martes, 21 de junio de 2016

La Magna Carta, Carta Libertatum o Grande Charte




Seguramente, Henry II Plantagenêt, rey de Inglaterra, nunca llegó a imaginar que su hijo menor, Juan, al que él mismo añadiría el sobrenombre de Sin Tierra, al no alcanzarle la herencia, iba a pasar a la historia con tanto o más renombre que sus cuatro hermanos mayores, y acaso, más que él mismo, y todo ello a causa de una acción, que, de haber dependido de su voluntad, Juan jamás habría llevado a cabo.

Hablamos de la célebre Carta Magna, que siendo ya rey, Juan I firmó en 1215, sin la menor intención de cumplir las cláusulas en ella contenidas; todas pensadas para limitar el poder real, que los Plantagenêt –non solum…–, estaban tan acostumbrados a ejercer de forma absoluta y, si era menester, arbitraria.

Cómo y por qué Juan I de Inglaterra firmó aquella Carta de derechos, aun a su pesar, y el eco que esta tuvo como documento paradigmático durante siglos, convirtiendo a aquel monarca y a la Corona Inglesa, en adalides de los derechos civiles frente al poder real –sin serlo, al menos, exclusivamente–, es un asunto cuya historia resulta muy interesante.
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Jean Sans Terre – John Lackland – Juan sin Tierra, nació el 24 de diciembre de 1166 o 67, en el Palacio de Beaumont, en Oxford. Fue el quinto y último de los hijos de Enrique II Plantagenêt, rey de Inglaterra y su esposa Leonor de Aquitania.

Palais de Beaumont, Oxford, en 1785

Como su acceso a la corona se presentaba difícil, si no prácticamente imposible, y tampoco iba poder heredar los dominios patrimoniales, su padre, que sentía gran predilección por él, decidió apodarle Juan Sin Tierra, sin saber, como es natural, que la rebeldía de unos hermanos y la muerte de los otros, le convertiría en Señor de Irlanda, y en heredero de la Corona, tras el acceso al trono de Ricardo I, el conocido como Corazón de León, a quien Jean quiso usurpar, aunque en vano, aprovechando su larga ausencia por la Tercera Cruzada, pero al que, finalmente, heredó.

Apenas accedió al trono, Jean hubo de enfrentarse a Felipe II de Francia, a causa de los ingentes territorios que, en aquel reino, poseían los Plantagenêt. Así, en 1204 perdió Normandía, dedicando la mayor parte de su reinado a intentar recuperarla, por un lado, aliándose con distintos enemigos de Francia, y, por otro, elevando considerablemente los impuestos en sus reinos, con el fin de obtener recursos para sostener las sucesivas guerras. 

A pesar de ello, en 1214, sus aliados fueron derrotados en Bouvines, y hubo de volver definitivamente a Inglaterra, donde los Barones ingleses, hartos de su actitud tiránica y del exceso de cargas fiscales, decidieron rebelarse, logrando que firmara la Carta Magna en 1215, un texto de carácter jurídico que limitaba el poder real y establecía las obligaciones de la nobleza con respecto a la Corona a través de 63 Artículos, que, finalmente, ni uno ni otros, estaban dispuestos a respetar, por lo que pronto estalló la llamada Primera Guerra de los Barones, apoyados por el eterno enemigo francés, en este caso, Louis VIII.

Juan Sin Tierra murió en 1216, cuando combatía al este de Inglaterra. Su desaparición calmó las tensiones durante un tiempo, hasta que su hijo y sucesor, Enrique III, volvió a hacerse cargo de la situación.

Se dice que Juan I medía 1,68 y era relativamente grueso, aunque muy fuerte; que tenía el pelo de un tono rojo muy oscuro y que le apasionaba leer –una afición poco común por entonces-, por lo que se construyó una biblioteca móvil que siempre llevaba consigo en sus viajes. Cazaba; jugaba mucho al backgammon, apostando y, al parecer, prefería el vino malo.

Se dice que era génial, plein d'esprit, généreux et aimable, pero también, jaloux, susceptible et prompt à des accès de rage où il se «mordait et rongeait» les doigts de colère, es decir, celoso, susceptible  y muy dado a accesos de furia, durante los cuales se mordía los dedos.

