador que provocó el nacimiento de los sonetos.

Rainer Maria Rilke, que era experto en idiomas, de los que el francés era su favorito, había vivido en París y tenía muchos amigos en los círculos literarios franceses. Intercambió cartas con algunos de ellos incluso antes de conocerlos personalmente. Tal fue el caso de Paul Valéry, porque, antes de que los dos poetas se conocieran, habían tenido un “encuentro mental” el año 1921.

En la primavera de aquel año, después de un largo período de silencio, Rilke encontró una copia de la Nouvelle Revue Française, donde Valèry había publicado su poema Le Cimetière Marin. La reacción de Rilke fue de gran entusiasmo y comenzó a leer todas las obras publicadas por Valèry. A medida que supo más sobre el autor, se dio cuenta de que tenían en común algunos rasgos. Por ejemplo, Valèry también había esperado la inspiración durante casi veinticinco años, tiempo durante el cual se había dedicado al estudio de las matemáticas. Rilke vio que esta paciencia había sido bien recompensada, y el resultado fueron obras como el largo poema Le Cimetière Marin y los dos diálogos Eupalinos ou l'Architecte y L'Ame et la Danse. Este último trabajo, publicado en diciembre de 1921, impresionó especialmente a Rilke, que expresó su entusiasmo en numerosas cartas.

Roehr pone en evidencia la existencia de una relación entre L'Ame et la Danse de Valèry y Sonette an Orpheus de Rilke, escrita en febrero de 1922, resaltando el hecho de que la muerte de una joven bailarina, Wera Ouckama Knoop, había servido como como "catalizador" provocando el nacimiento de los sonetos.

Rilke advirtió la relación entre sus propios pensamientos sobre el tema y la forma en que Valèry lo había tratado en sus obras. 

Los numerosos temas y símbolos comunes a ambas obras, y en particular el tema de la metamorfosis, también señalan una influencia sobre los respectivos sonetos, e incluso, quizás, sobre otras obras de Valèry.

La conclusión muestra que, a pesar de sus diferentes puntos de vista sobre la poesía y el mundo, Rilke y Valery son un ejemplo de afinidad electiva (Wahlverwandtschaft) entre dos grandes mentes.

(Roehr, Anne Marie, "Rilke und Valéry: Eine Wahlverwandtschaft". 1971).

Rilke y Valèry en el mismo encuentro de la fotografía anterior, pero, en este momento, sabemos que Rilke, a veces, se reía.

Parece pertinente añadir aquí, el hecho de que la personal apreciación del poeta francés, destaca la misma circunstancia, pero referida a J.W. Goethe: Y no es sino por azar, por lo que, a lo largo de toda esta paráfrasis, el nombre de Goethe se ha insinuado constantemente bajo mi pluma, pero se debe a la más apremiante de las analogías y al irresistible efecto de las “afinidades electivas”.

Valéry también tradujo las Bucólicas de Virgilio, y escribió prólogos críticos, siempre muy bien apreciados, para obras como Lucien Leuven, de Stendhal; Les Chimères, de Gérard de Nerval, o las Lettres Persannes, de Montequieu.

Finalmente, se han conservado las notas tomadas por Valéry durante casi cincuenta años, que ocupan 30000 páginas, repartidas en 261 Cahiers/Cuadernos, de los que se publicó una edición facsímil entre 1957 y 1961, por el CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique).

Cahiers. Gallica, BNF

“Orgullo, posición de la desigualdad.”
“La alegría es siempre una máscara”

Valèry retratado por Picasso, en una edición de La Joven Parca


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