sábado, 7 de julio de 2012

ARTHUR RIMBAUD -Poetas Malditos-

ARTHUR RIMBAUD –Poetas Malditos-

J'ai tendu des cordes de clocher à clocher;
des guirlandes de fenêtre à fenêtre; des chaînes d'or d'étoile à étoile,
et je danse.

He tendido cuerdas de campanario a campanario;
guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella,
y yo danzo.
(Illuminations)


Hay autores cuya obra no se entiende sin su biografía; hay otros de cuya historia se podría prescindir sin que ello dificultara su comprensión y, finalmente, habría otros de los que sería preferible no saber nada. De Arthur Rimbaud y su breve existencia no lo sabemos todo, pero por lo que conocemos, su vida y su obra parecen formar parte de una misma entidad; el único problema que se plantearía en este aspecto, sería el intento de averiguar si su obra procedió de su vida o el fenómeno se produjo la inversa.

Arthur Rimbaud (1854-1891) empezó a mostrar su capacidad creadora siendo un niño, y mientras siguió sus estudios regularmente, recibió todos los premios literarios posibles. Un joven profesor, Georges Izambard le ayudó y animó a familiarizarse con la literatura.

Tras el exilio de la reina Isabel II en 1868, el General Prim viajó a Prusia para entrevistarse con el Príncipe Hohenzollern-Sigmaringen, con el proyecto de ofrecerle el trono de España a su hijo Leopoldo. Al conocerse el proyecto en Francia, el pueblo se manifestó en contra y exigió al gobierno que interviniera para evitarlo. Finalmente Prusia renunció, pero aún así, Francia envió a su embajador con el objetivo de conseguir una declaración expresa y escrita por parte del príncipe, quien se negó a hacerlo. Esa noche, Hohenzollern envió un telegrama al canciller von Bismark hablándole de la solicitud del embajador y comunicándole su negativa. Bismark transformó el telegrama y lo hizo publicar después de convertirlo en una auténtica provocación para Francia, que, ya muy alarmada por los proyectos prusianos sonre los estados alemanes, declaró la guerra a Prusia el 19 de julio de 1870.

El 29 de agosto de ese año, apenas empezada la guerra, un jovencísimo Rimbaud de apenas 16 años abandonaba su casa de Charleville; un hogar del que el padre ya había desertado y en el que la madre intentaba ejercer su autoridad sobre un muchacho que no compartía sus principios, ni se mostraba dispuesto a respetarlos. Quiero ser Parnasiano, o nada.

Arthur no llevaba documentación ni permiso de ninguna clase, por lo que, naturalmente, en aquel momento de inestabilidad, fue arrestado apenas puso los pies en París. Fue su profesor, Izambard, a quien Rimbaud avisó por carta, quien viajó desde Douay para pagar la multa y sacarlo de prisión, llevándolo después a su propia casa, mientras el poeta decidía si quería o no volver junto a su madre. Finalmente volvió, pero para entonces, su madre, creyendo que lo controlaría mejor si aumentaba su atención permanente y sus continuos reproches, logró retenerle apenas un mes; Arthur volvió a marcharse, en esta ocasión, a Bruselas.

Su bagaje literario ya contaba con un extenso poema, Le Bateau Ivre que, muy pronto fue aplaudido en el olimpo parisino de los simbolistas quienes lo convirtieron en uno de los poemas–blasón de la literatura de la época y de la literatura francesa.

Se trata de una composición de cien versos divididos en 25 cuartetos a través de los cuales, el barco ebrio desciende por impasibles ríos en un viaje sin esperanza:

Mais, vrai, j'ai trop pleuré ! Les Aubes sont navrantes.
Toute lune est atroce et tout soleil amer:
L'âcre amour m'a gonflé de torpeurs enivrantes.
Ô que ma quille éclate ! Ô que j'aille à la mer!

¡Pero lo cierto es que he llorado mucho! Los amaneceres son desoladores.
Toda luna es atroz y todo sol amargo.
El áspero amor me ha llenado de sopores embriagantes
¡Que estalle mi quilla! ¡Que desaparezca en el mar!

Cuando Rimbaud leyó el bateau en público, los poetas nocturnos, le llevaron, casi a la fuerza, al estudio del fotógrafo de los famosos del momento, el mismo al que unos meses después, el poeta atacó violentamente con una bastón de estoque; su carácter le impedía aceptar el menor reproche o recomendación, pues, en buena medida, se sentía no sólo por encima de las convenciones, sino también de las personas.

Tal vez el éxito prematuro; tal vez la propia insaciable naturaleza maldita del joven poeta; tal vez su búsqueda de una percepción imposible, le llevaron a pasar los últimos meses de aquel año dentro de una nube de ebriedad por la que fue deslizándose hasta el borde de lo que para cualquier humano sería una especie de locura: el desorden absoluto de los sentidos, como escribió en las llamadas Cartas del Vidente:

Quiero ser poeta y lucho para hacerme vidente; usted no lo comprenderá en absoluto y yo apenas sabría explicárselo. Se trata de llegar a lo desconocido mediante el desorden de todos los sentidos. Los sufrimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, haber nacido poeta, y yo me he reconocido poeta. No es mi culpa. Y es falso cuando digo: yo pienso; debería decir, me piensan. –Perdón por el juego de palabras-, pero yo, es otro. Mala suerte para la madera si amanece violín.

Como un vidente, pues, se situaba Rimbaud en el camino entre la inspiración y el verso, convirtiéndose, tal como él mismo expresaba, en un instrumento sin voluntad; igual que la madera que de un día para otro se ve tranformada en violín.