Con la idea de asegurar las fronteras orientales de Aquitania, su padre acordó su boda con Alix, hija y heredera de Humberto III de Saboya, a través de la cual, Juan recibiría Saboya, el Piamonte, Maurienne, en el Valle de los Alpes y otros territorios. Pero Alix, que atravesó los Alpes, para ir a vivir a la corte de Enrique II, murió antes de la boda. 

Cuando los hijos mayores de Enrique II, animados por su madre, se unieron al rey de Francia en contra de su padre, Juan permaneció a su lado, por lo que se convirtió en el predilecto del monarca, que le entregó numerosos territorios que, al efecto, arrebató a la nobleza.

Mientras duraron los conflictos entre padre e hijos, Jean se mantuvo, pues, al lado de Enrique II, pero cuando resultó evidente que la victoria iba a favorecer a Richard, el Cruzado Corazón de León, Jean abandonó a su padre, que falleció poco después, terriblemente decepcionado por su familia.

Miniatura del siglo XIII. Los hijos de Enrique II Plantagenêt:
Guillaume, Henri, Richard, Mathilde, Geoffrey, Aliénor, Jeanne et Jean

Siendo ya rey Ricardo, desde septiembre de 1189, mantuvo y realizó su proyecto de acudir a la Tercera Cruzada. Tras designar como heredero a Arturo I de Bretaña, hijo de su hermano Geoffrey, para evitar problemas durante su ausencia, hizo a Jean Conde de Mortain; lo casó con la rica heredera Isabelle de Gloucester y, para mejor asegurar su fidelidad, le entregó territorios en Lancaster, Cornualles, Devon, Dorset y Somerset. A cambio, Jean prometió que no volvería a Inglaterra durante los tres años siguientes. Sin embargo, aprovechando el desorden causado por la prolongada ausencia de Ricardo, decidió presentarse a sí mismo como alternativa al trono, pero su posición de debilitó cuando Ricardo anunció desde Chipre su matrimonio con Berenguela de Navarra, lo que permitiría traer al mundo a sus propios herederos.

Tampoco perdió Jean la oportunidad de intentar declarar que Ricardo había muerto, dada su ya larga ausencia –en realidad, fue hecho prisionero de Leopoldo V de Austria cuando volvía de la Cruzada–, ni dudó en volver a buscar la alianza con Francia, ofreciendo divorciarse de Isabelle de Gloucester, para casarse con Adèle, hermana del monarca francés.

Tras una serie de enfrentamientos entre los partidarios de uno y otro hermano, Ricardo volvió finalmente, en el otoño de 1194, y los seguidores de Jean se rindieron, siendo él mismo detenido en Normandía hacia finales de aquel año. Ricardo declaró, que a pesar de sus 27 años, Jean no era más que un niño que había tenido consejeros malévolos y le perdonó, aunque solo le permitió retener sus tierras de Irlanda.

Ricardo murió el 6 de abril de 1199, dejando dos sucesores potenciales; por supuesto, Jean, y Arturo de Bretaña, hijo de Geoffrey, el hermano mayor de ambos, a quien ya había designado cuando fue a la Cruzada. 

Jean, apoyado por la nobleza inglesa y normanda, fue coronado en Westminster, con el acuerdo de su madre, Leonor de Aquitania, mientras que Arthur, contaba con la nobleza bretona y angevina, así como con el monarca francés, Felipe II. El enfrentamiento era inevitable.

Normandía tenía pocas defensas naturales pero muy reforzadas por poderosas fortificaciones, como el Château Gaillard

Château Gaillard y los Andelis vistos desde el Sena

Petit Andely desde el Chateau Gaillard

De hecho, para cualquier atacante, era casi imposible avanzar por aquellos territorios, sin antes hacerse con el dominio de tales fortalezas y los dos contendientes decidieron que era mejor estudiar la posibilidad de suscribir una alianza. Por medio de Tratado del Goulet, en mayo de 1200, Felipe II reconocería a Jean como legítimo heredero de Ricardo para sus posesiones en Francia y este aceptaría al monarca francés como su soberano por aquellos territorios. En todo caso, la variable actitud de Jean, le ganó el sobrenombre de Jean l'Épée molle – espada blanda.

La tregua duró dos años, hasta que Jean quiso casarse con Isabelle d’Angoulême, en agosto del 1200, previa la anulación del matrimonio con Isabelle de Gloucester, alegando consanguinidad. Isabelle de Angulema, además, estaba prometida con Hugo de Lusignan, al que Jean trató con gran desprecio, arrebatándole a la novia, prácticamente en el altar. Philippe y Jean no lograron entenderse, ahora que Jean no necesitaba tanto su auxilio, y la disputa por sus respectivos poderes y propiedades, devolvió a ambos al enfrentamiento bélico. 

Para 1203 parece que Jean pensó en hacer asesinar a su sobrino Arturo, que había sido apresado y llevado a Rouen, momento a partir del cual, se perdió su paradero; de hecho, algunos historiadores consideran que Jean acabó realmente con su vida. En los Anales de la Abadía Margan, se lee que Juan había capturado a Artur y lo había puesto en prisión durante algún tiempo en el castillo de Rouen… Estando Jean borracho, mató a Arthur con sus propias manos y lo arrojó al Sena después de atar su cuerpo a una pesada piedra. 

La pérdida del Château Gaillard fue devastadora para la posición de Jean en Francia.

En 1203 Jean intentó socorrer el Château Gaillard asediado por Philippe de Francia, por medio de una operación, al parecer, bien ideada, pero de casi imposible realización para la época. En todo caso, los historiadores suelen calificar a Jean de mediocre con respecto a sus capacidades castrenses. Su situación se deterioró con gran rapidez y en aquel momento, decidió volver a Inglaterra, y el Château Gaillard, pasó al poder de Francia, en marzo de 1204. 

En abril siguiente fallecía Leonor de Aquitania, la madre y defensora de Jean, que, en agosto, ya solo mantenía en Francia el ducado de Aquitania.

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Los Plantagenêt habían gobernado de acuerdo con el principio vis et voluntas –fuerza y voluntad-, en virtud del cual podían tomar decisiones muy arbitrarias, basadas en el hecho de que el rey estaba por encima de las leyes.

Tanto Enrique II como Ricardo I se consideraban reyes por derecho divino y esta fue la línea que siguió Jean. No todos los aceptaban, pero tampoco existían los medios para evitarlo.

Frente a la necesidad de adoptar, o no, nuevas leyes impositivas, Jean tenía ante sí el reto de obtener fondos para financiar sus expediciones militares contra Normandía. Pero además de esta necesidad, y acaso por encima de ella, los investigadores consideran a este personaje, avare, pingre, radin et obsédé par l'argent – avaro, mezquino, tacaño y obsesionado por el dinero. Sus esfuerzos para aumentar los ingresos de la Corona, le llevaron a introducir reformas muy impopulares, como cargar impuestos para la guerra cuando no había guerra, o exigir insoportables derechos sucesorios, más allá de las posibilidades de los nobles en cuestión. Estableció asimismo, una tasa nueva para las viudas que quisieran permanecer solteras.

En cuanto a la relación de Jean con la nobleza, fue degenerando paulatinamente en aplicación de otro principio Plantagenêt; ira et malevolentia, es decir, ira y resentimiento mediante el cual, sólo la amenaza de la cólera real, ya bastaba para neutralizar a sus vasallos. Jean intentó, por ejemplo, obligar al Señor de Marches, William de Braose, a pagarle 40000 marcos, y cuando este se negó a hacerlo, ordenó la prisión de su esposa y uno de sus hijos, que murieron encerrados, mientras que el propio Braose murió en el exilio, en 1211 y sus hijos pequeños no fueron liberados hasta 1218.

Dada su habitual desconfianza, la relación entre Jean y sus nobles, incluso los más leales, resultó cada vez más difícil de sostener.
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Miniatura del siglo XIII en la que aparece Juan sin Tierra y sus hijos legítimos:
Henri, Richard, Isabelle, Aliénor et Jeanne

La vida privada de Jean, por otra parte, tuvo un llamativo impacto en la apreciación de sus súbditos. Los cronistas de su tiempo escribían que era demasiado vividor e impío, pues si bien era habitual que los nobles y reyes tuvieran amantes, les parecía inaceptable que estas fueran casadas. Tuvo alrededor de cinco hijos con varias amantes durante su primer matrimonio y, al menos dos de ellas, eran nobles. No se sabe nada al respecto durante el segundo matrimonio, pero parece que sus contemporáneos deploraban su conducta sexual.