En todo caso, el tono entre burlón y despectivo de la carta dirigida a su antiguo profesor, Izambard, provocó el alejamiento definitivo de este: Usted decía que nos debemos a la sociedad y por eso permanece en el establo universitrario.

Arthur Rimbaud había entrado ya en un mundo diferente, – el poeta es, pues, el robador del fuego–, perdiendo de vista todo cuanto pudiera ser cotidiano, habitual o reglado.

Para entonces, Francia capitulaba ante las tropas de Mac-Mahon. Napoleón III fue hecho prisionero; se proclamó de Tercera República y las tropas prusianas sitiaron la ciudad de París a mediados de septiembre.

A finales del mismo mes Rimbaud se instaló en casa de Paul Varlaine, dando comienzo a una tormentosa historia que ya conocemos y que más tarde, él mismo intentó describir en Une Saison en Enfer; Una temporada en el infierno. La escribió entre abril y agosto de 1873; una parte en Londres, al parecer, permanentemente bajo el influjo del opio, y otra en una granja de las Ardenas.

Financiado por su madre, él mismo se ocupó de la publicación en Londres de una pequeña edición de la cual regaló media docena de ejemplares a algunos amigos y abandonó el resto en los sótanos de la editorial, donde permaneció durante años. Aquellos seis ejemplares alcanzaron un altísimo valor en el mercado de libros raros. Aún así, se convirtió finalmente en uno de los mejores y más célebres modelos del simbolismo.

            Si j'ai du goût, ce n'est guère
            Que pour la terre et les pierres.
            Je déjeune toujours d'air,
            De roc, de charbons, de fer.

                        Si aún conservo el gusto de algo, es apenas
                        por la tierra y las piedras.
                        Desayuno aire,
                        roca, carbones, hierro.

            Elle est retrouvée.
            Quoi? - L'Éternité.
            C'est la mer mêlée
            Au soleil.

                        Ha aparecido.
                        ¿Qué? La Eternidad.
                        Es el mar mezclado
                        con el sol.

      Cela s'est passé. Je sais aujourd'hui saluer la beauté.                       

                Todo ha pasado. Hoy sé saludar a la belleza.

Rimbaud y Verlaine se encontraron por última vez en Alemania, en 1875. En aquella ocasión Verlaine casi olvidó su recientemente adoptado catolicismo y Rimbaud le entregó el manuscrito de Les Illuminations. Tenía veinte años y nunca volvió a escribir poesía. Después desapareció. Todavía no se conocen con certeza las causas que motivaron ambas decisiones.

Las Iluminaciones constituyeron un enorme éxito, aunque también ignoramos si su eco llegó alguna vez a conocimiento del autor que ya se había transformado –¿a su pesar?- en el imparable viajero de las suelas de viento, L’Homme aux semmelles de vent.

Iluminaciones; Vidas II

Soy un inventor de muy distinto mérito que todos los que me precedieron; incluso un músico, que ha encontrado algo como la clave del amor. Hoy, gentilhombre de un campo amargo bajo el sobrio cielo, trato de conmoverme con el recuerdo de una infancia pobre, del aprendizaje o de la llegada en zuecos, de las polémicas, de las cinco o seis viudeces, y de algunas bodas en las que mi dura cabeza me impidió alcanzar el diapasón de mis compañeros. No echo de menos mi antigua porción de alegría divina: el aire sobrio de este amargo campo alimenta muy activamente mi atroz escepticismo. Pero como este escepticismo ya no puede ser practicado, y como, por lo demás, me he entregado a una nueva turbación, espero convertirme en un loco muy malvado.


No sabemos si el título fue sugerido por Rimbaud, ni aún si el conjunto fue preparado por él mismo tal como lo conocemos. Verlaine escribió que Illuminations respondía al concepto de “grabados en color” en inglés y no, como cabría esperar, el resultado de aquel estado de videncia que Rimbaud dijo buscar durante algún tiempo. De hecho, algunos críticos consideran que se tomó la decisión de publicar la obra sin contar con el poeta, porque creían que había muerto.

Pero Rimbaud estaba recorriendo Europa; generalmente a pie, muchas veces sin dinero y frecuentemente, sin nada para comer. En 1876 se alistó en el ejército holandés del que desertó al poco tiempo para continuar viajando.

En 1884 se encontraba en Abisinia dedicado a la venta de armas, un negocio con posibilidades en aquel momento, con el que el poeta concibió la esperanza de obtener algún dinero, pero innumerables contrariedades se atravesaron para que no pudiera cumplir su objetivo. No sólo terminó casi arruinado, sino también enfermo, lo que le obligó a regresar a Francia en 1891.

Su enfermedad pronto mostró ser incurable y acabó con la vida del poeta seis meses después en un hospital de Marsella, donde su hermana Isabelle le acompañó durante sus últimos días. Fue el diez de noviembre de 1891; Arthur Rimbaud tenía 37 años.
Isabelle, la hermana del poeta.

Arthur Rimbaud en 1883, seguramente, su última fotografía.

Su nombre pasó a ocupar un lugar de honor en el templo de las letras francesas, pasando incluso por delante de algunos de sus modelos y su poesía sirvió después de inspiración a muchos de los mejores poetas del siglo XX.

Adios (Una Estación en el Infierno)
¡Ya el otoño!
Pero ¿por qué echar de menos un sol eterno,
si estamos unidos al descubrimiento de la claridad divina?
¿Estoy equivocado? ¿La caridad será hermana de la muerte para mí?
Finalmente, pediré perdón por haberme alimentado de mentiras.
Pero sin una mano amiga.


VER: PAUL VERLAINE. martes, 3 de julio de 2012



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