Fue asimismo muy negativamente considerada su aparente falta de religiosidad, impropia de los monarcas de su época y su entorno, si bien tuvo grandes amistades con eclesiásticos, de los cuales, incluso alguno sería canonizado. Su ayuda a religiosos y abadías figura habitualmente entre los gastos de la corte y, en contra de los que en ocasiones se dijo, sí tenía por costumbre hacer donaciones para los pobres.

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Jean Sans Terre trató de recuperar Normandía hasta el final de su vida, un objetivo que requería enormes cantidades de hombres y dinero y, a partir de 1205 se vio obligado a proteger Inglaterra de un posible ataque francés. En 1206 tuvo que volver al sur para rechazar un ataque de Alfonso VIII de Castilla contra Gascuña. Como los contraataques de Philippe tampoco daban resultado, los dos contendientes decidieron firmar una tregua por dos años.

Durante la tregua 1206-1208 Jean trató de mejorar su posición financiera y militar pactando con los señores franceses que rechazaban el creciente poder de los Capeto; una política que aún seguía en pie en 1212 y 1213.

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El Papa Inocente III en un fresco de la Abadía de Subiaco en Italia

Cuando el arzobispo de Canterbury, Hubert Walter murió el 13 de julio de 1205, Jean entró en una agria disputa con el papa Inocente III, que desembocó en su excomunión. El pontífice era –de acuerdo con el historiador Ralph Turner-, un jefe religioso ambicioso y agresivo, firme defensor de sus derechos y deberes en el seno de la Iglesia.

Catedral de Canterbury

Jean quería que el sucesor fuera John de Gray, obispo de Norwich y uno de sus principales seguidores, pero los canónigos de Canterbury, estimando que tenían el derecho exclusivo a hacerlo, propusieron a Reginald, su subprior, mientras que los obispos de la provincia de Canterbury reivindicaban a su vez el mismo derecho. Reginald fue elegido por el capítulo, que viajó a Roma para pedir su confirmación, a la vez que los obispos también decidieron quejarse ante el papa. Para no ser menos, Jean envió a Roma a su propio emisario en apoyo de Gray. El papa desautorizó tanto a Reginald como a de Gray, presentando a su propio candidato; Esteban Langton, un teólogo de la Universidad de París, que finalmente fue designado por el pontífice en 1207 a pesar de la oposición del monarca, que considerándose víctima de un atropello en sus derechos tradicionales, se opuso a la entrada de Langton en su reino y confiscó las posesiones del arzobispado y el Papa. 

Tras intentar convencer al rey, sin éxito, en marzo de 1208, Inocente lanzó un interdicto contra Inglaterra, prohibiendo la celebración de toda ceremonia religiosa, excepto el bautismo y la absolución de los moribundos.

El castillo de Rochester era una de las numerosas propiedades del arzobispado de Canterbury y una importante fortificación.

Jean consideró la interdicción como el equivalente de una declaración de guerra del papa, y respondió confiscando las tierras de los eclesiásticos y deteniendo a las concubinas de los religiosos, hasta que estos pagaran una multa para liberarlas. Así las cosas, en 1209 la situación estaba bloqueada e Inocente amenazó a Jean con la excomunión definitiva, si no aceptaba a Langton. El rey se negó y fue excomulgado, si bien ello no afectó excesivamente al monarca, que había vivido la misma situación en las personas de dos de sus aliados, sin que ello les creara serias repercusiones; el tiempo y la situación habían devaluado el temor a la excomunión, que, sin embargo, suponía una medida de extrema dureza en tiempos de Enrique II. Por su parte, Juan vio aumentar de forma considerable sus recursos procedentes de los impuestos sobre las propiedades de los eclesiásticos.

Como la situación parecía prolongarse indefinidamente, el Papa empezó a conceder dispensas; se pudieron celebrar misas privadas ya desde 1209 y desde finales de 1212 se reintrodujo el Viático. En todo caso, la interdicción tampoco provocó ninguna rebelión contra Jean, que no obstante, aceptó finalmente negociar una reconciliación con el papa, cuyo texto fue firmado en mayo de 1213, y por el cual, Jean sometía su reino a la soberanía papal, aceptando pagar un tributo por Inglaterra y otro por Irlanda, que, en principio tampoco provocó reacciones negativas. 

El Papa se convirtió así en protector de Jean hasta el final de su reinado. En pro de su renovada amistad, el papa se volvió contra Philippe de Francia, ordenándole renunciar a invadir Inglaterra y pedir la paz a Jean. 

En cuanto a Jean, pagó algunas indemnizaciones a la iglesia, pero sólo hasta 1214, a pesar de que solo había reembolsado un tercio de lo acordado.

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La Carta que conocemos –pues ha sufrido diversas alteraciones-; contiene 63 artículos, que Juan I firmó, obligado por los Barones ingleses, tras una breve guerra, durante la cual, aquellos se apoderaron de la ciudad de Londres el 17 de mayo de 1215. Las exigencias de los rebeldes, provenían, sobre todo, del hecho de que Juan I se había excedido ampliamente en sus exigencias impositivas, a causa de las enormes necesidades creadas por la guerra con Francia, en cuyo transcurso, el rey había cosechado, además, sucesivas derrotas, entre las cuales, las de La Roche aux Moines y Bouvines, fueron decisivas.

Batalla de la Roche-aux-Moines. Miniatura del siglo XIV
Las tropas de Juan sin Tierra, a la izquierda, y las de Luis VIII de Francia

En 1214 Juan sin Tierra se alió con el emperador Germánico, Otón IV, con el objetivo de tomar el París de Louis–Philippe; mientras uno asediaba la ciudad, el otro debía efectuar ataques en el sur de Francia, para distraer las fuerzas que debían defenderla.

Luis VII y Adelaide Champagne, padres de Louis–Philippe, tras una espera de 30 años, que le valió al heredero el sobrenombre de Dieudonné.
Grandes Chroniques de France, v.1270, Paris, Bibliothèque Sainte-Geneviève. (dcha).

Con tal motivo, el 16 de febrero de 1214, Juan I desembarcaba en La Rochelle, lo que obligó al monarca francés, Felipe II Augusto, a desplazarse a Châtellerault, en compañía de su hijo, el que sería Luis VIII de Francia, si bien. previendo las intenciones de Juan, se detuvo en Chinon, con el fin de cortar el paso de Otón hacia París, a la vez que su hijo acudía a enfrentarse con las tropas inglesas en el Sur.

Juan I decidió entonces apoderarse de la fortaleza de la Roche aux Moines, que le serviría de protección en caso de verse obligado a retroceder en el asalto a la capital. Guillaume des Roches, Senescal de Anjou, que defendía la fortaleza, vio acercarse las tropas de Luis VIII, que sorprendieron a Juan Sin Tierra por la retaguardia cuando apenas había iniciado el asedio. Ante el riesgo de verse rodeado por los franceses, Juan abandonó el campo sin presentar batalla, dejando sobre el terreno todo su arsenal de asedio. 

En consecuencia, Francia terminó reforzándose en el sur, mientras que Juan I, resultaba virtualmente derrotado, y su material de guerra convertido en botín de los franceses.

Bataille de Bouvines: Philippe frente a Otton. Grandes Chroniques de France de Charles V, siglo XV, 60 ×65 mm, Paris, Bibliothèque nationale de France.

Batalla de Bouvines: a la izquierda, Felipe Augusto lucha con Fernando de Flandes.
A la derecha, el Conde de Flandes es conducido como prisionero.
British Library, Royal 16 G VI f. 384

La Batalla de Bouvines tuvo lugar en las proximidades de la ciudad del mismo nombre, el domingo, 27 de julio de 1214. Un amplio ejército de coalición formado por tropas de los Condes de Flandes y Boulogne; del emperador germánico Otón IV de Brunswick, y del propio monarca inglés, Juan I –si bien, este último no se halló presente en la ocasión–, se enfrentó a Felipe Augusto de Francia. 

Tras un encuentro, concebido como un duelo, las tropas francesas, algo inferiores en número, se alzaron con la victoria a las orillas del rio Bouvines, haciendo prisioneros a los principales capitanes coaligados con Juan de Inglaterra. Dado que el combate se presentaba desigual, la victoria francesa, fue interpretada como un juicio divino favorable a su causa contra Inglaterra, quedando el Capeto con las manos libres y bien respaldado, para reanudar los preparativos de su cruzada contra los albigenses en el sur de Francia.

Bataille de Bouvines: Philippe escolta a Ferrand de Portugal y a Renaud de Dammartin, sus prisioneros. (Grandes Chroniques de France de Charles V, Siglo XV. 60 ×65 mm, Paris, Bibliothèque nationale de France.

Otón perdió la corona imperial que pasó a manos de Federico II; Fernando de Portugal, Conde de Flandes pasó quince años en las prisiones del Louvre y Juan Sin Tierra se vio obligado a conformarse con sus territorios insulares, sobre los que pudo seguir reinando, sólo merced a la firma de la Magna Carta

Felipe Augusto, dueño de los territorios arrancados a Inglaterra, fue recibido triunfalmente en París, reforzando con su victoria las pretensiones de los Capeto. Los dos reinos en liza emprendían así caminos divergentes: los vencedores, hacia el absolutismo, y los vencidos, hacia una monarquía sometida a las leyes.

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La Magna Carta


Tras las batallas de La Roche aux Moines y Bouvines, los nobles rebeldes, después de apoderarse de la ciudad de Londres, se reunieron con el rey en Runnymede, cerca del castillo de Windsor, donde, el 15 de junio de 1215 firmaron la Magna Carta, que representaba en realidad, una profunda reforma política, aun cuando se concentraba sólo en los derechos de la nobleza y los hombres libres, ignorando los de la servidumbre, las mujeres y el resto de la población.

Las cláusulas de la Carta no fueron numeradas en principio, los números se añadieron después, con fines didácticos.

Jean por su parte, pidió auxilio al Papa, alegando que la Carta afectaba a los derechos del pontífice como señor del propio monarca inglés desde el acuerdo de 1213. Naturalmente el Papa declaró que la Carta Magna, era no sólo vergonzosa y devaluadora, sino también ilegal e injusta y después excomulgó a los barones rebeldes. 

La frustración correspondiente, llevó al estallido de la Primera Guerra de los Barones, que, inmediatamente se adueñaron del castillo de Rochester.

Rochester, interior. Fotografía actual.

En septiembre 1216, y en el transcurso de aquella guerra, Jean llegó a Lynn, y encontrándose en aquella ciudad, contrajo la disentería. Por otra parte, los historiadores consideran que en octubre, el monarca se encontraba ya en un impasse, con respecto a la guerra en curso, pero además, su enfermedad empezó a agravarse, hasta el punto de que fue incapaz de seguir adelante. 

Murió la noche del 18 al 19 de octubre y sus restos fueron inhumados en la Catedral de Worcester.

Tumba de Jean en la catedral de Worcester

La Carta fue suscrita por 25 nobles o herederos, firmando como testigos dos arzobispos; de los cuales, el primero, era precisamente, Langton, el candidato que el Papa había impuesto en Canterbury. Firmaban asimismo como testigos, diez obispos y veinte abades 


La Carta Magna fue redactada en latín. Existen cuatro ejemplares originales, entre los cuales, el de la Catedral de Lincoln, expuesto en el Castillo de Lincoln, fue llevada a Fort Knox, en Kentucky, durante la Segunda Guerra Mundial.
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JUAN, por la gracia de Dios rey de Inglaterra, Lord de Irlanda, Duque de Normandía y Aquitania y conde de Anjou, a sus arzobispos, obispos, abades, condes, barones, jueces, foresters, sheriffs, stewards y a todos sus bailios y vasallos, Salud.

TODOS QUE ANTE DIOS, para bien de nuestra alma y de la de nuestros antepasados y herederos, en loor a Dios y para mayor gloria de la Santa iglesia, y la mejor ordenación de nuestro Reino, por consejo de nuestros reverendos padres Esteban, arzobispo de Canterbury, primado de toda Inglaterra y cardenal de la Santa iglesia Romana: Enrique, arzobispo de Dublín; Guillermo, obispo de Londres; Pedro, obispo de Winchester; Jocelino, obispo de Bath y Glastonbury; Hugo, obispo de Lincoln; Walter, obispo de Coventry: Benedicto, obispo de Rochester… y otros leales vasallos:

1 - Que la Iglesia inglesa sea libre, conserve todos sus derechos y no vea menoscabadas sus libertades. 
2 – 11 Sobre las herencias y sus obligaciones.
12 – 16 Sobre impuestos y servicios a la corona.
17) Los litigios ordinarios ante los Tribunales no seguirán por todas partes a la corte real, sino que se celebrarán en un lugar determinado.
18 – 19 Sobre los procesos o litigios.
20 - Por simple falta un hombre libre será multado únicamente en proporción a la gravedad de la infracción y de modo proporcionado por infracciones más graves, pero no de modo tan gravoso que se le prive de su medio de subsistencia. Del mismo modo, no se le confiscará al mercader su mercancía ni al labrador los aperos de labranza, en caso de que queden a merced de un tribunal real. Ninguna de estas multas podrá ser impuesta sin la estimación de hombres buenos de la vecindad.
21 - Los duques y barones serán multados únicamente por sus pares y en proporción a la gravedad del delito.
22 - Toda multa impuesta sobre bienes temporales de un clérigo ordenado se calculará con arreglo a los mismos principios, excluido el valor del beneficio eclesiástico.
23 - Ninguna ciudad ni persona será obligada a construir puentes sobre ríos, excepto las que tengan de antiguo la obligación de hacerlo.
24 - Ningún sheriff, constable o coroner o bailío podrá celebrar juicios que competan a los jueces reales.
25 – 26 Derechos y deberes en las tierras de realengo.
27 – 28 Restricciones a los Derechos feudales sobre las herencias.
29 – 32 Impedimento de exigir servicios gratuitos o requisar bienes, cualquiera que sea la necesidad de los señores.
33 – Libertad de pesca.
34 – Prohibición de privación de tierras sin proceso legal.
35 - Patrones comunes de medida para el vino, la cerveza, el grano, las telas y las medidas de peso.
36 – Los afectados no pagarán los gastos de las investigaciones sobre sus personas y bienes.
37 – Cargas y derechos sobre tierras de realengo.
38 – No se podrá llevar a nadie ante los tribunales por acusaciones personales, sin testigos.
39 - Ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes sino en virtud de sentencia judicial de sus pares o por ley del reino.
40 - No venderemos, denegaremos ni retrasaremos a nadie su derecho ni la justicia.
41 - Los mercaderes podrán entrar en Inglaterra y salir de ella… libres de toda exacción ilegal, con arreglo a los usos antiguos y legítimos, excepto en caso de guerra con las tierras de las que proceden.
42 - En lo sucesivo todo hombre podrá dejar nuestro reino y volver a él sin sufrir daño y sin temor, por tierra o por mar, si bien manteniendo su vínculo de fidelidad con Nos, excepto en época de guerra, por breve tiempo y para el bien común del Reino. 
43 – 45 Diversas normas sobre varios derechos; su aplicación y quienes habrán de aplicarlas.
46 – 49 Sobre abadías, bosques y devolución de garantías.
50 – Prohibición a diversos caballeros de ejercer cargos públicos.
51 – Expulsión de mercenarios extranjeros.
52 - Devolución de tierras y otros bienes requisadas a causa de la guerra.
53 – Sobre la propiedad real de los bosques.
54 - Nadie será detenido o encarcelado por denuncia de una mujer por motivo de la muerte de persona alguna, salvo el marido de aquella.
55 – 60 Devolución de tierras, bienes o familiares retenidos injustamente.
61 - Por cuanto hemos otorgado todo lo que antecede y por cuanto deseamos que esto sea disfrutado en su integridad, con vigor para siempre, damos y otorgamos a los barones la garantía siguiente:
Los barones elegirán a veinticinco entre ellos para que guarden y hagan cumplir con todo el poder que tengan, la paz y las libertades otorgadas y confirmadas para ellos por la presente Carta.
Los veinticinco barones jurarán obediencia fiel a los artículos anteriores y harán que sean cumplidos por los demás en la medida del poder que tengan.
62 - Hemos condonado y perdonado por completo a todos cualquier intención torcida, daño y agravio que haya podido surgir entre Nos y nuestros súbditos, ya sean clérigos o legos, desde el comienzo de la disputa. 
63 – En consecuencia es nuestro Real Deseo y nuestra real Orden que la Iglesia de Inglaterra sea libre y que todos los hombres en nuestro Reino tengan y guarden todas estas libertades, derechos y concesiones legítima y pacíficamente en su totalidad e integridad para sí mismos y para sus herederos, en cualesquiera asuntos y lugares y para siempre.

Tanto Nos como los barones hemos jurado que todo esto se observará de buena fe y sin engaño alguno, de lo cual son testigos las personas antedichas y muchas otras.

Dado de nuestro puño y letra en el prado que se llama Runnymede, entre Windsor y Staines, el día decimoquinto del mes de junio del decimoséptimo año de nuestro reinado.


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